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Aromas de Burdeos

En un meandro del río Garona y en plena región de Aquitania está Burdeos, la capital del vino del país galo, una urbe que en los últimos años ha recobrado su esplendor gracias al mayor museo del mundo dedicado al vino, a su renovado puerto que recibe cientos de cruceros fluviales, y a una limpieza de fachadas que lucen de nuevo su color miel.

 Texto: Hernando Reyes

Fotos: ALTUM / O.T. Burdeos

Por su ubicación y por su tradición vinícola Burdeos es una ciudad que, como muchos afirman, está regada por el vino y por el Garona. Gran parte de sus defensores la describen como un París a escala ya que su centro histórico, declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad desde el año 2007, cuenta con 300 monumentos protegidos.

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La Porte Cailhau da acceso al casco hoistórico desde el río.

Gracias a un expansivo programa de limpieza sus edificios de corte barroco y neoclásico, y construidos en piedra caliza local, lucen ahora todo su esplendor, ofreciendo a locales y visitantes destellos de esa elegancia que siempre ha desprendido Burdeos; y que ahora es uno de los “paisajes urbanos” mejor valorados por los franceses.

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Excursión en el barco Aliènor II por el río Garona. ©Croisières Burdigala.

La “Belle Endormie”

No hace mucho tiempo que Burdeos era una ciudad de escasa proyección turística, se le conocía como la “Bella Dormida” por su escaso dinamismo y por estar anclada en unas rígidas tradiciones impuestas por su sociedad burguesa, una de las más distinguidas y estrictas de todo Francia, hecho que  ayuda a entender su eterna rivalidad con París.

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Edificio de La Cité du Vin diseñado por XTU Architects.

A modo de “despertador” de esta ciudad tenemos por un lado el título de Patrimonio otorgado por la Unesco; la aparición en 2016 de La Cité du Vin, un museo consagrado al mundo del vino y que ofrece una visión general, innovadora y fascinante de ese universo enológico a lo largo de la historia y de la producción de vinos en todo el mundo;  y una acertada gestión de su puerto que ha conseguido que aquí atraquen ahora una inmensa cantidad de cruceros fluviales.

El “Triángulo de Oro”

El corazón de Burdeos es un triángulo delimitado por tres hermosos bulevares: Coeurs Clemenceau, Cours de l´Intendance, y  Allées de Tourny. En él se percibe una sobriedad arquitectónica con corte neoclásico, y la piedra local del color de la miel, es la que domina el ambiente. En ese contexto conviven tiendas, bares y restaurantes, esos que desde siempre han contribuido a la imagen de “buen comer” y “buen beber” que tiene esta ciudad.

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Terrazas y músicos en una plaza de Burdeos. ©Vincent Bengold

La Place de La Comédie, punto álgido del centro, nos ofrece el solemne edificio neoclásico del Grand-Théâtre cuyas increíbles columnas de estilo corintio, por más que lo pretenden, no consiguen anunciar el maravilloso interior de una construcción que por dentro es como un suntuoso joyero de una rica dama.

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Fuente de Las Tres Gracias den la Plaza de la Bolsa.

Con una fuente llena de simbología y estatuas de filósofos como Montaigne y Montesquieu aparece la Esplanade des Quinconces, una de las plazas más grandes de Europa, y probablemente la más vacía de Francia.

Orillas renovadas 

Hace menos de una década era palpable la brecha que existía entre el río y la ciudad, el escenario estaba compuesto de desechos de una actividad portuaria ya muerta, almacenes abandonados, y también por zonas prohibidas y almas perdidas.

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Comercios y restaurantes en las cercanías del puerto.

Todo esto tomó otro rumbo y renació como el Ave Fénix con los ambiciosos planes de renovación urbanísticos que ha visto la ciudad. Jardines y césped ahora ocupan, como hechos a medida, unos espacios otrora olvidados. Los viejos almacenes del Quai de Bacalan se han convertido en tiendas, bares o cafeterías, y la suciedad ha sido eliminada de los locales de los mercaderes. Dicen los entendidos que no existe en todo Europa un paisaje urbano igual al que ofrece Burdeos, y nosotros lo confirmamos observando desde el Pont-de-Terre la magnífica fila de edificios regulares con sus arcos y sus techos de pizarra con delgadas chimeneas, toda una muestra de cómo manejaba esta ciudad un rico comercio que dejó una elegancia que aún se respira.

El  nuevo “tótem” bordelés

En el mes de junio de 2016 abría sus puertas  La Cité du Vin, el nuevo “tótem” de Burdeos, un museo sin parangón en el mundo, que con su moderno edificio -una evocación del alma del vino entre el río y la ciudad-, es hoy en día la principal atracción de la capital de Aquitania.

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Edificio de la Cité du Vin. ©Anaka/La Cité du Vin/XTU Architects

Encanto e imaginación están presentes en todas las salas de un lugar que ofrece todo tipo de experiencias sensoriales y elementos digitales e interactivos para que el visitante se sumerja en la historia y esencia de los caldos, así como en sus lugares de producción por todo el mundo.

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Interior de la Cité du Vin

El recorrido no es más que un ameno y sucesivo relato lleno de sorpresas que culmina con una degustación de vinos en la última planta y con unas vistas espléndidas.

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Anaqueles curvos de la tienda de vinos de La Cité du Vin

Además el almacén circular de vinos, donde se aúnan casi un millar de botellas, es todo un espectáculo en sí mismo.

Ese espejo de efectos hipnóticos

El llamado “Siglo de las Luces” francés dejó en Burdeos uno de sus más logradas obras arquitectónicas , nos referimos a la Place de la Bourse que, con la grandeza armoniosa de Versalles y donde antaño se reunían los comerciantes, se ha convertido en uno de los lugares favoritos por todos.

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Palais de la Bourse durante un espectáculo de luz y sonido. ©Vincent Bengold

Su llamada Miroir d’eau (ver foto de portada) o espejo de aguas refleja magistralmente el Palacio de la Bolsa abriéndose a una dimensión que consigue “hipnotizar” a muchos, especialmente en la noche. El espejo de agua más grande del mundo hace parte de las obras que la aplaudida metamorfosis de Burdeos ha traído: sobre una gigantesca placa de granito se aposentan 2 cm de agua creando un espacio permanente de juegos para niños, un ambiente romántico para los enamorados, y sin duda, un remanso de frescor donde mojar los pies cuando arrecia el calor.

El distrito gastronómico 

Dejarse atrapar por el laberinto de calles  del distrito de St Pierre permite al visitante entrar en contacto con el Burdeos más medieval donde hermosas y antiguas iglesias dan paso  a una especie de enredo urbano constituido por todo tipo de bares y restaurantes que se acomodan coquetamente sobre estrechas callecitas confirmando que la fama gastronómica de esta ciudad tiene, efectivamente, un porqué.

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Terraza en las calles de Burdeos con la Porte Cailhau de fondo. ©Deepix.

En la medida que nos vamos acercando a la St Pierre vamos encontrando el lado más “funky” de la ciudad donde estudiantes y almas bohemias hacen de los locales del lugar las embajadas de la diversión. Sobre lo que fuera una antigua vía romana se construyó la Rue St Catherine, que con sus 3 km de largo es una de las vías peatonales más largas de Europa atestada de comercios con precios para todos los bolsillos. 

Chartrons: bodegas y anticuarios 

Durante décadas el comercio del vino estuvo dominado por ingleses, irlandeses y holandeses que se establecieron en los que entonces se consideraban los “extramuros” de la ciudad, concretamente en Chartrons.

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Barricaas de vino cerca del puerto. ©JM.Destang

La identidad del lugar se mantiene y es palpable el espíritu de la clase trabajadora de antaño, especialmente a lo largo de unas estrechas calles que en su época albergaron bodegas o casas de vinos finos. El arte y las antigüedades tienen excelentes exponentes en los establecimientos que se hallan en la Rue Notre Dame.

Calles de marineros y borrachos 

Los distritos de Ste Croix y de St Michel, ubicados al sur del centro, fueron los que en su momento albergaron a artesanos y comerciantes asociados al puerto.Recomendamos iniciar un recorrido a pie desde la Iglesia de Ste Croix dirigiéndose hacia el centro de Burdeos entre calles que en el pasado estuvieron animadas por la esencia de marineros, fabricantes de barriles, herreros y carniceros, además de borrachos; a la imaginación del visitante no le costará mucho visualizar ese espíritu algo “canalla” que alguna vez fue identidad de Burdeos.

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Degustación de vinos en la Cité du Vin.

La construcción más alta de la ciudad es la torre de la iglesia gótica de St Michel, y probablemente una de las edificaciones más elegantes. El viajero debe animarse a subir y contemplar las maravillosas vistas desde arriba. Continuamos hacia la Rue Rouselle donde existiera el antiguo centro del comercio del pescado salado. En los números 23-25 vivió el célebre filósofo del siglo XVI Michel Montaigne pues su padre se dedicaba al negocio del arenque.

El tiempo transformado en espacio 

Como en cualquier ciudad, los museos de Burdeos ayudan a entender mejor el pasado y la esencia de la urbe.

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Interior de la Cité du vin

La ciudad cuenta con varios de ellos y los hay para todos los intereses y gustos. La historia de la región desde la prehistoria en adelante la cubre el Museo de Aquitania, y lo hace de manera muy moderna, de especial interés son las secciones sobre los romanos, y la del comercio del Atlántico y la trata de esclavos.

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Museo CAPC. ©Vincent Bengold

El Museo de Bellas Artes permite un acercamiento a los grandes maestros de la pintura: Matisse, Delacroix, Picasso o Rubens, Kokoschka y Van Dyck están, entre otros, aquí presentes.En lo que fuera un antiguo depósito de ultramarinos se instaló en 1973 el CAPC (Centro de Artes Plásticas Contemporáneo), que junto con el Centro  Georges Pompidou de París, es uno de los pocos lugares en Francia completamente dedicados al arte contemporáneo.

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Museo de Bellas Artes. Sophie Duboscq.

Una de los museos más curiosos  y originales es el “Musée du Vin et du Négoce” que, ubicado en una antigua casa de comerciantes, se dedica a la cultura del vino y especialmente a sus negocios asociados.

Más información: www.burdeos-turismo.es