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Madrid 10 + 1

Once alternativas “fuera de ruta” para vivir la ciudad de otra manera

Madrid sabe cómo motivar a sus visitantes y hacerse desear cada vez más; es una ciudad en constante movimiento y con diversas facetas. Esconde secretos, genera sentires sublimes, ofrece experiencias diferentes que ahora incitan al viajero contemporáneo a vivirla de una forma, si se quiere, más “alternativa” y “menos convencional” para nunca olvidarla.

Texto: Hernando Reyes Isaza

Podríamos decir que el precursor de la época moderna del turismo fue el británico Thomas Cook cuando en 1841 llevó en tren a un grupo de pasajeros desde Leicester a Loughborough con la intención de encontrar nuevos pueblos, nuevas personas… en definitiva nuevas experiencias. Y aunque por algún tiempo esa filosofía tomara otro rumbo por avatares propios de la historia, de las economías y de las filosofías de consumo, hoy parece que -guardadas las proporciones- de alguna manera se vuelve “a lo básico”.

A golpe de “clic”

Está claro que el viajero del s.XXI si algo posee es información; internet y las redes sociales han revolucionado la forma de viajar, tanto como lo hizo el ferrocarril en su época. Instagram y Pinterest llenan nuestro chip mental con imágenes de lugares insólitos, de sitios desconocidos, de personas ajenas, y nos convertimos en “followers” de una serie de individuos, a quienes probablemente jamás conoceremos, simplemente porque nos emocionan sus fotos, y nos entusiasma aún mucho más la inmediatez con las que las recibimos en nuestras pantallas.

Facebook y Twitter nos bombardean con experiencias externas a nuestro contorno, lejanas de nuestros propios mundos con escapadas y viajes comentados por otras tantas almas inexistentes en nuestra agenda.

Youtube da música y vídeo al destino, a la experiencia con movimiento y voz en vivo y en directo a lo vivido por un amigo, por un vecino, por un familiar… en fin, que nos encontramos ante una tormenta de lluvia tecnológica que nos empapa de información, y que antecede a un huracán que nos empuja a movernos, a sentir, a experimentar lo desconocido y lo ignoto, a encontrar emociones extremas para también a compartirlas con cientos o miles de personas a la velocidad de un clic. Quizás por ello, al regresar de un viaje podemos decir orondos: “yo lo he visto de otra forma…”, “he vivido lo que no viene en las guías…”, “lo más local…, “lo más heavy…”, lo más “underground…, “la vida de los ciudadanos reales…”, o en otros casos, “lo más friki…”

Dicen los expertos en la materia a día de hoy, que el destino al que se va ha sido escogido para convertirse en una auténtica “marca de estilo de vida”, que innova y que, cargada de experiencias únicas y diferentes, quedará en nuestra mente de la misma forma que la información virtual queda en la red, o en la “nube”: es indeleble.

Fuera de ruta

Por todo lo anterior, y centrados en la ciudad del “Oso y el Madroño”, proponemos una serie de rutas, lugares, actividades y experiencias que confluyen para sorprender, que están ahí esperando a un visitante ya no movido por factores materiales sino muy seguramente por emociones y motivaciones. Hemos seleccionado aspectos para un viajero independiente que añora encontrar en este destino un ángulo diferencial, otro punto de vista, una ciudad diferente a la que, probablemente ha visitado ya anteriormente. Aventura y adrenalina, gastronomía, paseos y excursiones misteriosas nocturnas, ocio alternativo, arte urbano y callejero, o religiosamente desconocido; son algunos de los componentes de este abanico de propuestas algo menos convencionales, pero tan enriquecedoras o más, como las tradicionales, según el gusto del viajero, claro.

  1. Una cena “clandestina”

Cada una de estas cenas, un verdadero deleite para los sentidos y todo un festín, se realiza en fechas específicas que se publican con un mes de antelación en la prensa, haciendo lo mismo en las redes sociales, y en su propia web.

El lugar es siempre secreto, inédito y sorprendente; y solamente se da a conocer su nombre y dirección por correo electrónico la noche anterior al ágape. Nunca se celebran en restaurantes sino en lugares que ayuden a que la experiencia gastronómica tenga mayor emoción. Así, un vivero en pleno centro de la ciudad, un palacio señorial, un mercado, o un garaje con coches de época se han utilizado como escenarios para la puesta en escena de este gran montaje al mejor estilo “pop up” que cada día cuenta con más adeptos y en el que se cuida hasta el último detalle en calidad, servicio, y decoración. Sin embargo, son varios los “aderezos” que no se pueden desvelar para mantener los altos niveles de expectación y no romper la magia, manteniendo así la máxima de las intrigas.

Lo único que el comensal conoce con antelación es el nombre del chef, y la certeza de que los cocineros han sido escogidos entre la “crema y nata” del sector tanto a nivel nacional como internacional. El menú siempre es único y cerrado, y el tipo de cocina varía dependiendo del autor del mismo; hablamos en todos los casos de alta gastronomía en manos de prestigiosos chefs invitados, con productos de temporada escogidos con sumo cuidado y atención a las técnicas y corrientes culinarias actuales más apreciadas.

El precio que se paga no es ni mucho menos lo que cuesta cada cubierto, por lo que sorprende más aún que sus fundadoras –con una amplia experiencia en el mundo de la hostelería y la comunicación-, a pesar de tener ya una marca consolidada, siguen buscando patrocinadores y colaboradores.

Las cenas suelen ser en promedio para unos 100 comensales, pero lo cierto es que algunas veces esta cantidad puede verse limitada por el aforo del sitio seleccionado. A los cocineros de renombre les gusta, por lo general, ejecutar su labor fuera de su propio entorno por lo que la búsqueda de los mismos no suele significar problema alguno.

En este banquete el homenajeado es el comensal, eso sí, el asombro, la sensibilidad, la discreción, la fascinación y ciertas dosis de espectacularidad, son la tónica. El asistente debe despojarse de cualquier idea preconcebida para dejarse guiar por la magia de una noche nueva abierta ante sus ojos a mil posibilidades.

Los más rápidos en reservar podrán disfrutar de esta experiencia.

  1. Paseando entre “fantasmas”

Con la Plaza Mayor como punto de partida, el visitante que se apunte al célebre “Tour de los Fantasmas” será testigo de emblemáticos edificios de Madrid sobre los que se dice mucho y se habla más en términos de fantasmas, apariciones inexplicables, decapitaciones, crímenes, y terroríficos sucesos de la historia.

Adentrarse de noche por los secretos y recodos de la “Villa y Corte” con el ánimo de revivir un pasado de terror y el lado más oscuro y tétrico de ciertos barrios, es exponer los niveles de adrenalina al máximo, y también crispar los nervios. Si además la estupenda narración de los hechos proviene de un experto en la materia, que consigue envolver todo el ambiente en un sugerente halo de misterio, la verdad, “la cosa” atrapa y termina por convertirse en una de esas experiencias que no se olvidan.

Diversas esquinas y callejones, plazas, palacetes, o iglesias, son protagonistas de acontecimientos que, verdad o leyenda, entusiasman por su contenido mayoritariamente indescifrable. Para muchos, lo atrayente de este peregrinaje que discurre pausadamente y con sigilo, es retrotraerse en el tiempo, imaginar el pasado como si de un juego se tratara, pero siendo conscientes de que los fenómenos paranormales son como las meigas: “haberlos haylos”. Y entre los fantasmas los hay delatores, los hay dulces y misteriosos, y otros, de lágrima floja. A modo de abrebocas, estos son algunos ejemplos de este recorrido madrileño que deambula entre el miedo y el susto:

Reza la leyenda que, en la cercana iglesia de San Ginés, una noche de 1353 entraron unos ladrones a hacerse con los objetos de valor de la sacristía y al descubrir los malhechores la presencia de un fiel que se encontraba rezando, sin piedad alguna lo decapitaron.

Al día siguiente una sombra sin cabeza se paseaba por la iglesia. Atónitos, ante un fenómeno que se repetía con frecuencia, los ciudadanos concluyeron que la sombra no era otra que la del piadoso anciano que oraba aquella noche: el famoso “decapitado de San Ginés”, que lo que pretendía con sus apariciones era delatar a los facinerosos; hecho que efectivamente llevaron a cabo las autoridades un tiempo después.

La historia de la “muchacha de la casa de las siete chimeneas” aparece con frecuencia en los libros de Madrid y es realmente un misterio hasta la fecha. Llamada Elena habitaba con su padre en la “Plaza del Rey” en una de las casas de la época de Felipe II, y tras una reforma a manos de un italiano se colocaron sobre su tejado siete chimeneas. A la joven se le atribuyó un romance con el entonces príncipe Felipe por lo que su progenitor la obligó a casarse con un capitán de las tropas reales enviado a Flandes a participar en la Batalla de San Quintín, donde pasó a mejor vida. Al poco tiempo Elena fue hallada sin vida en su dormitorio. Con el paso del tiempo y caminando sobre las chimeneas se observaba con cierta frecuencia a una triste muchacha vestida de blanco y sujetando en sus manos una antorcha. Ya en el s.XIX en unas obras ejecutadas en la casa se halló enterrado en el sótano de la casa el cuerpo de una joven junto con unas monedas del s.XVI.

En una de las esquinas de la Plaza de Cibeles se encuentra el Palacio del Marqués de Linares, hoy convertido en Casa de América. El hijo del noble tuvo a bien enamorarse de una humilde muchacha del barrio de Lavapiés hija de una cigarrera y del mismísimo Marqués, su propio padre. El muchacho fue enviado a estudiar a Londres con el propósito de poner fin a la historia de amor entre los hermanastros. La distancia no rompió los lazos que Cupido había unido y terminaron casándose. Al salir el escándalo a la luz pública la pareja decidió solicitar una bula papal a Pio IX quien la expidió exigiéndoles vivir juntos, pero en castidad. Por desgracia el documento “Casti Convivere” arribó cuando ya había nacido su hija Raimunda, por lo que los enamorados asesinaron a la niña. No se sabe si ahogada o emparedada, el caso es que la pequeña fue enterrada en el mismo palacio donde hoy en día continúa paseándose por él llamando a sus padres y cantando nanas infantiles.

Sin duda en este tour encontrarán quienes lo tomen, muchos más secretos tenebrosos de la ciudad.

  1. A lo “Stuart Little” con GPS

Llevan ya un tiempo circulando por las calles madrileñas, pero de alguna forma siguen llamado la atención. Por su singularidad, son diferentes a todo.

Estos mini vehículos con un motor de 50 centímetros cúbicos, son para dos personas y se alquilan para recorrer Madrid haciendo cualquier excursión de una manera más amena y divertida, y como es lógico, menos convencional. Son descapotables y llevan un maletero de 110 litros de capacidad.

Permiten al viajero vivir una sensación de plena libertad y absoluto disfrute, ir a su propio aire si lo desea, o seguir las diferentes rutas pre-programadas que ofrece su GPS en varios idiomas: español, inglés, catalán, francés, alemán e italiano.

Son coches con personalidad que destacan por donde vayan y tienen un tope de velocidad de 45 km/h permitiendo disfrutar de las vistas sin perderse ningún detalle y haciendo sentir a sus ocupantes como si fuesen parte de un rodaje de un anuncio o actores de una película; y es que ¿quién no recuerda el pequeño cochecito rojo de “Stuart Little” y sus intrépidas y temerarias rutas?

Esta especie de “moto-carro” en sí mismo es protagonista también del recorrido a realizar; produce emociones diferentes, permite llegar a sitios de difícil acceso para los autobuses turísticos gracias a sus medidas -238 cm de largo, 130 cm de ancho y 124 cm de alto-; y aparcar es mucho más fácil dado que se rige por las normativas de un ciclomotor.

Existen cuatro recorridos programados en el navegador, todas ellas con explicaciones de los lugares por los que se pasa, detalles históricos, y amplias descripciones.

La ruta más sencilla es la del “Madrid Histórico” con una hora aproximada de duración en la que conductor y copiloto podrán observar el Palacio Real, La Catedral de La Almudena, el Templo de Debod, y la Plaza España; circular por el barrio de La Latina, o acercarse hasta la Plaza de Santa Ana.

También hay alternativas de dos y tres horas con desplazamientos más prolongados que incluyen la llamada Milla de Oro, el Museo del Prado, el edificio de la Bolsa, la Puerta de Alcalá, la Gran Vía, Chueca, o incluso la posibilidad de adentrarse en el Madrid más moderno y la de poder acercarse a conocer los emblemáticos estadios de fútbol Bernabéu y Calderón.

La opción que sin duda otorga mayor libertad es la de alquilarlo desde las 10.00h hasta las 19.00h; se estima que el depósito dura unas cuatro horas y la gasolina viene incluida en el precio, por lo que pasadas éstas el contratante deberá repostar de nuevo (Súper 98).

Son una alternativa atípica que ha triunfado en San Francisco, San Diego, Barcelona, o Lisboa, entre otras cosas, porque el visitante puede prescindir del guía turístico, ir a su propio ritmo, marcar sus pautas, dirigir el itinerario como le plazca, o parar donde sus deseos le lleven, siempre y cuando cumpla con las normativas de tráfico y circulación. El casco es obligatorio y están inhabilitados para circular por autopistas y autovías, o calles peatonales.

Para su alquiler se requiere ser mayor de 21 años y tener un carnet de conducir válido. Las licencias de conducción de países no comunitarios o que no tengan convenio con España no están aceptadas por lo que en su defecto es necesario presentar el carnet de conducir internacional.

  1. Ese “monstruo” madrugador

Son varias las veces que muchos hemos oído, leído, o incluso afirmado que el verdadero pulso de las ciudades se toma en los mercados.

De por sí, tomarle el pulso a Madrid no es tarea fácil pues bien es sabido que jamás está relajada y siempre está animada o de fiesta; su hiperactividad es frenética e incesante, y en ocasiones, tiene que reinventarse o levantarse del resacón de alguna crisis.

Ahora bien, enfrentarse a esa engorrosa tarea ante un “monstruo descomunal” -que al igual que la ciudad tampoco duerme-, como es “Mercamadrid”, son palabras mayores.

La central de alimentos más grande de España esparce sus naves industriales a lo largo de 176 hectáreas para surtir de alimentos diariamente a 12 millones de personas en 500 kilómetros a la redonda y recibir a más de 20.000 compradores profesionales al día. No en vano, genera 8.000 empleos directos y más de 30.000 indirectos.

Hasta el mes de septiembre de 2016 era imposible, para el ciudadano de a pie, visitar las entrañas de este monstruo. Gracias al programa “Conoce Mercamadrid” se realizan ahora completamente gratis dos visitas al mes de 06.00h a 08.00h y con la facilidad de inscribirse a través de su web en donde también aparecen publicadas las fechas de las visitas para los meses venideros.

Vivir esta experiencia es como realizar un viaje por la cadena alimentaria, desde la producción hasta el consumidor, que descubre a la ciudadanía la labor de los profesionales que comercializan y compran cada día sus abastos para proveer sus mesas con el mejor producto de temporada, fresco y con una relación calidad-precio singular en el resto de Europa. Desde las 23.00h los camiones atestados de productos empiezan a desfilar ante las fauces del “monstruo madrugador” para surtirlo de todo tipo de alimentos. Las compras empiezan a las 03.00h y se extienden hasta las 09.00h cuando termina la jornada. Al año devora 2.1 millones de toneladas de alimentos y su movimiento asciende a la significativa cifra de 4.600 millones de euros.  Verduras, frutas, hortalizas, legumbres, y carnes, ocupan una cantidad, se diría casi “indecente” de naves industriales donde olores, colores, texturas, formas, y figuras, componen una realidad inexistente en el imaginario del que no lo ha oteado. Sin lugar a dudas es el “Mercado de Pescados” el que más sorprende a la mayoría, por su variedad y sus excesos, su olor y su agitado movimiento, y su congestionado flujo de venta; razones que lo han colocado en el segundo más grande del mundo después del de Tokio; un dato que no todos conocen y, que sin alguna duda, desconcierta al más incrédulo.

Y si al lector le baila sin compás tanta demencia en su mente, se impresionará más cuando vea que el complejo se encuentra en fase de ampliación tras observar la necesidad de seguir creciendo logísticamente para conseguir convertirse en una “smartcity” digitalizada hasta alcanzar la excelencia en su funcionamiento.

  1. La “sixtina” sorpresa

Discreta e inesperadamente, como suelen hacerlo las sorpresas de esta ciudad, aparece una joya del barroco madrileño erigida en el s. XVII en el mismísimo corazón capitalino, ahí donde confluyen la Corredera baja de San Pablo y la calle de la Puebla.

Su fachada de ladrillo visto sobre zócalos de granito al igual que la portada son de una sencillez absoluta que contrasta con un esplendoroso interior, que no es otra cosa que una majestuosa eclosión de color, de detalles artísticos y de técnicas de pintura que sobrecogen hasta el punto de ser considerada por los entendidos como “La Capilla Sixtina” de Madrid.

Es un templo con una sola nave elíptica, diáfano y carente de pilastras coronado por una bóveda con lunetos que ocupa todo el perímetro del recinto.

Por haber sido parte del conjunto hospitalario fundado por Felipe II en 1604 para atender a los enfermos y peregrinos lusitanos que residían o pasaban por Madrid, el templo se llamó inicialmente “Iglesia de San Antonio de los Portugueses”; no obstante, su nombre cambió en 1640 al separarse Portugal de la corona española. Años más tarde fue Mariana de Austria quien lo cede a los alemanes católicos que acompañaron en Madrid a la esposa de Carlos II, y fue a partir entonces que se llamó “San Antonio de los Alemanes”.

Su bóveda central representa a San Antonio de Padua en la Gloria, recibiendo al Niño Jesús de manos de la Virgen, y fue creada en 1662 por los pintores de la corte Juan Carreño de Miranda y Francisco Ricci siguiendo los bocetos realizados por los italianos más destacados de la época: Mittelli y Colonna, quienes junto con Velázquez trajeron a Madrid la técnica del trampantojo.

La reforma a la que fue sometida en 1680 por el gran pintor y decorador italiano Luca Giordano impuso notables cambios tales como el reemplazo de las columnas lisas por unas salomónicas, las pinturas de las paredes (aquellas que llegaban hasta el suelo han sido arrasadas por la humedad) con escenas del Santo; retratos de reyes y príncipes, y la inclusión de varias escenas de los milagros de San Antonio.

El retablo mayor ardió en llamas y fue sustituido por uno de mármol que es el actual y cuyos angelitos recuerdan a los de La Puerta de Alcalá, obra del mismo escultor Francisco Gutiérrez.

Atendiendo los horarios de visita, y dejando una donación de 2 euros, lo más indicado es sentarse en sus bancos y contemplar con calma desde diferentes perspectivas cada detalle, cada pintura, cada pared, permitiéndose sentir toda esa fuerza artística que la decora, y vibrar ante un esplendor que muchos desconocen. El visitante no tardará en darse cuenta que se encuentra ante una obra de arte a varias manos, de frescos únicos cuya autoría se comparte entre italianos y españoles, consiguiendo una composición barrocamente celestial imposible de dejarla por fuera de su cuaderno de bitácora.

Fue en 1702 cuando Felipe V -quien se refería a ella como “la joya de la corona- traspasó la gestión de la iglesia a la Hermandad del Refugio y Piedad de Madrid, que aún la conserva y que adicionalmente mantiene un comedor para indigentes y desfavorecidos.

  1. Cada uno en su “palco”

Hay cosas que resurgen del olvido y que regresan tras haberse pasado de moda o haber sido desplazadas por otras tendencias. Madrid está de gala porque ha vuelto el autocine, y esta vez por todo lo grande y con el convencimiento de que ni vídeos, ni cines-bares modernísimos, ni televisiones digitales o de cable, ni nuevas plataformas digitales, lo vayan a eclipsar.

El autocine hace parte de una cultura americana que durante muchos años contagió al resto del mundo, y que supo generar una forma de ocio más asequible a muchas familias en su momento, cultivando el amor por la gran pantalla, y también, provocando esos encuentros pasionales que no por casualidad, y de la forma más graciosa, llevaron a los norteamericanos a afirmar con sorna que uno de cada cinco ciudadanos de los años cincuenta había sido concebido en el autocine.

Con ese estilo vintage que tanto cautiva, el pasado 24 de febrero se inauguraba el “Autocine Madrid Race” en la zona de Fuencarral-Chamartín a tan sólo cinco minutos de la Plaza de Castilla. Y para su debut no pudo escoger nada más simbólico que la película “Grease” que tantos disfrutamos cantando y bailando sus temas con un Travolta un tanto gamberro, engominado hasta las cejas, pretendiendo a una Olivia Newton John que interpretaba a esa niña bonachona y dulce que todos deseaban.

Este nuevo espacio es el más grande de España y uno de los mayores de Europa. El complejo cultural al aire libre, ocupa un espacio de 25.000 metros cuadrados y abre todos los días del año; cuenta con 350 plazas de aparcamiento para 1.500 personas; o si se prefiere, ahora con la llegada del buen tiempo, existe una gran zona de butacas con capacidad para 100 personas.

La oferta filmográfica está muy estudiada y pretende ofrecer ciclos de películas, clásicos del cine y, por supuesto estrenos y preestrenos. A la asegurada calidad de la proyección en una pantalla de 250 metros cuadrados, se suma la mejor calidad de sonido a través de una emisora FM que el espectador sintoniza desde el equipo de su propio vehículo.

Como novedad a sus antecesores el espacio incorpora un servicio de limpieza del parabrisas bajo demanda, y ha sabido aunar gastronomía y cine con una acertada fórmula que ofrece el servicio de comida y bebida hasta el coche.

Aumentando la oferta de restauración el nuevo centro de ocio incluye la presencia de los ya habituales “Food Trucks”, popularmente llamados ya gastronetas, al estilo de la década de los años cincuenta, y con una original y variada selección de platos y raciones.

Por su situación geográfica las vistas hacia los nuevos rascacielos de la ciudad son insuperables, al punto que algunos han llegado a afirmar que “esto parece USA”; lo cierto es que se trata del skyline del ya llamado “Madrid Moderno” que tantas miradas atrae y que pocos pueden disfrutarlo desde esta panorámica.

El regreso de esta atracción, con todos sus componentes de antaño, supone que cada uno tiene su “propio palco” gozando desde su vehículo de una total privacidad y con la mejor de las tecnologías para visionado y audición.

A la hora de disfrutar de una buena película, los amigos, la pareja; el niño que llora, el móvil que suena, y los comentarios acerca de la trama en cuestión dejan de incomodar a los demás y de poner en vergüenza al que incordia.

Todos los jueves, antes y después de la sesión de cine, y desde la zona de la terraza, hay sesión de DJ para el disfrute de los asistentes; y como si fuera poco, los domingos, concierto en directo una hora antes de la hora de inicio de las películas.

Un lugar donde cine, gastronomía, y fiesta están garantizados. No cabe duda de que Madrid innova; y que este lugar marca un nuevo sendero en las diferentes alternativas de ocio y cultura que propone la capital española.

  1. Una ruta de artistas, no de “gamberros

Fruto de la ilegalidad, por el hecho de hacerse sobre paredes de propiedades privadas o infraestructuras públicas, y sin autorización alguna, el grafiti ha sido considerado por muchos como una gamberrada propia de inconformes sociales y desocupados que no tenían otra cosa mejor que hacer que garabatear las paredes, firmar las puertas metálicas de los locales comerciales o dibujar mamarrachos en cualquier tapia, muro, fachada o columna. Un tipo de protesta urbana que ha ido mutando con el paso del tiempo y al compás de una lenta, aunque certera, democratización del arte, hasta convertirse en una forma de expresión que comunica y transmite, yendo más allá de lo anti estético y que, por suerte, se considera ya, “Arte Callejero”.

No queda duda que el hombre y su forzosa necesidad de comunicarse marchan juntos desde los tiempos de los cavernícolas con las pinturas rupestres; o los egipcios con sus jeroglíficos; griegos y macedonios también pintaron tumbas y paredes; o hasta los mismos romanos quienes compartieron sus profecías y descontentos en paredes y sitios públicos.

Al inicio de esta tendencia, en los albores de los años sesenta en los Estados Unidos, especialmente con fuerza en las ciudades de Filadelfia y Nueva York, a los “grafiteros” se les estigmatizó de tal manera que la misma prensa los tildó de traficantes, pandilleros y criminales.

Cuando se acentuó dicha persecución, ya en los años ochenta, muchos de ellos cruzaron el charco para comenzar a dejar sus creativas improntas en las calles de diversas urbes europeas, contagiando a muchos ciudadanos del viejo continente de su particular forma de expresión.

Por desgracia el tiempo, o en ocasiones las mismas autoridades, se encargan de borrar estas piezas, por lo que el grafiti, en la mayoría de los casos, es un arte meramente temporal.

Al igual que en otros gremios, en este del grafiti también existen escalafones: empiezan como principiantes inundando la ciudad con los llamados “tags” (firma con forma de garabato), posteriormente ascienden a las técnicas del “writing” (frases a veces con iconografía del cómic), para pasar posteriormente a crear grandes “piezas”, que son las que precisamente componen el conjunto de esta “Ruta del Grafiti” por Madrid que proponemos al viajero, y que se puede consultar en el mapa que se incluye en las imágenes que acompañan este artículo.  Para el recorrido nos hemos inspirado en la guía de arte urbano diseñada por “estudio34”, una agencia de Barcelona, y que lleva por título: “Madrid: 1 ciudad, 40 artistas”; se puede descargar en cualquier ordenador o dispositivo móvil para mayor practicidad, y hacer el recorrido que mejor convenga, o para compartirlo con amigos.

Si se dispone de poco tiempo nuestra recomendación es centrarse en los alrededores y en los interiores de “La Tabacalera” en las inmediaciones de la glorieta de Embajadores. Se trata del edificio de la antigua fábrica de tabacos de Lavapiés, que tras años de abandono es actualmente un “Centro Social Autogestionado” cedido por el Ministerio de Cultura para dar cabida a exposiciones y todo tipo de actividades culturales. Sus muros exteriores se han convertido en los lienzos de los más efervescentes “artistas de pared”, entre los que destacan Add Fuel, Alice Pasquine, Casassola, Btoy, Julieta XLF o Rubén Sánchez. Es esta una iniciativa promovida por la agrupación “Madrid Street Art Project” en su afán de promocionar el arte urbano en la capital.

De obligada visita son sus interiores por la ingente cantidad de grafitis que decoran los pasillos de la planta baja, así como los que se encuentran circundando el “alternativo” jardín interior con huerto incluído, que además, da acceso a centros de trabajo de creativos madrileños donde se hallan talleres de reparaciones de bicicletas, de fabricación de jabones, una gran nave de trabajos de ebanistería, estudios de grabación, salas de ensayo de música o cuartos para revelado de fotografía analógica.

Muy seguramente, aquel que tras realizar esta “Ruta del Grafiti”, y habiendo conseguido entender el concepto artístico que transmite, traerá a su cabeza, como yo lo hice, las palabras del equipo humano de “estudio34” que la diseñó:

“…el arte no se encuentra sólo entre las paredes de las galerías de arte, protegidas, lejos de las inclemencias meteorológicas y manos ajenas. El arte debe aparecer así, de repente, cuando uno menos se lo espera”. 

  1. “Houdini” por un día

Aunque para muchos no existen las casualidades a veces puede haber excepciones. Que Houdini, el mayor ilusionista y escapista de todos los tiempos, -famoso por liberarse de cajas fuertes arrojadas al mar, o de camisas de fuerza colgado boca abajo de rascacielos, además capaz de zafarse de todo tipo de cadenas en pocos minutos-, hubiera nacido en Budapest, algo tendrá de coincidencia, digo yo, con que los tan ahora apetecidos juegos de escapismo también provengan de la capital húngara de la mente de un psicólogo llamado “Attila” Gyurkovics (¿será su nombre otra coincidencia histórica que sea tocayo del rey de los Hunos a los que nada le impidió superar reto alguno?); sin embargo, están inspirados en una serie de video juegos que vieron la luz en el continente asiático.

Si hablamos del éxito económico de estos establecimientos dedicados a utilizar la lógica y el razonamiento, con miles de seguidores en España, sus apabulladores resultados son dignos de titulares de primera página. Madrid como muchas otras ciudades de la península ofrece diversas “salas de juegos de escapismo” para el goce de grandes y pequeños y, por supuesto, para que el visitante disfrute de una sesión inolvidable, algo bizarra para algunos, pero que sin duda pone sobre la mesa las capacidades de cada uno de los participantes para superar obstáculos, ejercer de líderes y resolver enigmas utilizando todo el ingenio del que se sea capaz.

Estos no son juegos para locos de las matemáticas ni para gente extremadamente inteligente. Es una actividad lúdica para divertirse en grupo, que requiere capacidad de observación, análisis y mucha imaginación… pero sobre todo organización y trabajo en equipo. Tampoco precisa de fuerza física o alguna habilidad especial. Simplemente agacharse o estar de pie durante el tiempo que dura el juego es el máximo esfuerzo corporal; además, no hay ningún elemento de terror o sustos.

El objetivo de los jugadores será averiguar cómo escapar de una extraña habitación llena de enigmas en los que estarán encerrados antes de que acaben 60 minutos de una cuenta atrás.

Durante esa hora, que se pasa volando, deben encontrar toda suerte de objetos para utilizarlos de la forma adecuada, y toda una gama de enigmas por resolver, trabajando en equipo y exprimiendo al máximo la creatividad, con el fin de abrir la puerta y “escapar” finalmente de la habitación antes de finalizar el tiempo; momento en que el “subidón” que se experimenta llega a su culmen. El mínimo de jugadores es de dos y el máximo de seis, y también se organizan actividades específicas para grupos de empresas.

Nuestra recomendación es la sala “The X Door” en plena Gran Vía madrileña que dispone de tres salas de juego. En dos de ellas se juega el nivel 1 llamada “White & Black”, y una en la que se juega el nivel 2, “The Haunted Prison”, en la que los participantes ahora son prisioneros de una cárcel de la que deben escapar siguiendo la historia de Jack Smith.

Sin duda estos enigmáticos y diferentes juegos atraen a todo aquel que ande en búsqueda de insólitas sugerencias más allá del turismo tradicional.

  1. Un escenario “sin polvo”

Corría el mes de noviembre de 2009, cuando un grupo de autores, directores y actores ocuparon el espacio de un prostíbulo abandonado en la madrileña calle Ballesta, esa vía que por años se ganó la fama de pecaminosa por el constante pulular de unas mujeres que, susurrando lascivias, buscaban un “partenaire” a cambio de unos eurillos como profesionales del trabajo más antiguo del mundo, la de putas.

Liderados por Miguel Alcantud el equipo de artistas reabrió esta casa de lenocinio contando teatralmente las historias de 15 prostitutas durante una temporada. Sus ideólogos, tras el aclamo del público, fundaron “Microteatro por Dinero”. Un concepto que tiene por objetivo difundir por todo el país y fuera de nuestras fronteras un formato, que innovador y alternativo, ofrece obras ente 15 y 20 minutos de duración, con un mismo tema, representadas en sesión continua, en espacios inferiores a los 15 metros cuadrados y para un máximo de 15 espectadores por pase.

De esta manera el espectador puede elegir tanto el tiempo que quiere pasar en el teatro, según el número de obras que quiera ver, así como el precio que quiere pagar, ya que cada visita a una sala se paga de forma individual.

Tras sus siete años de andadura esta marca se ha expandido por más de doscientos espacios entre España y América Latina paseando este original concepto en locales de muy diversa naturaleza. Es una iniciativa que ha encontrado su máxima fortaleza en la calidad de los textos y las interpretaciones, a tenor de crítica y público.

Para muchos ha sido hecho de nostalgia el que la sede actual de Microteatro no sea ya el burdel de antaño. Su espacio es ahora una antigua carnicería que se ha convertido en uno de los proyectos más innovadores y populares en el inmenso menú cultural que Madrid ofrece.

A pesar que la decisión de trasladarse obedeció a diversos factores, el principal, fue la necesidad de ampliarse; también es verdad que cuando la organización Triball inició un proyecto de recuperación con la compra y rehabilitación de locales, y cedió su uso a emprendedores para reconvertirlos en comercios, cafeterías, restaurantes y locales artísticos, para la rehabilitación comercial y cultural del barrio, los protagonistas de esta historia optaron por mudarse.

Para cualquier viajero inquieto, esta alternativa supone el conocer un semillero artístico en donde se descubre y se desarrolla talento siguiendo un atrevido sendero que no deja de maravillar.

  1. Un “subidón” por los aires

Abundan los motivos que frenan a algunos a atreverse con la diversa oferta de deportes aéreos que hay actualmente. Pero también son serias y copiosas las garantías que se otorgan en cuanto a tecnología y seguridad, y mucho más, cuando se habla de lugares donde pueden compartir espacio deportistas profesionales, aficionados, novatos dispuestos a pasárselo en grande, o curiosos ávidos de nuevas sensaciones.

Hace poco se instaló en nuestra capital el único centro de paracaidismo de interior que acerca a todos los públicos el sueño de volar 100% seguro, sin miedo ni vértigo; una experiencia disfrutable por niños a partir de cuatro años hasta por abuelos intrépidos sin necesidad de tener una preparación previa.

Hablamos de un túnel de viento que viene desde Viena, con la más avanzada tecnología alemana, donde comenzó su andadura en 2015, y continuará su plan de vuelo hacia Berlín el próximo año.

Los túneles de viento surgieron como una necesidad de probar y diseñar formas y elementos indispensables en el mundo de la aviación. De hecho, en la Segunda Guerra Mundial los túneles aerodinámicos fueron vitales para la predominancia aérea de la “Luftwaffe”, el Ejército del Aire alemán, que para finales de la guerra ya contaba con tres de ellos supersónicos. Con el tiempo fueron convirtiéndose en lugares de entrenamiento para paracaidistas sin necesidad de saltar en pleno vuelo; en la actualidad siguen cumpliendo esa función, e igualmente son una tendencia al alza en el mundo del ocio.

Windobona, el nuevo espacio de Madrid, cuenta con la tecnología alemana más avanzada del mercado, la ISG (“Indoor Skydiving Germany”), proporcionando el mejor aislamiento acústico, la más alta eficiencia energética y un aire sin turbulencias.

Antes de iniciar esta aventura, se reciben unas instrucciones de seguridad por parte del equipo profesional y el usuario -ya equipado de mono, gafas, casco y tapones para los oídos- está acompañado por un instructor personal experimentado durante todo el tiempo en una cámara de vuelo acristalada de 15 metros de altura y 4,3 metros de ancho, totalmente presurizada, y vigilada permanentemente desde una sala de control.

Al estar a la vista de todos, el vuelo -que dura entre 1 y 2 minutos dependiendo de la experiencia adquirida-, se convierte en un espectáculo único, especialmente para el usuario que experimenta una sensación de caída libre similar al salto desde un avión a 4.000 metros de altura, con total seguridad. Además, el cliente puede obtener un vídeo y fotografías de su emocionante experiencia.

Esta actividad supone que se trabajen todos los músculos del cuerpo por el contacto directo y la resistencia que genera el mismo contra el viento; y la postura corporal adquirida para mantener la aerodinámica, tiene beneficios terapeúticos ayudando a adquirir correctas posiciones en brazos, espalda, pecho y piernas.

En 2014 la Federación Aeronáutica Internacional reconoció el paracaidismo de interior como un deporte oficial y anualmente se celebra la Copa Mundial, y en los últimos 15 años se han construido más de 125 túneles de viento en todo el mundo. Locales y visitantes de Madrid son cómplices de este crecimiento al atreverse a experimentar lo novedoso y diferente, y probablemente porque el deseo de volar es tan antiguo como la misma humanidad, o seguramente tan deseado por la adrenalina que genera, ayudando a conseguir bienestar y felicidad.

Al notar que las instalaciones de Windobona están 100% adaptadas para personas con movilidad reducida y que está comprometida en una firme apuesta por hacer llegar este deporte a personas con discapacidad tanto física como intelectual, me es imposible no recordar la frase: “¿Por qué contentarnos con vivir a rastras cuando sentimos el anhelo de volar?” escrita por Helen Keller, aquella americana que siendo ciega, sorda, y muda, se convirtió en la primera persona en el mundo con estas limitaciones en obtener un título universitario.

  1. El “brunch” de las alturas

El tema de la elección de un alojamiento a la hora de viajar es tan variopinto como los mismos viajeros. Madrid en este sentido también está a la vanguardia en Europa, y sus hoteles alcanzan día a día mayores cuotas de ocupación. Esta razón nos lleva a nuestra última propuesta que, creemos encaja a la perfección con el ramillete de actividades diferentes expuestas a lo largo de este texto, y que no es otra que un establecimiento de un gusto exquisito diseñado para un viajero contemporáneo que busca un punto de inflexión entre lo desenfadado y la sofisticación.

El último hotel del grupo Palladium en Madrid, “Only You Hotel Atocha”, seguramente no tardará en convertirse en uno de los favoritos de la ciudad. Se trata de un establecimiento de cuatro estrellas, que no deja indiferente a nadie y que refleja la habilidad de Lázaro Rosa Violán, responsable de su interiorismo, para entrelazar y mezclar influencias culturales de cualquier parte del planeta jugando con un mobiliario de diferentes épocas, ecléctico, vanguardista, y al final, sin estilo alguno, que probablemente sea lo que explica su hit. El aspecto del lobby, y de las zonas comunes en general, combina temática deportiva con detalles viajeros; cuero y acero, mapas y muebles vintage, libros y moquetas de tartán escocés, consiguiendo un deseado aire cosmopolita que, sin temor, involucra al visitante en una propuesta atrevida y sin complejo alguno.

Su brunch de cada domingo tiene como escenario al “YOUniverse Restaurant” ubicado en la séptima planta. Dadas las vistas -con terraza incluida- que le otorga la excelente ubicación del edificio decimonónico del hotel, ya ha recibido el apelativo del “mejor brunch de las alturas”. La oferta gastronómica pasa por un completo buffet de entrantes, con ensaladas con aliños que recorren el mundo, ahumados, embutidos, pasta, risottos, antipastos… Todos los platos calientes salen directamente del showcooking. Sus carritos temáticos incluyen una variedad exquisita de panes, zumos, café italiano, mantequillas y mermeladas caseras; ahumados, foie y ostras. Destacan las estaciones de huevos, pastas, arroces, ceviches, carnes y pescados hechos al momento y con el sello del chef, Javi Mora.

Además exsite una zona dedicada al mundo detox con zumos naturales, smoothies y frutas tropicales. Y para terminar, un carrito que hará las delicias de todos los golosos con yogures artesanales, ensalada de frutas y tartas caseras.

Y, para aquellos que deseen continuar hasta el anochecer  lo pueden hacer con la musica de DJs o actuciones en directo en el bar de cocteles de la terraza, abierto hasta la medianoche.