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Miradas Interiores

Avanzamos por la columna vertical de Portugal desde las entrañas del Alentejo hasta Oporto. Cruzamos sierras y descubrimos el corazón del Duero confirmando a cada paso que el interior del país vecino es “gustosamente” sorprendente, así nos quedamos con estas miradas interiores.

Texto: Redacción ALTUM
Fotos: ALTUM / Taste Portugal

 

Los esfuerzos que viene haciendo Portugal desde que empezará la crisis internacional de 2007 por consolidarse como destino turístico no cesan, la nación lusa se empeña cada vez más en expresar a plenitud su gran potencial.

Seducidos por su esplendor, hemos optado por dirigirnos al interior de las tierras lusas y nos hemos metido en las entrañas del país vecino encontrándonos con lugares, paisajes, personas y alimentos que por sus características, raíces, esencia y calidad, nos han confirmado que el tiempo en Portugal no está detenido pero que, al menos en las zonas de este recorrido, no hay cabida para las prisas y el estrés; el paisaje convive con la gente armónicamente, y la gastronomía se mantiene pura y lejos de las tendencias de fusión.

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Quesos portugueses para degustación

El valor otorgado a los productos locales lejos de parecer pretencioso es sincero, humilde y certero. Además, las tendencias del diseño han llegado a unos alojamientos rurales que, por su sencilla apariencia engañan por fuera, y nos dejan con la boca abierta en su interior.

Sin ríos y con el mar allá…

Além Tejo, o sea, “más allá del Tajo”, es la región más extensa del país y probablemente la que más inversiones y programas europeos ha recibido; con el Tajo atrás y el Guadiana recortando la frontera con España es éste un  enclave campesino, netamente agrícola con un pequeño pedazo de costa sobre el Atlántico.

Paisaje del Valle de Tajo

Ello explica que tras haber sido durante años el “secreto mejor guardado de Portugal”, ahora se haya posicionado como uno de los lugares imprescindibles para el visitante. Con sus colinas remachadas de alcornoques y rebaños buscando alivio del sol estas tierras de grandes latifundios le debe a los romanos la eterna trilogía mediterránea: trigo, vides y olivos; y a los árabes la blancura de sus pueblos e incontables castillos.

Construyendo un edén

Alfredo Sendim consiguió recuperar las tierras de su familia en el Alto Alentejo después de que en 1974 el gobierno las expropiara a su familia. Hoy en día la hacienda “Freixo do Meio” es una cooperativa integral que busca “tratar el bien común como un bien común”, repartiendo responsabilidades con todos aquellos que comparten este ecosistema. Algunos años atrás alguien lo cuestionó recordándole que hace 100 esta finca producía comida para 200 personas cuando en ella solamente entraban hierro para hacer algunos aperos y sal para conservar los alimentos, en ese momento plantó cara a su familia y volvió a la agro economía de la dehesa dejando a un lado la agricultura industrial.

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Cultivos en invernadero en Freixo do Meio

Reestructuró sus tierras, introdujo en ella nuevos elementos y animales, y transformó en general su producción agrícola en alimentos. Estas micro transformaciones han conseguido que aquí se produzcan más de 300 referencias de alimentos, una panadería, un matadero de aves, una “transformación” de carne como la llama Alfredo, otra de embutidos… La innovación permanente le ha permitido transformar la bellota en alimento humano y producir alta salchichería tipo austriaca, vinos naturales, almazara de aceites, y convertir los vegetales en harina de bellota o un bote de tomate natural.

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Las tierras de Alfredo Sendim

Se han creado comunidades responsables integralmente en todos los procesos compartiendo riesgos y responsabilidades; todo son ciclos productivos, y cualquier deshecho encuentra una finalidad orgánica. Tras una larga conversación con Alfredo entendemos que su proyecto es construir un “edén” para el bien común. Cualquier persona que quiera involucrarse en este proyecto puede hacerlo. La finca se puede visitar y si se desea existe en ella alojamiento.

El sonido de los pasos

Encantadora y bien conservada, así es Évora la capital del Alto Alentejo que otrora consiguió hacerle sombra a la misma Lisboa. Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, en el interior de sus murallas del s. XIV alberga estrechas y sinuosas callejuelas sobre las que se yerguen monumentales iglesias, plazas, e interesantes monumentos y lugares históricos, palacios y conventos de inspiración manuelina.

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Casco histórico de Évora

Al atardecer nos dirigimos hacia la parte alta para descubrir su acrópolis. En el recorrido nuestros pasos suenan sobre el suelo adoquinado en medio de un atardecer que nos salpica de tonalidades oro y plata como si quisieran recordarnos con su sonido que estamos andando sobre las huellas de romanos, árabes, y cristianos.

Mientras contemplamos el paisaje urbano comprendemos el poder de la influencia ejercida por la arquitectura portuguesa en Brasil…

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Templo de Diana

 Ahí , ante nuestra vista está el Templo de Diana que sirviera como lonja hasta la Edad Media, y como matadero hasta el s.XIX ; y la Catedral, célebre por tener en su altar una Virgen María en estado de gestación, se nos planta imponentemente en frente.

Entre cerezas y estrellas

Continuamos nuestro camino en dirección norte hacia Beira Baixa, una región próxima al Alentejo dominada por sierras como la de Garduña y la de la Estrella con fértiles terrenos donde se produce la mejor cereza portuguesa, la de “Fundao”, equivalente a nuestras picotas. Si se llega en primavera los cerezos en flor son todo un espectáculo y en la aldea histórica de Castelo Novo el viajero podrá sembrar su propio cerezo y bautizarlo con su nombre. Estas tierras son además foco de pastoreo y de transhumancia por lo que siempre es posible deleitarse con quesos de la zona o incluso atreverse en la Quinta do Barrigoso con el ordeño de ovejas

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Rebaño de ovejas en Quinta do Barrigoso.

Los esfuerzos por consolidar el turismo como industria en épocas de crisis ha conseguido que el engranaje del sector, en continua transformación y moviendo toda su maquinaria, posicione a Portugal como uno de los destinos más apetecidos para visitar. El turismo rural en este país se ha impuesto a nivel mundial como un “must”.

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Cerca Design House, Turismo Rural de diseño.

No en vano, durante dos años seguidos se han llevado el galardón de “mejor turismo rural del mundo”. Los amantes de la naturaleza, los románticos y hasta los sibaritas buscan y encuentran experiencias en el campo absolutamente inolvidables. En épocas en que la diferenciación marca los caminos hacia el éxito, el llamado “glamping” esa combinación entre “camping” y “glamour, tiene en Beira Baixa un exponente ejemplar. Hablamos de “Natura Glamping” que ubicado en un espacio protegido transmite a sus clientes todos los principios de protección de fauna y flora.

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Natura Gampling.

Sus alojamientos con forma geodésica buscan una mayor eficacia energética y al contar con un aislamiento tanto térmico como acústico garantizan una serena estancia. Cerezas y queso con un vino de la región son los mejores acompañantes para observar desde aquí las estrellas.

El paleolítico al aire libre

Corría el año de 1995 cuando, por suerte, se suspendió el proyecto de la gran presa de Foz Côa que, de no haber sido así, el arte rupestre del valle hubiera quedado sumergido bajo las aguas. A partir de entonces se estableció en el área un parque arqueológico de 200 km cuadrados erigido ya a Monumento Nacional. En 1998 la Unesco nombró al arte rupestre prehistórico del Côa Patrimonio de la Humanidad. El acceso público a sitios seleccionados está organizado mediante recorridos en vehículos 4 x 4 en grupos de ocho personas acompañados por guías expertos en arqueología y arte rupestre.

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Información interactiva en el Museo de Coa

Dos arquitectos de Oporto fueron los responsables del diseño del imponente edificio que alberga el Museo del Côa donde los recursos multimedia y la información interactiva acercan al visitante al patrimonio rupestre del valle a partir de réplicas de los grabados originales.

Sueños en una barrica

Protegida por montañas se nos descubre la cuenca hidrográfica del río Duoro al nordeste del país lusitano; por su topografía nos encontramos ante una zona con características climáticas idóneas para los vinos que aquí se producen y que llevan la D.O. Douro. La industria vinícola registra aquí movimientos desde hace más de dos mil años, y fue en 1976 cuando se le demarcó como la primera región vinícola del mundo. Sus majestuosas montañas, interminables viñedos y extensa flora fueron catalogadas en 2001 como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

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Enoteca en Évora

El cuaderno de viajes del visitante ha de incluir la experiencia de una cata en estos parajes de singular belleza, y para ello decidimos acercarnos hasta una de sus fincas más famosas: la “Quinta da Pacheca”,  uno de los productores de vino más antiguos del valle cuya bodega data del s. XVIII. Es difícil resistirse a la experiencia que aquí se ofrece: dormir en una barrica. Una original idea consistente en alojar a los huéspedes en unas singulares construcciones de madera y con forma de barriles de vino alrededor de los viñedos.

Y la culpa fue de Oporto

Aunque existen varias teorías acerca del origen del nombre del país, la más aceptada es aquella que dice que la palabra Portugal proviene del topónimo “Portus Cale” que fue el primer apelativo que tuvo Oporto, en honor al argonauta griego “Cale” quien fundara aquí un enclave comercial.

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Vendedora de productos de mar en latas. Oporto.

Antes de su desembocadura en el Atlántico, el Duero corre entre unas colinas sobre las que se descuelga esta ciudad conocida como la “Capital del Norte” y que atesora un monumental acervo barroco de gran belleza. Extendida es la fama que ostenta Oporto de poseer ciertos aires británicos desde que aquí se asentaron los comerciantes de vino ingleses, asunto que ayuda a entender porqué justamente el país del mundo que mayor vino de Oporto consume es Inglaterra.

El casco antiguo es Patrimonio de la Humanidad y recorrerlo a pie permite admirarlo en todo su esplendor:  la Catedral de Sé, el edificio de la Bolsa, los miradores desvencijados, el tradicional y colorido mercado de Bolhao, la estación de trenes de Sao Bento con sus paredes atestadas de azulejos, las coquetas tiendas con encanto…

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Azulejos de Oporto.

Oporto, aparte de ser una ciudad “capricho”, es también la ciudad de los puentes porque no se concibe sin el Duero y sobre sus aguas aparece el más fotogénico de sus puentes el Don Luis I (1.877), que gracias a su doble altura es recorriblre a pie, en coche o en tranvía.

Para la despedida, un brindis con su vino típico en cualquiera de las terrazas de La Ribeira frente al río y prometiéndonos a nosotros mismos volver a esta fascinante ciudad, es lo más recomendable.

Una verdadera experiencia

La tendencia de los viajes experenciales se viene imponiendo en el mundo entero. El “slow travel” en donde se opta por recorridos más allá de los circuitos tradicionales para poder disfrutar a nuestro propio ritmo; el acercarse a la gente local para vivir lo más cercano posible la realidad de un destino; intentar adentrarse por las venas gastronómicas de los lugares asistiendo a la siembra o recolecta de productos, conocer el origen de las recetas y los porqués de las técnicas culinarias, etc; asistir in situ a catas de vino, de aceite, incluso de almendras… Todo esto encaja a la maravilla con las tendencias eco, bio, y de comercio justo, que se están cimentando en la sociedad con mucha fuerza además de contribuir a nuestro equilibrio alimenticio.

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Tienda de bacalao en Oporto

En general “saborear” gustosamente los lugares tal como lo hemos hecho en esta oportunidad en Portugal nos hace ver y entender con una mirada interior el destino, su economía, tradiciones culturales y su propia filosofía de vida. Tras esta experiencia quedan unas ganas tremendas de encontrar a partir de ahora en cada viaje un restaurante portugués.

Más información: www.tasteportugal.com