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Trinidad SIN Tobago

Nada más lejos de la realidad que aquella frase que, refiriéndose a las islas del Caribe afirma: “vista una, vistas todas”. Cada una es un submundo en ese mar de piratas, y Trinidad no es la excepción. Menos turística que su hermana Tobago nos descubre secretos bien guardados, una naturaleza extraordinaria, la más exquisita gastronomía, y una música excepcional, además del más importante carnaval de la región.

Texto: Hernando Reyes Isaza

 

Desestructurar el nombre de este fascinante país, con el título que damos al artículo, dista mucho de nuestra verdadera intención. Movidos por el asombro y la sorpresa que nos invadieron durante nuestra visita concluimos que Trinidad amerita, por su singular identidad, un reportaje para ella sola.

Tobago, derivación de la palabra “tobacco” en inglés, es quizás más popular entre el mundo anglosajón por ser su principal su principal mercado turístico. Sus aguas prístinas no decepcionan a nadie y su reducido tamaño (cuenta tan solo con algo más de 50.000 habitantes) es refugio de celebridades y ricos británicos.

Su hermana mayor, por el contrario, es sede de muchos residentes angloparlantes que trabajan en diversas empresas petroleras afincadas en esta isla que en su momento Colón llamara “Tierra de la Santísima Trinidad”, y que por ubicarse a tan solo 7 millas de la costa continental venezolana es un escenario variopinto y casi selvático.

El “Arco Iris del Mundo”

Con ese nombre se conoce a este país conformado por dos islas pertenecientes a las llamadas “Antillas Menores” en las que convergen y conviven 1.500.000 almas de diversas culturas y religiones que en perfecta armonía abrazan un admirable eslogan: “All we is one”, y que nosotros, quizás de una manera algo bucólica, optamos por traducir a lo largo del periplo como “todos contamos un poco”.

El llamado de la corona española a potenciales pobladores católicos, provocó un éxodo de hacendados franceses hacia Trinidad, trayendo consigo esclavos de Martinica, Granada y Haití. Fueron los galos quienes introdujeron “la joie de vivre” criolla, y también el carnaval; de tal manera que al llegar los británicos en 1797 se encontraron con una isla gobernada por leyes españolas, cuyo idioma era el francés criollo. Aunque el idioma oficial es el inglés, el “patois” y el “hindi” están siempre presentes.

Si bien la raza negra llegó a las islas de mano de los europeos, para ser utilizada como esclavos de las plantaciones de caña de azúcar, cacao o café, la raza india fue introducida por los ingleses una vez abolida la esclavitud cuando el negocio del azúcar había dejado de ser rentable. Igualmente se fomentó “la importación” de chinos, libaneses, sirios, y de otros ciudadanos provenientes del resto de las Antillas y Venezuela. Por supuesto hoy en día este crisol cultural no solamente es fascinante, sino que da una identidad muy peculiar a la isla dentro de una armonía que muchas otras sociedades envidiarían.

El nombre coloquial que se otorga a la pluralidad étnica del país es “callaloo”, que a su vez es el nombre de una rica y suculenta sopa isleña que contiene los más diversos ingredientes.

Más allá de sus atractivas playas, una impresionante diversidad topográfica provee a la isla de paisajes únicos que van desde bosques tropicales, ciénagas y pantanos, a montañas y sabanas en los que habitan toda suerte de especies.

Aquí cohabitan más de 620 clases de mariposas; 430 de aves, 70 tipos de reptiles, además de 700 variedades de coloridas orquídeas -tan solo un ejemplo de las más de 2300 variedades de flores y plantas-, y un espectro de mamíferos compuesto por ocelotes, venados, pecaríes o armadillos.  Anualmente Trinidad y su patrimonio ecológico atraen a una significativa cantidad de científicos e investigadores, así como a verdaderos amantes de la naturaleza.

El colibrí, ave nacional

Ciertamente los entendidos afirman que la isla es consecuencia de un desprendimiento del continente suramericano, no es de extrañar entonces la biodiversidad existente, y con ella entendemos por qué el colibrí es uno de los símbolos de identidad nacional. De hecho, el nombre indígena de la isla era Kairi, que significa “Tierra de Colibríes”. Una especie protegida por la ley y que no deja de sorprender por ser el único animal capaz de volar hacia atrás y también hacia delante, hacia arriba y hacia abajo, o dar vueltas sobre sí mismo, lo que muchos llaman un “vuelo estático” en perfecto equilibrio. Es un pájaro cuyo corazón late a 1200 pulsaciones por minuto; al que se le llama el “acróbata del aire”, y el que tiene fama de ser muy inteligente por ser un ave que tiene el cerebro más grande en relación a su tamaño corporal y sus pocos gramos de peso. Se acerca a las flores como un picaflor de plumas iridiscentes sin conseguir mover de ellas ni un solo pétalo; este pequeñísimo volador es tan frágil como bello, por lo que, con total sabiduría, los dioses de más de una de las culturas mesoamericanas lo escogieron para ser aquella especie animal que traía a la tierra sus deseos y pensamientos: un verdadero guardián del tiempo.

Asa Wright Centre

Ese amplio espectro ornitológico se entiende mejor en la visita al “Asa Wright Centre”, una antigua plantación de cacao adquirida a finales de la década de loa años 40 por el matrimonio Wright – Asa, unos investigadores, naturalistas y botánicos de Estados Unidos e Islandia respectivamente. El Dr Newcome Wright y su mujer, empezaron a dar alojamiento a los amantes de la naturaleza, y rápidamente hicieron del sitio una especie de “Meca de investigación” en todo el Caribe. Hoy en día es el lugar más solicitado para el avistamiento de aves en toda la región y a él acuden alrededor de 80.000 visitantes al año con la ilusión de poder disfrutar de su pasión por los pájaros en un entorno prácticamente virgen en el que habitan más de 30 especies diferentes.

La maravillosa mansión colonial de la plantación tiene un gran balcón donde los binoculares no pueden faltar. El sitio organiza, con guías certificados, caminatas y excursiones ecológicas por sus predios en medio de una impresionante selva tropical. Ofrece alojamiento en 24 cómodas habitaciones distribuidas a modo de “lodge” y con una fascinante arquitectura que retrotrae al viajero a aquellas esplendorosas épocas del colonialismo británico.

Tan solo en 1962 Trinidad & Tobago obtuvo la independencia del Reino Unido, año en el que el llamado Comité de Independencia diseñara el escudo actual de la nación con dos especies de aves de una gran preponderancia en estas dos islas como son el Scarlet Ibis, natural de Tobago; y el colibrí. Las tres embarcaciones representan la Trinidad y las carabelas de Colón; y los picos simbolizan la pretérita presencia de los ingleses en este dúo insular.

Al sur de Puerto España, la capital del país, existe otro ecosistema denominado “Caroni Swamp”, o la Ciénaga de Caroni que, en una superficie de 12.000 acres, alberga una excesiva riqueza de fauna y flora, pantanos, y diversos canales de manglares, así como de lagunas saladas. Se considera el hogar por excelencia del “cocrico”, el Scarlet Ibis del escudo nacional, que de pequeño es marrón y con el tiempo sus plumas se van tornando en un rojo escarlata tan intenso que conquista las miradas de todos. En estos predios se presta especial atención a una veintena de especies en vía de extinción, como caimanes y algunas especies de ranas originarias de Surinam, siendo una las visitas más solicitadas por los forasteros.

Gigantes prehistóricos

El motivo principal de nuestra visita a esta isla no era otro que el observar el desove de las llamadas tortugas laúd o “leather turtles”.

A diferencia de muchos otros viajes realizados por otras islas del Caribe “no español”, la información que poseíamos sobre Trinidad en el momento de aterrizar en un coqueto aeropuerto con ciertas ínfulas “britt”, no iba mucho más allá que la del verdadero motivo que hasta aquí nos había traído: asistir en la playa de Grand Riviere a la temporada de desove de este tipo de quelonios, que va desde el mes de marzo hasta el de agosto. Tan sólo éramos conscientes de que es una de las playas del mundo en donde mayor cantidad de hembras de esta especie viene a depositar sus huevos y que, como todas las tortugas, regresan a la playa de la que salieron de su cascarón, al mismo lugar en el que han nacido tras nadar miles de kilómetros.

Este “gigante prehistórico”, que la mayor parte del año vive en aguas frías, es la tortuga marina de mayor tamaño. Llega a pesar hasta 700 kg y su caparazón nos sorprende porque no es de carey, es de cuero o piel, de ahí su nombre en inglés.

Algo que no imaginábamos es que una fundación privada encargada del cuidado y protección de esta especie, cerrara la playa desde las 18.00h hasta las 06.00h todos los días de la temporada para cuidar, marcar, controlar y plasmar así su causa; lo hace de una forma sorprendentemente organizada y diríamos “casi británica”.

Hasta hace no muchos años, las tortugas eran víctimas de los locales debido a lo apetecible de su carne, considerada un verdadero manjar. Sin embargo, con la colaboración de voluntarios provenientes de diversas partes del mundo, esta entidad ha conseguido cambiar la mentalidad de la gente al respecto, e incluso involucrar activamente a muchos de los lugareños en su misión de cuidado y conservación.

El esfuerzo no es en vano y cuesta mucho, no solamente porque las donaciones provenientes de fondos privados siempre son escasas, sino porque la cantidad de crías es muy inferior a los huevos depositados por una tortuga. En cada estación una hembra puede venir a la misma playa hasta unas diez veces, y depositar hasta 70 huevos en cada una de ellas, de los que solo dos consiguen eclosionar. Además, los depredadores naturales son varios a pesar que “the chamber of eggs” -la cámara de los huevos-, se encuentra profundamente cavada en la arena, y camuflada por ellas mismas con su mejor instinto maternal de protección. Tras el depósito de los huevos, 60 días después, las crías verán la luz por primera vez y en medio de un profundo despiste y en ausencia de su madre, buscarán el mar. Las hembras solamente volverán a salir del agua hasta la próxima temporada de desove.

Ver salir del mar a estos seres inmensos –su ancho puede llegar a medir 1 metro- es un espectáculo digno de ser experimentado por cualquiera. La tortuga, pausadamente, encuentra el reducto de playa donde cavar. Sus aletas se mueven diestramente para hacer su “nido”, y la cloaca, una vez acomodado el cuerpo del animal, empieza a expulsar gran cantidad de huevos. En ese momento el animal entra en una especie de trance, durante el cual pudimos acariciar su cabeza y entender lo mucho que les cuesta todo el proceso.

Sus ojos parecen llorar; de ellos emana una sustancia babosa que naturalmente les sirve para protegerse de la arena. Hay quienes creen que lloran porque no volverán a ver a sus hijos; también hay quienes afirman que dicha sustancia, casi lacrimosa, es el resultado de evacuar los residuos de la gran cantidad de medusas que devoran, ya que son su principal fuente de alimentación. En cualquier caso, nos queda la certeza de que quien observa esta maravilla de la naturaleza, termina por sentirse comprometido con la causa de una fundación admirable, y siempre querrá volver a Grand Riviere.

Excentricidad tropical

Tras dejar la autovía que sale del aeropuerto, tomamos la estrecha y sinuosa carretera que une al mar Caribe con la costa Atlántica

Sucesivas casas de madera con fachadas pintadas en alegres colores, puestos de frutas tropicales en las orillas de la carretera y pequeños pueblos en donde la música “soca” (SOul – CAlipso) suena por las esquinas, son parte de los componentes que nos van seduciendo.

Cruzamos las calles de una pequeña ciudad llamada Valencia donde el olor a curry y massala se mezclan en el ambiente, llamando nuestra atención. El aroma proviene de una esquina en la que una mujer afro trinitaria arma sobre trozos de papel los famosos “Doubles”. Unas finas tortitas de harina de garbanzo bañadas en un sabroso curry tropical con un chutney de guindillas locales, que suelen tomar los lugareños diariamente como almuerzo o aperitivo, y que como manda la tradición se come con las manos. Al igual que en muchos destinos asiáticos las delicias gastronómicas se encuentran en los puestos de comidas callejeras. No podemos resistirnos ante el “Roti” que, aunque oficialmente no es el plato nacional, podría considerarse como tal; se toma a cualquier hora del día, y muchas veces, ante las prisas, es una comida recursiva: consiste en un pan plano y delgado que a gusto de cada paladar se rellena con diferentes curries (garbanzo, cilantro, tamarindo etc…), verduras variadas, pescado y/o diferentes carnes.

Es inmensa la variedad de frutas locales y sus sabores resultan novedosos y atractivos para los extranjeros. Mientras comemos de pie con alguna gente de la isla -muchos de ellos rastafaris-, escuchamos lo que se conoce como “Chutney Music”, una increible fusión de ritmos de la india y del caribe reggae.

En la medida que nos adentramos en el interior, la población de origen indio es cada vez más notoria. Por momentos, los colores del paisaje tropical, el olor a clavo y cardamomo, así como los atavíos de la gente, nos remontan a algún lugar de la India. Sin duda alguna un Caribe desconocido y diferente donde el bullicio de las aceras, el gran número de variados comercios o el intenso tráfico de esta población, no distan mucho de una calle cualquiera de Calcuta o de Delhi.

Filosofía del “No Problem”

Tras la merienda de la mañana, continuamos nuestro recorrido hacia el norte de la isla, notando mayor población de raza negra, sin duda porque nos acercamos a la costa. Circundando ya el mar Atlántico, cerca de la población de Salybia.

El punto de encuentro entre el océano Atlántico y el mar Caribe se llama Punto Galera. Nosotros retomamos la ruta en sentido oeste por el mar Caribe hacia la población de Sans Souci, donde las grandes olas despliegan un escenario caribeño plagado de palmeras, haciendo de esta localidad una de las más apetecidas por los surfistas.

Aparece luego en el camino la población de Toco. Un pueblo de pescadores, en su mayoría de religión baptista. Por desgracia, su encantador encanto de aires caducos está siendo víctima de la construcción de un puerto para ferries.

A pesar del derroche cultural y de las tentaciones que supone el mismo, presentes en muchos de los lugares por los que íbamos pasando, no podíamos dejarnos llevar por la filosofía caribeña del “no problem”, así que continuamos hacia nuestro destino principal: la playa de Grand Riviere, donde no solamente nos aguardaban las tortugas sino una sorpresa con increíbles toques “deco”.

¡De aquí no me voy!

Cierto es que la isla de Trinidad, a diferencia de Tobago, no presenta un desarrollo turístico tan potente, pero si es posible encontrar remansos de tranquilidad, quizás de “lujo” no tradicional y probablemente la mejor opción para el viajero independiente, es el Mt Plaisir Estate Hotel, propiedad de un reconocido periodista y fotógrafo italiano llamado Piero Guerrini. Enviado por una prestigiosa revista neoyorkina llegó en los años 90 a esta isla para entrevistar al trinitario Premio Nóbel de literatura Derek Walcott.  Se enamoró del lugar: “de aquí no me voy”, se dijo a sí mismo sin saber que era ésta la playa preferida por las tortugas para depositar sus huevos.

Una de las pocas casas que se encontraba en la aislada playa de Grand Riviere, construída debajo de un maravilloso almendro, estaba para la venta y se hizo con ella, no sin antes solicitar a su hermana en Nueva York que le hiciera llegar su preciada colección de muebles y piezas deco. Y así, con esfuerzo y dedicación, fue creando este lugar.  Los búngalos alrededor de la casa principal conforman una verdadera delicadeza caribeña; y la decoración, acorde con el lugar, invita a un reconstituyente descanso aislado del mundanal ruido.

Despertarse en una habitación de madera, abrir los postigos y encontrarse una playa a pie de puerta, con varias tortugas desovando es un espectáculo sublime. Entendemos que ese es hoy en día el verdadero lujo: el “surrealismo” está no solamente ahí ante nuestros ojos, sino ante la frontera que establece el límite entre nuestra cabaña y la playa.

Piero cuida personalmente de sus huéspedes y supervisa sus cultivos orgánicos de frutas y verduras con los que suple a la gran mayoría de hoteles y restaurantes de la capital; siempre está pendiente de los más mínimos detalles para garantizar el éxito de su negocio, así como de la absoluta satisfacción de una clientela que asimila el concepto del lujo otorgándole prioridad a la sencillez y al entorno natural, aislándose de pretensiones en medio de la más idílica autenticidad.

El restaurante del hotel ofrece comida internacional y local, gracias a tantas influencias gastronómicas. Piero está seriamente comprometido con la isla, con las tortugas, y con el medio ambiente. Es el perfecto anfitrión siempre dispuesto a organizar cualquier excursión que deseen sus huéspedes, o incluso a mostrarles personalmente su mayor orgullo, una plantación de árboles de frutos tropicales traídos de todas partes del mundo que tiene en una propiedad cercana al hotel, en lo que antaño fuera una plantación de cacao.

Playas y bosques tropicales

Cerca del hotel hay algunos ríos en los que es posible alquilar kayaks para realizar una fascinante excursión, y si las corrientes lo permiten, y también su destreza naútica, se puede salir al mar hasta la punta derecha de la playa.

La orografía de los alrededores se torna por momentos casi selvática; nuestro deseo de adentrarnos en la manigua nos lleva a contratar un guía para hacer un trekking de casi seis horas que, entre fauna y flora salvajes, nos permite ascender hasta una cascada que nos invita a tomar un baño en su poza al ritmo del chorro de la caída del agua, y al compás de un sinnúmero de langostinos azules de agua dulce que bailan a nuestro alrededor.

Son varias las excursiones que no deben faltar en este recorrido por el norte de Trinidad. La playa de Las Cuevas es una excursión casi obligada; montañas tropicales rodean una gran extensión de arena donde las rocas, a modo de pequeñas cuevas, permiten gozar de una intimidad insospechada.

Algo casi ineludible es probar el famoso “Shark & Bake”, versión caribeña del “Fish & Chips” británico, pero en este caso preparado con carne de tiburón. El mejor lugar para ello es la Playa de Maracas. No deja de sorprender que no hay mayonesa o ketchup para aderezarlo, lo que hay son varios chutneys de clara influencia india, todos picantes… sin duda, el de tamarindo fue el que más nos entusiasmó, pues su sabor agridulce mitiga la acción de las guindillas. Esta playa repleta de palmeras y almendros es una de las más concurridas los fines de semana por los habitantes de Puerto España, ya sea para surfistas, deportistas o adictos al sol. Los guardacostas están presentes desde las 10.00h hasta las 18.00h. Sorprenden gratamente las instalaciones de duchas, baños, parking y en general, la limpieza.

Si aún le queda tiempo, puede explorar la población de Blanchisseuse –su nombre de origen creole-, probablemente signifique “la mujer blanca que fue vista mientras lavaba”. Si el origen de la palabra seduce, la población no se queda atrás. Sus pequeñas tabernas o bares, siempre invitan a compartir un ron blanco con los locales que, por lo general pescadores, le contarán fascinantes historias que muy seguramente le lleven a una siguiente ronda. Es un lugar muy apetecido por los trinitarios para sus vacaciones, muchos de ellos tienen grandes casas distribuidas en sus colinas con un encanto admirado por muchos. La arquitectura del pueblo tiene grandes influencias georgianas, y lo que suele cautivar más al visitante, es la iglesia que mira al mar sobre un acantilado, como eterna protectora de sus habitantes. Las casitas color pastel discurren armónicamente a lo largo de Paria Main Road en la parte alta de la ciudad.

El “steelpan”: rey del carnaval

Se dice que el único instrumento musical inventado en el siglo XX es el steelpan. Una especie de marimba o timbal proveniente de los barriles metálicos de petróleo que, agujereados en una de sus tapas, emite un sonido armónico y alegre a golpe de baquetas recubiertas de goma. Existen varias escuelas para su práctica, y a lo largo de todo el año aporta su ruido a las diferentes vertientes musicales de las que hace gala la isla. Sin duda, es durante el carnaval –el más célebre e importante de toda la región Caribe- cuando la explosión de color, música, comida y “pecados rítmicos” se apodera de las calles donde las escuelas de steelpan compiten con ferocidad por hacerse con la fama. Nuestra preferida es la “Invaders Steel Orchestra”, una de las más antiguas y que cuenta con la gracia de que Ellie Manentte, uno de sus fundadores, fue uno de los idearios del steelpan. Sus coreografías son de las más logradas y el conocimiento musical de los diversos ritmos sobresale con respecto a cualquier otra. Ostentan diversos premios y son casi unos embajadores de la música trinitaria por todo el mundo.

Más información:

Oficina de Turismo de Trinidad y Tobago: www.gotrinidadandtobago.com

Asa Wright Nature Center: www.asawright.org

Invaders Steel Orchestra: www.invaders-tt.com

Hotel Mont Plaisir: www.mtplaisir.com