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Kenia, esencia del África mítica

Miles de animales recorren la sabana africana sin saber lo que es una frontera. Transitan libremente por tierras masai, y se ocultan a lo lejos entre las llamadas acacias de techo bajo, esos románticos árboles que engalanan siempre el paisaje como si se tratara de una postal. Parques naturales y pequeñas reservas se disputan belleza, espectáculo y fauna, a lo largo de 582.600 kms, en los que además lagos, desierto, playa y montaña, existen para deleite del viajero. En Kenia la vida salvaje convive con las comodidades, las tribus, los cultivos de café y té, y con las prístinas aguas del Índico, llenas de corales por descubrir. Es el trópico ecuatorial con sangre negra. Hay un invasor pasado portugués, otro omaní, y por supuesto uno imperantemente británico. La etnia kikuyu constituye el 40% de la población, y de ella se  puede destacar  la sabia conjugación que ha hecho de sus más ancestrales tradiciones con las aportaciones europeas. Además: Samburu, masai, meru, kamba, o luo, entre otras, conforman la diversidad étnica de esta nación.

Nairobi, cruce de caminos y “lugar de aguas frescas”

Comunicar la costa keniata con Uganda fue deseo del imperio británico, que con mano de obra india, llevó las vías férreas desde Mombasa hasta Kampala, construyendo una estación en el interior, Nairobi, a orillas del río de su mismo nombre; este es el origen de una capital que cuenta hoy con algo más de tres millones de habitantes, siendo la ciudad más poblada de África oriental; es la puerta de entrada al país, y el punto inicial de la inmensa mayoría de los safaris. Sin duda, esta es la cara keniata más urbana. En Nairobi se encuentra la tercera sede de Naciones Unidas, después de Nueva York y Ginebra. El Museo Nacional tiene especial interés, con la colección permanente sobre la evolución del hombre, su relación con el medio, y donde se exhibe, de manera didáctica, al África, como cuna de la humanidad.

Cerca a Nairobi, en las laderas de las colinas de Ngong, vivió Karen Blixen, la novelista danesa que hiciera famosa su estadía de más de 15 años en Kenia, a través de varios libros publicados con el seudónimo de Isak Dinesen. Su autobiográfica novela “Out of Africa”, fue llevada al cine en 1985 por Sidney Pollack; Meryl Streep inmortalizó la indómita vida de Blixen en la que su amor por el aventurero Denys Finch Hatton, fue interpretado por Robert Redford. La casa, decorada con motivos de la película, fotografías y objetos propios de la escritora, ilustra cómo debió ser la vida en esta finca, durante principios del siglo pasado, y remonta al visitante a la célebre frase inicial del libro: “Yo tenía una granja en África…”

Un ágape muy africano puede disfrutarse en el renombrado restaurante Carnivore, que al igual que su hermano de Johannesburgo, ha seducido a muchos por sus carnes exóticas, y su sistema de parrillas y asados. Aunque en la actualidad la ley restringe la caza que se puede servir, especies como el camello, el avestruz o el cocodrilo, se encuentran presentes en la carta de este afamado nyama choma        -carne a la parrilla-, que consigue seducir incluso a los menos osados.

De “viaje”… o de Safari

En swahili, la lengua oficial del país, viaje se dice safari. Las autoridades turísticas han convertido los safaris keniatas en un estilo de viaje, que no solamente protege el medio ambiente, sino que ofrece al visitante una suerte de experiencias únicas del país. Los espacios protegidos son muchos, y para trazar un circuito de safaris, lo mejor es dirigirse a agencias especializadas. Los alojamientos, lodges, sorprenden por su calidad e instalaciones. La variedad y categoría de los mismos es inmensa. Hoy por hoy, un safari ya no tiene los elevados precios de hace unos años: los hay para todos los gustos y todos los bolsillos.

Los parques y reservas cuentan con senderos, pistas y caminos para que vehículos todo terreno, adecuados (sus techos se levantan para gusto y comodidad del espectador), y especializados en este tipo de travesías, puedan desplazarse y exponer al viajero, de la manera más cercana posible a lo salvajemente natural, siempre dentro de la mayor seguridad. Los safaris suelen realizarse al amanecer, para poder así ver un mayor número de animales, ya que éstos presentan una gran actividad en las frescas temperaturas de la mañana. Una segunda salida al atardecer, tiene normalmente lugar tras un abundante almuerzo en el lugar de alojamiento.

Por suerte, aquellas incursiones africanas, que a golpe de rifles y escopetas se dedicaban a la caza de los cinco grandes (león, elefante, rinoceronte, búfalo y leopardo), y que convirtieron a Kenia en el coto de caza más deseado por millonarios americanos y europeos, han sido reemplazadas por safaris fotográficos, en los que videos y cámaras mantienen en el recuerdo del viajero instantes realmente emocionantes, conseguidos a base de disparos de obturador. La caza se prohibió en 1976, y desde entonces, la población animal ha aumentado considerablemente, en especial la de rinocerontes y elefantes. Los cazadores son  perseguidos con dureza, en un país que anualmente ingresa a sus arcas millones de dólares, provenientes del turismo de naturaleza. Cierto es que entre los meses de julio y octubre,  el Parque Masai Mara junto con el Serengueti en Tanzania, roban el protagonismo a cualquier otro escenario africano, ya que más de dos millones de animales salvajes, entre ellos cebras, ñues y gacelas, siguen el ciclo de las lluvias de los dos países, en búsqueda de verdes llanuras y de agua; el río Mara, infestado de cocodrilos, es el lugar de muerte para muchos de ellos. Sin duda, este es el mayor espectáculo natural del mundo: La Gran Migración. 

Lujo en las laderas del monte que da origen al nombre del país

La segunda altura del continente africano, después del Kilimanjaro, es el Monte Kenia con 5.199m de altura, que da nombre al país, y al que los kikuyu otorgan la morada de su dios supremo Ngai. A los pies de las nieves perpetuas de este Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera, cerca de la población de Nanyuki, se ubica el mítico hotel Mt Kenia Safari Club, construido en la que fuera la casa de la estrella de cine William Holden, que rápidamente se convirtió en una especie de meca del jet set internacional. Este lujoso establecimiento cuenta con una reserva privada que se puede recorrer a caballo, la experiencia de encontrarse con búfalos, cebras y gacelas es más que emocionante… un tipo de safari en silla de montar, digno de ser experimentado, pues no responde al prototipo de acercamiento a la fauna africana que se tiene por tópico. El hotel en sí, parece remontar al huésped a una historia de otras épocas, a un lujo en desuso por auténtico y sencillo. Cuenta con un centro de conservación de animales, digno de visita, en el que diferentes especies son controladas, protegidas, curadas en caso de heridas o enfermedad, y a donde acuden colegiales para tomar conciencia de la importancia de la conservación de la fauna y el medio; es toda una institución en el oriente africano.

El Valle del Rift

Desde Palestina hasta Mozambique, hay una fractura geológica resultado de movimientos sísmicos, una cicatriz sobre el terreno, un escalón hacia abajo que cada año se hunde un poco más. Las condiciones climáticas hacen de la naturaleza de esta falla algo muy especial. Los animales la prefieren, y no en vano, Kenia y Tanzania son los dos países con mayor cantidad de grandes mamíferos sobre la tierra. Muchos lagos y volcanes existen en esta falla que atraviesa Kenia, espacio geográfico conocido como el Valle del Rift, rico en fauna, flora, y tribus; igualmente han aparecido en él restos de asentamientos de homínidos, de entre 3000 y 2000 años de antigüedad.

Lago Nakuru o el rosado placer del refugio del flamenco

El sueño de cualquier ornitólogo es este lago de sosa y plancton, asentado en el Rift; aquí habitan la mitad de los flamencos del mundo, más de un millón y medio de estas aves zancudas, tiñen el horizonte de su refugio de un rosa que placenteramente conmueve y emociona. Otras 450 especies de aves conviven en este entorno único y maravilloso. Aquí se entiende porqué Kenia es el mejor país del continente para avistamiento de aves. Al atardecer son las hienas, gacelas, cebras, o búfalos los que se acercan a las playas del lago, otorgando sublimes estampas al observador. Esta reserva es, también refugio del rinoceronte blanco, el animal más grande después del elefante. Nakuru ofrece su fauna a “la carta”, como si de una exquisitez se tratara, para su observación y disfrute. Pero en Kenia, las emociones no cesan. En nuestro caso, se acentuaron a la hora del ocaso, cuando divisamos en un árbol a una leona trepadora; esperamos un tiempo considerable, cuando de repente, aparecieron mágicamente, como si brotaran del tronco del árbol, varias más. Un león joven y de corta melena, yacía camuflado bajo la hierba… parecía llamar a sus hembras con la mirada decidida de un monarca. Se acercaron a nuestro vehículo, lo rodearon. Eran 8 ejemplares en total, algo que supimos por nuestro guía; nos adelantaron, hicieron el amago de atacar a un antílope lejano, y desistieron. Bebieron agua de un charco, luego se adentraron en la hierba. Nos había sucedido algo excepcional y fuera de lo común; en este momento el viaje estuvo más que justificado y la dosis de adrenalina, exagerada en extremo.

Lago Naivasha, entre “hipos” y águilas pescadoras

Al amanecer, una mujer británica, acompaña a sus caballos de carreras a darse un baño en las frescas aguas de este extenso lago del valle. Algunos de sus ejemplares se meterán al agua por primera vez. Temerosa pero certera, asiste a sus preciadas bestias, para saber que las enviará al Reino Unido fuertes, decididas, entrenadas y con paso de vencedoras. Rezagos del protectorado inglés, que finalizara en 1963, otra de las tantas realidades africanas.

Son cerca de 400 especies las que se nutren de este ecosistema, y la observación de las mismas es fascinante. Nuestra embarcación se dirige hacia la primera familia de hipopótamos, no escuchamos nada distinto a chapuzones y disparos de cámaras fotográficas. Garzas, pelícanos, algún martín pescador y la reina de las aves en el lago: el águila pescadora. Planea en silencio sus alas, avistando su presa y zambullendo sus garras sin fallo alguno; eleva un vuelo triunfal con el pescado entre sus extremidades, se aleja pausada pero decididamente, con la certeza del alimento. Glorioso espectáculo. Otras familias de hipopótamos, inmensas bestias de pequeños ojos y orejas chatas, nos miran, se bañan, aguantan debajo del agua, salen nuevamente, se refrescan.

La tierra keniata tiene aspecto rojizo de atardecer, y el reflejo del sol tropical en las aguas de sus lagos, anuncia el fin del día. Es una tierra que se lleva en el recuerdo, una tierra de difícil olvido, de pastores nómadas masai. Naivasha nos despidió entre estilizados cuellos de jirafas, y dos diligentes gacelas de mirada tierna; ambas elegantes, pausadas pero rápidas, como  finas señoras vestidas de alta costura, que con el desvanecer de sus siluetas en el horizonte, nos invitaban a regresar a esta fiesta mágica.

Mombasa y la costa suajili: Fusión afro árabe, reminiscencias lusitanas

Dirigirse hacia la playa para un merecido descanso post safari, es para muchos una extensión que añade al viaje un ingrediente cultural más: la cultura musulmana. Mombasa fue fundada por árabes comerciantes. Tuvo partes arrebatadas por Vasco da Gama para la corona portuguesa. De esta época es el Fort Jesus, impresionante fuerte que domina la ciudad, cual protector vigía. Hubo también reconquistas por parte de Omán, y en un momento dado, Mombasa perteneció al sultanato de Zanzíbar; fue reconquistada por los swahilis, una mezcla de árabes y africanos, que dio origen al idioma oficial del país; es el principal puerto keniata, y la segunda ciudad.

Sobre la costa existen numerosos establecimientos hoteleros con amplias y excelentes playas, barreras coralinas, y el acompañante permanente del Indico: el azul turquesa. El descanso está garantizado, aunque sea una región algo desconocida para muchos, es muy seductora en su conjunto. Los parques más afamados de la zona son el Parque Natural de Shimba Hills, y el Parque Marino Nacional de Watamu.

Kenia, no defrauda. Además de los lugares naturales visitados, existen  otros que quedarán pendientes para una próxima vez: Amboseli, Turkana, Tsavo o Laikipia, así como muchas reservas, y también  lugares privados.

Decimos nostálgicamente adiós a la tierra del Akuna Matata, el país del “no problem”. Nos invaden inmensas ganas de salir a contarle al mundo los fantásticos momentos vividos, y la riqueza natural de la que hemos sido testigos.