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Niagara-on-the-Lake

La uvas cabernet franc, vidal o riesling están siendo utilizadas por viticultores de la provincia de Ontario, concretamente en la zona de Niagara-on-the-Lake, para expandir mundialmente esta bebida: Icewine, o vino helado. Canadá no es el único productor de este tipo de vino, sin embargo, desde que comenzó la producción de esta variedad en los años ochenta, aprovechando las bajas temperaturas del invierno, su producción ha ido permanentemente en aumento hasta llegar a ser actualmente el mayor productor mundial. Hoy por hoy el icewine es a Canadá, lo que el oporto a Portugal, o la champaña a Francia. Las condiciones climatológicas durante los meses de invierno han ido asegurando a este país en la última década, la mayor producción de este tipo de uva.

Tan sólo a 26 kilómetros de las cataratas, se encuentra la población de Niagara-on-the-Lake, que alberga la mayor cantidad de viñedos. Esta región es la responsable del 80% de la producción vinícola canadiense y en particular de icewine.

La vendimia, ha de ser cuando la uva se encuentra en estado de congelación, entre 8 y 13 grados bajo cero, para que al prensarla se extraiga solamente el dulce jugo concentrado, sin mezcla de agua de hielo. Técnicamente el icewine es un vino dulce de sobremesa que va bien con frutas frescas, chocolates, fois-gras o quesos.

Son muchas las bodegas que actualmente producen esta variedad, ganando cada vez más terreno en el mercado internacional; y generando una especie de nuevo emblema nacional, gracias a las acertadas campañas de marketing y publicidad que han realizado. No es necesario ser un entendido en la materia para escoger el vino, pues parte de la estrategia comercial de las bodegas, consiste en agradables explicaciones, que por parte de expertos guías promotores, permiten preparar el paladar para la degustación de sus sutilezas, y distinguir sus aromas. En bodega, las botellas para la venta son normalmente de 375ml, y su precio es de unos 30 euros aproximadamente. Fuera del país, el precio puede llegar a los 150 euros. Sin lugar a dudas es un vino caro porque prensar las uvas a temperaturas tan bajas, reduce su rendimiento en cerca de cinco veces, con relación a otros vinos de mesa. La organización de la visita es ejemplar, y prácticamente todo el mundo accede a pagar los 5 dólares canadienses que cuesta la cata, para terminar comprando una botella de icewine.  Aunque no todas las bodegas de la región producen este afamado vino, es conveniente destacar algunas de las más importantes como Inniskillin, pionera en la producción de esta bebida;  Pillitteri Estates Winery,  mayor productora de icewine del país, o Reif State Winery, galardonada con el premio francés Challenge International du Vin. Todas han contribuído notablemente al posicionamiento mundial de este exquisito producto.

Durante el mes de enero, todos los años, se celebra el Festival de Vino Helado del Niágara. Esta celebración abarca diferentes eventos, y se destaca por llenar de vida a la población, con sofisticadas cenas de gala, degustación de Icewine al aire libre, concurso de elaboradas figuras de hielo, y paseos en coches de caballos por la famosa ruta de vino del Niágara.

La región de Ontario cuenta tradicionalmente con turistas que visitan las cataratas y los maravillosos escenarios naturales de los alrededores; otros, especialmente estadounidenses, acuden a los casinos de la zona, como consecuencia de la prohibición del juego en los estados fronterizos. Sin embargo  la etiqueta de región vinícola, y en particular, el gran prestigio alcanzado por el icewine, han traído nuevos aires.

Pasar una jornada en Niagara-on-the-Lake y visitar alguna de sus bodegas es prácticamente una excursión obligada. De la mano de lo enológico, lo gastronómico está en auge. Sorprende la calidad de los restaurantes de las mismas bodegas, en donde los productos frescos de mercado son los protagonistas. Verduras y frutas orgánicas, así como buenas carnes, exquisitos pescados y mariscos, son las delicias de quienes optan por alguno de los menús que aquí se ofrecen.

El encanto del pueblo está garantizado. Sus casas y callejuelas bien cuidadas evocan un pasado romántico que se manifiesta en el mobiliario de los anticuarios y de las  tiendas de decoración, en donde las cajas de metal de otras épocas, o los letreros de coca-cola que vieron nuestros abuelos, son los protagonistas. Tiendas de cerámica y pequeños talleres de artistas terminan por enriquecer el paseo por esta pequeña ciudad de 14.000 habitantes que vio sus orígenes en 1.781. El museo no podía faltar: Niagara Historical Museum, ni por supuesto el Forte George, erigido en el siglo XIX para defender la frontera de los Estados Unidos.

Entre los meses de abril y noviembre se celebra el Shaw Festival, un ciclo teatral a cargo de  una de las principales compañías de teatro canadienses, que presenta obras de Bernard Shaw, Tenesse Williams y Anton Chejov. En este período se dan cerca de 800 representaciones, que tienen como escenario tres importantes teatros de la ciudad, y en las que llegan a venderse hasta 300.000 entradas a lo largo de la temporada.

La vecina Niagara Falls, sigue siendo la gran anfitriona de la región debido al atractivo de las cataratas. Son varias las opciones para disfrutar de las imponentes caídas de agua, como adentrarse en el túnel que permite observarlas por detrás: “Journey Behind the Falls”, o si prefiere puede contemplar la vista desde cualquiera de las dos torres presentes en el lugar: “Konica Minolta Tower”, o “Skylon”. Para conseguir intrépidas sensaciones, probablemente la mejor experiencia la aporte el barco “Maid of the Mist” que se adentra hasta la misma herradura que forma la base de las cataratas.

El icewine es otra faceta diferente de la región de las cataratas, que cada vez atrae a más viajeros testigos del  auge de la industria vinícola canadiense.