SaoPaulo

Sao Paulo

La ciudad más grande de Suramérica, y la cuarta del mundo, está habitada por gentes de todos los colores. Ciudadanos provenientes de todo el planeta pueblan esta megalópolis que es el motor básico de un país, que se va consolidando como la cuarta potencia emergente del mundo. Japón, Corea, Italia, Alemania, Portugal, España y brasileños de todas partes, especialmente del nordeste, forman este fascinante crisol, que suma casi 18 millones de almas, en su entorno metropolitano, y en donde también sirios, libaneses y judíos han encontrado refugio. Aunque muchos de estos extranjeros no llevan más de dos generaciones viviendo en la ciudad, son los más paulistas de todos; incluso tienen alma corintia, aquella rojinegra de su venerado equipo de fútbol.

La perspectiva urbanística paulista, no da tregua al ojo. Rascacielos, enormes edificios, bloques de viviendas, gigantescas construcciones gubernamentales, y de entidades internacionales y financieras, parecen infinitos. El espectador puede impresionarse, inclusive asustarse, ante tanto hormigón. Como bien dicen los brasileños, aquí, todo parece ser “O mais grande do mundo”, y en muchos aspectos, sin duda lo es. Si bien, su inmensidad devora y hasta llega a intimidar, el miedo se pierde saliendo a las calles, entrando en contacto con sus gentes, y dejándose llevar por sus incontables atractivos naturales, históricos y culturales. No hay duda, Sao Paulo atrapa, y por ello propongo al viajero 10 puntos básicos que le permitirán un acercamiento de primera mano a esta capital mundial de la creatividad.

1. Praça da Sé. En ella se encuentra el kilómetro cero de la ciudad. La Catedral Metropolitana en plena Praça da Sé, es la mayor catedral gótica del mundo y fue terminada en los años 50. Un sofisticado sistema controlado por ordenador, consigue que de su carrillón emanen notas sacras tres veces al día (06.00h, 12.00h y 18.00h). Desde aquí es fácil el acceso al viaducto de Santa Ifigenia que fue importado desde Bélgica a principios del XX, e instalado para comunicar el centro de la ciudad con las estaciones de tren. Sao Paulo de Piratininga se formó alrededor de una misión de jesuitas en 1554, hoy en día el Páteo do Colégio; es el Museo del Padre Anchieta que sitúa al visitante en el marco de las misiones evangelizadoras en un entorno de arte sacro. Centro de la ciudad

2. Mercado Municipal. De los años 30 y con vitrales importados de Alemania, el antiguo mercado Central, hoy Municipal, es una vitrina para todos los alimentos brasileños, e incluso muchos de los importados. Frutas y verduras, carnes y quesos, al igual que embutidos locales, recrean una plaza de mercado en un ambiente sofisticado en donde peces del Amazonas, aceites de oliva portugueses y españoles, son componentes habituales de sus puestos. El marañón, comúnmente llamado anacardo, aquí tiene denominación de origen: el nordeste de Brasil. El mercado abre al público a las 05.00h, y bien vale la pena beberse el primer café del día, acompañado por un tradicional Pao de Queijo recién horneado. Rua da Cantareira, 306

3. Avenida Paulista y Barrio Jardims. El centro de negocios de esta capital financiera, plasma su magnificencia sobre la Avenida Paulista de casi 3 kilómetros. A lo largo de ella el panorama de la Gran Ciudad salta a la vista en medio de modernos y ejemplares rascacielos. El más elegante barrio paulista: Jardims es habitado por inmigrantes, hombres de negocios y figuras de la política y del cuerpo diplomático. Sus calles, adornadas con frondosa y tropical vegetación circundan espléndidas mansiones de claro corte europeo. Las zonas comerciales del mismo, como la renombrada Oscar Freire o la Rua Faria Lima, ponen de manifiesto cómo las grandes marcas de coches, moda y decoración, son en este país una constante. En caso de lluvia siempre se encontrarán resguardos para seguir con el recorrido: el centro comercial Iguatemi y el Cidade Jardim, donde las mejores tiendas del mundo tienen su punto de encuentro. Verdaderos paraísos de las compras, imprescindibles para quienes visitan esta gran urbe.

4. MASP: Museo de Arte de Sao Paulo. Rafael, Goya, Van Gogh, El Greco, Van Dyck, Rubens, Fragonard, y Portinari entre muchos otros, engalanan con sus obras las paredes de este impresionante museo, considerado como el que alberga la más importante colección de América Latina. Este acervo cultural es en gran parte, fruto de un mercado europeo artístico, debilitado en precios tras la segunda guerra mundial, y asequible a ricos empresarios cafeteros del gigantesco país suramericano. El modernismo brasileño se muestra con fuerza en el edificio que cobija la pinacoteca, equilibrado genialmente sobre dos inmensas columnas, a pie de calle, de la misma Avenida Paulista. Como bien diría su propietario y fundador Assis Chauteaubriand: “…una casa de pintura y escultura para formar e interesar a nuestra gente por las artes plásticas”. Su amena visita puede realizarse en unas 2 horas, y un descanso en su cafetería es más que merecido, un guaraná –típica bebida gaseosa hecha a base de un fruto amazónico de su mismo nombre-, le permitirá recobrar fuerzas. Avenida Paulista 1578

5. Parque de Ibirapuera. Esculturas por doquier, el Museo de Arte Contemporáneo, con cuatro lagos, un jardín para invidentes en el que las plantas aromáticas están identificadas también en Braille, y un vivero de plantas se encuentran en este gran pulmón de la ciudad, siendo el parque más visitado. El alquiler de bicicletas es casi un ritual para quienes no pueden traer las suyas propias. Recorrer en dos ruedas esta obra conjunta del gran Neimeyer y del paisajista Burle Marxs, es un saludable y económico plan. Avenida Pedro Alvares Cabral S/N

6. Villa Magdalena y la Cueva de Batman. Artistas, diseñadores e intelectuales conviven armoniosamente en un barrio que está situado sobre moderadas colinas rodeadas de verdes intensos. El recorrido se convierte en una visita constante a boutiques de nuevos creadores, ateliers de pintores, talleres de vanguardistas joyeros, y pequeños restaurantes de arraigado sabor; la jornada se antoja más que placentera y caprichosa. El diseño y la constante creatividad de los brasileños salpican las callecitas de este vecindario en boga. De casas bajas y al oeste de la ciudad, Villa Magdalena ha contribuido de manera importante a que Sao Paulo entre en el top ten de las capitales de la moda a nivel mundial. Aquí las artes plásticas se manifiestan a modo de grafitis de una manera sublime, y su exponente mayor es la Cueva de Batman una sinuosa callejuela abarrotada a lado y lado de pinturas urbanas, que de una semana a otra cambian drásticamente. Son muchos los “grafiteros” que acuden desde distintos lugares, para dejar aquí su impronta que deleita al paseante. No son muchos los turistas que se adentran en esta subcultura.

7. Liberdade o el segundo Japón. Desde 1908 los japoneses dominan esta zona de la ciudad. Chinos y coreanos se han instalado también en sus inmediaciones, al igual que muchos brasileños seducidos por la cultura oriental. En este sitio, los descendientes de japoneses y coreanos se acercan ya al millón y medio. El derivado, más que curioso resulta cuanto menos sorprendente, pues aquí los anuncios, letreros y prensa fluyen en caligrafía nipona, china o coreana. El pórtico oriental de la calle Galvao Bueno da acceso a este submundo, donde aparatos electrónicos, ropa y artículos propios de la cultura pop japonesa, abundan ante la mirada de un incrédulo visitante. Sushi, tepanyaki, saque o shitake adornan los escaparates de las tiendas de alimentación, y se ofrecen con gran surtido en los restaurantes. El nombre de Liberdade se remonta a la era de la esclavitud, cuando la zona era conocida como “Campo de la Horca” siendo ésta la única Liberdade. En las mañanas de los domingos, en la plaza principal del barrio, instalan un simpático mercadillo donde, con seguridad, siempre se acaba comprando algo. Es como estar en una especie de “segundo Japón”, que bien merece una visita.

8. MAM: Museo de Arte Moderno de Sao Paulo. En 1948 el MOMA de Nueva York dictaba las pautas para la creación de esta nueva fundación, fue el mismísimo Nelson Rockefeller, entonces director de la sede neoyorquina, quien diera órdenes y contraórdenes a los brasileños, que obedecieron cada una de sus palabras. El resultado no podía ser otro distinto a un estupendo espacio artístico, en un entorno natural envidiable por cualquiera. Fue la donación de la colección particular de la aristócrata familia Matarazzo, -brasileña de ascendencia italiana-, la que se colgó en estos recintos como colección permanente. Desde entonces las exposiciones temporales se suceden una a otra con rotundo éxito, siempre con un halo vanguardista de fascinante brillo. Parque de Ibirapuera.

9. Sala de conciertos Sao Paulo, antigua estación de tren. En 1875 se inauguraba la estación de tren de la ciudad, y el desarrollo ferroviario en Brasil ganaba terreno, pues el café de exportación, llegaba a aquí, para ser transportado hasta el cercano puerto de Santos, desde donde zarpaba rumbo al extranjero para ser entregado a sus numerosos compradores. Con carreteras, camiones, autobuses, y coches, el tráfico férreo disminuyó considerablemente, y la estación fue abandonada a su suerte en la década de los 40. En 1999 se inauguró aquí el impresionante auditorio Sala Sao Paulo. Es preciso consultar la cartelera para acudir a ésta, que también es la sede de la Orquesta Sinfónica de Sao Paulo. Su visita, diríamos, es un asunto casi imprescindible.

10. Noche Paulista. Sao Paulo no para. No duerme. No se relaja. La noche así lo manifiesta, de forma fascinante, intensa y variada. Un aperitivo, al caer la tarde, desde la terraza del “Sky Bar”, en el Hotel Unique, es un clásico para muchos ejecutivos paulistas y desde luego, también para el visitante. Las vistas de la ciudad son impresionantes. Es un lugar para ver, y también para dejarse ver. La opción de restaurantes es inmensa, es para todos los gustos y bolsillos; la “mistura cultural” que prolifera en Brasil se palpa en la comida. Italianos, portugueses, sirios, orientales, así como alimentos típicos de las diferentes regiones del país adornan el escenario gastronómico con variadas ofertas y suculentos manjares. Sin embargo, en este país, la carne es la que hace la delicia de todos. Las churrasquerías están por todas partes y el popular sistema de comida al kilo, igualmente prolifera por doquier. La prensa gastronómica del país considera al restaurante “Figueira” como el mejor del mundo en este apartado, eso sí, hay que reservar con antelación. En cuanto a bares y sitios para escuchar música, el espectro es igualmente amplio. Muy recomendable es “Z Carnicería”, un curioso bar que evoca nostálgicamente el primer lugar de la ciudad dedicado al expendio de carnes a principios del XX. El local mantiene las características de lo que fue en su época: baldosas blancas, cuchillos, ganchos para colgar las piezas animales y antiguos afiladores adornan el ambiente de la mano de una música de vanguardia. La bebida nacional, llamada de chachaça, extraída de la caña de azúcar, tiene su máximo exponente en “Cachaçaria Paulista” un establecimiento en el que la variedad de las mismas, supera las 300 marcas y que por descontado es un emblema de la ciudad. Si aún se tienen fuerzas para continuar la noche, consulte la agenda local ya que las salas de baile, las casas de samba, las discotecas y los bares están abiertos, para disfrute de los clientes, todos los días de la semana. Y no son pocos…

El continuo empeño de la Oficina de Turismo de Sao Paulo, a través de una fuerte campaña publicitaria para conseguir que el viajero de negocios se “quede un día más”, parece estar dando resultado. Cada vez son más los que planifican su viaje, contando con algún día extra para disfrute de lo que ésta cosmopolita e inmensa ciudad puede ofrecer. Descubrir sus encantos no es difícil; lo sorpresivo es que quien consigue hacerlo, cambia su concepto sobre esta urbe con la misma fuerza que ella cambia de rumbo. “Sanpa” como la llaman cariñosamente los brasileños, evoluciona constantemente. Trasgrede, innova, avanza y nunca deja de sorprender.