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TORONTO: cosmopolita como ninguna otra

Asentada sobre la orilla noroeste del lago Ontario, esta fascinante ciudad, foco económico y cultural del Canadá anglo parlante, nos desvela su pluralismo y diversidad con más de la mitad de sus habitantes nacidos fuera del país.

Texto: Hernando Reyes Isaza   www.altum.es

Fotos: Altum

    Aunque bien es sabido que las comparaciones son odiosas muchos de quienes paseamos por Toronto no podemos evitar pensar en Nueva York o Chicago.

Su marcado carácter cosmopolita junto a la incesante influencia de los inmigrantes; su trazado urbanístico; una vida cultural que cada día ofrece más alternativas; su pletórica actividad comercial, su agitada vida nocturna o el hecho de estar a orillas de un lago son algunos motivos por los que se termina por asociar Toronto con alguna de estas dos grandes urbes estadounidenses.

     Por su alto nivel de vida, su ejemplar servicio de salud, los bajos índices de criminalidad o el cuidado del medio ambiente, es según “The Economist”, una de las mejores ciudades del mundo para vivir.

Moldeada por el viento y el hielo, es la ciudad más grande del país y la quinta en tamaño de Norteamérica. Es además, la urbe del mundo que presenta mayor cantidad de habitantes nacidos fuera de la nación, razón que ayuda a entender la pluralidad de su perfil y su riqueza étnica. Son casi seis millones de almas las que cohabitan en “Toronto”; palabra que, en el idioma nativo de los hurones, significa “lugar de encuentro”; y en sus calles se habla cada día más de 86 idiomas y/o dialectos diferentes.

El distrito financiero

Para el ocaso del s. XVIII la ciudad era conocida como “New Town” o “Ciudad Nueva” y en ella empezaron a pulular instituciones financieras, oficinas de gobierno y comercios a gran escala. No fue hasta principios del s.XX cuando se inició la construcción de los primeros rascacielos y cuya era de esplendor se trasladó a los años sesenta cuando las tensiones políticas en la vecina Montreal hicieron migrar a las clases pudientes anglocanadienses a Toronto.

Hoy, desde el agua, un bosque de rascacielos se eleva sobre la costa con la CN Tower como eje central, todo un pináculo de la ingeniería canadiense que, desafiando a los vientos y a las alturas, fue construida para aumentar la potencia de radiodifusión.

Con sus 500 metros de altura está considerada una de las “Maravillas del Mundo Moderno” y es cinco veces más alta que la “Estatua de la Libertad”. Atrae a más de un millón y medio de visitantes cada año, que buscan la emoción a través de su altura. Se puede dar un paseo por el bordillo –con arnés, eso sí- tambaleándose a 116 pisos de altura obteniendo con ello unas vistas impagables. Cenar en su restaurante giratorio con la bodega de vinos “más alta del mundo” es otra alternativa para los menos osados.

El Financial District, no es solo el motor económico del país como lo es Wall Street a la “Gran Manzana”, sino que además representa el punto donde confluyen enormes rascacielos y se da cita la arquitectura de autor, rompedora y de vanguardia. Y como ya es habitual, un arquitecto español también ha dejado aquí su huella, se trata del valenciano Santiago Calatrava con el “BCE Place” una armazón de cristal y metal lacado en blanco que, desde 1992, resguarda más de una decena de edificios históricos de la ciudad, entre ellos el Banco de Montreal.

Este microcentro de la capital de Ontario está unificado por una red subterránea de túneles que recibe el nombre de “Path” y que a lo largo de  27 kilómetros ofrece un entramado completamente “underground” de más de 1200 establecimientos comerciales y de restauración que dan trabajo a más de 5000 personas. Una ciudadela bajo tierra altamente concurrida a lo largo del año pero especialmente atractiva en los meses de invierno cuando las temperaturas pueden desplomarse a los 30 grados negativos. Son cincuenta los edificios que se interconectan a través de este laberíntico “path” y en donde existen bancos, farmacias, tiendas de todo tipo, restaurantes, gimnasios y hasta alguna clínica.

Downtown Toronto: un “mix” en toda regla

     La iglesia de la Santísima Trinidad, de estilo neogótico y una de las primeras iglesias anglicanas del país, está ubicada en uno de los parques más bonitos y es punto de inicio de uno de nuestros recorridos por esta zona en la que se entremezclan todo tipo de estilos arquitectónicos con toda una amalgama de corrientes sociales.

     Nos acercamos a Yonge-Dundas Square, una especie de Times Square de Toronto en la que el neón, la publicidad y todo tipo de eventos y comercios confluyen en una ráfaga de intensa vitalidad desde los años noventa cuando se convirtió en punto neurálgico de la ciudad.

     El “Eaton Centre” es el centro comercial más grande y famoso de la capital de Ontario. Abrió sus puertas en 1997 inspirado en el estilo de las galerías Vittorio Emanuele de Milán. Bajo su impresionante techo de vidrio se cuentan más de 230 establecimientos comerciales y un sinfín de restaurantes; impresiona la escultura colgante de unos gansos canadienses obra de Michael Snow. Dice la gente que en la medida que se sube de planta los precios también van en aumento, aunque nosotros no hemos podido constatar tal hipótesis.

Este lugar es considerado una de las principales atracciones turísticas de la ciudad pues registra más de cincuenta millones de visitas al año.

     Corrían los años 50 cuando Toronto necesitó crear una nueva sede para su ayuntamiento, para ello convocó a un concurso al que se apuntaron más de 500 nombres de arquitectos; el jurado, integrado por cinco de los mejores arquitectos del mundo, se decantó por la propuesta del finés Viljo Revell. La construcción se terminó en 1965 cuando ya su diseñador había muerto.

El edificio modernista, un rascacielos de hormigón en semicírculo que se abre a la plaza de “Nathan Philipps”, ha sido escenario de fondo de las dos primeras películas de la saga “Star Trek” por su diseño y el audaz salto arquitectónico hacia el futuro que en su momento significó. En 2004 también aparece como parte esencial de una ciudad plagada de zombies en la película “Resident Evil: Apocalypse”.

A sus escasos cincuenta años el ayuntamiento de Toronto sigue atrayendo a muchos visitantes y no hay que olvidar que la escultura principal de la plaza, llamada “The Archer”, lleva la impronta de Henri Moore.

Durante los meses de invierno se instala en esta plaza la pista de patinaje más grande del país, concretamente de noviembre a marzo, todo un “must” para locales y foráneos.

     Por su parte el antiguo ayuntamiento, uno de los edificios históricos más emblemáticos, es hoy en día la sede de los juzgados. Otros edificios de especial interés en la zona son: Canada Life, Fairmont Royal York  y Centro TD.

     Tras una dura jornada a pie buscamos el barrio chino o “Chinatown Toronto” ubicado a lo largo de Dundas Street entre las calles Beverly y Spadina. El cansancio nos va venciendo y escogemos darnos un masaje en los pies en muchos de los centros especializados que hay en la zona. Ya recargados de baterías proseguimos nuestro recorrido por este vecindario comprobando que Toronto va de todas las culturas. Las aceras están repletas de puestos que venden toda suerte de artículos “made in China”, los cientos de restaurantes están a reventar y en las tiendas de las aceras se puede conseguir porcelana china, hierbas medicinales y emplastos para todos los males, semillas de todo tipo, figuras de jade o bisutería variada.

Un paseo en ferry a las islas del lago

    Un viaje en ferry por el menor de los Grandes Lagos -sin embargo, para nosotros descomunal en tamaño-, nos permite gozar de las mejores panorámicas del skyline de Toronto. Son tres puertos en los que se puede desembarcar en “Centre Island”, la principal de las islas de este pequeño archipiélago del lago Ontario, que cuenta con un parque de atracciones para los más pequeños, restaurantes, una marina y hasta un minúsculo aeropuerto que presta sus servicios a la pequeña comunidad de residentes de la isla. La construcción de cualquier vivienda está ya prohibida y los arrendatarios actuales gozan de un privilegio al poder vivir en este idílico paraje en el que está prohibido el uso de automóviles.

 Durante el verano hay varias playas de blanca arena –algunas naturistas-, muchas zonas verdes y rutas en bici.

Casa Loma: mansión de un excéntrico millonario

Este castillo, el más famoso del país, fue construido en 1911 por Sir Henry Pellatt, uno de los hombres más ricos de Canadá. La llamó Casa Loma por estar precisamente sobre una loma de la ciudad y se requirieron 300 hombres para levantar esta mansión en tres años a un costo de 3.5 millones de dólares; una verdadera fortuna para la época. La casa tiene 96 habitaciones y 30 baños, muchos más de los que Sir Henry Pellatt, su mujer Lady Mary y su único hijo pudieran necesitar.

Quizás lo más destacable del conjunto arquitectónico es su enorme biblioteca, el sitio preferido del anfitrión para recibir a sus visitas, con un impresionante techo de madera tallada. En el baño principal es viable contrastar las novedades tecnológicas que se utilizaron en la construcción: mármol por todas partes, caldera de agua y de perfume para los baños de la señora, y teléfono… De especial interés son también sus cuidados jardines que alcanzan su máximo apogeo en primavera y verano; una visita a los establos o un recorrido por sus pasadizos secretos.

En 1920 el propietario perdió gran parte de su dinero con la quiebra de uno de los principales bancos, por lo que no tuvo más remedio que deshacerse de su casa. El señor Pellatt hizo su fortuna en acciones, seguros y negocios del sector hidroeléctrico. Hoy en día la propiedad pertenece al ayuntamiento de Toronto.

El Distillery District

     En este distrito se conservan 40 edificios industriales reconvertidos en tiendas de diseño, teatros, cafés, galerías de arte y restaurantes o gastro bares. En la época de la prohibición del alcohol aquí se producía mucha cerveza y se destilaba mucho más whisky, por ello el nombre de esta zona de imprescindible visita y tan de moda en Toronto.

Recomendamos recorrerla en segway para poder apreciar sobre ruedas este complejo, el mayor de edificios victorianos mejor restaurados en toda Norteamérica.

Gooderham and Worts, la que fuera la destilería más grande de todo el Imperio Británico fue erigida en 1830 en las inmediaciones del lago, y cerró sus puertas en 1999. Durante un tiempo se usó como estudios para películas -más de dos mil títulos se han rodado en estas instalaciones, entre las que destacan “Cinderella Men” (2005), “Tommy Boy” (1995), “X-Men” (2000), o “Chicago” (2002)-, y centros de producción cinematográfica.

Finalmente el proyecto de un conjunto de empresarios independientes cobró vida y, por decisión de ellos mismos, ha quedado fuera del recinto cualquier cadena multinacional. Aquí, arte y gastronomía van de la mano en un ambiente que cautiva a gente de cualquier edad. Muy recomendable son las catas de cervezas orgánicas y para los más golosos las de chocolate.

Una jornada muy “foody”

     ¿Gourmet o gourmand? ¿Foody? ¿Adicto a lo delicatesen? Da igual, si lo que le va es comer, su cita obligada en Toronto está en el Mercado de San Lorenzo o St Lawrence.

Abierto en 1803 es ahora un lugar de encuentro gastronómico multicultural con representantes de las más diversas culturas del mundo con toda suerte de productos. Nuestra primera parada tiene lugar en el puesto de Anton Kozlik´s Mustard”, y así lo hemos decidido al enterarnos que es en esta tierra donde crece el 90% de la mostaza que se consume en el mundo, un dato que desconocíamos por completo. En esta casa, abierta en 1948, se han especializado en diferentes tipos de mostaza más allá de la amarilla tradicional. Un ejemplo muy local es la mostaza con sirope de maple o arce (el producto canadiense por excelencia). La variedad es abundante e incluso exótica, al punto que cuesta decidirse a la hora de comprar… Al menos a nosotros nos costó decidir si nos traíamos a casa la de higos balsámicos y dátiles, o la mezclada con limón y albahaca; al final, y contra todo pronóstico, optamos por la de naranja y jengibre.

     Sería imperdonable no probar el llamado “Canadian Bacon”, que tanta fama tiene, y para ello dimos con el sitio perfecto en el mercado: “Peameal Bacon” donde los sándwiches de este tipo de beicon son simplemente sublimes y toda una tradición.

     La diversidad de la que presume la ciudad está también presente en otros mercados como el de Kensington con representación de varias naciones, o el Bazar Gerard India, conocido como el mercado más grande de artículos hindúes de Norteamérica; o los comercios que se extienden a lo largo de Young Street. Esta calle según el Guiness de los Records es la más larga del mundo con 1.896 kilómetros…

Arquitectura de autor para “Gordo”

Muy cerca del idílico Queens Park se encuentra uno de los edificios más fascinantes de Toronto, nos referimos al Royal Ontario Museum (ROM), todo un abanderado de las tendencias arquitectónicas de la ciudad. Este Museo de Historia Natural no solamente es el más grande del país, sino que alberga en su interior el fósil de “Gordo” un enorme dinosaurio de 27 metros de longitud que acapara todas las miradas. Gordo estuvo guardado durante 40 años en los depósitos del museo hasta que con la renovación del mismo en 2007 se le otorgó a este “tesoro” el espacio que requería.

El edificio que sirve como sede del museo desde 1912, llamado Renaissance ROM, fue renovado para su reinauguración por el arquitecto de origen polaco Daniel Libeskind quien insertó en el edificio original un nuevo espacio de líneas angulares, sin duda la cara más reconocible del museo. El nombre del nuevo espacio es “Michael Lee-Chin Cristal” en honor de su mecenas, un chino nacido en Jamaica que deseaba que su nombre perdura en la lista de quienes aman el arte; una muestra más de la pluralidad de esta fascinante ciudad.

Con un acervo de más de seis millones de piezas, repartidas en más de 40 galerías, la colección abarca dinosaurios, arte nativo de África, Asia, América y objetos históricos occidentales.

     El máximo exponente de esta “ciudad de arquitectura” es sin duda el famoso Frank Ghery -entre sus obras más destacables está el Museo Guggenheim de Bilbao-, nacido aquí en 1929 y uno de los arquitectos más prolíficos a nivel internacional. Una de sus obras más destacables en Toronto es la ampliación del AGO (Art Gallery of Ontario) que aumentando el área del museo en un 20% consiguió elevarlo, en 2008, al décimo museo más grande de Norteamérica.

Nunca descalzarse tuvo tanto glamur

     O al menos eso deben pensar Roger Federer, Madonna, las Spice Girls, Elton John o el Dalai Lama y el Papa quienes han donado al Bata Shoe Museum parte de su calzado.

     Ubicado en las cercanías del ROM, este recinto alberga la inmensa colección de zapatos de Sonja Bata miembro de una prestigiosa familia de zapateros de origen suizo.

El museo es el más importante y grande del mundo en su género y en su colección podemos encontrar toda una suerte de exposiciones que nos adentran por la historia del calzado desde los inicios del medioevo, zapatos de seda china, calzado de trabajo usados en los gulags rusos, hasta plataformas utilizadas por la aristocracia otomana, o las creaciones más sofisticadas de Christian Louboutin o las más excéntricas de Manolo Blahnik. Así entre botas, botines, pantuflas, escarpines, zuecos y borceguíes, el visitante se adentra en un mundo de glamur, de mil caras sofisticadas y muchas suelas.

     Curiosamente en los últimos tiempos las visitas del sexo masculino van en aumento, superando incluso en algunas ocasiones las femeninas. Quizás la razón de este fenómeno se deba a que cada vez se le presta mayor y especial atención al mundo de las zapatillas deportivas.

     Y si la cosa va de tacones, en el cercano vecindario de West Queen podrá encontrar los diseños más alternativos de calzado confeccionado a mano, o vintage y retro, en sus archiconocidas tiendas de segunda mano.

     A Toronto le ocurre lo que a muchas otras ciudades cosmopolitas y de mente abierta, que el viajero se va sintiendo que aún le falta mucho por conocer. Eso al menos, nos ha pasado a nosotros. Sea cual sea el motivo del viaje, ésta es una ciudad que satisface las expectativas de cualquier viajero y parece que en cada estación aparece una ciudad diferente. Volveremos.