Angkor-Atardecer

Angkor Wat, guía rápida para encontrar las huellas del Imperio Jemer

Aunque para muchos Siem Reap haya dejado de ser aquella encantadora villa de chozas de techo de bálago, y se esté convirtiendo en un asentamiento hotelero y en una urbe de excesivo movimiento comercial, hay que entender, que hoy por hoy el turismo es la principal fuente de ingresos de Camboya, país fascinante con un vasto patrimonio cultural que cautiva por su magnificencia, y cuya economía es tan insignificante como su población -apenas 13 millones de habitantes-, en el emergente mundo asiático.  La cercanía de esta ciudad al probablemente más maravilloso recinto arqueológico del mundo: Angkor Wat, la ha convertido en el eje de desarrollo de la región.

Angkor se manifiesta permanentemente en el diario vivir de los camboyanos. Está en la bandera y también en los billetes; la cerveza nacional lleva su nombre; agencias de viajes, panaderías francesas y orfanatos también son Angkor. Es parte de un presente que tuvo como inicio a los antiguos reinos de Zhenla y Funan, provenientes de Indonesia y del sur de India; conquistadores, que con su civilización hindú, colonizaron a las tribus locales fundiéndose y mezclándose con ellas, dando origen al camboyano. De hecho, el vocablo sánscrito Kambuja es el que da el nombre al país, y significa “Hijos de Kambu”, un asceta mítico, un hombre dedicado a la práctica de la perfección espiritual.

Angkor Thom o la Gran Ciudad

En plena selva se vive una réplica de la génesis e historia del cosmos… la madre de todas las artes.

La gran capital del Imperio Khemer, Angkor Thom fue una especie de Templo de Estado, siempre vigilado desde la torre piramidal, por la cara del rey, representando el Meru, la montaña de los dioses y centro del universo. Cinco monumentales puertas dan acceso a la ciudad, siendo la de  La Victoria la más importante. Una defensiva muralla, de 12 kilómetros, circunda la ciudadela otorgándole corpulencia y esplendor. En su interior, las terrazas reales están adornadas con figuras de animales, en donde  se destaca la de los elefantes, utilizada por el rey Jayaverman VII, para que su ejército diera la vuelta victoriosa; al haber sida construida con materiales orgánicos, hoy tan sólo se conservan sus cimientos. Todo ello, en su día, estuvo rodeado por grandes estanques y embalses. Para los khemeres, el agua fue siempre un elemento de poder,  un motor vital para la consecución del desarrollo imperial.  El lago Tonle Sap, fue uno de los pilares en la expansión jemer, ya que siguiendo la ley de los monzones, sube su nivel entre 8 y 9 metros, y se expande en más de un millón de hectáreas durante la época de lluvias (junio a diciembre), absorbiendo, al cambiar la dirección de su corriente, el agua que el Mekong no puede absorber. Así esta gran reserva natural, fue la que permitió cultivar arroz varias veces al año, a pesar de la sequía, gracias a cisternas y reservas óptimamente administradas. La abundancia de este cereal consiguió financiar gran parte de la construcción de la Ciudad, y el Imperio pudo agenciarse, muy estratégicamente, el dominio de gran parte del sur de Asia. Su grandeza siempre se reflejó en el agua, esa misma que purifica a brahmanes y alimenta el alma. Es el lugar ideal para detenerse y  pensar, para ver y escuchar el pasado.

Angkor Wat o la morada sagrada de Visnú

Majestuosa obra arquitectónica, perfección del cosmos

Recorrer Angkor Wat, el templo principal –totalmente restaurado- del parque arqueológico, la construcción religiosa más grande del planeta, una de las maravillas de la humanidad, y sin duda el templo más poderoso de esta Ciudad de Piedra, es adentrarse en las entrañas de un imperio que se extendió desde Vietnam y Tailandia, hasta Myanmar y Malasia. Fue construido por el rey  Suyarvarman II, en el siglo XII,  en honor al dios hindú Visnú, para ser utilizado como su tumba.  En sus paredes, de piedra negruzca, están grabados y esculpidos los mitos, hazañas y leyendas de un Imperio que controlaba al mundo real que representaba. Sus cinco torres simbolizan el centro del universo hindú, y están rodeadas por un foso que antaño estaba repleto de cocodrilos. Además del rey y su corte, aquí se alojaba el personal del templo: unas 20.000 almas. Recorrerlo al amanecer para evitar el fustigante calor y las hordas de visitantes, permitirá escuchar los cánticos de los monjes budistas vestidos con sus túnicas color naranja, y sentir el intenso olor del incienso, a la vez que se captan, probablemente, las mejores imágenes de una obra arquitectónica que posee el don de estar a mitad de camino entre lo humano y lo divino. Sin él, da la impresión de que Camboya no existiría. Sus impresionantes bajorrelieves permanecerán en la memoria, tanto como el estanque que antecede a la fachada, que refleja la silueta del edificio sobre las aguas de una manera más que mágica.

Ta Prohm asfixiado por los árboles

La imagen de este templo ha pasado a enriquecer el inconsciente colectivo de la mitad de los viajeros que sueñan con Asia

El Kapok y la Higuera Sagrada son los dos tipos de árboles, que literalmente, asfixian a Ta Prohm; lo enredan casi a punto de sepultarlo, otorgándole también, las más altas dosis de fotogenia. Panorámica espléndida y fantasmagórica, despierta emociones y asombro en cualquiera que se acerque a las ruinas de este otrora “Monasterio Real Budista” y “Universidad”. Atrapa al observador, al igual que  lo hacen las inmensas raíces que parecen catapultar hacia el corazón de la tierra semejante obra arquitectónica. En Ta Prohm todo se cuenta por miles; miles de años, miles de perlas, miles de diamantes, y miles de kilos de oro adornaban este templo; también miles de visitantes son los que acuden a este icono del poderío de la naturaleza, grandeza del arte que dio cobijo a unos 12.000 seres, entre sacerdotes, oficiantes y danzarinas. También fue éste, el escenario que sirvió al director Simon West  para llevar a la gran pantalla a una Lara Croft, interpretada por Angelina Jolie en la película Tomb Raider (2001), seduciendo a miles de espectadores. La visita en horas de la tarde asegura menos afluencia de turistas, y como en muchos otros casos lo más apropiado es ir a contracorriente, entrando por la parte de atrás, evitando así  a las multitudes.

Bayon o el templo de las caras

Más de 200 rostros se asoman en el interior de la jungla camboyana, con enigmática sonrisa, en una réplica de la asamblea de los dioses

Son 216 caras, o rostros inmensos, los que nos miran a la vez en el templo de Bayon.  La construcción cuenta con 54 torres, que simbolizan las 54 provincias que tenía Camboya en aquellos tiempos. Cada torre tiene esculpida cuatro caras, una por cada lado; la cara es siempre la del rey Jayavarman VII, el omnipresente. En sus paredes están esculpidas de forma magistral las formas de vida de la época imperial que datan del año 1.200.  Es así como apsaras, princesas jugando al ajedrez, e inclusive una riña de gallos, se vislumbran entre pasillos, corredores y galerías.

Banteay Srei o la Ciudadela de las Mujeres

Piedras talladas que plasman el refinamiento de otras épocas

Para los arqueólogos, el pequeño templo de Banteay Srei, es la joya más preciada del arte khemer. También para muchos, es el más bonito de los templos. Ninguno se equivoca. Es pequeño y está dedicado al brahmanismo. Fue reconstruido en la década de 1930 tras haber estado, durante años, sometido al expolio y al saqueo; la buena conservación de sus tallas y grabados de cantería, permite que su estética permanezca en el recuerdo de quien lo visita.

Bantey Samre

Los antiguos habitantes de Indochina son conocidos con el nombre de Smare. El templo de Bantey Samre, de estilo hindú al estilo Angkor Wat, fue construido en el siglo XII por los reyes Suryavarma II y Yasovarman II con los mismos materiales utilizados en Banteay Srei

Bantey Kdei: ciudadela de las celdas

Construido sobre lo que fueran las ruinas de un templo budista, al estilo Bayon, Bantey Kdei está dominado por torres, que exhiben garudas, aves míticas iconos del budismo y del hinduismo- en las esquinas. En su interior  se destaca la terraza con foso, y en el vestíbulo principal un Buda sentado. Nagas, aquellas serpientes protectoras; y apsaras, las bailarinas celestiales, también protectoras, adornan magistralmente estas ruinas.

Phnom Bakheng: bastión de un atardecer jemer

Subir a esta colina para contemplar la puesta de sol es sublime. Si se hace en elefante, ya la sensación de ser un verdadero explorador, es absoluta. Hay buenas vistas de Angkor Wat, la selva y el lago Tonle Sap. Conviene llevar linterna, dada la poca visibilidad tras el ocaso.

A tener en cuenta en la visita a Angkor:

  • Para entrar al país, todos los visitantes precisan de un visado de turista, que se tramita en el mismo aeropuerto a la llegada. Se requieren dos fotos tamaño carnet.
  • Al ser Camboya uno de los países con mayor presencia de minas anti personales en el mundo, siéntase tranquilo en Angkor Wat. La zona ha sido completamente limpiada por organismos internacionales.
  • Una buena programación del recorrido a realizar es indispensable, debiéndose tener muy presente la época en la que se realice el viaje, ya que los meses más cálidos son abril y mayo, y la época de lluvias va de junio a diciembre.
  • Cumpla la normativa de horarios de visitas y respete las normas internas del parque en cuanto a limpieza y seguridad.
  • En la medida de lo posible intente madrugar y realice las visitas a primera hora, evitando así las horas de mayor calor.
  • Procure hacer los recorridos en la dirección contraria de las masas, muévase en sentido opuesto a ellas.
  • Las visitas se pueden realizar por libre, aunque en algunos casos conviene contratar los servicios de algún guía local.
  • Aperarse de agua embotellada, calzado cerrado, protector solar y gorro es necesario, al igual que gafas de sol. Puede seguir su itinerario sin problemas, de manera muy agradable a bordo de un tuc tuc (motos con remolque para pasajeros que funcionan como taxis en el sudeste asiático), pues el transporte público no existe en las ciudades camboyanas. Negocie con el conductor la tarifa por horas, o por días según le convenga.
  • Hay muchas compañías locales especializadas en visitas al recinto y con una oferta muy bien organizada. La entrada  se compra por días,  y lo usual es hacer la visita en 3 ó 4 jornadas.
  • La oferta de alojamiento es inmensamente amplia, y va desde lo más básico y económico, hasta el suntuoso lujo asiático a precios europeos.
  • Siem Reap es un verdadero crisol gastronómico en el que abundan restaurantes especializados en comidas provenientes de muchos lugares del mundo y la oferta de precios es amplia.
  • Camboya no exige ninguna vacuna en particular pero si conviene llevar consigo siempre el repelente de insectos.
  • Evite comprar souvenirs y recuerdos a niños. Con eso no se contribuye a la formación y educación de la infancia.
  • Absténgase de coger cualquier piedra o vestigio arqueológico en calidad de recuerdo. No le pertenece, y es un acto más de expolio y saqueo.

 

CAMBOYA en la historia

802 Fundación del Imperio Khemer por parte del rey Jayavarman II

1112-1152 Construcción de Angkor Wat durante el reinado de Suryavarman II

1863-1953 Protectorado francés

1975-1993 El país es conducido por los Jemeres Rojos

Septiembre de 1993 Restablecimiento de la monarquía parlamentaria