Temple ritual

Bali: El capricho de los trópicos

Por el estrecho de Bali circularon durante siglos los navíos que realizaban las antiguas rutas comerciales entre Europa y Oriente, entre India y China. La isla de Bali asimiló magistralmente las influencias de dichas civilizaciones y en el s. VII adoptó las más puras tradiciones hinduistas para fundirlas con sus ancestrales creencias animistas.

El paso del tiempo ha ido perfilando esta particular religión. En la actualidad, literatura, música y arte en general, son piezas indivisibles de este sincretismo cultural, que hacen parte de la cotidianidad de tres millones de habitantes insulares.

Un tesoro inalterado

De cara al mar y con la jungla a sus espaldas, Bali luce inalterada desde hace siglos. La alegre filosofía de los balineses se traduce en sonrisas y festejos permanentes. Y aunque Ubud es el núcleo espiritual de Bali, en toda la isla se ama la vida y se carece de cualquier temor a la muerte; los entierros son la fiesta del adiós y las cremaciones son precedidas por pomposas celebraciones, a su vez, a los espíritus libremente denominados Dioses o Demonios, se les honra diariamente con coloridas ofrendas de flores y frutas, con arroz o con pequeñas artesanías de paja y esterilla. Los balineses creen que los humanos pueden mantener en equilibrio a los buenos y malos espíritus realizando ofrendas a ambos.

En esta “isla de los Dioses” los templos o Puris están por todas partes y es frecuente que las casas cuenten con su propio templo, un pequeño lugar destinado a la práctica de sus creencias religiosas.

Muchas de las estatuas y objetos de piedra dotados de poderes mágicos, que normalmente anteceden los templos o que se encuentran a las orillas de los caminos y carreteras, se envuelven con un poleng, un tejido de cuadros blancos y negros que simboliza la dualidad del universo.

Natural y sublime

Tópico o no, Bali es un paraíso con un encanto que roza lo espiritual. Con esta isla los dioses han sido generosos y la han vestido de una belleza tropical, que al igual que sus “batiks” –esa técnica por la que se impide con ceras que las telas se tiñan de tonalidades-, entiende de todos los colores. Sus campos incluyen todos los verdes: el del musgo, el de las palmeras o el de los bancales de arroz… Sus templos han sido erigidos con piedras que van desde el naranja hasta el rojo y donde en ocasiones el blanco se oscurece hasta camuflarse con azabaches; el horizonte lo definen oscuros y rudos volcanes que miran a un mar Índico que, cual abanico de infinitos azules, circunda esta isla de tan sólo 140 km de este a oeste y 90 km de norte a sur, regando con fuerza las arenas de sus playas.

Los cultivos de arroz en terrazas, además de ser los lugares más fotografiados de la isla, ayudan a entender lo tradicional de sus hábitos agrícolas. El sembrado, la recogida y el trillado del arroz siguen siendo completamente manuales; dada la complicada orografía volcánica, las terrazas para su cultivo son majestuosas obras de ingeniería.

Las playas balinesas son refugio de veraneantes románticos y valientes surfistas. El amanecer más bonito se disfruta al este en la playa de Sanur, muy apetecida por quienes realizan windsurf. La fama que dieran los mochileros a las playas de Kuta y Legian en los años 70, aún perdura, aunque con algunas diferencias, la zona se ha convertido en un área comercial muy concurrida por los adictos a las compras, a las discotecas y bares de playa. Los surfistas se decantan por la playa de Uluwatu, al suroeste de la isla, donde las olas alcanzan grandes alturas. Sobre los acantilados de esta playa se encuentra uno de los templos más sagrados de Bali, el de Uluwatu:  allí acuden cada tarde locales y extranjeros para disfrutar de las imponentes puestas de sol.

En el sur, las famosas playas de Nusa Dua, miran hacia el interior de la isla con el volcán Agung como principal protagonista. En él, según los balineses, moran los espíritus de sus ancestros. A lo largo de estas playas se concentran una importante cantidad de renombrados hoteles e importantes resorts.

Pero si lo que se busca es una aldea local tranquila y con mucha tradición, ésa es Jimbaran, en las cercanías de la capital, Denpasar. Su playa aúna el encanto de la tradición pesquera de la isla y las simpáticas embarcaciones de colores que cada mañana regresan llenas de peces para ser vendidos en la lonja. En ella existen diversos hoteles entre los que destacan dos de los grandes emblemas de la sofisticación pertenecientes a las cadenas Orient Express y Four Seasons.

La playa de Yeh Kutikan, a tan sólo una hora de Denpasar, acoge cada año el famoso festival de cometas de la isla, y, en sus cercanías, se encuentra el “templo de templos”: Tanah Lot. Este lugar representa toda la espiritualidad de la isla, y el acceso al islote sobre el que reposa solamente es posible cuando baja la marea. El sacerdote bramán Saculte Niathe escogió este sitio para la construcción del templo de cinco pisos de altura, por ser un lugar en el que confluyen las fuerzas cósmicas naturales de la tierra (tanah) y el mar (lot).

Los lagos son otro de los encantos de Bali, muchos de ellos fuente esencial de agua para las granjas de alrededor. Al de Bratán, en las cercanías de la ciudad de Bedugul, se llega tras pasar las llanuras del sur  y circundando húmedos bancales de arroz y fértiles campos de cebollas, coles y papayas. Flores silvestres, helechos y musgos se entremezclan a las orillas de una carretera de montaña que preside la entrada al valle del lago, uno de los lugares más románticos de la isla. Su principal templo, con once merus o techos, simula adentrarse en su interior para rendir homenaje a la diosa del agua, aquella que garantiza la fertilidad de la tierra. Junto con los cuidados jardines, el templo es la principal atracción de este paraje.

La grandeza de los reyes

En Ubud, la ciudad del interior que fuera sede oficial de la monarquía, se encuentra el Palacio Real Puri Salen, pieza fundamental para entender la historia, la cultura y la esencia balinesa. Sus resplandecientes puertas sirven cada noche de escenario para la representación de danzas balinesas y en su interior, jardines y habitaciones recuerdan el esplendor que viviera la realeza y su corte hacia finales del s.XIX.

Junto al río Pakrisan, en el pueblo de Tampaksiring, se halla el Monumento Real Gunung Kawi, que muestra la grandeza de los reyes de Bali en la época anterior al dominio de la isla de Java. Esculpidas en la roca de un valle tropical, diez estatuas de siete metros de altura enaltecen, a modo de santuarios, a la decena de miembros de la dinastía Udayana, una de las muchas que compitieron por el dominio de la isla. El estanque, jardines y esculturas que completan el monumento sagrado contribuyen a la gloria del lugar.

Ubud, la ciudad de la bohemia

Ubud fue escogida por los holandeses en 1900 como capital del protectorado. Fueron varios los ilustres huéspedes de su Palacio Real: el pintor holandés Rudolf Bonnet, el músico alemán Walter Spies o el escritor mexicano Miguel Covarubias. Muchos de ellos mostraron desde Ubud el exotismo de la isla a través de películas, acuarelas, fotografías o libros que se difundieron por todo el mundo.

Quizá por ello, y desde los años 30, los artistas no han dejado de acudir a Bali, en muchos casos para quedarse definitivamente.

El gran número de galerías de arte, pequeños atelliers de escultores, artesanos y pintores, que se concentran a lo largo de la arteria principal Jalan Raya Ubud y sus calles adyacentes, deja claro que son muchos los “creativos” que han encontrado aquí su perfecta “musa de inspiración”.

El mejor momento para visitar estas tiendas y contemplar los diversos edificios de interés arquitectónico es al atardecer, cuando además, los cafés y restaurantes invitan a entrar. Entre ellos, el Lotus Café es de obligada visita. Sentarse a cenar sobre esteras de bambú con un estanque plagado de lotos en flor como telón de fondo, y con las notas musicales provenientes del complejo de templos del Palacio Real, que se cuelan como “campanillas divinas” para amenizar la velada, es todo un “momentazo” asiático al que pocos se niegan.

La jungla sagrada de los monos

Debido a que en el hinduismo balinés los monos pueden encarnar tanto a fuerzas positivas como negativas, en Bali los macacos tienden a ser venerados por toda la sociedad.

La Fundación Padangtegal Wenara Wana se esfuerza por conservar muchos de los recursos naturales y culturales presentes en el Monkey Forest, en las inmediaciones de Ubud. La selvática vegetación imperante, junto con el valor arquitectónico de los templos antiguos presentes en el recorrido, y los 350 macacos de cola larga que habitan el lugar, hacen que el visitante se sienta protagonista de una película de aventuras. Y es que en una isla que evoca el verde tropical de los arrozales a cada paso y donde los volcanes observan con sigilo la pureza y el refinamiento de una tradición cultural única en el mundo, no podía faltar un escenario como este.

Donde el lujo se esconde

Resulta fascinante recorrer la isla y observar como pueblos y aldeas han mantenido la esencia de Bali conservando el pausado ritmo de su vida.

Sin embargo, no son pocos los hoteles que se asientan en este rincón del mundo y que, en muchos casos, se han empeñado en llevar el lujo a su máxima expresión. El hotel Bulgari y el Ubud Hanging Gardens son ejemplos no solamente de ello, sino de un logrado concepto arquitectónico que respeta el ecosistema procurando causar el menor impacto posible. Con frecuencia las construcciones se mimetizan en la naturaleza y, otras veces, se incorpora lo mejor de ella a los proyectos urbanísticos. Cada vez son más los que poseen una casa o una villa en Bali levantada con esmero y responsabilidad ambiental, amén de un cuidado trabajo de interiorismo y decoración. No extraña por lo tanto que cada año incremente la cifra de quienes optan por alquilar una de estas propiedades perteneciente al bien posicionado concepto de lujo asiático.

Desde hace una década, importantes arquitectos y constructores de urbanizaciones rurales en el trópico, y de prestigiosas cadenas hoteleras, acuden a Bali para conocer de cerca lo que aquí se ha construido y no se ve. Porque en esta isla incluso parece que, por momentos, los dioses escondieran lo erigido para que, en este hermoso “capricho de los trópicos”, el verde y los volcanes sean siempre los aspectos más relevantes.

Cómo llegar:

Desde España no existen vuelos a Indonesia por lo que la mejor opción es viajar en vuelo directo con Thai Airways desde Madrid hasta Bangkok, o con Singapore Airways desde Barcelona hasta Singapur, también en vuelo directo. Desde cualquiera de estas dos capitales asiáticas se enlaza hasta Denpasar, la capital de Bali.

www.thaiairways.es

www.singaporeair.com

Dónde dormir:

Jinbaran Puri Bali: En la tranquila y tradicional playa de pescadores de Jinbaran se encuentra este establecimiento perteneciente a la prestigiosa cadena Orient Express. Con una amplia oferta de habitaciones, suites y villas, este hotel es todo un referente de lujo y refinamiento. Su famoso spa ofrece masajes balineses a parejas y también existen tratamientos holísticos ayurvédicos.

www.jimbaranpuribali.com

Ubud Hanging Gardens: En el corazón de la isla, rodeado de arrozales y bosque tropical, se encuentra este sorprendente hotel, exponente de la eco sostenibilidad y el lujo. Sus 38 villas de estilo balinés parecen colgar de las paredes de la jungla, debido a su sofisticado diseño arquitectónico. Las influencias de la cocina mediterránea y francesa se funden con las raíces asiáticas en la carta del restaurante Benduur, donde productos orgánicos, frescos pescados, hierbas y especias, conquistan el paladar de los más refinados. Sus clases de cocina local, gozan de gran reputación.

www.ubudhanginggardens.com

Hotel Bulgari: El exotismo de oriente armoniza con el diseño contemporáneo italiano en este exclusivísimo hotel de una manera admirable. Ubicado en la cima de un acantilado, y como si de una fortaleza medieval se tratara, es el preferido de “ricos y famosos”. La naturaleza se ha encargado de que a la playa solo se pueda acceder a través del ascensor panorámico e inclinado del hotel, dotándola así de absoluta privacidad. Cada una de sus villas de 300 metros cuadrados cuenta con piscina, salón exterior y jardín. En sus restaurantes los platos indonesios e italianos son las estrellas, aunque cuenta con una gran opción de platos internacionales.

www.bulgarihotels.com

Hotel Samhita Garden: En pleno centro de Ubud y a corta distancia del Palacio Real, las galerías de arte, los restaurantes y los mercados típicos, este coqueto hotel ofrece 9 bungalows, 2 suites y 2 villas con piscina privada. Sin pertenecer al gran lujo de los hoteles anteriores, esta opción es probablemente la más adecuada para los bolsillos “razonables”. Una auténtica joya en el corazón espiritual y artístico de la isla.

www.samhitagarden.com

Más Información

Turismo de Indonesia: www.indonesia-tourism.com

Turismo de Bali: www.balitourismboard.org

Alquiler de casas y villas en Bali: www.balipremiervillas.com

Viaje Organizado: www.traveldays.net