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La gloria de un imperio

Antes de que el calor agobiante del trópico se propague por las llanuras camboyanas y desaparezcan los cantos matutinos de las aves, madrugamos con el suave correr de una fresca brisa que junto con la luz del alba, nos conduce al encuentro con la antigüedad; que nos adentra en la ciudad de piedra de los reyes Khemer o jemeres: Angkor Wat. Acompañados por las sombras de colosales higueras milenarias, penetramos en el pasado de un reino que edificó su imperio a base de grandes obras arquitectónicas, que lo financió con los dividendos de la copiosidad de sus cosechas de arroz, y que dejó a la humanidad un legado arquitectónico de majestuosa belleza, e incalculable valor artístico. Con la frondosa manigua por testigo, la antigua urbe de los khemeres nos presenta el tamaño de su imperio, y a la sombra de templos y dioses hindúes y tradiciones budistas, nos narra lo significante de su dominio sobre gran parte del sudeste asiático.

La grandeza del monzón

Ante la magnificencia del complejo arqueológico, nuestro guía nos deja claro que gracias a las lluvias del monzón -entre junio y diciembre-, el cercano lago Tonle Sap aumenta su nivel hasta 9 metros expandiéndose a lo largo de más de un millón de hectáreas. Al cambiar la dirección de su corriente, asume toda el agua que ya no puede absorber el río Mekong. Gracias a esta reserva natural, y a un óptimo sistema de cisternas, el Imperio Khemer pudo cultivar arroz a lo largo de todo el año, incluso durante las temporadas de sequía. Las permanentes cosechas del cereal, permitieron financiar la construcción de la gran ciudad de la antigüedad. Cinco monumentales puertas dan acceso a la que fuera la capital del imperio, Angkor Thom, una ciudadela rodeada por 12 kilómetros de murallas.

Angkor Wat, ícono del Imperio

Si antes fue considerado la “perfección del cosmos”, el principal templo del parque arqueológico, erigido en honor del dios Visnú, es la construcción religiosa más grande del mundo. El templo es una de las maravillas del planeta, y en la actualidad se encuentra totalmente restaurado. Con las primeras luces del día, este ícono camboyano, a mitad de camino entre lo humano y lo divino, nos regala su faceta más fresca, junto a los momentos de menos concurrencia turística. Es al amanecer cuando los sonidos más naturales de la selva se funden delicadamente con los cánticos de los monjes, que traspasando unos muros plagados de magistrales tallas de las más preciadas bailarinas celestiales, las apsaras, abandonan los templos para viajar por la inmensidad de la selva con cadencias budistas.

El recinto albergó las estancias reales y de la corte, cobijó además bajo su techumbre a más de 20.000 almas fieles a su soberano; y como símbolo de la grandeza y el poder, durante años, su imagen ha permanecido en el inconsciente colectivo de millones de personas. La antigua Kampuchea, ha encontrado en el turismo su principal fuente de ingresos, y poco a poco, va sepultando en el olvido las atrocidades de los jemeres rojos en época de Pol Pot, cuyo régimen asesinó a más de la tercera parte de la población. Camboya es uno de los países con mayor presencia de minas antipersonales en el mundo, y la zona de Angkor Wat ha sido completamente limpiada por organismos internacionales.

Ta Prohm, entre raíces

Fotografiado hasta la saciedad, el templo de Ta Prohm se presenta fagocitado por las raíces de las higueras. El que fuera el “Monasterio Real Budista” y “Universidad”, fue residencia de 12.000 personas entre sacerdotes, oficiantes y bailarinas que recibían instrucción en un templo que acumuló en su trazado decorativo miles de perlas, diamantes y kilos de oro. La imagen de estas raíces atrapando en sus entrañas las maravillas arquitectónicas de otras épocas, permanece en el recuerdo de quien llega hasta aquí. Otros muchos, sueñan con poder contemplar en directo esta trágica unión entre naturaleza y arte.

Bayón, cara a cara

Al llegar al templo de Bayón, sentimos la mirada fulminante y enigmática de más de 200 rostros tallados en piedra, inmensos, imponentes. Sonríen con la omnipotente complicidad del poder, y nos observan con una arrogancia que no intimida, pero que infunde el más soberano de los respetos. En cada una de sus 54 torres están esculpidas 4 caras, y en sus corredores y pasillos, aparecen representaciones de apsaras y princesas que nos retrotraen a las formas de vida de la época imperial.

Una señora de fina estampa: Banteay Srei

El concepto de belleza y la pureza arquitectónica del brahamanismo caracterizan a este templo conocido como la “Ciudadela de las Mujeres”, por sus finas formas de femenina apariencia. Tras un expolio continuado, fue reconstruido en la época de los años 30; el discreto tamaño del recinto nos permite apreciar pausadamente este lugar de culto, paraíso para los amantes de los mitos y las piedras.

Menos populares son los templos de Banteay Samré, o Banteay Kdei, otras joyas de roca que luchan por sobrevivir en medio de las inclemencias de la selva y del paso del tiempo. Las aves míticas del budismo, las garudas; o las nagas, aquellas serpientes protectoras de los malos espíritus, confluyen en unos trabajos de cantería en los que las apsaras también contribuyen al embellecimiento de ambos monumentos.

Lo práctico y lo cómodo

La visita al recinto se puede realizar con guías especializados, o sin ellos; en este último caso, lo mejor es hacerse con una buena guía impresa, y contratar el servicio de un tuc tuc, las entrañables motos con carrocería del sudeste de Asia; pactar el precio con el conductor (por supuesto bajo la premisa del regateo) por cada día de servicio ya que nos permite movernos con total libertad y a nuestro propio ritmo, hacer las paradas que deseemos, y acudir a los templos a las horas de menos calor.

Subir a la única colina del recinto en un elefante al atardecer es una experiencia conmovedora; desde ahí, mientras contemplamos el ocaso, nos encontramos con una visión distinta de las llanuras de Angkor. Es indispensable usar buen calzado, ropa ligera, y llevar siempre a mano agua embotellada y protector solar. La experiencia es tan extraordinaria que vale la pena que consigamos una tarjeta con mucha capacidad de memoria para nuestra cámara fotográfica.

La entrada de un día al recinto tiene un valor de U.S.$ 20.00, de U.S.$ 40.00 por tres días, y el pase de una semana cuesta U.S.$60.00. El complejo está abierto desde las 5 de la madrugada hasta las 6 de la tarde. Lo más recomendable en función del tamaño del parque arqueológico, es hacerse con el pase de tres días.

Camboya en la historia

802               Fundación del Imperio Khemer por parte del rey Jayavarman II

1112-1152   Construcción de Angkor Wat durante el reinado de Suryavarman II

1863-1953   Protectorado francés

1975-1993   El país es conducido por los Jemeres Rojos

1993             Restablecimiento de la monarquía parlamentaria

Recomendados

SOLIDARIDAD

Atelier L´IKTT (Institute for Khmer Traditional Textiles): Kikuo Marimoto ha revivido los procesos tradicionales de teñido y tejido de la seda del Reino Khemer. El trabajo sostenible y la capacitación de cientos de mujeres víctimas de la guerra, le mereció el Premio Rolex por sus logros ecológicos y económicos. House 472, Road to Lake. Tel: +855 63 964 437 http://iktt.esprit-libre.org

GASTRONOMIA

The Sugar Palm: En esta casa tradicional cerca al centro de Siem Reap, sus propietarios ocupan la planta baja, mientras que la superior ha sido convertida en un agradable restaurante que sirve comida tradicional khemer. No te pierdas su tempura de pescado, la ensalada de mango y su curry amok con leche de coco. Taphul Road. Tel: +855 964 838

COMPRAS

Eric Raisina: Este diseñador de Madagascar, con formación en la casa Saint Laurent y talleres de producción en Camboya, destaca en sus prendas femeninas por un diseño étnico en el que mezcla plumas y rafia, con la llamada “piel de seda” de su propia autoría. En su taller encontrarás sofisticadas prendas que se diseñan para las grandes casas de la moda en París, Milán y Nueva York. 53 Veal Village, Kok Chork. Tel: +855 63 963 207 http://ericraisina.com

ALOJAMIENTO                                                           

Amansara: La que fuera la residencia VIP para los huéspedes del rey Norodom Sihanouk durante los años 60 –entre ellos De Gualle y Jackie Kennedy- es ahora un hotel emblema del refinamiento khemer, propiedad de la cadena Amansara, especializada en gran lujo. Road to Angkor. Tel: +855 63 760 333 www.amanresorts.com