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Copenhague: Mil años de historia de la mano del medio ambiente, el diseño y la vanguardia

Con la llegada del buen tiempo, el norte de Europa se nos antoja más apetecible, más seductor y mucho más atractivo para el disfrute de sus ciudades. Fue la tolerante Copenhague la que en esta oportunidad nos atrajo durante la primavera, y la que consiguió no sólo devolvernos esa sensación de bienestar, que por momentos parecemos perder en nuestra vida diaria, sino también transmitirnos un especial sosiego que hace que añoremos regresar, para perdernos por sus calles impregnadas de pasado vikingo y sabor marinero, donde mil años de historia conviven en perfecta y equilibrada armonía, con iconos del diseño contemporáneo y el arte, poniendo  de manifiesto el concepto de una modernísima Europa, en un entorno  bastante cosmopolita.

No es por casualidad que los daneses figuren como los ciudadanos europeos más satisfechos, ya que los conceptos de lo ecológico, lo orgánico, la no contaminación, la noción de comercio justo o su afán por disminuir el consumo energético, se palpan por doquier. El 35% de los habitantes de una población total de casi seis millones, reside en lo que se conoce como la Gran Copenhague, una de las urbes más habitables del planeta, ubicada en la isla de Selandia.

La capital del reino más antiguo del mundo, parece estar inmersa en un permanente estado de bienestar,  es por eso que para su deleite la calma es la incuestionable aliada. Pasear, caminar sus calles, navegar por los canales, o visitar las diversas plazas son sin duda, la mejor forma de llegar al fondo de Copenhague, y así poder ser al menos por un rato un verdadero “kobmendense”.

Recorrerla a pie es tarea obligatoria, tanto como dejar a un lado las prisas; dos consejos a tener en cuenta. Su imponente arquitectura nos muestra un impresionante pasado, que de la mano de obras de vanguardia, consiguen definir el trazo de unos recorridos fascinantes, en la que el agua es por lo general un testigo permanente ya sea desde los innumerables canales, ya sea desde el Báltico.

Optar por el recorrido de la ciudad en bicicleta es una estupenda idea, y las posibilidades de conseguir una, son varias; casi todos los hoteles de la ciudad cuentan con alquiler de las mismas por un razonable precio que va de los 7 a 10 euros por día, aunque existen también más de un centenar de tiendas para ciclistas, en las que se puede alquilar una bicicleta por un precio similar. También se puede acoger al bicing, donde por una moneda que se recupera tras la devolución, se toma una de las bicis que el ayuntamiento pone a su disposición en varios puntos de la ciudad; hay que tener presente que no son las que se encuentran en mejor estado.

En cualquier caso Copenhague es una ciudad que cuenta con más de 330 km de carriles bici, y en la que el 36% de sus habitantes utiliza, a diario, este medio de transporte; es deseo de las autoridades capitalinas que para el año 2015 lo haga el 50% de los ciudadanos.

Cualquier actividad que desee realizarse puede tener como base el Nyhavn, o puerto antiguo de la ciudad, que aún con aires provincianos y un toque de bohemia, nos regala un abanico multicolor proveniente de las fachadas de las casas que otrora albergaran pensiones, que marineros y comerciantes usaron como alojamiento, y en donde alcohol y prostitución tuvieron su máximo exponente.

A orillas del canal plagado de ancladas embarcaciones, una cerveza en cualquier terraza, pone de manifiesto la excelente calidad que tiene Dinamarca en la fabricación de esta bebida. Aquí los artistas callejeros amenizan cada momento con música y espectáculos que cautivan al paseante.

En un país inmensamente monárquico, el cambio de guardia en el conjunto palaciego de Amalienborg, es digno de verse. Dicho complejo se encuentra en Frederiksstaden, el barrio de Federico V, y está compuesto por el Palacio Real y la imponente iglesia de Marmorskirken –tapizada enteramente de variopintos mármoles-, con su cúpula inspirada en la que Miguel Ángel realizara para el Vaticano. Es fácilmente perceptible que los trazos arquitectónicos se asemejan más a los italianos que a la luterana austeridad nórdica.

Tomar un perrito caliente en cualquier calle, es algo inevitable. Diversos panes y tipos de salchichas, así como innumerables acompañamientos se ofrecen al consumidor, para que cada uno escoja el de su predilección. Hacerlo en la Plaza del Ayuntamiento o Radhuspladsen mientras se contemplan sus solemnes edificios o la célebre Torre del Reloj, puede servir de preámbulo antes de sumergirse en el mundo de fantasía y cuentos de ensueño que nos propone el Tívoli.  Este coqueto parque de atracciones es uno de los más antiguos del mundo, y tras su inauguración hace más de 160 años, sigue manteniendo su encanto y esplendor atrayendo cada año a más de cuatro millones de visitantes. Sus famosos jardines no han sucumbido al paso del tiempo manteniendo su pomposidad en pleno corazón de la ciudad que con la presencia de varios restaurantes y diversos bares, hacen del lugar un sitio idílico para pasar la tarde o incluso una noche estival, cuando los horarios del recinto son más amplios, en donde los conciertos y las actuaciones de importante talla mundial, están a la orden del día. Subirse a su noria permite contemplar la capital desde un ángulo fascinante; cenar aquí puede ser algo muy divertido, rodeado de cabañas nórdicas o pagodas chinas que al igual que los lagos están siempre presentes. Existen opciones para todos los presupuestos, desde un afamado restaurante galardonado con varios premios internacionales, hasta puestos de comida rápida. Y si las constantes alegorías a los personajes de los cuentos de Hans Christian Andersen que se suceden a lo largo del predio, no lo han dejado satisfecho, empiece a deambular por la ciudad, de la misma manera que lo hacen muchas personas tratando de encontrar con dificultad la estatua de La Sirenita, que rindiendo culto al cuento de Andersen fue elaborada en bronce, y preside la entrada al puerto de la ciudad.

En esta capital escandinava, inicialmente llamada Bahía de los Mercaderes, aparece fácilmente en cualquier recorrido por el centro, la vía Stroget, la calle peatonal más larga de Europa. A sus lados se alzan valiosas edificaciones de diferentes épocas que albergan boutiques, joyerías, jugueterías, tiendas de cadena, afamadas casas de porcelana y toda suerte de artículos para el hogar. Por supuesto están presentes verdaderos centros de diseño danés que rinden culto a esa creatividad que tanta fama ha dado a esta nación, y que de la mano del nombre de Arne Jacobsen traen a la memoria de muchos, no sólo importantes construcciones, sino sus invaluables diseños de muebles, concretamente de sillas que han pasado a la historia como  objetos fetiches, tal es el caso de  la “Silla Número 7” o la “Silla Huevo”, que le merecieron el título de Padre del Diseño danés.

Tras empaparse de este halo estético y de diseño, puede dirigirse a la Rundetaarn, o Torre Redonda, construída por iniciativa de Christian IV (1588-1648). Esta construcción es la primera fase del Complejo Trinitatis, que tenía que reunir las tres estructuras más importantes para los sabios del siglo XVII: observatorio astronómico, iglesia para estudiantes y biblioteca universitaria. El observatorio que es el más antiguo del viejo continente, sigue funcionando; subir la torre por su rampa en forma de caracol, única en su estilo,  hace que nos preguntemos si este acceso fue construido de esta manera para que el monarca pudiera ascender en su propio caballo…

Siguiendo el curso de calles peatonales se puede llegar a la plaza en la que se presenta la estatua del Obispo Absalón a caballo, quien fundara la ciudad en 1167. Como la gran mayoría de las estatuas y techos, está realizada en bronce de tonalidad verdosa, material que otorga a  Copenhague un carácter muy particular.

En la NY Carlsberg Glypotek, Gauguin, Monet, Rodin o Degas, alternan salas con una importante colección de esculturas del Antiguo Egipto, Grecia y Roma, fundada por el gran mecenas del arte en Escandinavia, Carl Jacobsen, propietario de la afamada cervecera Carlsberg. Un encantador museo que bajo su fastuosa cúpula de acero ha visto florecer un grandioso jardín tropical, y que cuenta con una agradable cafetería en donde degustar cualquier especialidad de la pastelería danesa es más que algo recomendable.

Las joyas de la corona y otros tesoros se pueden apreciar en Rosenborg Slot, palacio de verano del siglo XVII que junto con sus jardines deleitan a los visitantes. Pero si lo que se quiere es dejar este pasado y entrar en lo más trendy de la capital, hay que recorrer el barrio de Norrebro en donde los conceptos cool y chic imperan en sus tiendas y locales.

Sin duda alguna hay que incluir en la visita un paseo en barco que le permitirá una perspectiva diferente de la navegación por sus canales, a bordo de cómodas embarcaciones; se logra otorgar al visitante, un aroma que mezcla el carácter de un pueblo marinero con un concepto de sencillez y practicidad nórdico; así lo demuestran las construcciones de los siglos XVI y XVII que se repiten en las más estrechas vías acuáticas, o en aguas abiertas cuando aparecen la Nueva Ópera de Copenhague, o la reciente construcción de la Biblioteca Nacional o Black Diamond. Esta última, consigue una fascinante armonía con su predecesora del siglo XIX, ambas en funcionamiento. Estas  construcciones modernas dan a la ciudad un aire de diseño y concepto arquitectónico de vanguardia consiguiendo así una vez más el equilibrio entre pasado, presente y futuro, con acertadas proporciones.

Las opciones gastronómicas son numerosas, y en muchas de ellas está presente el empeño danés de competir con el resto de los países europeos en cuanto a calidad de alimentos se refiere. Los productos orgánicos se imponen con fuerza, así como los cultivos biodinámicos regidos por los movimientos astrales y lunares; toda una novedad que va consiguiendo la producción de vinos orgánicos o de estupendos vinagres balsámicos. No son pocos los restaurantes premiados, pues sólo en 2007 Michelin repartió estrellas en 12 establecimientos diferentes. Igualmente es la única ciudad del mundo que cuenta con un restaurante orgánico-gourmet con dos estrellas Bocuse D’Or, probablemente las más prestigiosas del globo.

Es en esta ciudad en la que además de antiguas casas de colores algo austeras y de majestuosas construcciones que son el resultado de una antigua monarquía, o impresionantes obras de arquitectura contemporánea de acero y cristal, existe “Una Ciudad Libre”: es Christiania, un tipo de experimento social con origen en los años 70; esta especie de urbe, en la que reina un modelo de anarquía con un status al margen de lo legal, ve su nacimiento después de que un movimiento okupa se lanzara a poblar un recinto militar abandonado. Fundada por hippies, ha resistido varios gobiernos, en los que ni la derecha más dura ha podido poner fin a este fenómeno. Aquí la venta de drogas blandas se exhibe de la mano de galerías de arte, grafitis multicolor o cultivos de hortalizas y verduras. Si en sus inicios los habitantes eran 22.000, la población actual se estima en unas 1.000 personas. En un área absolutamente delimitada se recomienda no hacer fotografías. Según sus fundadores «Christiania se tiene que vivir», y las fotografías podrían confundir a los futuros turistas. Toda una utopía “anti sistema” que hay que conocer.

La noche ofrece innumerables opciones de ocio y diversión. Bares de diseño, sofisticados y elegantes cafés, tradicionales pubs, modernas discotecas y hasta un bar de hielo al mejor estilo escandinavo están a la carta tras la hora del ocaso.

Las excursiones posibles son numerosas, desde una visita a la sueca Malmo a través del famoso puente de Calatrava, o un acercamiento al castillo de Kronborg, que fuera la inspiración de Shakespeare para Hamlet. El Museo de arte contemporáneo, de Lousiana es motivo de otra interesante escapada cerca de la ciudad, siendo además el más visitado de toda Escandinavia.

Se dice de Copenhague que es nórdica de día y latina de noche. Copenhague es contradictoria. También se le otorga el título de ser la más mediterránea de las capitales nórdicas.

En cualquier caso es una ciudad acogedora como pocas, de escasas dimensiones, absolutamente manejable. Si la Sirenita de Andersen renunció a la inmortalidad a cambio de tener dos piernas para no perder el amor de su amado, Copenhague no renuncia a ser una ciudad que avanza permanentemente en aras de un alto compromiso con la calidad de vida y el bienestar que le garantice el amor y respeto de sus moradores y visitantes. Un lugar que sorprende y que cautiva, en resumen: la joya de Dinamarca… hay que vivirla!