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Hacienda Santa Teresa

Señorío, solera y tradición, salpican la ruta del mejor Ron venezolano.
Textos y fotos: Hernando Reyes Isaza

 

Centenarios Chaguaramos, inmensas palmeras que sigilosamente cubren el horizonte, nos advierten que estamos en el Estado Aragua. Fértil tierra donde el mar Caribe se funde con las montañas, entre sutiles aromas de cacao y ron.

Las plantaciones de caña de azúcar se perciben desde la carretera, esto quiere decir ya nos encontramos bordeando los predios de la emblemática Hacienda Santa Teresa, la productora de ron más antigua del país, y cuna venezolana de esa bebida caribeña, que cautiva al mundo cada vez con más y mayor fuerza.

La primera mención acerca del ron, aparece en el año 1650 en unos documentos provenientes de Barbados. Si inicialmente la caña se valoró por el azúcar que de ella se extraía, la fermentación de esa “melaza” -residuo de la extracción del azúcar- producía una estimulante bebida alcohólica que terminó dando a la caña el valor que ha mantenido durante los últimos 250 años. En su inicio fue el término “Kill-devil” (mata diablos) el que se usó para referirse a ella,  sustituyéndose posteriormente  por “rumbullion”, palabra de origen inglés que significa “gran tumulto”.  En muchos lugares también se le llama “bebida de piratas”, refiriéndose a los personajes de la maravillosa novela Moby Dick. A mediados del siglo XVII, en la isla de Jamaica se referían a ella simplemente como Rum.

La hacienda fue fundada en el año de 1796 por Don Martín Tovar y Blanco, a quien Carlos III de España le confiriera el título de Conde. El padre cedió a su hija Teresa parte de las tierras, dando así origen al nombre que se ha mantenido hasta hoy. A finales del siglo XIX la hacienda fue vendida a Don Gustavo Julio Vollmer Ribas quien introdujo nuevas variedades de caña, sistematizó los cultivos y comenzó a producir el primer ron de Venezuela. Para 1909 la marca Ron Santa Teresa ya estaba registrada mercantilmente; con ella surgió una nueva etapa para la historia comercial del país, industrial  y  del turismo.

El gran atractivo del lugar es la Ruta del Ron, un paseo por toda la hacienda que permite conocer sus áreas y aprender desde cómo se siembra la caña hasta el embotellamiento; como es de esperar, cuando se termina el periplo, el visitante puede optar por realizar una cata de los productos de la casa. El recorrido se inicia en la estación de tren El Consejo, que era parada obligada de la ruta férrea Caracas – Valencia, y que la familia Vollmer restauró cuando tendió 12 kilómetros de vías férreas dentro de la hacienda. Antes de abordar el tren, cada visitante ya tiene en la mano un Cubalibre, que la marca ofrece a modo de cortesía permitiéndole beber cuantos quiera… o cuantos aguante. ¡Salud!

Antes de llegar a la casa Tovar, residencia de los condes, se atraviesa un imponente camino cruzado de chaguaramos, que con 1194 árboles, con una altura promedio de 20 metros, es conocido como la “Cruz de Aragua”. Al cruzar por su vértice, deben cerrarse los ojos ponerse la mano derecha sobre la cabeza, mientras se pide un deseo. La leyenda afirma que el deseo se cumple…

Al golpear el portón de la casa principal, el conde y su esposa doña Manuela, invitan al visitante a entrar, y conocer el estilo decorativo de la época. Antiguas barricas, y moldes de botellas del inicio de la producción de Santa Teresa están presentes en su morada. Un vídeo explicativo con la historia de la hacienda pone fin a esta visita a la familia Tovar.

Si opta por ingresar al selecto grupo de catadores Santa Teresa, tendrá que preparar el hígado, para enfrentarse a 6 productos diferentes que logran cautivar a la gran mayoría; para otros es simplemente un ritual caribeño, que al margen de la historia y de las características de cada tipo de ron a catar, es,  sin  mayores complicaciones técnicas, un asunto meramente divertido.

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