Blog Club Altum » "Dry Martinis" en el Medioevo
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A orillas del Báltico, y con un casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad, la coqueta Tallín me enseña sus encantos medievales con un espíritu “hippie-chic”. En las tardes, unos sugerentes “Dry Martinis” me confirman el afán cosmopolita que vive la capital de Estonia.

Tras pasear por las calles empedradas del casco histórico de Tallín, y contemplar sus casas de colores pasteles, he confirmado que el título de Patrimonio de la Humanidad, otorgado por la Unesco, es más que merecido. Me he sumergido en el medioevo, y no me ha resultado nada difícil transportarme al siglo XV en medio de este escenario que por momentos, parece extraído de un cuento de hadas. La venta de almendras y cacahuetes garrapiñados en las diversas plazas, con dependientes vestidos a la antigua usanza, está a la orden del día en unos puestos de madera que despiden aromas de canela, caramelo, y especias tostadas.


Bajo la luz de grandes antorchas, festines y tradiciones de la Edad Media se recrean en el restaurante “Olde Hansa”, en donde suculentos banquetes a base de carne de jabalí, alce, o pato, se acompañan de verduras de temporada. Frutos del bosque, purés de castañas, o centeno y trigo, están también presentes en unos platos que valga la verdad, no resultan apetecibles a todo el mundo, son sabores fuertes a los que no todos estamos acostumbrados –al menos yo no lo estoy-. Las camareras, ataviadas con simples y antiguas indumentarias, corretean entre los gruesos muros de piedra del restaurante, mientras que la música corre por cuenta de unos cantores, que al compás de antiguos instrumentos musicales corean estribillos populares de siglos pasados.
Afuera, la
Plaza del Ayuntamiento, sigue ejerciendo su papel de columna vertebral del Tallín Medieval. En ella, mercados y fiestas tienen aún lugar, y no resulta difícil imaginar cómo aquí, se castigaba antiguamente a los delincuentes. La farmacia municipal, la llamada de “Bauchart”, ubicada en un extremo de la plaza es una de las más antiguas de Europa. Data de 1422, y hoy en día surte de productos naturales y orgánicos a sus clientes. Terrazas y cafés, así como muchos restaurantes de esos que tienen el menú en varios idiomas (y los que evito por religión), se agolpan en este lugar, epicentro de la capital. Del edificio del ayuntamiento, una gárgola -como sacada de un cuento infantil-, de color verde, y con inmensos y afilados colmillos, vigila coronada como la soberana del lugar, cualquier movimiento que en esta plaza pueda acontecer.

Las diversas callejuelas que parten de la plaza, despliegan tiendas de artesanía, galerías de arte, y comercios con productos de hilo y lana, así como artículos para el hogar y la cocina realizados en maderas locales. Se respira probablemente por la forma de exhibir las cosas, de decorar los locales, y de vestir de sus gentes, una especie de aires hippies, con toques contemporáneos y de vanguardia. Vamos, lo que ahora se llama Hippy-Chic, una especie de movimiento estético con claras influencias de Woodstock, y definidos toques de modernidad actual. La primavera aún es incierta en esta parte del norte de Europa, y colarme en las tiendas y comercios, me aleja del frío aire del Báltico.

La importancia comercial de esta ciudad, queda claramente plasmada al contemplar la cantidad de diversos edificios que pertenecieron a diferentes gremios de comerciantes y corporaciones, que en el pasado constituyeron la vida económica y social de esta villa dominada por daneses, suecos, y rusos. Para poder ser miembro de una de estas “congregaciones” comerciales era necesario tener “casa y mujer propia”, y solamente una vez admitidos en alguno de los gremios, se podía llegar a ser “Señor del Municipio”. La mayor parte de estos edificios se encuentran a lo largo de la calle Pikk (Calle Mayor), que cruza todo el centro, y su recorrido resulta muy agradable, pues fachadas y portones van contando en silencio, y con imágenes, esculturas y decorados, las antiguas profesiones de sus propietarios, o los gremios que en ellas se establecieron. En esta misma calle, se encuentra un lugar a los que en estos días que he pasado en Tallín he cogido especial cariño, el “Clay Hills Gastropub”, un bar-restaurante, de claro corte moderno que sirve unos Dry Martinis, difíciles de olvidar. Están muy bien hechos, absolutamente helados, y consiguen un efecto fascinante, porque valga la verdad, beberte un Dry Martini en medio de un local moderno, pero dentro del más puro casco histórico medieval, es algo más que fascinante, es como si esta ciudad con un pie en lo que fuera la Unión Soviética, y otro en el mundo nórdico, me mostrara con fuerza sus claras ansias de cosmopolitismo.


Probablemente, una de las calles que no puede faltar en ningún recorrido sea el Pasaje de Santa Catalina, construido sobre lo que fuera la iglesia del mismo nombre, antigua catedral de la ciudad. En él, la espiritualidad de la Edad Media perdura entre los arcos y piedras de los restos de la antigua iglesia de Santa Catalina. La ciudad antigua está amurallada, y tiene diferentes puertas de acceso, así como también, varias torres de vigía. Quizá el torreón más notable sea el más cercano a la zona del puerto, llamado “Margarita la gorda”, ubicado junto al acceso conocido como “Puerta de la Playa”, y en cuyo interior se encuentra actualmente el Museo Marítimo. Muchos de quienes acceden al casco histórico desde el centro financiero de la ciudad, lo hacen por la llamada Puerta Viru, precedida por el mercadillo de flores (donde predominan los puestos de rosas provenientes de Ecuador y Colombia). A los pies de la muralla, se agolpan varios tenderetes del mercado de la lana, que venden los típicos atuendos nórdicos de invierno confeccionados en este material que Estonia trabaja estupendamente.
Las mejores vistas de la ciudad se consiguen desde la torres de la iglesia de San Olav, o desde los miradores ubicados en la colina de Toompea, en la parte superior de la villa. Aquí en la parte alta, está la Catedral Ortodoxa Rusa de Alexander Nevski, que reproduce en sus cúpulas la arquitectura religiosa de Moscú.

Tallín impresiona y seduce. Tallín, es para caminarla y sentirla paso a paso. Tallín está escrita en una hoja en blanco, que ahora como parte de la Unión Europea, quiere levantar el libre vuelo que durante mucho tiempo le fue negado.

POR FIN!!! Llevo una semana esperando el feedback de vuestro viaje por el Báltico. Sólo este post de Tallín, ya me ha dejado maravillada. Espero los siguientes relatos. Qué buena experiencia. Lo de Dry Martinis del medioevo, es un PUNTAZO! Un abrazo.
Publicado por Yolanda García, 24/04/2011 8:59am (Hace 2 años)
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