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El cenotafio (mausoleo) de Maximiliano I

El asombroso mausoleo del emperador Maximiliano I, dentro de la iglesia imperial de Inssbruck, recuerda la gloria de quien colocó a los Habsburgo entre las más grandes dinastías de Europa. Es sin duda la obra más importante de la escultura alemana renacentista, así como un extraordinario testimonio sobre la vestimenta de la época. Un total de 28 estatuas de mayor tamaño que el natural montan una guardia silenciosa alrededor de la tumba vacía que, rodeada por una espléndida reja, narra los grandes acontecimientos del reino.

Por: Araceli Viqueira

Bienaventurados los pobres porque de ellos será el reino de los cielos

Desdentado, rapado y hasta disminuido en volumen quiso Maximiliano ser enterrado para así engañar a San Pedro y conseguir que éste, confundiéndole por un humilde campesino, le abriese con sus llaves las puertas del Paraíso.

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Las dos primeras peticiones no eran difíciles de conceder; algo más lo era la tercera ya que Maximiliano I no era devoto de la moderación y tendía a disfrutar de la buena vida. Al menos, eso interpretó el pueblo de Innsbruck cuando, hartos de las deudas contraídas del monarca, tras una escapada, le impidió el regreso a la ciudad. Ese fue el detonante que llevó a Maximiliano a cambiar su testamento y solicitar que, a su muerte, su cuerpo fuera enterrado en Viena. Su mausoleo, el que él encargó y que durante décadas pagó su familia, sigue vacío en Innsbruck.

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En posición de portar una vela que, tras apagar todas las luces, se encendía cuando el pueblo entraba a la iglesia, las estatuas intimidaban a la población que consideraba a los Habsburgo enviados de Dios

Motivos tenía para ser recordado tras su muerte ya que Maximiliano consiguió durante su reinado que su familia, de orígenes modestos, llegara a ser la dinastía más grande de Europa. Decidió que su tumba, rodeada por un enrejado de hierro forjado en el centro de la Iglesia de la Corte, estuviera custodiada por estatuas de bronce representando a héroes de la época y a miembros de su familia, que tardó 100 años en pagarlas, pese a que solo se construyeron 28 de las 40 que quería. Imponentes con su altura de hasta 2,5 metros y con un peso de entre una y dos toneladas, tardaron en realizarse 80 años; pocos parecen a la vista de los detalles que tienen todas y cada una de ellas.

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Los hombres negros”, como se conoce a las estatuas, fueron realizadas por artistas de la talla de Alberto Durero, quien realizó 3 estatuas, o Veit Stoss. Todos los artistas, 11 en total, exhibieron maestría absoluta al reflejar los detalles de la época.

Solo 8 de las estatuas corresponden a mujeres. Entre ellas las dos esposas de Maximiliano, María de Borgoña y María de Sicilia, quienes se miran frente a frente por expreso deseo del archiduque, que se casó con la segunda por interés económico tras enviudar de su primera esposa, a la que conoció el día de la boda y a la que siempre amó. Al frente del mausoleo y luciendo el Toisón de oro, Orden de Caballería vinculada ahora a los Borbones, figuran el padre y el abuelo de María de Borgoña, Carlos el Temerario  y Felipe III. No parecen tan claras las razones por las que entre las estatuas se encuentra una del legendario Rey Arturo. Pero, sin duda, la que más admiración levanta es la de Rodolfo de Habsburgo quien, fuera de su  matrimonio, tuvo 60 hijos; una “hazaña” que hoy se traduce en un evidente desgaste de sus genitales, que lucen dorados y brillantes, merced al nada discreto manoseo al que los  someten los visitantes.

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Muchas anécdotas se ocultan tras el frío bronce que Hitler quiso convertir en cañones durante la II Guerra Mundial, fundición de la que se salvaron ocultas en una mina de sal en la cercana localidad de Kundl.

Impresiona visitarlo admirando desde la última pieza del cenotafio -los adornos superiores con el emperador arrodillado, las cuatro virtudes y la reja que fueron añadidos en 1584-, a la primera estatua instalada, la de Fernando I de Portugal, en 1509. Hay que detenerse para observar la intencionada ubicación de las esposas Blanca María de Milano  y María de Borgoña quien, 5 años después de la boda, murió tras una caída de caballo cuando estaba embarazada del tercer hijo de Maximiliano. Con él tuvo a los también representados en el mausoleo, Margarita de Austria y Felipe el Hermoso quien, tras su matrimonio con Juana la loca, de quien también hay una estatua, introdujo la estirpe de los Austria en España.

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En primer lugar aparece Margarita de Austria junto a la segunda esposa de su padre, Blanca María de Sforza o de Milano, a quien con dos años casaron con su primo Filiberto de Saboya, de 11, que murió con apenas 17.

Poco importa que el cuerpo de Maximiliano esté o no en el mausoleo. Las 28 estatuas acaparan hoy tanta atención como lo hicieron en 1945 cuando fueron trasladadas, sin daño alguno, de su propia sepultura en la región salina de Kundl.

Más información: www.austria.info/es

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