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Con un GREETER por MATONGÉ

De la mano de Eva, mi GREETER en Bruselas, me sumergí en Matongé, un rincón de África en el corazón de Europa.

 

¿Sabes qué es un GREETER?

Hasta hace poco tiempo, yo lo ignoraba. Me enteré de lo que era por mis incursiones en la red, y aprovechando esta escapada a la capital belga, decidí conocer la experiencia en primera persona.

Un GREETER es ante todo un ciudadano generoso. Ama su ciudad, y está orgulloso de ella. Desinteresadamente está deseando mostrártela bajo su propia perspectiva. Te acoge como un amigo dejándote claro que trabaja por placer, y con el firme deseo de que los visitantes se vayan con una impresión del destino que no viene en las guías de viajes. Quedar con un GREETER no cuesta dinero, ellos son voluntarios que tienen sus propios trabajos remunerados, y que ejercen como tu anfitrión por unas pocas horas para el deleite mutuo, el intercambio cultural y de idiomas, y el placer de hacer amigos. En otras palabras, una experiencia que bien merece la pena que vivas, que no admite ni propinas ni invitaciones, en donde cada uno se paga su transporte y los desplazamientos necesarios, y sobre todo, en la que siempre impera el máximo respeto mientras se recorren los rincones que más gustan a estos anfitriones y, que por lo general quedan fuera del recorrido de los guías turísticos. A estas alturas te estarás preguntado de qué vive la compañía que organiza los encuentros. Muy sencillo, de subvenciones estatales destinadas a la promoción turística del destino.

Hace un par de semanas entraba en contacto con Brussels Greeters, la entidad belga encargada de encontrarte un GREETER a través de internet. Solicité los servicios de uno de ellos para unas fechas concretas (se recomienda hacerlo con al menos dos semanas de antelación a la fecha del viaje), y junto con el formulario que se envía con los datos básicos personales, dejé claro que particularmente me interesaba conocer Matongé, el barrio negro de Bruselas. Su respuesta fue rápida y clara. Mi GREETER se llamaba Eva, y quedaríamos el día acordado a la hora prevista en las inmediaciones de la estación de metro de Porte de Namur. Escribí a Eva confirmándole la cita, y pocas horas después me contestaba en castellano. Por los apellidos del correo electrónico deduje que muy belga no era, ambos apellidos eran absolutamente españoles. Debo admitir que al principio la idea de que fuera española no me gustó, pues yo quería conocer un belga, un local, alguien del lugar, no una española. Eva lleva 10 años viviendo en Bruselas, su pareja es belga, conoce la ciudad a la perfección, habla un francés correctísimo, y su trabajo fijo es en el área de economía; está encantada como GREETER, y nosotros quedamos encantados con ella. Solamente una persona que realmente quiere la ciudad en la que vive, puede darte de ella la mejor impresión, eso fue lo que justamente hizo Eva. El que fuera española finalmente terminó siendo más un plus que un contra. La tarde trascurrió amena e informalmente por el barrio en cuestión. Un barrio, que ya tenía yo ganas de ver, y es que últimamente siempre me encuentro con Matongé en el periódico, en las revistas; en más de una ocasión he oído a críticos musicales en la radio hacer referencias a él como un foco de creatividad; y algunos dejan caer su nombre cuando hablan de nuevos sitios en Bruselas para cenar.

El vecindario, ubicado entre el Barrio Europeo y el centro histórico bruselense, encierra la cultura del continente negro. Se dice de él, que cuenta con habitantes de más de 45 países, y donde predominan los congoleses, los senegaleses, y los ruandeses. Matongé es África en el corazón de Europa.

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Pocos lugares deben tener tantas peluquerías por metro cuadrado. Los peatones, ellos y ellas, son invitados por blancas e inmensas sonrisas a entrar a unos establecimientos en donde imperan las extensiones, las trenzas, los cortes raperos, lo afro, la devoción por la decoración de las uñas con trabajos verdaderamente artísticos… Pululan verdulerías y fruterías en donde plátanos verdes, mangos y guayabas, yucas y boniato resisten el frío del hemisferio norte en un febrero oscuro; y los locutorios low cost ofrecen conexión a internet al mismo tiempo que las cabinas para llamadas internacionales son las protagonistas. También proliferan tiendas de las que de sus paredes cuelgan cientos de telas multicolor marcadas por la impronta de estampados étnicos y tribales del continente negro, diseños que parecen transportarnos a un rincón subsahariano, o a la más perdida de las aldeas del Níger. Y por supuesto, tampoco faltan los establecimientos que envían paquetería a Kinshasa, lavanderías públicas, o restaurantes, muchos restaurantes. El barrio tiene mucho de trendie, y nuevos restaurantes belgas, italianos y asiáticos, han hecho su debut en el sector.

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La Iglesia de San Bonifacio se encuentra en el vecindario, al igual que muchas casas plagadas de detalles art noveau en sus fachadas y puertas, y que al no estar en los barrios nobles, ni pertenecer a renombrados artistas como Horta o Strauven, están fuera de ruta. Balcones de hierro en los que la protagonista es la famosa fusta modernista han sido ignorados y olvidados, mientras que diversos dibujos y mosaicos en otras paredes, expresan las formas y colores de un movimiento que para muchos, más que un estilo ha sido un estado de ánimo.

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Para hacer una parada en nuestro paseo, Eva propuso tomar algo. La Maison du Thé es el típico sitio que de no ser por un GREETER como ella jamás hubiera conocido. El aroma de una denominación de té de L´Afrique du Sud, llamada Kalahari, me perfumó de aromas de hibiscus y citronelle, y también de naranja y chocolate.

La riqueza cultural de la capital de la UE, permite que algunos indios o paquistaníes, además de musulmanes de diversos países, se hayan instalado en Matongé en perfecta paz y armonía. Es un barrio seguro y tranquilo, y si aún no lo conoces, aprovecha tu próxima parada en Bruselas para hacerlo. Y la mejor forma de adentrarte en él, es por supuesto, con un GREETER.

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10 comentarios sobre “Con un GREETER por MATONGÉ”

  1. Después de leerme este maravilloso artículo voy a tratar de conseguir Greeters en Buenos Aires, si no los hay, comenzaré yo misma a serlo! Está buenísimo el post!
    Besos

  2. Hace, ni más ni menos que dieciseis años que estuve en Bruselas y realmente “salí” un poco de la ruta turistica, pero este barrio lo desconocía por completo, realmente me ha sorprendido, y lo que más, que el Art Nouveau conviva en tan buena armonía con ese mestizaje tan asombroso. Gracias por descubrirmelo.

  3. Descubrir tu post y la página web ha sido una sorpresa muy gratificante, no solo por el contenido, que nos ha parecido genial, sino porque en breve vamos a implementar Bilbao Greeters y nos hace ilusión ver que no estamos solas y que hay gente que aprecia y valora este tipo de turismo alternativo. Has captado perfectamente los valores que guían a los greeters y a mi compañera de proyecto y a mi nos has hecho revivir las sensaciones y emociones que tuvimos la semana pasada, cuando en nuestra visita a La Haya (Holanda), vivimos en primera persona la experiencia de visitar una ciudad de la mano de un greeter.
    Comprobar que la filosofía de los greeters funciona donde quiera que estés, que no es fácil escribir sobre los sentimientos y las vivencias, y que tú lo has hecho estupendamente bien, nos ha hecho poner un link a tu post en nuestra página http://www.bilbaogreeters.com
    Espero que no te moleste y si necesitas un greeter en Bilbao cuenta con nosotras, el servicio estará operativo en un par de meses.

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