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La Candelaria: Vientos de cambio

El barrio más auténtico de Bogotá se mueve al ritmo de la bohemia, la cultura y el glamour. Impresionantes colecciones de arte acaparan tantos devotos como sus antiguas iglesias. Sus coloniales casonas se han abierto para ofrecer la gastronomía del mundo. La Candelaria, sin olvidar su historia, da un paso al frente.

Cada ciudad tiene su corazón. Y el de Bogotá late con fuerza en medio de 42 manzanas que dan la cara a los cerros de Monserrate y Guadalupe. Eso posiblemente no lo sospechó el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada cuando en la Plazoleta del Chorro de Quevedo fundó la ciudad el 6 de agosto de 1538 pero si lo saben quienes 468 años después se pierden entre sus callecitas coloniales con nombres anecdóticos que no tienen nada que envidiarle a los de la ciudad vieja de Cartagena: Calle del Cubo, del Árbol, del Camarín del Carmen, de la Cajita de Agua, de Las Culebras, del Silencio, de La Paloma, del Suspiro y del Afán, entre otras.

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Calle en La Candelaria

Si cada calle que se descuelga de los cerros guarda una historia particular, La Candelaria, en su totalidad, es una importante depositaria del acontecer del país. Desde el incidente del Florero de Llorente que desencadenó en la independencia de Colombia y que tuvo como escenario la Casa Museo 20 de julio, hasta dolorosos episodios más recientes como la toma del Palacio de Justicia en 1985.

Y es que en ese centro histórico ubicado de sur a norte entre las calles 6ª y Avenida Jiménez y de oriente a occidente entre la Avenida Circunvalar y la carrera Octava, así como en sus alrededores, están la Plaza de Bolívar, el Palacio de Nariño (residencia y despacho del Presidente de la República), la Catedral Primada, la Capilla del Sagrario, el Palacio Arzobispal, el Capitolio Nacional (donde sesiona el Congreso de la República) y el edificio Liévano (sede de la alcaldía de la ciudad), es decir los poderes legislativo, ejecutivo y judicial de la Nación.

Ascender desde la Plaza de Bolívar por sus callecitas empinadas es sumergirse en los vestigios del pasado colonial bogotano donde en la actualidad se dan cita estudiantes, artistas, vecinos, peatones y turistas. Los primeros porque asisten a clases ya que aquí se concentra el mayor número de universidades del país, otros -algunos de ellos extranjeros – porque habitan en alguna de esas pintorescas y coloridas casonas con patios, tejados y aleros coloniales que forman parte del Patrimonio Histórico de la ciudad. Están también quienes acuden a realizan trámites en la Cancillería, el Ministerio del Interior o en alguna de las oficinas de gobierno que funcionan por allí y por último los cada vez mas numerosos turistas y bogotanos que se dejan seducir por las atracciones de este barrio, el más emblemático de la gran metrópoli que es hoy Bogotá.

Vida de barrio

La Candelaria guarda el encanto del barrio. El mismo que permite caminar desprevenido por sus calles, deleitarse con su arquitectura, tomarse un café y comer algún postre santafereño, comprar pan caliente en una panadería como la del francés, entrar a algunas de sus imponentes iglesias, recorrer sus museos, ir al teatro o comer en algún restaurante, sin que realmente importe mucho en que parte comience el itinerario.

Pero para quienes tienen el tiempo contado, la lista de los sitios imprescindibles es larga y amerita organizar bien el recorrido. Punto de partida puede ser la Plazoleta del Chorro de Quevedo, en la calle 13 con carrera segunda, donde se presume se fundó la ciudad y que hoy convoca a los más bohemios. A pocas cuadras, el turno es para la casa donde se suicidó el poeta bogotano José Asunción Silva. Además de conservar la estructura original colonial del siglo XVII y ser declarada monumento nacional en 1996, se ha convertido en la Casa de Poesía Silva, un sitio único para oír o leer versos.

Muy cerca de allí, se encuentra el sorprendente complejo cultural del Banco de la República que se originó a principios de los 60’s con la apertura al público de la Biblioteca Luis Angel Arango. Además de contar con una importante recopilación de títulos bibliográficos, el Banco también ha adquirido con el paso de los años una colección de más de tres mil piezas de arte colombiano e hispanoamericano que permanece abierta al público. A ella se sumó en el año 2000 el Museo Botero, un espacio elegido personalmente por el maestro colombiano y que fue adecuado siguiendo sus directrices para albergar la donación de 85 obras que cuentan la historia del arte del siglo XX de artistas como Degas, Picasso, Braque, De Chirico, Chagall, Dalí, Miró, Léger, Giacometti y Ernst, entre otros, y 123 obras de su propia autoría. A estos dos espacios culturales se integra la Casa de Moneda con sus colecciones de Arte y Numismática. Como si fuera poco, resguardadas en una bóveda en el edifico principal de la Biblioteca se encuentran también dos tesoros de la colonia: las custodias de La Lechuga y Las Clarisas de Tunja, obras maestra de orfebrería religiosa con esmeraldas incrustadas sobre oro. Para hacer merecidas pausas en este impresionante recorrido cultural, una sucursal al aire libre del café Juan Valdez y el agradable Restaurante La Manzana, ofrecen sus cómodas instalaciones.

A esa oferta cultural se ha sumado desde hace un par de años, el Centro Cultural Gabriel García Márquez, un proyecto del Fondo de Cultura Económica de Méjico, diseñado por el arquitecto Rogelio Salmona, en el que tienen cabida una galería de arte, librería, tres auditorios y tienda.

Otros importantes museos cobija La Candelaria: La Casa del Márquez de San Jorge, convertida en el actual Museo Arqueológico; el Museo de Arte Colonial, que exhibe obras del destacado pintor santafereño del siglo XVII Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos; el Museo de Trajes Regionales de Colombia; el Museo del siglo XIX con fotografías de esa época, miniaturas de la Expedición Botánica y vidriería francesa Art Nouveau y el Museo de Artes y Tradiciones populares en el antiguo claustro de San Luis donde se pueden observar diversas técnicas artesanales del país como telares, alfarería y barniz de Pasto.

Las iglesias son capítulo aparte. Para elevar el espíritu, La Candelaria ofrece además de la Catedral Primada – el mayor templo católico de Colombia y uno de los más grandes de América Latina– y la capilla del Sagrario ubicadas en la Plaza de Bolívar, otros templos que guardan importantes retazos de historia: la iglesia de La Candelaria, que da su nombre al barrio, la Iglesia- Museo de Santa Clara con impactantes obras del arte colonial americano, la Iglesia de San Agustín, dos veces reconstruida, el Santuario de Nuestra Señora del Carmen, de estilo gótico florentino restaurada hace poco más de una década y la de San Ignacio, con una rica arquitectura y valiosas obras pictóricas.

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Reloj

La otra cara

El glamour también ronda por las calles de La Candelaria. Para comprobarlo basta darse una vuelta por el Hotel de la Opera, al lado del Teatro Colón y frente al palacio de San Carlos, la actual Cancillería. Restaurado por el arquitecto Alvaro Barrera, este hotel con aires de palacete italiano ofrece además de un spa y estupendas habitaciones, un acogedor bar llamado El Automático, en memoria del célebre café del centro bogotano y dos elegantes restaurantes, uno de ellos – El Mirador- estratégicamente ubicado en el cuarto piso desde donde se obtiene una vista incomparable de los tejados, torres, cúpulas y campanarios coloniales.

En la puerta contigua, esa misma atmósfera se prolonga. El Teatro Colón, uno de los más hermosos teatros a la italiana de nuestro continente, inaugurado en 1895 y declarado Monumento Nacional en 1975, es el escenario de temporadas de opera y zarzuela, obras de teatro y conciertos con interpretes nacionales e internacionales. Una agenda que comparte con el Camarín del Carmen, recinto que antiguamente perteneció a Iglesia del Carmen y al convento de los Carmelitas Calzados y fue acondicionado a finales de la década de los 80, como sala de teatro con capacidad para 500 espectadores.

Otras tablas que sacuden las noches de La Candelaria con obras clásicas y modernas son las del Teatro Libre, el Teatro Taller de Colombia, el Teatro El Local, el Teatro Popular de Bogota (TPB) y el reconocido Teatro La Candelaria dirigido por Santiago García que se suman a espacios culturales como la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, la sala de conciertos de la Biblioteca Luis Angel Arango y los auditorios universitarios, para completar un atractivo menú de espectáculos que incluye uno callejero al mejor estilo londinense: presenciar en el Palacio de Nariño el cambio de guardia los lunes, miércoles, viernes y domingos a las 5 p.m.

Cuestión de apetitos

Esas casonas antiguas también guardan secretos de la buena cocina. Para darle gusto a todos los paladares y bolsillos, parrillas argentinas como Mi Viejo y Patagonia donde se dan cita políticos y funcionarios de gobierno, restaurantes de comida mejicana como Enchiladas, de comida fusión como Souk, de comida internacional como Andante Ma Non Troppo, mediterránea como el Ático de Los Olivos , cubana como Moros y Cristianos y por supuesto de comida típica santafereña como La Puerta Falsa son solo algunas de las opciones para comer que se suman a un puñado de sitios para tomar un café y terminar la noche escuchando música y bailando en lugares como La Peña.

Más allá de los placeres gastronómicos, tres o cuatro anticuarios entre los que se destaca el de Jaime Botero, en la Calle de la Toma de Agua, aguardan a quien quiera darle gusto a la nostalgia. Un sentimiento que a veces se cuela en este barrio donde conviven lo viejo y lo moderno, donde la gente de siempre se mezcla con los que llegaron de afuera para quedarse, donde hay ricos y pobres, donde se oye tango y también rock. Un barrio donde pareciera que desde hace cuatro siglos no ha pasado nada. Y sin embargo ha pasado todo.

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