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Por los privilegios de París: A Votre Sante

Una escapada a París, para celebrar el 50 cumpleaños de un amigo, me devolvió el significado de los viajes sin prisas y sin visitas planificadas.

Un viaje en tranquilidad y con los amigos no tiene precio, al menos para mí, que paso la mayor parte del año entre aeropuertos y hoteles, y por lo general disfrutando de muchos destinos en soledad, y con una agenda llena de actividades.

La semana pasada volé a París, para celebrar el 50 cumpleaños de un íntimo amigo. Volver a esta ciudad siempre es un privilegio, y hacerlo para festejar una ocasión con la gente que uno quiere, lo es aún más. De todos es sabido, que 26 millones de almas visitan la Ciudad Luz cada año, o al menos a los que trabajamos en este gremio, así nos lo hacen saber. En esta ocasión parecía que todos estaban allí. Nunca había visto tanta gente en el Boulevard Haussmann, a orillas del Sena o en la Ile Saint-Louis (los campos Elíseos están siempre a reventar), y es que coincidían tres importantes eventos:

1. La “Nuit Blanche”, o noche en blanco como se conoce en España, aquel empeño cultural de diversas ciudades europeas para que la cultura y el arte lleguen a las masas en una noche en la que se abren los museos, muchas exposiciones, y algunos edificios estatales que normalmente mantienen su interior cerrado al público.

2. La “Semaine de la Mode”, el deseado evento de todas las grandes casas de moda, a mi buen entender, su vitrina mundial. Es aquí cuando lanzan sus colecciones a la prensa y a los compradores venidos de todas partes del mundo. A partir de aquí, revistas, escaparates y definidos cuerpos de hombres y mujeres se verán inundados por unos conceptos, que además de marcar tendencias, son el último grito en lo que a moda se refiere.

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3. “Exposición de Claude Monet” en el Grand Palais. Inaugurada el 22 de septiembre con un presupuesto de cuatro millones de euros y 175 obras del pintor impresionista, pretende batir el record de visitas a una exposición en París, ostentado hasta ahora, por la que se tituló “Picasso et les Maitres”, celebrada entre octubre de 2008 y febrero de 2009.

La Nuite Blanche, no la viví. Bueno, si lo hice, pero no en la calle como manda el reglamento. Las intenciones de salir después de la cena en casa de mis amigos, para degustar la carta de la Noche en Blanco, se quedaron en el sofá, a mi lado, y con un maravilloso vino. Amigos, vino y tertulia juntos en París, son más que un privilegio.

Aunque lo mío no es la moda, la excesiva información acerca de lo que fue el impresionante desfile del gibraltareño Galliano, junto con las extravagantes vestimentas de personajes salidos de otros mundos que se paseaban sin remilgos en cada esquina parisina, llamaron tanto mi atención hacia la Semaine de la Mode, que no me pude resistir. Acudí personalmente a ver este mundillo In Situ, en los jardines de las Tullerías. En ellos, se habían instalado unas enormes carpas para algunos de los desfiles. A diferencia de Madrid, donde durante la semana de la moda todo se concentra en el recinto de IFEMA, en la ciudad del Sena, las diferentes sedes del evento se distribuyen por toda la ciudad. Aquella tarde era el desfile de la firma Chloé. No estuve en primera fila, ni presencié el desfile, ni mucho menos gasté un céntimo. Sobre la alfombra roja, como todo un VIP, fui testigo de primer orden de la llegada de famosos, modelos y eruditos de la pasarela, que en algunos casos posaron para mi, creyéndose estar frente a un fotógrafo acreditado. Otro gran privilegio, del que prefiero hablen las imágenes que aquí cuelgo, y que seguramente podrán ayudarles a hacerse una mejor idea de ese microcosmos del lujo, la moda y la frivolidad.

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Al no haber sido un viaje de trabajo, no hubo prisas. Me lo tomé con la calma del que nada tiene que hacer, entre otras cosas, porque mis únicas obligaciones eran asistir a los eventos del cumpleaños de mi amigo, algo para mi, bastante significativo. Con esto quiero decir, que en vez de acudir a las eternas colas del Grand Palais para ver 175 cuadros de Monet, preferí volver al Musée de l’Orangerie, donde los nenúfares de Giverny seguían colgados ante la imposibilidad de ser prestados al Grand Palais. No tuve que hacer filas, ni tampoco esperar turno para ver ningún cuadro. Además de Monet, mis anfitriones fueron entre otros Rousseau, Picasso, Modigliani, Cezanne, Utrillo o Renoir. Prácticamente el museo entero para mí: un privilegio más.

Pero en París, realmente todo son privilegios. Desayunar un croissant con chocolate caliente al aire libre en los mismos Jardines de Luxemburgo, realizar una caminata por el Marais para cotillear las tiendas más trendies de la ciudad, o tomar una ensalada en la alabada tienda Merci, al lado de las estanterías de libros de segunda mano que también se venden, son placeres que sinceramente disfruto. Qué decir de un paseo por la Rue Matignon plagada de galerías de arte (han sacado ya sus mejores galas de cara a la celebración de la próxima FIAC o Feria Internacional de Arte Contemporáneo que tendrá lugar del 21 al 24 de este mes).

Encontrar y acceder a cosas nuevas en un sitio ya conocido, es algo que me emociona, es como un reto que me impongo, quizá por formación profesional, quizá por la curiosidad que siempre me acompaña. Mis amigos, en este viaje, me enseñaron un sitio que me ha seducido por completo: Noura. Algo así como la “catedral gastronómica” de los libaneses en París. Absolutamente recomendable, aunque supongo que para muchos no es ninguna novedad. Y aunque París siempre guarda secretos, volver a lo conocido, también es muy gratificante. Me cuesta no acudir siempre a la cita con Shakespeare and Company, la más antigua librería anglosajona de la ciudad. Deambular entre miles de libros apiñados por los suelos, con aires decadentemente británicos y un rancio olor a intelectualidad, es toda una liturgia extraordinaria. Aqui es frecuente escuchar las notas de una vieja pianola, que desde la segunda planta, permite la caricia de sus teclas de la mano de algún espontáneo.

Siempre quiero volver a la los Jardines del Palais Royal, con sus galerías de otros tiempos, y también me resulta imprescindible pasearme por la Place de Vosges. Procuro por religión que la noche me encuentre en la Ile Saint-Louis con una copa de vino, último privilegio. SALUD!

Amigos, “siempre nos quedará París...”

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10 comentarios sobre “Por los privilegios de París: A Votre Sante”

  1. ¡Me encantó este artículo! Felicitaciones a su amigo capitán por el cumpleaños, pero:lo que más me gustó fueron los aires “decadentemente británicos” de nuestra librería preferida!
    Qué ganas de salir corriendo, o mejor dicho nadando o volando a París…Olalá!
    ¡Chapeau, doctor Reyes!

  2. Se ve que disfrutas con todo lo que haces. Trabajo, ocio y placer se mezclan en todo lo que escribes.

    Si fuera rico y viejo te encargaría mis memorias, mejorarías mis recuerdos.

  3. ¡Paris siempre será una fiesta!!!!!, gracias por haberme trasladado allí por unos momentos, pero…¡Quiero estar en París no sólo en alma sino también en cuerpo!.
    Enhorabuena a tu gran amigo por su entrada en el “club” de los 50, ¡ahí es ná!

  4. Paris siempre fué, es y será un placer para los sentidos y el alma, una de mis ciudades preferidas, imagino cada paso dado por el relator y me muero de la envida. Felicidades a Hernando y un muy feliz cumpleaños al amigo.

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