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Medellín: Promesas Cumplidas

Según lo previsto, la capital antioqueña se convirtio en poco tiempo en la ciudad que sus habitantes se merecían. A esta Medellín invencible, pujante y querendona le llegó su cuarto de hora.

A Medellín no le alcanzaba con ser la capital industrial del país, gozar de un clima perfecto y tener el único metro de Colombia. Tampoco con organizar anualmente un festival internacional de poesía tan exitoso que hasta se ganó en Estocolmo el premio Nobel Alternativo. Ni que en 1935 el legendario Carlos Gardel muriera en esas tierras y Medellín se convirtiera desde entonces en sitio de culto para los amantes del tango. Y parece que ni siquiera le bastaba la reconocida eficiencia de sus Empresas Públicas ni el hecho de ser la ciudad pionera en Latinoamérica en trasplante de órganos, o que cada año fuera sede de un evento de talla internacional como Colombiamoda donde se reúne lo mejor del mundo del diseño.

No. Medellín quería más. Pujante y ambiciosa como sus habitantes, la capital antioqueña necesitaba dejar atrás viejos estigmas y apostarle en el siglo XXI a un profundo proceso de transformación social y urbana. Entre plazas y bibliotecas, vías peatonales e imponentes obras de infraestructura, pero sobre todo dándoles una mano generosa a quienes se quedaron rezagados y asumiendo una lucha sin cuartel contra el analfabetismo, Medellín, además de hermosa, es hoy una ciudad con corazón.

Primero el centro

Renovación, compromiso, oportunidades, participación y equidad son palabras cotidianas dentro de la geografía de este hermoso valle. Y es que dándoles continuidad a algunos logros alcanzados en pasadas administraciones, finalizando proyectos que se habían dejado en marcha y, sobre todo, pagando deudas sociales pendientes, la ciudad se embarcó en una intensa metamorfosis para disfrute de propios y extraños.

Cultural fue quizá la primera pincelada de este nuevo cuadro y se dio hace casi una década cuando se inauguró la Plaza de las Esculturas con 14 obras monumentales de Fernando Botero. Este espacio abierto e imponente es la antesala del Museo de Antioquia sometido a un “cambio extremo” para estar a la altura del maravilloso obsequio que le hiciera a la ciudad el maestro antioqueño y que, a la fecha, consta de 114 pinturas de su autoría entre óleos, acuarelas y dibujos, 23 esculturas monumentales y 32 obras de artistas internacionales.

Esa generosidad de Botero ha sido, sin duda, el detonante para acometer la recuperación de esta parte del centro de la ciudad, un sector hasta hace poco, tan dinámico como agobiante. Hoy el aire que se respira es otro. Desde la terraza del museo, almorzando o simplemente tomando un café en la Tienda Juan Valdez, se percibe el nuevo rostro de Medellín y se escuchan, junto al “paisa”, algunos acentos extranjeros de quienes vienen desde otras partes del mundo a descubrir los encantos de la “Ciudad Botero”.

Sumándose a ese primer empujón de recuperación del espacio público se entregó para el disfrute de los peatones la carrera Carabobo, una histórica arteria que antes de deslizarse por el Museo de Antioquia y la Plaza Botero nos va llevando de norte a sur por el Jardín Botánico y su Orquideorama, el Parque Explora, el Parque Norte, el Planetario, el Parque de los Deseos, para seguir luego por los edificios donde antes funcionaron la Alcaldía, la Gobernación hoy Palacio de la Cultura, la antigua sede de EPM, los restaurados edificios Vásquez y Carré y la estación del Ferrocarril, culminando en las nuevas obras como la Biblioteca temática de las Empresas Públicas de Medellín, la Plaza de Cisneros o Plaza de la Luz, el Parque de los Pies Descalzos y el Teatro Metropolitano, en una especie de recorrido guiado que conecta varios e importantes proyectos en medio de un nuevo paisajismo.

Más cerca del cielo

Sin duda es ladera arriba donde se siente de primera mano una transformación sin precedentes. La comuna nororiental, una de las zonas más estigmatizadas por la violencia, era, hasta hace unos años, un sector deprimido cuya población de más de 100.000 habitantes vivía a espaldas del resto de la ciudad. Desde hace más de seis años, cuando como un complemento al servicio prestado por el metro, se inauguró el sistema de transporte Metrocable que asciende hasta las casas más humildes en lo alto de la montaña, la comuna adquirió visibilidad y hoy es una atracción ineludible para cualquier visitante.

Ya subidos en una de las cómodas cabinas, desde el aire empiezan a aparecer como postales los coloridos murales pintados por gente del barrio, parques lineales, muros de escalada, áreas para jugar al fútbol o montar en patineta, y plazoletas que también sirven de escenario para ocasionales actividades artísticas como una ópera urbana. Espacios públicos que hablan de la repercusión social que generó este sistema de transporte que se complementa con ludotecas, colegios, parque biblioteca, centros de apoyo a los empresarios, centros de salud y un parque deportivo y recreativo, en una apuesta histórica por la equidad.

Pero el Metrocable no solamente transformó el paisaje y la vida del barrio, también resolvió el problema de transporte de miles de trabajadores que ahora, en sólo diez minutos, llegan a donde antes requerían una hora de viaje.

Otras obras

Muchas fueron las obras públicas acometidas que permitieron la profunda mutación física de Medellín. Para empezar la “ciudad de la eterna primavera” rescató ese pulmón verde de 14 hectáreas que es el Jardín Botánico donde año tras año se realiza la Exposición Mundial de Orquídeas. Con una moderna estructura conocida como el Orquideorama, corazón de este espacio, donde se realizan exposiciones permanentes y temporales de flora, el jardín es un sitio muy agradable para pasear y almorzar en su restaurante In Situ.

A pocos pasos de allí, en este mismo sector que también alberga al Planetario y el Parque de los Deseos, está Explora, un parque interactivo de 16.000 metros cuadrados para aprender ciencia y tecnología, jugando. Con un acuario, auditorio de cine digital, salas interactivas, tienda-librería y cafés y en una atractiva fusión de naturaleza y arquitectura, Explora consolidó el norte de Medellín como el espacio para el conocimiento, la ciencia y la naturaleza.

Entre otros proyectos diseñados para mejorar la calidad de vida de los medellinenses se encuentra el Parque Juanes de la Paz con ciclorrutas, canchas de tenis y senderos peatonales y los cinco parques bibliotecas distribuidos por los cuatro puntos cardinales, uno de los cuales es el Parque Biblioteca España que fuera inaugurado por el Rey Juan Carlos y la Reina Sofia.

Sociedad anónima

A la par de la inversión pública está el empuje y compromiso de empresarios, industriales, diseñadores, artistas y comerciantes que han aportado su grano de arena para esta explosión de proyectos, nuevas construcciones, centros comerciales, restaurantes y almacenes que posicionan a Medellín como una ciudad atractiva, desde todos los puntos de vista, para sus habitantes y para quienes la visitan.

Haciéndole juego al aluvión de visitantes que eventos como Colombiamoda y Colombiatex convocan anualmente, la hotelería antioqueña ha ampliado su área de cubrimiento y su oferta en más de mil habitaciones, mientras que para el desarrollo de certámenes empresariales de envergadura, la Plaza Mayor se sumó al Centro Internacional de Convenciones, dando pie a todo un complejo que incluye recinto ferial y teatro. Esta infraestructura le permitio a la ciudad recibir con holgura en 2009 a los delegados de la asamblea del BID que eligieron a Medellín como sede, así como a los deportistas de la IX edición de los Juegos Suramericanos en marzo de 2010, a los participantes en el Festival Iberoamericano de Música realizado a mediados de este año y a los que asisten por estos dias a la Bienal Iberoamerica de Arquitectura.

Tanto estar en el mapa internacional es una prueba de que algo está cambiando en esta ciudad que se siente tan orgullosa de su presente como de ese pasado que dejó huella en sitios emblemáticos como la Basílica Metropolitana La Candelaria y la Estación del ferrocarril, entre tantos otros. Un patrimonio arquitectónico y cultural que al igual que el Paseo del Rio, el centro y otros puntos neuralgicos de la ciudad se iluminan en diciembre con miles de luces de colores para recordarle al mundo que en esta ciudad hoy lo que brilla es la esperanza.

SEIS COSAS QUE SÓLO SE PUEDEN HACER EN MEDELLÍN

1. Montar en Metrocable.

2. Asistir a una actividad cultural nocturna en un cementerio. “Las noches de luna llena” programadas por el cementerio de San Pedro son la excusa perfecta para conocer los mausoleos Art Nouveau.

3. Presenciar un colorido desfile de silleteros el 7 de agosto cuando desde las montañas llegan los campesinos a Medellín trayendo a sus espaldas silletas de madera rebosantes de flores.

4. Conocer la Casa Gardeliana hoy convertida en el Museo de Carlos Gardel –donde además de las fotos del accidente en que perdió la vida el “zorzal criollo” se conservan otras curiosidades de sus últimas horas de vida–.

5. Disfrutar de una rumba ecléctica en Vinacure. Esculturas, shows de trapecistas, hombres tirafuegos, malabaristas, saltimbanquis, mimos y danzas en una especie de galería-bar surrealista en las afueras de Medellín.

6. Escaparse al Pueblito Paisa en el cerro Nutibara y sentirse por unas horas en un típico municipio antioqueño con iglesia, fonda, alcaldía y casas.

2 comentarios sobre “Medellín: Promesas Cumplidas”

  1. Has conseguido sacar a flote ese 50% medellinense que llevo dentro. Me ha encantado esta crónica, y no veo las ganas de volver a mi tierra maternal. Realmente, me he emocionado.

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