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Mendaro: para chuparse los dedos

Hansel y Gretel no hubieran podido evitar entrar en él. Cuando el molino está en marcha, en  Mendaro, se sabe. Las calles se impregnan de ese olor a chocolate puro de altísimo contenido de cacao con el que la familia Saint-Gerons lleva trabajando  desde 1850. Desde entonces, trabajan con joyas. Lo son el caserón, en el que se instaló la familia entonces; el molino de piedra, en el que solo se ha sustituido el burro por la electricidad y la materia con la que elaboran, uno a uno, sus bombones con una calidad que hacen sombra a los que el marketing  ha dado fama mundial.

Por: Araceli Viqueira

Sin duda, los bombones son uno de los productos más demandados junto con el chocolate a la taza, que dio origen a esta historia, que a punto estuvo de ser interrumpida en el último tercio del siglo pasado. A día de hoy, la sexta generación chocolatera no puede estar más orgullosa de seguir al frente. Casi 200 años, tiempo suficiente para ser considerados parte de la historia y para tener historias que contar.

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María Saint-Gerons, tataranieta  del primer chocolatero de la familia, relata los inicios dando un salto a la histotia para hablar de la llegada a Gipuzkoa, en tiempos de la Iª  Guerra Carlista, de Bernardo Saint- Gerons quien tras casarse en Régil se estableció en Mendaro, donde abrieron una tienda de productos coloniales.

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Su hijo aprendió el oficio de chocolatero e instaló el obrador en “Katekua”, nombre del caserón, donde sigue desde entonces el molino.

Katecua, el caserón

Cacao, azúcar, vainilla, canela y café llegaban por el río Deba a las puertas del caserón, que debe su nombre a las cadenas y argollas adosadas a los muros, en las que se ataban las barcazas que transportaban la mercancía.

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Muchas fueron las fábricas de chocolate que surgieron en Gipuzkoa y sur de Francia con la creación de la Compañía Gipuzkoana de Caracas, pero pocas han sobrevivido. El primer chocolate que se hizo en Mendaro, cuenta María, fue el  chocolate para la taza y  unos cilindros, una especie de puros, que constituían una ración individual para hacer el chocolate en  jícaras. El chocolate extrafino que ha dado lugar a los dulces actuales, elaborado con los mejores cacaos de Ecuador, Venezuela y Costa de Marfil, llegó en 1988, cuando la generación actual parecía poco interesada en la continuidad del negocio.

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La madre de María, sin lazos sanguíneos con Saint- Gerons pero atrapada por el mundo del chocolate y la tradición familiar, comenzó a formar a personal de la zona, amplió la oferta, apostó por la reforma del caserón y desarrolló la distribución del chocolate.

Con alma femenina

De las manos e ideas de la misma mujer surgieron la decoración, el logotipo y los sencillos embalajes que resaltan la calidad de un producto que viaja a las antípodas, reclamado por clientes que lo conocieron en su visita a Euskadi y no han podido olvidar su sabor. Un sabor que reconocen los grandes chefs vascos que como Eneko Atxa o Andoni Luis Aduriz utilizan en sus cocinas.

Más información: www.chocolatesdemendaro.com

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