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Madrid – Barcelona: un recorrido de exposiciones

Barcelona y Madrid, España

Es evidente que ni a Madrid ni a Barcelona le hacen falta exposiciones como excusa para visitarlas, o ni siquiera necesitan de las exposiciones para merecer una escapada. Sin embargo, además de las conexiones autoterrestres que nos permiten desplazarnos de una ciudad a otra, el arte nos permite en este mes de febrero establecer algunos vínculos que pueden enriquecer el recorrido.

Por: Sergio Herrero
Fotos: Redacción ALTUM

Viajar en tren es una invitación a reflexionar con un paisaje de fondo. Aprovechamos el trayecto Madrid-Barcelona para repasar y repensar las exposiciones que ambas ciudades nos ofrecen, a modo de diálogo. Y la primera reflexión precisamente parte de la oportunidad de estar en dos lugares en el menor tiempo posible: el teletransporte sigue siendo hoy día ciencia ficción, pero hace cincuenta años también lo era pensar que en menos de tres horas podríamos hacer este recorrido en tren para ver una exposición en cada ciudad. Pero si había algo que en aquel momento daba que hablar en ese campo, eso era el inminente viaje a la Luna. De ese «pequeño paso para el hombre» se ha llegado a decir que era falso y que la grabación de las imágenes corrió a cargo de Stanley Kubrick. Lo único cierto es que en esa época de la llamada carrera espacial, este cineasta con un mundo propio, tan variado como si su carrera se hubiese desarrollado en varios universos paralelos, lo que sí dirigió fue una película icónica en el género: 2001, una odisea del espacio. Desde el nacimiento de la inteligencia humana hasta el desarrollo actual de la Inteligencia Artificial, la tecnología que se muestra en la película es el leit motiv de la exposición Más allá de 2001: Odiseas de la inteligencia, que en estos días toca a su fin en el Espacio de la Fundación Telefónica en Madrid. Ahí podemos ver desde el guión original junto a los relatos que inspiraron el filme, o una sección sobre la evolución humana que incluye los pioneros dibujos de las neuronas de Ramón y Cajal, hasta obras creadas por la IA en el campo de la pintura (The Next Rembrandt), la música (Daddy’s car, al modo de The Beatles) o la poesía.

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The Next Rembrandt, un cuadro realizado a partir del análisis de toda la obra del pintor, de la que se copia no solo el trazo, sino incluso las imperfecciones.

Paralelamente, en Barcelona, la exposición Stanley Kubrick, que se puede ver en el CCCB hasta finales de marzo, nos habla de esos mundos que el director desarrolló, siempre con un peculiar lenguaje cinematográfico, tocando casi todos los géneros: suspense, guerra, terror, humor, western, peplum o la mencionada ciencia ficción, además de una distopía inclasificable que es La naranja mecánica. Atención especial merecen sus proyectos inacabados: Spielberg se ocupó de Inteligencia Artificial (título que de nuevo enlaza nuestra reflexión sobre ambas muestras), pero aún quedaron en el aire una película sobre Napoleón y otra sobre el holocausto, Aryan papers, basada en la obra de Louis Begley Mentiras en tiempos de guerra.

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Fotograma de The Orange Clockwork, la obra cumbre de Stanley Kubrick.

Mientras el madrileño Museo del Prado está celebrando su 200 aniversario con la exposición 1819-2019 Un lugar de memoria, nuestro mismo recorrido lo han hecho desde esta pinacoteca al CaixaForum de Barcelona siete obras de Velázquez (el máximo que está permitido prestar a la vez). Son una referencia para enmarcar la exhibición Velázquez y el Siglo de Oro, que las vincula con más de 50 obras de sus coetáneos, todo ello para contextualizar el lenguaje vehicular más global de la época: la pintura.

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Detalle de Adoración de los magos, uno de los 7 cuadros de Velázquez que han viajado del Prado a Barcelona.

Además, en la sede que la misma fundación tiene en Sevilla, el Museo del Prado comisaría también la exposición Arte y mito. Los dioses del Prado. Pero estas no son las únicas obras del Prado que viajan este año con motivo de su bicentenario: si en el lustro de la II República varios pintores reconocidos de la época realizaron copias de cuadros del museo para que recorriesen el país y hasta en los lugares que entonces eran más inaccesibles pudieran conocerse gracias a la labor de las Misiones Pedagógicas, hoy son algunas obras originales las que viajan a diferentes ciudades De gira por España, que abarca desde Galicia a Figueras e incluye Ceuta, Melilla y las islas.

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Una de las salas de la exposición de Man Ray en la Fundación Canal

En cuanto al arte contemporáneo, en Madrid contamos con la oportunidad única de ver dos exposiciones sobre dos figuras fundamentales. La Fundación Canal de Isabel II exhibe la retrospectiva Man Ray. Objetos de ensueño, sobre uno de los máximos exponentes del surrealismo, quien lo llevó a la fotografía y al cine (aún incipientes como disciplinas artísticas). En ella podremos ver su obra visual junto a sus piezas objetuales. Por su parte, la empresa que gestiona las exposiciones en el Palacio de Gaviria desde que dejó de ser una estrafalaria discoteca para abrir como espacio expositivo, por fin ofrece una muestra que no parece ir a rebufo de las que ya exhibió en la mencionada Fundación Canal; se trata de Tamara de Lempicka, reina del art decó y una de las artistas más misteriosas (también en su vida privada, acorde con el elitista espacio de exhibición) y modernas de principios del siglo XX, cuyo nombre sonaba junto al de Margarita Manso, Maruja Mallo o la malograda Ángeles Santos —rara avis que aún ha de ser más reivindicada—ninguna de las cuales iba a la zaga de Dalí, Picasso, Gregorio Prieto o los pintores de la Escuela de Vallecas, aunque en esta muestra, por mucho que se pretende contextualizar las obras de la pintora, no haya ninguna referencia a aquellas: más bien se centran en su entorno más frívolo, para seguir alimentando su imagen iconoclasta.

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Detalle de The Young Girls, de Tamara de Lempicka (1930 ca.) © Tamara Art Heritage

El Museu d’Art Contemporani de Barcelona ofrece bajo el marchamo Un siglo breve: Colección MACBA todos sus fondos reorganizados cronológicamente desde los años en que los dos artistas antes mencionados desarrollaron sus etapas más creativas (más en concreto 1929, el año de la Expo internacional de Barcelona) hasta la actualidad, para mostrar década a década la evolución del arte contemporáneo. Son más de 5.000 obras las que integran esta nueva forma de visitar su colección permanente. Pero además, el museo también ofrece, entre otras exposiciones temporales, una retrospectiva de Jaume Plensa, el escultor catalán vivo más internacional.

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Jaume Plensa, Invisibles, 2018. © Jaume Plensa, VEGAP, Madrid, 2018

Asimismo, en la plaza de Colón, pero no la barcinonense, sino en la de Madrid, podemos ver durante este año Julia, una obra de gran formato de Plensa. La conexión es aún mayor si tenemos en cuenta que el MNCARS, en el Palacio de Cristal de El Retiro, ofrece otra pieza del escultor: Invisibles. Aprovechamos la mención al Reina Sofía para destacar también sus exposiciones temporales Poéticas de la Democracia (imágenes y contraimágenes de la Transición) y Mapa Teatro, una muestra de artes vivas en las que el colectivo artístico «crea una ficción que liga la financiación del hospital —en parte con el oro procedente de las Américas— a su papel como albergue temporal de los entonces llamados “dementes” o “faltos de juicio”, que eran confinados en las salas de la planta baja del actual Museo»

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Cartel de la exposición de Bansky en el Espacio 5.1 de IFEMA

De nuevo en Barcelona, muchos consideran esta ciudad un referente en cuanto a murales y graffiti se refiere. Así, muchas de estas obras de arte callejero se recogen en http://www.streetartbcn.com/ testimonio de cómo en las calles de la Ciudad Condal podemos disfrutar de obra de artistas más consagrados junto a las expresiones más radicales y proscritas. No falta quien echa de menos al creador más mediático y valorado de esta manifestación artística: Bansky.

En Madrid tampoco hay ninguna obra suya en los muros que conforman sus calles, pero sí una exposición temporal en torno a su obra: Bansky: Genius or Vandal? Nos plantea esa pregunta, pero el cuestionamiento de su arte está ya superado. Sin embargo, la creación de una muestra —no autorizada— en la Feria de Madrid (uno de esos espacios expositivos que complementan la oferta pública, aunque alejada de lo que algunos bolsillos pueden permitirse) plantea otros interrogantes. Una exhibición de tan gran presupuesto alrededor de un arte que nace de la expresión underground, ¿pone en valor esta forma de expresión, o hace que pierda su sentido clandestino y contestatario? ¿Es Bansky un producto más de la sociedad de consumo, o el arte siempre ha funcionado así?

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Llegamos a la estación, y volviendo a planteamientos más cercanos a aquellos con lo que empezábamos esta reflexión escrita durante el trayecto Madrid-Barcelona, bien podemos decir que no hay tiempo suficiente, ni espacio por el que nos queramos extender más, para ver todas las exposiciones que presentan ambas ciudades. Nos quedan por ejemplo otros dos espacios en Madrid, uno gratuito y otro de pago, que dialogan con la misma exposición sobre Los rostros del genio Leonardo da Vinci, o las siempre interesantes exposiciones del Palacio de la Virreina en la Rambla barcelonesa. Pero lo que nos queda claro es que ambas ciudades, al menos en lo que al arte se refiere, son hermosamente complementarias.