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Museo Calouste Gulbenkian

Lisboa, Portugal

Filántropo, refinado, de nacionalidad británica y residente en París. Así era Calouste Sirkis Gulbenkian cuando desde Francia llegaba en 1942 a Lisboa huyendo de la Europa de la Segunda Guerra Mundial con el propósito de dirigirse a los Estados Unidos, país al que nunca llegó.

Moriría trece años después en la capital lusa dejando en su testamento la orden de crear una fundación que se hiciera cargo de su legado artístico pero sin definir la ciudad que lo acogería. Las acertadas gestiones de su abogado consiguieron que la obra no saliera de Portugal y se construyera en Lisboa un edificio para su exhibición.

El 2 de octubre de 1969 con la totalidad de las obras de Goulbenkian en Portugal, abría las puertas el museo que lleva su nombre. El edificio -uno de los mejores exponentes de los cánones de construcción de los años cincuenta-, obra de los arquitectos Ruy Jervis d’Athouguia, Pedro Cid y Alberto Pessoa, es parte esencial de la belleza de este recinto y su sabia estructura interna consigue alojar cada pieza de la colección de una forma excepcional.

Ubicada en el parque de Santa Gertrudes em Palhava y con más de siete hectáreas, la Fundación Gulbenkian no solamente es la creadora del museo, sino que desarrolla desde su inicio, toda una labor de fomento de las artes, educativa, filantrópica y científica.

Arte del antiguo Egipto, Roma, Grecia y una vasta colección de piezas artísticas y decorativas islámicas conforman la primera parte de la exposición. Valiosas objetos de Siria, Persia o la India y los mogoles también se aprecian en una puesta en escena que resulta más que fascinante.

Como homenaje a la tierra en que Goulbenkian pasara su niñez y adolescencia, un pequeño núcleo de arte armenio destaca en este acervo calificado como uno de los más impresionantes de toda Europa.

El primer ciclo de la visita se cierra con la exuberante presencia de objetos del lejano oriente: porcelanas, lacas, textiles, manuscritos, dibujos y marfiles.

La sección dedicada al arte europeo invita a un gran recorrido por el gótico, el renacimiento o el barroco para llegar hasta las artes decorativas y la pintura de finales de los siglos XVIII y XIX.

Al igual que todas las piezas de la exhibición, las obras de pintura italiana, flamenca, impresionismo francés o paisajismo inglés confirman la relación de afecto que su propietario mantenía con ellas más allá de cualquier norma establecida por los códigos artísticos.

La última sala del museo es un homenaje al modernismo que con las obras de René Lalique realizadas en cristal, oro, plata y piedras semipreciosas es todo un elíxir de naturalezas en movimiento.