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Ruta por el patrimonio alentejano

Texto: Hernando Reyes Isaza

Fotos: Globally

Nuestro querido Portugal es un país rico en matices que a veces nos resulta cercano y familiar, y en otras oportunidades demasiado lejano o quizás desconocido. Esta es una invitación para descubrir el patrimonio del Alentejo.

   Un mapa, un coche, y toda la sensibilidad para adentrarse en el pasado y la historia de esta región lusa del Além Tejo -o sea “Más allá del Tajo”-, es todo lo que el lector necesita para descubrir la belleza e historia de unos pueblos y unos paisajes que están cerca de nuestra frontera geográfica pero que para muchos están muy lejos de su corazón.

Elvas

   Nuestro recorrido comienza en Castelo de Vide, una población que por su arquitectura y jardines ha recibido el apelativo de la “Sintra del Alentejo”. Su judería bien merece una visita a pie por sus calles de trazado medieval para descubrir sus casas, por lo general de granito, que exponen unas marcas de épocas pasadas. En sus puertas góticas aún observamos símbolos esculpidos y pequeñas hendiduras de unos 10cm conocidas como “mezuzot”, señales inequívocas del culto hebraico, donde los judíos colocaban un pequeño pergamino afirmando la profesión de fe, con el nombre de Dios escrito en uno de los lados, y en el otro, el “Shemah”, nombre dado a la primera frase del libro Deuterónimo que significa “escucha”.  La que fuera la sinagoga y luego templo, volvió a convertirse en una casa normal tras la expulsión de los judíos.

     Merece la pena detenerse frente a cualquiera de las fincas del siglo XVIII que motean las colinas del pueblo, y parar en la vecina Marvão. Este pequeño pueblo medieval se encuentra sobre lo alto de la Sierra de São Mamede –muy cerca de la frontera española- y sorprende por lo espectacular de sus vistas. Ubicada en el punto más alto del Alentejo, esta villa amurallada se conserva prácticamente intacta, hecho que la convierte en uno de los enclaves más bonitos de la región. Dentro de las murallas, se revela un bonito conjunto de arquitectura popular alentejana. En las estrechas calles de Marvão, se descubren fácilmente arcos góticos, ventanas manuelinas, balcones de hierro forjado embelleciendo las casas y otros detalles de interés en rincones caracterizados por el granito local.

Marvao

Entre el patrimonio edificado, además del castillo y de las murallas que difícilmente se olvidan, destaca la Iglesia de Santa María, transformada en Museo Municipal, la Iglesia de Santiago, la Capilla renacentista del Espíritu Santo y el Convento de Nuestra Señora de la Estrela, fuera de las murallas.

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Uno de los principales motivos para visitar el pueblo es la bella vista sobre la región. Elegimos como miradores la alta Torre del Homenaje y la Pousada de Santa María, una adaptación de dos casas de la aldea, donde podrá descansar y saborear la gastronomía regional. La Fiesta del Castanheiro, que se realiza en noviembre, es una excelente oportunidad para visitar y conocer las gentes y costumbres locales.

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A una hora en coche llegamos a la población de Elvas que cuenta con el mayor conjunto de fortificaciones-baluarte del mundo y que fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2012. Su oferta monumental, cultural y gastronómica no deja indiferente a nadie siendo el acueducto romano de Amoreira uno de sus principales atractivos.

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Dejando de lado Estremoz, ciudad de vestigios barrocos en donde comienza la ruta del Mármol, y Borba, famosa por sus vinos, llegamos a Vila Viçosa, una de las urbes con más encanto del Alentejo. Los trabajos de mármol de las fachadas de sus iglesias y por supuesto, del fastuoso Palacio Ducal y de los conventos de los Agustinos y de las Llagas, son espectaculares (en los alrededores existen más de cien canteras de mármol). La ruta puede completarse con la visita de Arraiolos, conocida más allá de las fronteras de Portugal por sus maravillosos tapices.

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A escasa media hora se encuentra Évora, otra ciudad de innumerables historias, cuyo centro histórico fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1986. Su patrimonio arquitectónico es tan omnipresente que guía los pasos de aquellos que quieran descubrir la ciudad sin mapas. Se necesitará más de un día para saborear Évora y no perderse detalle. La muralla que rodea la ciudad está perfectamente conservada y en el centro todavía puede respirarse ese aire medieval mientras se camina por sus calles empedradas. Entre sus monumentos más destacados se encuentran el famoso templo de Diana con sus columnas de oro y plata según los rayos de luz; y la capilla de los Huesos compuesta por tibias, calaveras y coxis de más de 5.000 cadáveres, traídos aquí, en el s.XVI, por el franciscano Charles Addams.

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Nuestro recorrido contínua por los municipios de GranjaAmareleja, Moura, Reguengos de Monsaraz y Vidigueira, que además forman parte de la ruta de los Vinos, y continua por la denominada ruta del Fresco, por Viana do Alentejo, Alvito y Cuba; un viaje del siglo XV al XIX a través de los murales pintados en capillas, ermitas e iglesias.

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Antes de llegar al parque natural del valle del Guadiana y dejar que el tiempo vuele en plena naturaleza, merece la pena desviarse hacia Beja y disfrutar del singular cante alentejano, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Sus modas (canciones típicas) cantan a la melancolía, la soledad, el amor o las labores del campo; un broche final completamente seductor.

¡Ponte en marcha!

Más información en: www.visitalentejo.pt/es/