Mendaro: para chuparse los dedos

Hansel y Gretel no hubieran podido evitar entrar en él. Cuando el molino está en marcha, en Mendaro, se sabe. Las calles se impregnan de ese olor a chocolate puro de altísimo contenido de cacao con el que la familia Saint-Gerons lleva trabajando desde 1850. Desde entonces, trabajan con joyas. Lo son el caserón, en el que se instaló la familia entonces; el molino de piedra, en el que solo se ha sustituido el burro por la electricidad y la materia con la que elaboran, uno a uno, sus bombones con una calidad que hacen sombra a los que el marketing ha dado fama mundial.

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