Vancouver seduce a los niños

El Viaje

Un oeste diferente

Llegar a Vancouver por tierra, por aire o por mar es para el visitante una experiencia de belleza inusitada. A orillas del Pacífico y, con las montañas Rocosas de fondo, esta ciudad de British Columbia es la tercera ciudad de Canadá y una de las más habitables del planeta. Británicos, franceses y aborígenes constituyen los tres grupos étnicos de un país que tiene un altísimo índice de inmigrantes. En Vancouver, los asiáticos predominan y es que paradójicamente la China está más cerca de aquí, que las mismas islas británicas.

Rodeada por montañas, parques y agua, Vancouver siempre respira sano. Playas, senderos de arena, “ciclovías” y atractivas e impolutas calles incitan permanentemente a olvidarse del coche en una ciudad que a diferencia de muchas de América del Norte, no está cruzada por ninguna autovía, aspecto fundamental para el peatón. Adicionalmente cuenta con un sistema integrado de transporte público excepcional que combina metro (skytrain), transbordadores (SeaBus) y el tren urbano West Coast Express. El usuario puede utilizar el mismo billete para los diferentes medios de transporte y existen abonos y pases según las necesidades del viajero.

Por su ubicación costera, el clima se presenta suave, sin fríos inviernos ni altas temperaturas estivales, y aunque la lluvia aparece con frecuencia, esto no es impedimento para disfrutar de este enclave idóneo para los niños.

Desde el agua, el perfil de Vancouver podría ser perfectamente el de una capital asiática. Altos y modernos edificios exponen tendencias arquitectónicas de vanguardia y modernidad de cara al Pacífico. Rascacielos con cristales de verdoso aspecto contrastan contra una cadena montañosa de altas cumbres, por lo general siempre nevadas. Esta ciudad portuaria y emergente, cuenta con todas las comodidades americanas, haciendo del viaje con los pequeños de la casa sea un placer. Sus posibilidades culturales, gastronómicas, comerciales, y de naturaleza consiguen cumplir con las expectativas de quienes viajan con niños. Un destino cada vez más demandado por familias de todo el mundo.

Qué Visitar

Aventuras a la carta para el disfrute de toda la familia

Un primer acercamiento a la ciudad desde las alturas del Vancouver Lookout dejará pasmados a los niños que habiendo ascendido en un rápido ascensor disfrutarán de un punto de observación al Pacífico, las islas de British Columbia, y las Rocosas con la ciudad a sus pies. En las cercanías del Harbour Centre, se encuentra el Canada Place donde poder experimentar en 3D de la saga de Crepúsculo, Toy Story 3 o algún documental sobre viajes espaciales, en las instalaciones del IMAX.

Si las motivaciones son más artísticas, los niños encontrarán un mundo de creatividad pensado para ellos en la Vancouver Art Gallery. Aquí, el tercer domingo de cada mes se organizan multitud de actividades: manualidades, shows o talleres de artesanías y pintura.

El vecindario de Gastown fascina a los niños por su famoso “Reloj que echa humo”. Un viejo reloj a vapor, que cada quince minutos emite los cuartos de Westminster, desprendiendo el vapor que sale del Vancouver subterráneo. Al ser en sus inicios Vancouver la principal estación de tren del oeste, en The Roundhouse podrán subirse a la primera locomotora que arribó a la ciudad en 1887, y sentirse verdaderos maquinistas de la época.

A la pequeña isla de Granville, se puede llegar por agua a bordo de los simpáticos aquabus, unos taxis que por extraños fascinarán a los niños. Este mercado público bien merece una calmada visita, no solamente por sus puestos de comida sana, orgánica y natural, -entre los que destacan el jarabe de arce, las nueces de nogal y la miel de la región- que enloquece a los locales; sino por la permanente fiesta de sus callejuelas que al compás de las actuaciones de músicos, malabaristas, payasos, titiriteros o estatuas humanas, cautiva a los niños. El paseo discurre entre tiendas de souvenirs, talleres de artistas y artesanos o tiendas de chuches, golosinas y peluches.

Las 440 hectáreas de Stanley Park, -el pulmón de la ciudad-, exponen fielmente un estilo de vida marcado por el deporte, el culto al medio ambiente, la naturaleza y la vida al aire libre de una capital que viera nacer en 1971 la organización ecológica más importante del mundo: Greenpeace. De visita obligada para los niños son el  Vancouver Aquarium, con su show de delfines y el Children´s Farmyard o granja infantil en donde ponnies, vacas, o gallinas son los compañeros de aventura de los niños. Un divertido y pequeño tren sirve de medio de transporte dentro del parque para comodidad y diversión de los “enanos”.

En los alrededores de la ciudad y, de obligada agenda infantil, se pueden realizar tres excursiones que sin duda extasiarán a los niños. El Puente Colgante de Capilano, el colgante peatonal más largo del mundo con 137 metros data del siglo XIX. Aunque reformado varias veces, sus 70 metros de altura entre coníferas y pinos, quitan el aliento. Otros puentes entre los árboles a modo de juego enriquecen este refugio de aventuras para los niños y los adultos. Los tótems indígenas al igual que en el Stanley Park, están aquí presentes a modo de animales que ejercen de guardianes de ancestrales espíritus de los indios Ojibwa.

La Montaña Grouse con 1250 metros, bien merece un ascenso en teleférico. Destacan las vistas de la ciudad y sus pistas de esquí en invierno. Arriba existe un orfanato para osos heridos o enfermos, en donde los niños vivirán de primera mano los cuidados ofrecidos a estos paquidermos tan abundantes en Canadá.

Por último, no puede faltar una excursión a la isla de Vancouver y su capital Victoria, que haciendo honor a su nombre remonta a todos a la más pura era victoriana. El trayecto en ferry dura una hora y media. En el recorrido no faltan las ballenas, delfines y otros cetáceos que saltan y chapucean junto a la embarcación. Un safari marino de espectacular belleza. Si lo que se quiere es rematar el nivel de sensaciones de los niños, regresar a Vancouver en hidroavión será guinda en el pastel de este periplo que termina acuatizando en el impresionante puerto.

Cómo llegar

Por avión: durante  la temporada  de  verano existen vuelos directos en la ruta Madrid – Vancouver. A lo largo de todo el año siempre se puede acceder vía Toronto, o a través de diferentes puntos europeos.

Por tren: el tren es una alternativa muy recomendable para disfrutar del bello paisaje canadiense y existen varios tipos de billetes dependiendo de los días y las zonas por las que se quiera viajar.

Por carretera: existen innumerables compañías de alquiler de coches en todas las ciudades canadienses. El carnet de conducir español es válido en Canadá y no se requiere del internacional. De la misma forma, son varias las compañías de autobuses que transitan por todo el país. Es importante tener en consideración que las distancias de este país pueden resultar enormes.

Montreal – Quebec 270 km
Montreal – Toronto 539 km
Toronto – Ottawa 399km
Toronto – Vancouver 4.492 km
Vancouver – Calgary 1.057 km

Por agua: Desde la vecina ciudad de Seattle en Estados Unidos existen transbordadores y ferries a lo largo de todo el día. Son muchos los cruceros que llegan a Vancouver desde donde suelen zarpar con rumbo a Alaska. En los últimos años, la ciudad se ha convertido en un importante puerto de embarque y desembarque de cruceros.

La comida

El compromiso medio ambiental que lidera la ciudad de Vancouver se plasma en la alimentación, de la misma manera que lo hace el crisol de culturas que compone la sociedad de esta capital.

Hace ya varios años que en Canadá impera una tendencia alimenticia hacia todo lo natural, lo orgánico, lo fresco y en general todo lo denominado BIO. No es extraño encontrar una gran abundancia de alimentos que obedecen a estas características, en particular frutas y verduras. Las barras de ensaladas son frecuentes en muchos establecimientos y la pasión por los zumos naturales orgánicos es frecuente. Así la coherencia entre filosofía ambiental y tendencias alimenticias es destacable.

Las diferentes culturas aquí asentadas despliegan sus recetas y productos típicos a lo largo de toda la ciudad. No es difícil descubrir como Japón, China, Malasia, México, Francia o Singapur exponen sus tradiciones culinarias a modo de sushi, won ton, tacos, crepes, o noodles.

Probablemente una de las aportaciones más exquisitas del país sea el delicioso salmón de las frías corrientes fluviales. Es posible encontrarlo en todas las formas: al vapor, a la parrilla, ahumado o incluso fiel a la tradicional receta inglesa de fish & chips, sí rebozado y acompañado de patatas fritas; probablemente la delicia de los niños.

Su famoso jarabe de arce se palpa en postres y recetas de bollería, en las que también cereales o granos integrales junto con harinas integrales están siempre presentes.

Las colitas de castor, son una constante nacional de venta ambulante, una masa frita untada con zumo de limón y azúcar; que aunque menos saludables merecen una degustación.

Información Útil

Idioma:

El inglés y el francés son los dos idiomas oficiales de Canadá. Cerca del 60% de la población es de origen británico, y los anglo descendientes son mayoría en las provincias de British Columbia y Ontario. Los francófonos son en su mayoría bilingües y ocupan las provincias de Québec, New Brunswick, Nova Scotia y Manitota.

Cuándo ir:

El verano y el otoño son las mejores épocas para visitar este país. Los festivales de verano y los continuos eventos afloran en las distintas ciudades. Al llegar el otoño, los bosques se vuelven amarillos y ocres rojizos, mostrándonos una de las caras más típicas de Canadá.

Si viaja en invierno, aunque las temperaturas son considerablemente frías, las ciudades están preparadas para ello, y las instalaciones deportivas y pistas de esquí, son unas de las mejores del mundo. Vancouver no presenta temperaturas tan bajas como sus hermanas de la costa este.

Moneda:

La divisa oficial es el dólar canadiense, se cambia a razón de 1.30 dólares canadienses por Euro.

Leyendas:

Sabías que….

Las pasadas Olimpiadas de invierno 2010 tuvieron a Vancouver como sede. Como mascotas del evento se escogieron cinco personajes inspirados en leyendas y mitos de las tribus aborígenes que habitaron esta región. Estarán por mucho tiempo presentes en el recuerdo de la gente, y aún se encuentran en todas las tiendas de recuerdos.

Quatchi: Con barba marrón y orejas azules, es una especie de monstruo de las nieves

Miga: Un oso de mar hembra aficionado al snowboard

Sumi: Un espíritu animal que puede volar gracias a sus alas, y representa los Juegos Paralímpicos

Mukmuk: Es una ardillita de una especie endógena de British Columbia

Pedobear: El oso canadiense inspirador de cuentos aborígenes