Setecientos veinte kilómetros separan a la Colombia continental de ese reducto tropical ubicado al norte del país. Es decir que una hora y cuarenta y cinco minutos de vuelo desde Bogotá son necesarios para arribar a esta isla con forma de caballito de mar donde sobreviven el arrecife, el mangle y el bosque de montaña, tres delicados ecosistemas que han hecho que en 2001 la Unesco reconociera a San Andrés como una de las 391 Reservas del Hombre y la Biosfera en el mundo.
Ese mismo territorio que alberga una exuberante naturaleza acoge, tolerante, a todas las creencias. Bautistas, católicos, adventistas, testigos de Jehová, protestantes y gente de otras religiones conviven allí en una permanente lección de armonía. Y es que cómo pelearse, si aquí lo único que tiene cabida es darle gracias a Dios –al de cada cual– por esta tierra y este mar.
LA MAGIA DEL CARIBE
El Caribe. Ese con el que sueñan en sus fríos inviernos los europeos, los canadienses y los argentinos. De playas de arena blanca y mar azul y cristalino. Con un ambiente informal y divertido. Así es la ciudad capital del archipiélago de San Andrés y Providencia.
Empapada de historia y con un derroche de bellezas naturales, esta isla caribeña de origen coralino, como cualquier mujer bonita, ha sido disputada por muchos a lo largo de los siglos. Ingleses y jamaiquinos la colonizaron y luego españoles, holandeses, franceses y más de un pirata como Francis Drake o Henry Morgan se preciaron de tener bajo su mando, alternadamente, este pedacito de paraíso. Finalmente, en 1793 Inglaterra reconoció con el Tratado de Versalles la soberanía española sobre el archipiélago y desde 1822 las islas pasaron a ser parte de la Gran Colombia y más tarde de Colombia que, mediante la Constitución de 1991, la elevó de intendencia a departamento.
Relegada y alejada del continente durante los primeros ciento cuarenta años de la República, San Andrés y el resto del archipiélago afianzaron su identidad cultural y religiosa y mantuvieron estrechos lazos con las islas vecinas angloparlantes y con Panamá. En los años cincuenta, cuando fue convertida en puerto libre con el fin de darles impulso a las relaciones con el continente, la isla sufrió un crecimiento desmedido de la población y enormes problemas como desempleo, escasez de agua potable y disminución del recurso pesquero. Así que para desestimular la inmigración, se estableció un control de residencia que busca impedir que las personas que llegan del continente se instalen en la isla.
Hoy, consciente de su belleza y de todo su potencial, San Andrés es otra. Arborizados paseos peatonales por donde antes circulaba un desordenado tráfico automotor, una avenida circunvalar, un nuevo hospital, aeropuerto renovado, nueva red de acueducto y alcantarillado, y proyectos para construir un muelle internacional, han mejorado la calidad de vida de sus habitantes y le han apuntado a un turismo más sofisticado
RECONOCIMIENTO DEL TERRENO
La isla es pequeña, y nada mejor para empezar que recorrerla palmo a palmo. Alquilar un cómodo carrito de golf es sin duda la mejor opción si el presupuesto lo permite. Si no, una moto, un taxi, una bicicleta, una chiva turística o un bus de transporte público cumplirán el mismo cometido: llevarlo por los 30 kilómetros de la carretera circunvalar donde podrá visitar los principales sitios turísticos. Así que póngase su vestido de baño y, si es posible, lleve una careta o máscara para aprovechar al máximo este paseo.
Desde el centro, y tomando la costa occidental la primera parada es en la Casa-Museo Isleña donde se recrean las costumbres típicas del siglo pasado cuando los descendientes directos de ingleses, irlandeses, españoles, noruegos y norteamericanos se establecieron en la isla durante y después de la época de la esclavitud. A ellos se sumarían a principios del siglo XX algunos chinos e hindúes.
Luego de sumergirse en la historia, ¿por qué no hacerlo en el famoso mar de los siete colores? Este sector occidental se caracteriza por varios acantilados que forman una cadena de balnearios naturales. En la terraza del Rincón de la Langosta se presenta la primera oportunidad de hacer una refrescante pausa y probar alguna delicia de la comida isleña como un ceviche de camarón o caracol antes de proseguir a la Cueva de Morgan, una de las típicas atracciones de la isla. Tapada por el agua hace miles de años, esta formación coralina tiene 35 metros de profundidad y 120 de largo y se comunica con el mar a través de una serie de túneles donde, dice la leyenda, ocultó sus tesoros Morgan, el mismo a quien se evoca en el Museo del Pirata, en las afueras de la cueva.
Al continuar el recorrido, la próxima parada es en El Cove, la bahía más profunda de la isla, un desembarcadero que recibe desde lanchas hasta barcos y que fue ampliado en respuesta al creciente número de cruceros internacionales que están llegando a San Andrés. A unos pocos metros de allí se encuentra West View, otro sitio para zambullirse donde lo aguarda un trampolín de 4 metros de altura y un tobogán para lanzarse a ese mar infinito que más adelante, en La Piscinita o Pax Hole, se convierte en el sitio ideal para el snorkeling. La tranquilidad se rompe en el Hoyo soplador –otra imperdible atracción isleña– cuando el mar sale con todo su poderío a la superficie luego de recorrer desde los arrecifes coralinos una serie de túneles subterráneos.
Ya en el sector de San Luis, dando la vuelta por el costado oriental, San Andrés se encarga de demostrar la infinita belleza de sus playas en sitios como Sound Bay, Coco Plum y Rocky Cay. En esta última se puede llegar caminando a un barco hundido sin que el agua sobrepase la altura de las rodillas. Obviamente aprovechando la belleza de las playas, en este sector se encuentran ubicados algunos de los hoteles de la isla al igual que en North Point donde se extiende la principal playa de San Andrés, Spratt Bight, de 450 metros de largo y detrás de ella el bulevar peatonal del mismo nombre que concentra un tentador comercio.
Antes de llegar allí no deje de subir a La Loma, el lugar más alto de la isla donde en barrios como Orange Hill, Green Hill y Shingle Hill habitan en casas pintadas con alegres colores los raizales, es decir, las personas nacidas en la isla de padres sanandresanos. En lo más alto de La Loma se levanta Emmanuel, la iglesia bautista más antigua de América, declarada patrimonio cultural colombiano. Desde que abrió sus puertas a mediados de 1800, cada domingo los fieles isleños, vestidos con sus mejores galas, entonan bellísimos himnos religiosos.
Estando en este sector vale la pena desviarse hasta Big Pond, una tranquila laguna rodeada de palmas, mangos y otros frutales donde conviven babillas, mojarras, tortugas, garzas y otras especies que encontraron refugio en la única reserva de agua dulce de la isla. Allí mismo un grupo de rastas, fieles seguidores de Bob Marley, hacen fogatas nocturnas y venden comida típica en un bar donde suena permanentemente el regaee, para recordarnos que a pesar de este paisaje tan diferente, esto también es San Andrés.
Al bajar de La Loma y antes de finalizar este recorrido en North End –el centro de San Andrés–, una visita al Parque Regional Old Point, la principal reserva de manglares ubicada detrás de la sede de Coralina, le dejará claro por qué el archipiélago de San Andrés fue declarado Reserva de la Biosfera Seaflower.
BAJO EL AGUA
Una barrera coralina considerada la tercera más grande del mundo, cayos, bajos, islotes y un inmenso mar que juega a su antojo con los colores desde el verde esmeralda hasta el azul turquesa, son un prometedor abreboca para los amantes del buceo. A eso añádale una agradable temperatura del agua, buena visibilidad y más de cincuenta sitios llenos de fascinantes formaciones submarinas, como cuevas, túneles y paredes, además de algunos barcos hundidos, y concluirá por qué San Andrés goza de tanta fama entre los buceadores.
Si la idea es iniciarse en esta actividad o profundizar en ella, San Andrés ofrece numerosos centros de buceo que dictan todo tipo de cursos y alquilan y venden equipos. Quienes simplemente quieran hacer snorkel, encontrarán una docena de sitios como Nirvana en la costa occidental o La Pirámide, en la oriental, con una numerosa y colorida fauna.
Pero no saber bucear no impide conocer la riqueza que se guarda bajo el agua. En West View, Aquanautas ofrece una caminata submarina de veinticinco minutos con unos cascos que permiten respirar normalmente mientras se aprecia el mundo submarino sin necesidad de saber nadar y sin ningún entrenamiento especial. Por su parte, el submarino Nautilus o el semisumergible Manatí posibilitan observar a través de vidrios y sin mojarse, toda la actividad que se desarrolla bajo la superficie.
Semejante escenario natural es propicio también para la práctica de otros deportes como windsurf, sunfish, kayaks, bicicletas acuáticas, jet ski y kite surfing o para, simplemente, disfrutar de un paseo alrededor de la isla a bordo de un cómodo yate o catamarán.
DE CAYO EN CAYO
Los encantos de San Andrés se extienden como un rosario más allá de de sus 27 kilómetros cuadrados. A sólo cinco minutos en lancha de la isla, tres cayos se encargan de confirmarlo. Rose Cay, más conocido como El Acuario ya que parece una pecera por la cantidad y variedad de animales acuáticos que lo rodean, es el primero. Frente a él, mucho más apacible y solitario, se encuentra Haynes Cay, el cual se puede cruzar caminando 500 metros sobre un banco de arena con el agua hasta las rodillas. Un “sacrificio” que vale la pena si lo que quiere es relajarse frente al mar, con una deliciosa piña colada, oyendo buena música y abriendo el apetito para un delicioso pescado preparado en Bibi’s Place.
El último y más grande de esta trilogía es Johnny Cay, con una superficie de unas cinco hectáreas donde abundan los cocoteros que aportan una generosa sombra que los turistas agradecen. Convertido en parque regional natural, sus estupendas playas se pueden disfrutar sin tener que sufrir el agobio de vendedores ambulantes ni de una música estridente gracias al Plan de Manejo Ambiental puesto en marcha para conservar esta área, mejorar y ampliar la oferta de los servicios, y fomentar allí la investigación científica. Con hermosas playas, sombra y platos de mar, Johnny Cay amerita, sin duda, destinarle un día completo.
Con un poco más de tiempo y de presupuesto vale la pena dirigir la proa hasta Bolívar y Albuquerque, dos cayos majestuosos y deshabitados, a una hora y media de la isla.
FUERA DEL MAR
Ya en tierra firme, otro de los placeres que ofrece San Andrés tiene que ver con el bolsillo. A diferencia del resto de Colombia, aquí no se aplica 16% de IVA sobre las compras. Eso, sumado a que es puerto libre, hace que comprar sea otro de sus atractivos.
San Andrés es un gran centro comercial donde se consiguen dulces y chocolates, perfumes y licores, objetos decorativos y prendas deportivas a precios considerablemente más económicos que en otras ciudades del país. Centros comerciales como New Point con una arquitectura típica isleña, y almacenes especializados como La Riviera, Madeira, La Perfumerie, Scada, Salomón, President y Benetton –algunos de ellos con varias sucursales– ofrecen un gran surtido con las mejores marcas en las avenidas Providencia, Costa Rica, 20 de Julio, Colón, Las Américas, y Duarte Blue.
Después de un día de playas y compras, varios restaurantes están listos para satisfacer a los turistas con los mejores frutos del mar y con ensoñadores ambientes caribeños. El típico rondón, los energéticos ceviches, cangrejos y pescados preparados de múltiples formas devuelven las fuerzas. Luego habrá quienes quieran moverse a ritmo de reggae y vallenato y para ellos existen varias discotecas. Otros podrán optar por un simple barcito frente al mar. O irse a descansar para continuar al día siguiente descubriendo este pedacito de Colombia en el Caribe. Cualquier opción es válida. Lo cierto es que de noche y de día San Andrés ofrece motivos de sobra para llegar y no querer irse.
No deje de:
Probar el rondón. Plato típico que se hace con pescado, cola de cerdo, caracol, plátano, yuca y leche de coco. Los domingos y días festivos en La Loma al borde de la carretera se encontrará más de una olla preparada por mujeres raizales quienes por aproximadamente $10.000 les venden a los turistas un abundante plato.
Comprar noni, un fruto exótico traído por los ingleses hace 200 años. Hoy es producto de exportación y se le atribuyen múltiples usos medicinales. Noniland es una reconocida marca de extracto, pulpa, jabón para el cuerpo y vino.
Descubrir a qué sabe el árbol de pan. Primero creerá que son tajadas de yuca frita y luego se sorprenderá al saber que es el producto de un árbol traído de la Polinesia y que abunda en la isla.
PROVIDENCIA Y SANTA CATALINA
A veinte minutos de avión se encuentran estas dos pequeñas islas que forman parte del archipiélago. Más pequeña que San Andrés y muy apacible, Providencia se puede recorrer fácilmente en una moto o en un camión con planchón de los que circulan por la única carretera de la isla. Aunque, fuera de las del Suroeste y la de Manzanillo, no cuenta con grandes playas, este un destino inagotable para los buzos. En el sector de Agua Dulce hay pequeños y acogedores hoteles, facilidades de transporte y restaurantes con exquisita gastronomía ya que a las delicias originarias de la isla se ha sumado la cocina de manos extranjeras. El Parque Nacional Natural Old Providence, formado por el Cayo Tres Hermanos y Cayo Cangrejo es un bellísimo sitio protegido con celo por las comunidades y las autoridades ambientales del archipiélago.
Por su parte, Santa Catalina es una pequeñísima isla separada de Providencia por un colorido puente de madera llamado el “Puente de los enamorados”. Vale la pena cruzarlo para encontrarse con solitarias playas y misteriosas cavernas. Los puntos más altos de su geografía resguardan una antigua fortificación y la Cabeza de Morgan, una conformación natural que evoca al legendario pirata inglés que transitó por estos mares.
GUIA PRÁCTICA
Dónde dormir:
En la zona de North End se encuentran hoteles de alta categoría como el Sunrise de la cadena GHL o el Decamerón Aquarium, cadena que además tiene en esa misma zona El Isleño y el Mary Land también con el sistema “Todo incluido”. Otros hoteles del sector son Los Delfines, Lord Pierre, una de las dos sedes de Sol Caribe, dos de la cadena On Vacation, Noble House, Arena Blanca, Dorado, Bahía Sardina, Sea Flower y los tradicionales Tiuna y Casablanca.
Sobre las playas de San Luis están los Decamerón San Luis y Mar Azul, así como los hoteles Cocoplum Bay, y otra sede del Sol Caribe Campo. Para quien busque la exclusividad de un hotel boutique, Casa Harb es la mejor opción.
Para una tranquila y autóctona estadía, existen posadas nativas como Carson, perteneciente al pintor del mismo nombre y ubicada en la zona de El Cove, y la Posada Florena en San Luis.
Mayores informes: www.posadasturisticas.com.co
Para grupos grandes una buena alternativa es alquilar una casa con todos los servicios como las que ofrece www.casastropicales.com
Dónde comer:
La Regatta: Con una espectacular vista de la bahía y el puerto, este restaurante, está localizado en el Club Náutico a una cuadra de los hoteles Decamerón Aquarium y Sunrise.
El Rincón de la Langosta: Con más de cuarenta preparaciones de langosta y con una terraza sobre el mar, este restaurante permite durante el día nadar y caretear mientras se disfruta de su excelente cocina, y por la noche, tener una romántica cena.
Kilómetro 7 de la carretera Circunvalar.
Niko: Ubicado muy cerca del Hotel Decameron Aquarium., tiene una agradable terraza sobre el mar. Muy buena la sopa de cangrejo y la parrillada de mariscos.
Avenida Colombia No. 1-92
Donde Francesca: En San Luis, exactamente en la playa Sound Bay, queda este informal y delicioso restaurante que invita a pasar el día. Sabrosos mariscos, langostas y pescados en diferentes preparaciones se pueden disfrutar en informales kioscos. Además de buen ambiente y buena comida, asoleadoras, ducha con agua dulce y buena música.
Margherita e Carbonara: Para descansar de la comida de mar, este acogedor restaurante italiano es una excelente opción. Pizzas al horno, antipastos y pastas. Está en la Zona Rosa de San Andrés, cerca de la avenida Colombia.
Gourmet Shop: Una compañía importadora de productos gourmet decidió ampliar horizontes abriendo uno de los sitios más originales que tiene San Andrés. En sus estanterías hay productos provenientes de todo el mundo y sobre sus mesas de madera se puede degustar desde una langosta hasta una ensalada thai, una tabla de quesos o un sofisticado sándwich, acompañados por una inmensa selección de vinos. Avenida Atlántico, detrás de BanColombia.
Fisherman’s Place: Perteneciente a la Cooperativa de Pescadores es una buena elección a la hora de comer los platos nativos. Queda en la avenida Colombia.
Restaurante West View: Excelente comida típica de la isla en un entorno maravilloso. Carretera Circunvalar, kilómetro 11.
Bread Fruit: Panadería y café. Ideal para tomarse un capuchino acompañado de un croissant o un rico pandebono. Al lado del Hotel Sunrise.