La más sutil y conocida guía del amor sensual data del siglo IV, es un tratado del sabio hindú Vatsyayana, sobre conducta social y sexual. Con texto en sánscrito es la obra que conocemos como Kama Sutra, cuya traducción más acertada, probablemente, sea la de “aforismos eróticos”.
En la tradición sánscrita, la escritura siempre sufrió un gran desdeño y se consideró un método poco fiable para preservar el conocimiento. Los copistas podían caer en inexactitudes a la hora de ejercer su trabajo, ya sea corrigiendo o malinterpretando aquellos pasajes que no resultaban entendibles; por su parte los manuscritos, siempre fueron considerados imperecederos. Por eso fue que prevaleció la tradición oral de maestro a discípulo. Usaban aforismos breves y expresivos, fáciles de recordar, conocidos como sutras. Kama, por su parte es el término sánscrito para referirse al placer sexual y al de los sentidos.
Cuenta una romántica leyenda que los reyes Chandella descienden de la luna, y que fue durante esta dinastía que se construyeron los templos eróticos de Kahurajo, entre los siglos X y XI, en ésta población del estado de Madya Pradesh. Si bien en un principio fueron 85, actualmente perduran 22 en un área de 6 km. Rodeada de jardines bien tenidos y dividida en tres sectores, esta “ciudad de templos” de un reino glorioso, desde 1986, es Patrimonio de la Humanidad.
Con las invasiones extranjeras, los Chandella abandonaron los templos, fue entonces cuando la manigua se apoderó de ellos, hasta que en 1838 fueron redescubiertos por un oficial británico. Son probablemente los templos más particulares y majestuosos de todo el continente asiático; construidos por artesanos anónimos despliegan con naturalidad los relatos del Kama Sutra.
La decoración de estos templos con esculturas eróticas, resalta maravillosamente a las mujeres y al sexo. Para esta cultura el Bhoga -placer físico-, y el Yoga –ejercicio espiritual-, son igualmente válidos para alcanzar el Nirvana. Son frecuentes las figuras de apsaras (ninfas celestiales) desnudas en diferentes poses, hombres, animales y otras deidades que representan diferentes posturas del Kama Sutra.
Para muchos investigadores, estos edificios son el resultado de una fuerte inspiración en el tantrismo, movimiento religioso que surge en el año 500 A.C cargado de ritos, creencias y prácticas de elevado contenido mágico, que enseña a utilizar las pasiones como sendero hacia la realización. No cabe duda que estas construcciones testimonian las creencias de varias religiones respecto al amor, pues en todos los casos la idea que sostiene tal despliegue de erotismo es que el acto de amor lleva al goce, la procreación y además une a Dios.
Sea cual sea el origen o la fuente de inspiración de esta maravilla arquitectónica, para los indios, irse del país sin haber visitado Kahurajo es un “pecado”. Para nosotros fue una experiencia sublime cargada de belleza, que aunque haya generado cierto pudor y sonrisas procaces o burlonas en mis hijas, plasmó ante nuestros ojos la elegancia y tolerancia de unos escultores que transformaron los placeres mundanos de la vida en un arte sin par, a través de sensacionales estatuas que son el reflejo de una sociedad liberada, en la que mente y cuerpo están en armonía con el espíritu.
Nunca antes había presenciado la combinación de arte y ciencia, con espiritualidad y sexualidad; y aún más me sorprendí cuando me di cuenta que aquí se pone de manifiesto una igualdad de sexos que hubo en el país –muy lejana de la realidad actual-, mediante unos templos cargados de “divinas orgías”, dedicados a innumerables dioses y diosas.
Temprano en la mañana entramos en contacto con el pueblo. Experimentamos de primera mano, la realidad de sus gentes y los diarios quehaceres de esta lejana y rural aldea. Pequeñas calles con portones pintados de un infinito azul, vacas, bueyes, artesanos, así como hombres y mujeres que deambulan por este escenario, nos acercaron a otra realidad india que nada tiene que ver con los tópicos de las grandes ciudades, pues aquí palpamos lo humilde mas no la miseria.
Los niños de la escuela formaron una fila cual soldaditos, para recibir unos caramelos que les dimos. Profesores y cuidadores aceptaron nuestra visita con sonrisas y amables gestos. La mirada de los pequeños inundó de bondad y transparencia aquel momento de cercanía con quienes eran los más importantes protagonistas de nuestra experiencia. Y lo sorpresivo: apareció Jagjeet Soni, un inquieto jovencito con un don de gentes impresionante y un desparpajo poco común en críos de su edad, pues no creo que pasara de los 10 años. No sólo se nos acercó dándonos la bienvenida a su pueblo, sino que nos sirvió de guía durante un tiempo, nos acompañó a comprar más caramelos, pues no fueron suficientes los que teníamos; e incluso evitó que el tendero nos cobrará algunas rupias de más. Fue él que decidió a quien se le regalaban los dulces y a quién no; en otras palabras, “dirigió la orquesta” magistralmente. Su claro perfil de líder, su voluntad e interés en ser guía turístico en el futuro, le garantizan un porvenir en los años venideros, y por qué no, en la política. Por supuesto, en nuestro recuerdo y corazón ha conquistado un lugar. Pero nada es gratis en estas tierras, tras nuestra despedida, nos encontró después en una tienda de especias, a la que entró a recordarnos que era fin de año, y no tenía un vestido elegante para la conmemoración de esta fecha; dejándole claro que no teníamos más dinero para darle, pues ya se había llevado una buena propina, no vaciló en contarnos que además tampoco tenía bicicleta…
A nuestro regreso a Madrid, encontré un video en internet, y todavía no descarto que este chiquillo sea el protagonista; se muestra a un pequeño que sabe decir todo lo necesario para vender o enganchar a los turistas en 22 idiomas diferentes. Solamente por el esfuerzo, la propina bajo nuestros ojos occidentales está más que justificada. Sin embargo jamás dejaremos de ser vistos como aquellos intrusos, que dejamos dinero y pagamos por todo. Así es, y no estoy seguro de que podamos cambiar esta visión.