En el bajo Pisuerga y en el corazón de Castilla y León, discurre esta ruta salpicada por los mejores vinos rosados de España. Conocer la importancia del vino en un recorrido que combina historia, gastronomía, cultura, paisajes y deporte, además de las visitas a unas bodegas en su mayoría familiares, permitirá al viajero acercarse a la España más “rosada”.
Texto y fotos: Redacción ALTUM
La España más “rosada”
En nuestro constante discurrir por Europa en los últimos años hemos venido notando una tendencia clara hacia el consumo de vino rosado. Lentamente, pero con fuerza, esa preferencia por los “claretes, -al igual que viene pasando en Francia y en el centro y norte de Europa-, se nota ya en España, y por ello hemos decidido presentar a nuestros lectores esta ruta por la Denominación de Origen “Cigales”, que ostenta los mejores vinos rosados de nuestro país.
Nueve son las localidades que conforman la Ruta del Vino de Cigales (Cabezón de Pisuerga, Cigales, Corcos, Cubillas de Santa Marta, Dueñas, Fuensaldaña, Mucientes, Trigueros del Valle y Valoria la Buena), y dos las provincias castillo leonesas en las que se encuentran: Valladolid y Palencia. Son más de 1.200 bodegas subterráneas las que existen en los 20 barrios de estas localidades, y pasear por cualquiera de ellos es una experiencia única.
En los lagares asentados sobre este pedazo de tierras de viejos viñedos y con característicos suelos de cantos rosados, predominan las variedades Tempranillo, Garnacha, Albillo y Verdejo para la producción de caldos rosados. También se elaboran vinos blancos, espumosos y dulces, y como es lógico, algunos tintos con otro tipo de cepas como son Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah o Sauvignon Blanc.

En un momento en que el sector turístico presenta una positiva evolución y que, concretamente, la Comunidad Autónoma de Castilla y León ocupa una de las primeras posiciones a nivel nacional en lo referente a viajeros recibidos que demandan turismo rural, en este recorrido de alta calidad enoturística hemos podido confirmar, que el ocio vinculado al patrimonio es un maridaje perfecto.
La Catedral del Vino
En el centro del pueblo que da origen al nombre de esta ruta se encuentra la iglesia Santiago de Cigales, más conocida como la “Catedral del Vino”, un seductor mote que los visitantes guardan en su recuerdo para siempre. Su construcción fue iniciada en 1535 por uno de los hombres que introdujo el estilo renacentista en España: Rodrigo Gil de Hontañón.

Fue levantada sobre las ruinas de una antigua iglesia y las obras se paralizaron en 1637 después de que la corte se marchara de Valladolid ocasionando un gran daño económico al municipio que perdió más del 50% de la producción de su famoso caldo.

El dominico Fray Antonio Alcalde, nacido en Cigales, ejercía de Obispo en las regiones mexicanas de Guadalajara y Yucatán, desde donde envió el oro suficiente para retomar las obras de la Catedral de su pueblo, las que finalmente en 1772 verían su culminación. Su monumentalidad es tal, que sus dos torres son visibles a varios kilómetros de distancia.

En la visita a Cigales no puede faltar una cita gastronómica en el Clandestino Gastro Bar, todo un concepto nuevo en esta zona que apuesta por los productos de la tierra y de excelsa calidad con un toque de absoluta vanguardia. Por otra parte, también es un buen lugar para tomar copas y así lo deja claro su eslogan: “¿Te comes el día y te bebes la noche?” Aquí recomendamos maridar los platos con un vino Cigales maravilloso: Hiriart Rosado.
Valladolid desde lo alto
Serpenteando un camino con vistas a la vega del río Pisuerga se llega hasta el mirador “Cabezón del Pisuerga”; una caminata que dura cerca de media hora y permite ver la provincia de Valladolid desde lo alto. Es recomendable llevar prismáticos pues diversos tipos de aves, e incluso corzos se vislumbran desde este balcón natural.

Son muchos los amantes del deporte que también realizan rutas en bicicleta de montaña hasta llegar a esta azotea y poder observar el imponente paisaje de unas tierras que vieron importantes secuencias de la vida de insignes personalidades como los Reyes Católicos, Felipe II, el mismo Napoleón Bonaparte e importantes nobles castellanos; al margen de las órdenes clericales cistercienses o trapienses que tan importante papel desempeñaron en la historia de Castilla.

En el terreno gastronómico el restaurante el Bodegón El Ciervo es una cita inamovible en esta ruta. Esta bodega subterránea típica de Castilla vio nacer al restaurante en el año 1976 en los espacios donde antiguamente se producía el vino. Su acreditado cocinero y sommelier, David López, es hijo del propietario y fundador del restaurante.

En temporada de caza, su plato estrella es el ciervo, presentado en diferentes maneras: carpaccio, guisado o su solomillo adobado y frito. En la temporada estival los protagonistas son los caracoles y los cangrejos; y en el otoño reinan las setas con el boletus como estrella. Sin embargo, su lechazo asado en horno de leña o la carne roja a la piedra son dos platos muy demandados dada la excelente calidad de sus productos. Sería un pecado no comer con un vino D.O. Cigales.
Monasterio de San Isidro de Dueñas
Al sur de la capital palentina se encuentra esta obra del llamado “arte de Cluny” en el que actualmente habita una reducida comunidad de monjes cistercienses franceses de la Estrecha Observancia. Hombres devotos que entran para vivir y morir allí, y que no salen jamás de estos muros; su abad es elegido por ellos mismos cada seis años en una especie de pequeño cónclave que elige a la autoridad suprema del monasterio.

En su hospedería, más próxima a lo que es un alojamiento espiritual que un hotel, acude mucha gente para realizar ejercicios para el alma y la fé en medio de un silencio absoluto. Un tipo de turismo, que cada vez cuenta con más adeptos. El visitante sólo puede acceder a la parte trasera de la iglesia desde donde puede observar el interior del templo tras unas rejas o venir a oír misa y los cánticos de los hermanos.

En las cercanías del monasterio se localiza la sede del prestigioso chocolate “La Trapa” cuyos orígenes se remontan a 1891 cuando en el monasterio se instalaron unos monjes que inauguraron la primera fábrica de chocolate. Son muy famosos sus bombones, pero tomar aquí una taza de chocolate caliente reconforta el espíritu. En 1960 los monjes vendieron la fábrica y todas las antiguas fórmulas de elaboración.
Dueñas: va de cuevas
En esta población que mantiene un casco histórico relativamente bien tenido y que ha de recorrerse a pie, se encuentran también 3 barrios de bodegas subterráneas.

Pasear estos barrios de Dueñas desde la superficie exterior nos acerca a todo un mundo arquitectónico donde imperan chimeneas y respiraderos; bóvedas, lagares o descargaderos.

También es posible visitar alguna casa-cueva en perfecto estado de conservación. Muchas de las bodegas mantienen sus elementos tradicionales mientras que otras han adaptado su uso como merenderos o sede de las peñas para las fiestas.
Aquí se vive una experiencia diferente que discurre entre una especie de viaje histórico sobre la relación del hombre local con el cultivo de la vid y la producción del vino, y sus vivencias en un mundo absolutamente subterráneo.
El Canal de Castilla
Los vínculos del Canal de Castilla y el mundo del vino se remontan al siglo XVIII y en la actualidad son varios los viñedos de diversas bodegas que están regados por su agua, de hecho, la D.O. Cigales se ha convertido en “el vino del Canal”.
El Canal, fue una obra pensada por los ilustrados que modernizaron España. Es el resultado de un sueño que cuenta a los castellanos que hay un mundo que les espera más allá, el deseo de unir a Castilla con el mar y darle comunicación fluvial para el transporte de cereales desde Castilla hasta los puertos del Cantábrico. Su construcción tardó casi 100 años y sus esclusas ovaladas del S.XVIII siguen un modelo diseñado por Leonardo Da Vinci, y los márgenes paralelos son actualmente un escenario muy demandado por senderistas, y ciclistas; muchos otros, optan por realizar paseos a caballo.

Las alteraciones paisajísticas o urbanísticas de su recorrido son mínimas por lo que la sensación de que el tiempo no ha pasado genera sentimientos indescriptibles en quienes pasean por sus orillas.
Museo del Cántaro
En el municipio de Valoria la Buena encontramos un curioso museo que nos cuenta cómo las piezas aquí expuestas sirvieron en su momento para una de las actividades vitales como era la de recoger, almacenar y transportar el bien más preciado por el hombre: el agua.

No solamente las formas y colores de los cántaros enseñan de dónde vienen estos utensilios recogidos a lo largo y ancho de la geografía española por sus propietarios, sino que, al menos a nosotros, nos han enseñado los diversos nombres que tienen según su procedencia. Así supimos que en Galicia al cántaro se le llama “sella”; “pedarra” en el País Vasco, “gerre” en las Islas Baleares, “canti” en Cataluña o “bernegal” en Canarias.

En esta población recomendamos comer en el restaurante el “Sueño del General” ubicado dentro de la Posada Real Concejo Hospedería, uno de los mejores hoteles de esta ruta. En su carta se aprecia el interés de incluir productos de Castilla y León, como la lenteja pardina, el lechazo churro, el trigo o el pichón bravío sin olvidar los quesos y los vinos artesanos. Esta es, sin duda, una cita con la exquisitez en la que no fallan ni sabores ni texturas gracias a la mano de Jorge Gómez, su jefe de cocina.
Monasterio Santamaría de Palazuelos
Esta notable construcción del s. XII llegó a ser, tras el paso de los siglos, la cabeza del Cister de la corona de Castilla, y en él los abades de todos los monasterios cistercienses de España se reunían cada tres años. Los Reyes Alfonso XI, Carlos I, Felipe II y Felipe IV visitaron este edificio, que desde la edad media se encuentra vinculado al vino, y desde el año 2012 está siendo sometido a proceso de restauración. Nos queda en el recuerdo que también aquí se firmó en 1314 la “Concordia de Palazuelos” que acordaba que la tutora del joven rey Alfonso XI fuera su abuela, la reina María de Molina.

Su bóveda contiene las pinturas del italiano Antonio Stella afincado en Valladolid, representan las catorce estaciones de la Pasión de Cristo, y son de estilo manierista realizadas con la técnica grisalla en un solo tono produciendo la sensación de ser en relieve.

El monasterio cuenta con un programa cultural anual, y se pueden concertar visitas guiadas.
La cata, cita inamovible
En este recorrido no puede faltar una cata. Es necesario que sometamos el vino a nuestros sentidos, en particular al gusto y al olfato, pero también tenemos que deleitarnos visualmente porque cualquiera coincide en que el color de los Cigales es provacador, hermoso, seductor, y si se quiere, irreverente.

“El rosado es otra cosa”, dijo alguien alguna vez en Provenza refiriéndose a los vinos rosé de la región, y lo cierto es que comparto la apreciación. Al igual que yo, muchos de los viajeros deben saber poco o nada de vinos, y precisamente por ello, una cata es el punto de partida a un mundo que termina por seducir, contribuyendo al aprendizaje y a la iniciación en un tema para nada trivial.

Prácticamente todas las bodegas de la región ofrecen catas y visitas, siempre con cita previa. Nosotros recomendamos especialmente la cata en dos de las bodegas: Bodega de Frutos Villar (Calderona Rosado DO Cigales o Calderona Tinto Crianza DO Cigales en bodega prensa romana).

Nuestra otra propuesta es Bodega de Sinforiano Vaquero ( Sinfo: abierto de color, sin guiños violáceos, suave y ligero, con una nariz compleja, notas frutales y rasgos florales menos intensos. En boca es algo cálido, pero afrutado y fresco). No hay que olvidar que Sinfo, Sinforiano Vaquero, lleva medio siglo haciendo vino.

De “locura” y de murales…
Juana, la esposa de Felipe El Hermoso fue encerrada por su marido en el castillo de Mucientes con el propósito de inhabilitarla para reinar. Sin embargo, como los nobles castellanos no estaban dispuestos a tener por rey a Felipe, un extranjero, convencieron a las Cortes de que Juana no estaba tan loca y fue así como de aquí salió Juana I de Castilla, una mujer que entró como loca y salió como reina.

Al margen de esta anécdota, Mucientes alberga una docena de murales que el reconocido muralista leonés Manolo Sierra, realizara a lo largo de 2015; todo un homenaje a las tradiciones e historia del lugar en los que el vino y los pájaros son siempre protagonistas.

Entrando en el terreno vinícola, esta población de menos de mil habitantes, alberga la suma de 300 bodegas. Además, la Bodega y Aula de interpretación de Mucientes permite al visitante conocer todos los procesos utilizados antaño en la elaboración del vino. En su visita -a concertar con la Oficina de Turismo- se observan aspectos de la arquitectura popular, así como mitos, herramientas que en su momento permitieron el desarrollo de la producción enológica en todas sus fases, y maquetas y vídeos que ayudan a entender el arte de producir vino. La bodega data del s. XVI y está ubicada en el Cuarto de San Pedro, un espacio ante todo didáctico de obligada visita.

Nadie debe abandonar Mucientes sin pasar por “Bodega la Cueva”, otro de nuestros restaurantes favoritos de esta ruta que, además de encontrarse a 14 metros de profundidad, es todo un templo gastronómico y enológico. Es una especie de museo del vino que en su decoración ha conservado 3 vigas prensadoras y 2 pozos de agua natural utilizadas desde la época de la construcción de la bodega en 1856. Abrió sus puertas en el año 1989 y cuenta con 9 comedores distribuidos en sus 1.300 m2 de superficie. Ofrece una carta donde los asados tienen un papel preponderante, así como el chuletón de buey. La visita a la bodega no puede faltar.
Dormir en un palacio
Para la inmensa mayoría dormir en un palacio es como un sueño. La Posada Real Concejo Hospedería es un hotel con encanto que cuenta tan solo con 14 habitaciones. Se ha conservado el alma de un palacio histórico tratando de atrapar la magia que transmite el edificio. Todo en su interior es acogedor, de buen gusto, y lleno de sensaciones positivas, que consiguen que uno se encuentre inmensamente cómodo. El personal es profesional al máximo y el servicio no admite críticas.

Enrique Concejo, su propietario, nos cuenta cómo su padre Antonio, decidió recuperar a finales de los años ochenta la actividad vitivinícola para la familia plantando las primeras hectáreas de los que hoy son unos viñedos de donde sale un producto sinigual aclamado aquí y fuera de nuestras fronteras. Tras la construcción de su propia bodega vino luego la Hospedería, todo un proyecto de enoturismo que culmina en una historia de amor entre la familia y su casa, lugar al que todos querremos volver a dormir, a comer, y a saborear sus caldos.
Más información: www.rutadelvinocigales.com