A Macchu Pichu con Orient Express

Al emerger de las aguas del Titicaca, los hermanos Manco Capac y Mama Ocllo fueron arrastrados por los aires portando en su mano una vara entregada por el dios Sol. Cuenta la leyenda que en el punto exacto en que la pértiga penetrara la tierra, se fundaría la Ciudad Sagrada de Cusco.  Así es cómo, a los pies del Huacanacari y en forma de puma -el animal sagrado de los incas-,  se yergue la capital de un imperio que se extendió desde el sur de Colombia hasta la actual Santiago de Chile, y que con un dominio equiparable al del Imperio Romano, contó con 20 millones de súbditos. Su esplendor no duró mucho, pues una guerra civil entre hermanos facilitó la conquista por parte de Pizarro.

Entre dos culturas

Ninguna ciudad del continente tiene tantas capillas, iglesias, monasterios y conventos. Entre empedradas calles que mutan de nombre continuamente del quechua al castellano, se levanta un conjunto histórico artístico construido sobre los templos y palacios de una de las civilizaciones más fascinantes y misteriosas de la historia, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1983 por la Unesco. A pesar de haber sido objeto de una devastadora codicia que saqueó sus entrañas, la ciudad es hoy en día un museo al aire libre que atrae anualmente a millones de turistas. Alineadas calles, resultado de un pulido trabajo en piedra inca, enseñan vestigios de un pasado precolombino que a modo de arcos y portales adornan el entorno entre paredes de adobe y rojizos techos de teja.

 En la Plaza de Nazareno del centro histórico se encuentra el que fuera el antiguo seminario de San Antonio Abad. Una joya del renacimiento colonial -hoy Monumento Histórico Nacional de Perú-, que siguió formando a sacerdotes católicos hasta 1965 y en el que actualmente opera el Hotel Monasterio de la cadena Orient Express, considerado por los lectores de Conde Nast Traveler como el mejor hotel de Suramérica en 2008-09.

Cerca del cielo

Cusco amanece entre las típicas nieblas de sus 3400 m de altitud. El patio central del hotel es receptor de una intensa luz que se cuela entre arcos para alumbrar los enclaustrados pasillos. El mal de altura se manifiesta en muchos, pero los huéspedes del monasterio apenas lo sienten pues han dormido en unas habitaciones que cuentan con concentradores de oxígeno que rebajan la presión atmosférica a 2400m. La noche anterior han disfrutado de una cena inca en el restaurante del hotel con bailes folclóricos y música tradicional, en medio de un halo de sofisticación que sólo consigue una cadena como Orient Express. En una fina y agradable galería, les espera un desayuno servido bajo sutiles notas de música monástica, sosegado detalle que serena a los comensales y les llena de fuerzas para emprender una jornada al pasado.

Probablemente comiencen por el punto neurálgico que es la Catedral, de estilo barroco, y en la que se venera al Señor de los Temblores dada la continua actividad sísmica del país. Entrarán luego a la iglesia más antigua,  El Triunfo, también en la plaza y en cuyo interior cuelga un curioso cuadro de La Última Cena en el que Jesús está bebiendo un vaso de chicha. En su recorrido incluirán la Iglesia de la Compañía de Jesús, con varios centenares de pinturas cusqueñas y en la que no pueden pasarse por alto sus murales y altares; o el Convento de Santo Domingo, levantado sobre los muros del que fuera el templo más antiguo y sagrado dedicado al Sol,  y donde había un observatorio inca para determinar la posición del astro rey.

A la hora del almuerzo podrán optar por una purísima y deliciosa comida peruana en cualquiera de los restaurantes de la ciudad, eso sí, precedida a modo de aperitivo por la bebida emblema: el pisco sour. Probablemente la tarde discurra entre compras y museos. Y es que en una ciudad en la que la riqueza colonial es invaluable y en donde conviven armoniosamente  pasado inca y español, son de obligada visita el Museo de Arte Precolombino con la más importante colección de escultura, cerámica y pintura prehispánica y la Casa Museo Hilario Mendivil, máximo exponente de las imágenes religiosas cusqueñas con arcángeles y arcabuceros como estrellas del recinto.

Regresar al hotel para ser sorprendido con un relajante masaje o un baño caliente aromatizado con flores tropicales, son por descontado, experiencias que pocos rehúsan. Una seleccionada utilería de plata, cristal y fina porcelana dejarán de manifiesto que “a estas alturas” es difícil encontrar un servicio mejor para la más inolvidable de las cenas.

Exclusivo ascenso a una de las Nuevas Maravillas del mundo

Para 1911, el viaje más lujoso en tren jamás conocido en Europa era el Orient Express. Sus recorridos y esmerado servicio marcaron un estilo de distinción y elegancia que aún perdura entre las personalidades más exclusivas. Ese mismo año, y gracias a las historias que le relatara un campesino local acerca de una ciudad perdida entre los bosques, el explorador americano Hiram Bingham descubría Machu Picchu.

Ascender a estas maravillosas ruinas a bordo del tren de Orient Express bautizado con el nombre del descubridor, es sueño de muchos y privilegio de pocos. En la mañana, los viajeros son transportados en un cómodo autobús hasta la estación de Poroy, a 20 minutos del centro de Cusco. Un mozo de impecable uniforme da la bienvenida a los viajeros ofreciendo un Buck-Fizz o mimosa antes de abordar. De la mano del chef, egresado de Le Cordon Bleu -como no podía ser menos-, la nouvelle cuisine protagonizará un menú de exquisitas especialidades peruanas acompañado de excelentes vinos.

El último carro es un vagón mirador en el que se dice, los más extravagantes personajes del mundo financiero internacional han realizado millonarias transacciones que han tenido un feliz cierre al sonar de las copas de champagne en un bar ambientado por una banda local, y en el que las nobles maderas y finos accesorios decorativos saltan a la vista de sobria manera.

El recorrido por el  fértil Valle Sagrado de los Incas discurre pausadamente entre varias tonalidades de verdes. Al llegar a Aguas Calientes, y tras 112 kilómetros de recorrido de bosque y montaña de exuberante riqueza, aparece la Nueva Maravilla, ese santuario al que algunos llaman el Gran Dragón, y que más allá de la altura y de las escalinatas que van a otros mundos, solo con verlo quita a todos el aliento. El éxtasis es absoluto…  El tiempo es ahora para el disfrute de la ciudadela inca, y la visita a las ruinas empieza pues, sobrecargada de emociones.

Antes de emprender el regreso, el Sanctuary Lodge  -el único hotel adyacente a la Ciudadela Inca y propiedad de esta prestigiosa cadena-, ofrece una merienda en la que generalmente el salmón es el invitado de honor. Algunos pasajeros optan por pernoctar en este hotel, que han reservado con más de un año de antelación, para disfrutar bien de una noche de luna llena, bien de un amanecer al pie de esas rocas consideradas “cuna del relámpago y del hombre”. Se puede optar por realizar caminatas y senderismo por la zona, siendo recomendable notificarlo al INC (Instituto Nacional de Cultura) a la entrada a las ruinas, ya que la posibilidad de perderse es alta.  El compromiso con el medio ambiente es una de las políticas más arraigadas en esta casa. Este eco-lodge ha realizado verdaderos esfuerzos para convivir en armonía con el entorno: el reciclaje de basura es un deber, la reforestación de los alrededores del hotel y sus jardines se ha realizado únicamente con flora endémica, el uso de productos biodegradables es obligatorio y los envases plásticos están vetados. El hotel solamente vende bebidas en botellas de vidrio y latas; en sus labores administrativas este establecimiento utiliza únicamente papel reciclado y su cocina ha pasado del sistema diesel al eléctrico.  

Por su parte, los pasajeros que regresan a Cusco,  tienen la suerte de deleitar una impresionante cena a bordo del Hiram Bingham que cierra con broche de oro, probablemente la más exquisita de las experiencias posibles en tierras del Nuevo Mundo. Es importante tener dos aspectos en cuenta: en primer lugar este tren no opera los días domingos; y quienes han decidido dormir en el Santuary Lodge deberán bajar a Cusco en los trenes normales de Perurail, por su propia cuenta, pues el derecho al regreso se pierde en el momento que se decide pernoctar arriba.

Más allá del lujo convencional

Orient Express es sin duda un símbolo de calidad, una marca que traspasa los convencionalismos clásicos de un viaje de lujo. De ella podría decirse que es única y especial. Sofisticada y fina como lo son sus productos que consiguen un elevado nivel de satisfacción en unos clientes que con frecuencia llegan incluso a  percibir cualidades prácticamente intangibles de los más diversos y espectaculares lugares del mundo en los que opera. El convertir sencillos y comunes momentos en experiencias inmensamente significativas, es algo habitual en esta casa del lujo que ya desde sus inicios marcaba una impronta inolvidable a lo largo de las estaciones de ferrocarril en la que sus vagones se detenían.

La reducción de los precios de las tarifas aéreas, resultado del incremento de la aviación comercial, lleva a esta cadena a su expansión a otros sectores del turismo. Es en Italia en 1976 cuando adquiere su primer hotel: el famoso Cipriani de Venecia. Hoy en día su marca es emblema de muchos establecimientos que poseen o administran. Sus míticos trenes se han expandido por Asia y sus cruceros ganan cada vez más adeptos al igual que sus restaurantes y hoteles. El vecino Perú, es el país de Suramérica que cuenta con más presencia de esta cadena con 4 hoteles y un tren.