Incluso quienes no hacemos submarinismo podemos disfrutar del mejor paisaje subacuático de todo el Caribe en Bonaire, uno de los paraísos mundiales del buceo.
Fotografías cedidas a Altum por Woodwind Sailing Cruises
Llegar a uno de los puntos más deseados del mundo para las inmersiones submarinas, sin saber bucear podía haber sido un problema, o al menos una gran decepción. Sin embargo, en mi interacción con la gente local y con varios holandeses que viven en la isla pude comprobar que para disfrutar del subfondo isleño no hace falta saber bucear.
Gracias a las gestiones de un turoperador asentado en la isla pude disfrutar de una de las mayores experiencias que me ha regalado la vida: hacer snorkel en la cercana Klein Bonaire –una isla inhabitada cuyo fondo coralino y su entorno están protegidos- a donde accedí en el imponente catamarán de la compañía Woodwind Sailing Cruises, sin duda alguna, la mejor de Bonaire para este tipo de actividades.

Por lo general la aventura comienza a las 9.00 a.m. en el Divi Flamigo Resort desde donde zarpa el catamarán de Woodwind. Su tripulación, con gente entrenada en rescates y altamente cualificada en técnicas de navegación detectan rápidamente el nivel de habilidad y destreza de cada pasajero (son grupos pequeños) para desenvolverse en el agua. Dependiendo de ello, los instructores se reparten a los asistentes. Conocen además el entorno como nadie, y sus conocimientos de biología marina y su absoluta entrega a la conservación del medio ambiente, les llevan a tener unas reglas muy claras tanto de seguridad como de respeto por uno de los eco sistemas subacuáticos más importantes del mundo.
Tuve la fortuna de formar parte del grupo de Dee, una de las propietarias de la compañía entregada por completo al cuidado y mantenimiento de la vasta vida submarina presente en este lugar y especialmente a la protección de las diferentes especies de tortugas de la zona. Armado con el equipo que ellos suministran y habiendo entendido las normas básicas de comunicación me vi de repente con una máscara graduada para mis dioptrías (sí, los miopes también tenemos derecho a ver y para mi sorpresa la graduación era la perfecta… esta gente lo tiene todo! Es que los holandeses…) y unas aletas verde fosforito (perfectas para atraer a las barracudas, pensaba mi subconsciente más temeroso).

Splash! Vaya sorpresa!!!!!! He perdido años de mi vida sin saber lo que esto es, durante décadas me he privado de un mundo de colores infinitos y han sido miles de días en los que mis ojos solamente conocieron por el cine y la televisión este mundo fascinante y maravilloso que ahora tengo delante de mi.
No doy crédito.

Todos los colores posibles se pavonean bajo la transparencia turquesa del Caribe. Admiro plantas y peces que ni conocía. Me sorprende el gran tamaño de muchos y la parsimonia de otros… Estoy en un estado cercano al schock!
Se manifiestan en corales (cuervo de alce, asta de ciervo, tipo “cerebro” o estrellados…) anémonas, plantas de mil formas y una variedad de peces que más que indescriptible es simplemente abundante. Esto es de verdad…

Me rodean peces de todos los tamaños y tonalidades: plateados, amarillos, naranjas, rosas y malvas o morados pálidos… Siento que soy el más privilegiado de toda la humanidad.
No tengo palabras…

A la primera señal de Dee para salir a la superficie, todos hacemos caso y con las caras afuera asistimos a una breve explicación de lo que estamos observando. Eso sí, nuestra instructora es enfática al afirmar que quien toque algo, será inmediatamente enviado al barco prohibiéndosele volver al agua por el resto de la jornada.
Sigo las instrucciones de Dee al pie de la letra mientras no paro de admirar un escenario casi inverosímil. Plop!
Finalizada la primera inmersión disfruto de una Heineken (en territorio holandés es la propia) y hablamos emocionados todos los asistentes y compartimos impresiones con nuestros compañeros que tenían por instructora a una becaria americana estudiante de biología muy interesada en las propiedades bioquímicas de todos los componentes submarinos para la fabricación de medicamentos.
De la segunda inmersión en otro punto de Klein Bonaire recuerdo unas anguilas grandes y particularmente una de ellas a la que en mi silencio acuático bauticé como “la flamenca”: era beige con lunares blancos. Avanzo aleteando mientras el fondo está plagado de “christmas trees” y me vuelvo a emocionar a la vez que pienso cómo voy a hacer para conseguir fotografías de lo que tengo ante mi. No llevo cámara para el agua . Arriba, Dee me tranquiliza y se ofrece a pasarme las fotos que requiera.

Llega la tercera inmersión, y probablemente la más emocionante. Aparecen las tortugas. Nadar durante varios metros siguiendo los movimientos de estos reptiles hace que me tiemble el corazón. La emoción que me invade es única y diferente. Vemos “Green Turtles” con su característica cabeza redonda. También se nos presentó otra especie de la que lamentablemente no recuerdo su nombre (tomar apuntes debajo del agua era algo complicado). En cualquier caso la lección me queda clara. Todas las tortugas que nadan en las aguas de Bonaire son especies en peligro de extinción a pesar de que este entorno les ofrece las mejores condiciones para su larga vida.


Desde el año 1991 la organización no gubernamental STCB (Sea Turtle Conservation Bonaire) viene protegiendo las tortugas para elevar los índices de población de estos reptiles. Su forma de financiación no es otra que las donaciones de empresas privadas y particulares como tu o como yo.

Cuando empieza a adentrarse la tarde regresamos a Kralendijk. A bordo nos sirven un almuerzo espectacular y las bebidas (incluidas las alcohólicas) nunca faltaron.
Una experiencia que jamás olvidaré por única, pero sobretodo por profesional. La gente que ama su trabajo hace las cosas bien hechas y eso queda de manifiesto en Woodwind Sailing Cruises (y no, este post no está patrocinado por nadie).
Me despido cariñosamente de una señora asistente a esta experiencia y que no quiero dejar de mencionar. Aunque no tengo su nombre, es una mujer entrada en los sesenta que no sabía nadar. Viajó hasta Bonaire porque no quería dejar de conocer el fondo submarino más impresionante del Caribe y estuvo haciendo snorkeling varios días con un traje de neopreno con flotadores adheridos a él. No hace falta saber bucear con oxígeno para conocer este “otro mundo”, ni saber nadar, pero sobretodo amigos, la edad no importa. Como dirían por estas tierras “That´s amazing”.
Gracias, Dee….

No dejo mi nombre. Eres un Cabrón! Se te quiere Hernando y gracias por estas maravillas.
A ver si lo pillas… JLO Caes?
Juantxo!!! Te he pillao (con el carrito del helado). Gracias a ti por el insulto me viene de cine… ja,ja,ja Oye que vienen más cosas de Bonaire, tu pendiente de todo lo que publique.
Un abraZo.
Que show de reportagem e imagens! Parabéns querido Hernando! Vc é mestre de Turismo!!
Mi gran amigo Gui! Qué gusto ver que me lees, espero poder darte un gran abrazo pronto en Copacabana!!!!
Muy interesado en propiedades curativas del fondo Marino en Bonaire. Me reportaron unos amigos, las propiedades fabulosas que producen en las personas. Es una mezcla de Bioquimica y Estetica. Igualmente me aleccionaron de las sobresalientes caracteristicas de la Instructora Dee, para la practica del Buceo.
Permítame Licenciado que lo acompañe a profundizar en estos temas subacuáticos para que juntos encontremos ese elixir del que muchos hablan…
que espectaculo quisiera tener esa experiencia
Marta Lucía, sueña con ello… Los sueños se hacen realidad te lo aseguro.
Un abrazo.