En el norte de la isla se encuentra el Parque Nacional Christoffel, donde venados de cola blanca, miles de iguanas, aves tropicales y migratorias, playas paradisíacas, cuevas milenarias y muchos tipos de cactus, adornan los paseos.
Aunque la señalización en las carreteras isleñas es tan precaria como la información de los mapas existentes, las condiciones de las vías son bastante aceptables. Escojo subir en coche de alquiler hasta la punta más noroccidental de la isla por una carretera del interior hasta llegar a Christoffel, la reserva natural más grande de Curazao, que con 2300 hectáreas fue declarada Parque Nacional en el año 1978. Desde entonces, la reforestación de plantas autóctonas como las orquídeas y la protección de la fauna local ha sido uno de los aspectos a los que la dirección del parque viene prestando mayor atención.
Parte de los terrenos que hoy en día hacen parte del parque fueron en el pasado propiedades de plantaciones holandesas, entre ellas, la de Savonet, cuya casona principal o “landhuis”, se encuentra magníficamente restaurada y alberga hoy en día un museo de historia por donde empiezo mi visita. En él, hago un recorrido por la historia de la región a través de exposiciones audiovisuales que enseñan cómo vivieron aquí los primeros arahuacos hace cuatro mil años y cómo fue poblándose la isla tras la colonización europea. Fotografías, muebles de época y algunas antigüedades completan el conjunto de piezas presentes en este museo.

Existen varias rutas para recorrer el parque en función de lo que se desee hacer: las hay para recorrer el parque en coche, existen numerosas rutas para senderistas y también para ciclistas. Todas se pueden realizar sin necesidad de ningún guía, simplemente siguiendo las indicaciones (en el interior del parque la señalización es bastante buena) existentes. Me decidí por una ruta para automóviles denominada “Ruta Azul” la que, adentrándose en una naturaleza extravagante, avanza del más tropical de los escenarios hasta el más árido de los paisajes de la costa norte; recorre formaciones geológicas que incluyen cuevas con antiguos dibujos indígenas, puntos de observación de la impresionante costa de arrecifes o de la playa Boka Grandi, además de santuarios de fauna y flora. El recorrido es de 9 kilómetros y se hace un algo más de una hora.




Las otras rutas para vehículos son un poco más largas y con mayor trayecto de montaña. Una de ellas incluye el ascenso a pie al monte Christoffel de 375 metros de altitud, otras acercan al visitante a las casonas de otras plantaciones como las de Zorgvlied y Kenepa, recorren los pasos de las viviendas derruidas de antiguos esclavos o visitan las antiguas minas de manganeso y cobre. La “Ruta de las Orquídeas” es la única que no se permite realizar en coche. Es necesario reservar con antelación los cupos para los safaris que el mismo parque organiza.

Aunque la isla es de carácter desértico, los locales afirman que el cambio climático está volviendo a Curazao cada vez más verde… Creo que aunque la isla esté fuera del área de influencia de huracanes, estamos en una época del año en la que probablemente los coletazos de los mismos, generen algunas precipitaciones, que como es de esperar, consiguen en este clima desértico que los colores cambien en segundos de los ocres y los amarillos arena a los verdes más extravagantes. A lo largo de la ruta multitud de iguanas de varios tamaños y colores pasean por la carretera plácidamente cual dueñas del lugar. Algunas de gran tamaño, son la delicia fotográfica de los paseantes. Turpiales, pericos y una gran diversidad de aves migratorias desfilan permanentemente por el recorrido. Es tal la cantidad y variedad de cactus que aparecen en el camino, que si no se cuenta con tiempo suficiente, suplen la visita al llamado jardín de los cactus presente en otra de las rutas.

El célebre venado de cola blanca solamente habita en el Caribe insular en esta isla y en la de Margarita en Venezuela. Se calcula que en Christoffle los ejemplares de esta especie endémica rondan los doscientos cincuenta, siendo el máximo deleite de quienes consiguen verlos en las excursiones realizadas en land cruiser por la dirección del parque.
Decido regresar a Willemstad bordeando la costa oeste, pero antes me espera una agradable comida en Jaanchi´s, uno de esos restaurantes infaltables en esta excursión, un lugar ya mítico por su historia, asentamiento y comida. Su propietario actual aunque nacido en la isla, tiene ascendencia de la vecina Bonaire. Su padre abrió el restaurante en este sitio de Westpunt en el año 1936 y él lo regenta desde 1968. Me lanzo a probar uno de sus platos estrellas, el “guiso de iguana”, que parecido al pollo, resulta incómodo de comer por la cantidad de huesecillos. A los locales les fascina…
Mi recorrido sigue por varias de las playas preferidas por los curazaleños, algunas de ellas verdaderamente idílicas: Kalki, Cas Abao o Port Marie. En algunas cobran la entrada, sin embargo la belleza natural justifica el importe a pagar. No son de grandes extensiones, son casi calas que me recuerdan algunos parajes insulares mediterráneos. Por supuesto, la inmensa mayoría de la concurrencia es holandesa.

Termino el día en la playa con una cerveza Amstel -muy dutch-, pensando que para los holandeses estas islas de sus Antillas son como las Canarias para los españoles… al margen de los estatutos de autonomía que aquí existen.
Hubiera querido otra “bier”, pero tenía que conducir hasta la capital.
Precios:
Varían dependiendo de las rutas que se decidan hacer. Las tarifas de entrada (no incluyen las rutas) son las siguientes:
Adultos: U.S.$ 10.00
Niños de 6 a 12 años: U.S. $ 4.50
Menores de seis años: Gratis
Horarios:
De lunes a sábados: De 07.30h a 16.00h (Última hora de entrada 14.30h)
Domingos: De 06.00h a 15.00h (Última hora de entrada 13.30h)
Al parque también se puede acceder en transporte público desde la estación central de Otrobanda, donde se debe tomar el bus que va hacia Westpunt y pedir al conductor que anuncie la entrada principal de Christoffel, el trayecto dura aproximadamente 45 minutos.
