El museo Serralves, el más importante de arte contemporáneo en Portugal, cumple 30 años. Situado en una quinta, lejos de las rutas habituales que se ciñen al centro histórico de Oporto, empezó su actividad en 1989, aunque el edificio principal no fue construido hasta diez años después. Para estas fechas previas a su trigésimo aniversario, se han programado algunas exposiciones temporales que han llamado nuestra atención.
Texto: Sergio Herrero
Fotos: Redacción ALTUM / Sergio Herrero
Álvaro Siza se alejó de la arquitectura-espectáculo de propuestas como el Guggenheim para integrar su construcción en un espacio donde había de convivir con la Casa de Serralves, de estilo Art Decó, atribuida a los arquitectos Charles Siclis, y a José Marques da Silva, actualmente en obras de conservación, y los jardines, diseñados en la misma época por el también arquitecto Jacques Gréber.

El espacio cuenta con una biblioteca propia y un auditorio, además de otros lugares de disfrute en los jardines. El museo se nutre de una creciente colección propia y colecciones en depósito de la “Fundação Luso-Americana para o Desenvolvimento” y la Secretaria de Estado da Cultura, pero son sus exposiciones temporales las que más visitantes atraen, y no deja de ser lógico. He aquí dos ejemplos que justifican la visita:
Anish Kapoor: «Obras, pensamentos, experiências»
Es una muestra muy representativa de los proyectos del (re)conocido artista, cuya obra escultórica juega con la percepción y la escala de manera inusitada, y que estará para disfrute del público hasta el próximo mes de febrero. Ya solo en la recepción del museo, «Whiteout», un cubo blanco, produce una ilusión óptica de profundidad y solidez que inquieta al visitante, en parte por la imposibilidad de tocarla.

Con esta sensación de irrealidad en la cabeza, cuando se accede a la sala central del museo, que recoge más de 50 maquetas, no es difícil redimensionarlas mentalmente para sentir la fuerza que ha de tener la pieza a tamaño real, a menudo descomunal con respecto a la medida del hombre, o incluso del paisaje para el que están pensadas.
Pero el visitante no se quedará con las ganas de experimentar esa sensación en la realidad. El museo, que expande sus exposiciones más allá de sus muros por el jardín en que se ubica, no podía dejar de hacer lo propio con la obra de Kapoor.

Junto al edificio principal, una de sus icónicas piezas rojas nos invita a rodearla para contemplar la complejidad de las perspectivas que puede adquirir un cubo agujereado, acercarse para dejarse apabullar por la magnitud y la extrañeza de un objeto de líneas tan definidas en un entorno natural, e introducirse en él para percibir una inesperada calidez casi biológica y uterina.

No podemos analizar cada una de las obras repartidas en el jardín, con el que dialoga de manera orgánica, especialmente en obras como «Sky Mirror», inevitablemente interactiva por definición, y que se convierten en la excusa perfecta para un paseo en el que nos encontraremos también con la colección permanente al aire libre.

Pero no crean que es porque podamos eliminar el factor sorpresa al contárselo: hasta que no se ve en vivo, no se puede transmitir la impresión de obras tan aparentemente sencillas, pero a la vez impresionantemente pensadas, como «Descent into Limbo», que ha de venir acompañada de grandes medidas de seguridad ante el engaño de la vista, que cree enfrentarse a algo bidimensional partiendo de la realidad multidimensional, un efecto opuesto al que se buscó durante siglos en pintura con la perspectiva.

Quien viera hace 8 años la exposición en el Guggenheim de Bilbao que no piense que repite la experiencia: la complementa y amplia, como el propio escultor hace con nuestra percepción de las cosas.
Robert Mapplethorpe: «Pictures”
La obra del fotógrafo Robert Mapplethorpe, que murió poco antes de que se inaugurase este museo con un manifiesto sobre la ruptura en el arte, sigue siendo polémica hoy día aún en ámbitos como este, hasta tal punto de costar la dimisión de João Ribas como director.

La censura de 20 fotografías, quizá las que más pueden recordar a su dibujante y fuente de inspiración «Tom of Finland», y el enclaustramiento de otras 20 en una sala que impide el paso a menores de 18 años no impide disfrutar de una enorme muestra de su obra.

Escándalos aparte, la genialidad del artista es innegable. Robert Mapplethorpe: Pictures recoge fundamentalmente retratos, pero también fotos de objetos o flores, que refleja con un erotismo inequívoco, sobre todo cuando se ven contrastadas con imágenes de partes del cuerpo en poderoso blanco y negro.

El visitante se encontrará con los rostros de grandes iconos de las décadas más libres y rebeldes del siglo XX, entre los que no podía faltar su musa Patti Smith, sobre cuya relación se estrenará un biopic este año.
Aún hay más

Pero no son estas las únicas exposiciones que pueden verse en este museo: poco antes de las fiestas navideñas se inauguró una sobre «Joan Miró e a morte da pintura» (centrada en aspectos muy peculiares de la producción de 1973 del artista catalán).
Además, aún continúa la exhibición «Pedro Costa: companhia», sobre el creador portugués que mezcla filme, fotografía y escultura en esta propuesta.

Más información: www.serralves.pt