Jordania

La historia de Jordania es tan antigua como la humanidad. Diversos arqueólogos e investigadores afirman que en estas tierras existen asentamientos humanos desde hace casi 9.000 años. Por su suelo han pasado importantes civilizaciones y poderosos imperios: mamelucos, asirios, babilonios o nabateos han dejado sus huellas; persas, romanos, turcos o británicos consiguieron  aquí parte de su gloria.

Una nación moderna en tierras antiguas

En 1920 tras la I Guerra Mundial y la desaparición del imperio otomano, se creó el Emirato de Transjordania, un estado semiautónomo que, gobernado por el rey Abdulla I, pretendía comunicar a Irak con Palestina, ambas de dominio británico.

Los ingleses se retiraron en 1946, y en 1953 llegó al trono el rey Hussein, quien iniciaría un período de esplendor para Jordania marcado por el turismo y el apoyo del bloque de países occidentales.

Un destino seguro y estable

El Reino Hachemita de Jordania ha sabido mantener una política de coexistencia pacífica con Israel y de entendimiento con los Estados Unidos. Estos dos hechos le han conferido el fortalecimiento continuo de las instituciones democráticas, y han contribuido a la formación de un país seguro y estable a pesar de estar ubicado en una de las regiones más conflictivas del planeta. La sociedad jordana se sostiene sobre los pilares de un continuo desarrollo económico y social, mientras que su población, mayoritariamente de origen árabe, es un ejemplo de tranquilidad y serenidad. Jordania es un destino, que al margen de las maravillas naturales y culturales que ofrece, nos atrevemos a recomendar gracias a las condiciones de seguridad que ofrece.

Amman, la antigua Filadelfia

Erigida sobre siete colinas y apodada “La Ciudad Blanca”, Amman, la capital del país, es el principal puerto de entrada a Jordania. Fue reconstruida por los romanos y llamada Filadelfia; formó parte de las llamadas “Decápolis”, las diez grandes ciudades del Imperio Romano en Oriente, y actualmente es una urbe multicultural, dinámica y misteriosa que ofrece al viajero importantes monumentos como la mezquita otomana del rey Hussein, el Nymphaeum o el Teatro Romano. Su ciudadela o su Gran Zoco gozan de una enorme actividad diaria en donde el viajero entra en contacto con la vida jordana, las artesanías o productos típicos, además de conocer personalmente a unos habitantes famosos por su generosidad y hospitalidad.

La ciudad de piedra

Son pocos los países que cuentan con una de las Nuevas Maravillas del Mundo, y Jordania es uno de ellos. La majestuosa ciudad de Petra o la ciudad escondida -el foco turístico más importante del país-, es una monumental construcción levantada entre el mar Muerto y el Golfo de Aqaba. Fue capital de los nabateos, conquistada por romanos y bizantinos, y fortaleza de los cruzados. Redescubierta a finales del s.XIX  por el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt, es un lugar mágico y con un paisaje único en el mundo, que el viajero descubre con sigilo por un estrecho sendero entre elevados farallones de piedra, con el silencio del desierto como acompañante.

La Pompeya del Este

Para sorpresa de muchos, la ciudad greco-romana mejor conservada del mundo no se encuentra en Europa: se llama Jerash, y es jordana. En la llamada “Pompeya del Este”, el viajero se sentirá un auténtico romano al pasear por sus calles adoquinadas entre edificios y grandes esculturas, o al ver representadas obras clásicas en su Gran Teatro del Norte durante el Festival de Jerash. Se celebra cada mes de junio, y recitales de música, conciertos o representaciones teatrales  hacen parte de su oferta.

Un mar de bienestar

Se dice que el rey Herodes pasaba los inviernos en el Mar Muerto, no sólo por su agradable clima, sino por los beneficios de sus aguas y de sus lodos terapeúticos; y que Cleopatra suplicaba a Marco Antonio conquistar estas tierras para hacerse con barros y sales, productos muy apreciados por la cosmética de la época.

La concentración de diversos minerales como calcio, potasio, sodio y magnesio, junto con la elevada salinidad de las aguas complican cualquier posibilidad de vida en este mar, e impiden hundirse en sus aguas. Cada año son miles de personas las que acuden al Mar Muerto -el punto más bajo del planeta-, para renovar su cuerpo y encontrar la deseada “fuente de eterna juventud”. No en vano existen varios establecimientos dedicados a este tipo de turismo de bienestar.

El desierto de Lawrence de Arabia

Según las palabras del aventurero inglés, el desierto de Wadi Rum es “inmenso, solitario… como tocado por la mano de Dios”. La visita a este sobrecogedor desierto corrobora la premisa de que es uno de los más impresionantes del mundo. Se puede visitar en camello o en vehículos 4×4. En él habitan los beduinos, algunos de los cuales aún conservan sus ancestrales costumbres. Junto a la aldea de Disi, se ha instalado uno de los complejos turísticos más destacados del Medio Oriente: el Captain´s Desert Camp Site, donde el viajero podrá pasar una noche en pleno desierto al más puro estilo beduino, rodeado de toda suerte de comodidades.

El Mar Rojo o la playa jordana

En 1965 el rey Hussein le entregó a Arabia Saudí 6.000 kilómetros cuadrados de desierto a cambio de 12 km. de costa en el Mar Rojo, toda una transacción o magistral trueque, que reforzó la economía gracias a las exportaciones, y encontró en el turismo de playa otra fuente de ingresos. La belleza marina se llama Mar Rojo, la costa sur supone el emplazamiento perfecto para la práctica del buceo gracias a un impresionante mundo submarino que incluye hermosos paisajes de coral y peces de colores. La zona cuenta con centros especializados y cursos para principiantes. Aqaba, la ciudad costera, ofrece un agradable clima con temperaturas mínimas de 25º C a lo largo de todo el año.

Y mucho más…

Para quienes profundizan en los destinos o para quienes desean regresar a ellos, Jordania tiene mucho más tesoros por descubrir.

La Reserva de Ajloun, que protege a  especies en peligro de extinción como el corzo, y en la que se encuentran increíbles bosques de pinos y algarrobos; las marismas y los pozos naturales del Humedal de Azraq; el Humedal de Betania con sus dunas y lagunas de agua salobre, o con el Gran Meandro del río Jordán, donde se dice Juan Bautista bautizara a Jesucristo; la ciudad helénica de Iraq el Amir; o la de Kerark, un importante punto neurálgico entre cruzados y musulmanes, así como Madaba, la ciudad de los mosaicos.

Jordania, un destino fascinante que no te dejará indiferente.