Colonia Tovar: Del Gran Ducado de Baden al Caribe

Caracas, una ciudad de trabajo y negocios para muchos, desconocida para otros, tiene muchas posibilidades y sorprende gratamente por sus diferentes atractivos. Sin duda, escapar de cualquier gran ciudad hacia algún punto de sosiego y paz, es un hecho cada vez más demandado por muchos viajeros, especialmente si se quiere evadir la rutina. Colonia Tovar es la que puede servir de escape a cualquier visitante de la capital venezolana.

Que Venezuela ha sido un país que en los siglos XIX y XX recibió muchos inmigrantes es hecho conocido; portugueses, canarios o gallegos han ayudado a su desarrollo, aportando aspectos de su propia idiosincrasia, adaptándose a la cultura local de una forma bastante acertada. Sin embargo, menos reconocido es el caso de los alemanes quienes, en gran parte, llegaron a estas tierras tropicales en el siglo XIX gracias a la firma de un tratado de intercambio cultural y económico entre Venezuela y Alemania.

El gobierno del General José Antonio Páez, encargó al ingeniero militar y geógrafo Agustín Codazzi, información “sobre terrenos incultos, propios para fundar pueblos y empresas de agricultura, minerías y otras industrias de fácil desarrollo, a fin de propiciar la traída de inmigrantes europeos”. Las similitudes geográficas y climáticas apropiadas para el asentamiento de una aldea alemana, según Codazzi, se daban en una localidad del Estado Aragua, conocida como el Palmar del Tuy, propiedad del conde Manuel Felipe de Tovar, quien las donó para el surgimiento de la nueva colonia. Fue la  católica población de Kaiserstuhl del Gran Ducado de Badén, en plena Selva Negra, la que aportó los primeros colonos germanos al trópico venezolano.

En el año de 1843 y a punto de desembarcar en el puerto de La Guaira, el navío que transportaba a cerca de 400 alemanes, fue declarado en cuarentena por una epidemia de viruela detectada a bordo. La embarcación se dirigió entonces a Choroní en donde permaneció hasta cumplir el plazo impuesto. Una vez en tierra, los colonos iniciaron el viaje hacia Maracay y La Victoria, ascendiendo la Cordillera de la Costa hacia lo que sería la Colonia Tovar.

Al poco tiempo de instalados, aparecieron el primer boletín informativo bilingüe español-alemán, la escuela y el dispensario. También se inauguró un jardín botánico, en estas tierras ecuatoriales los “nativos” vieron cómo se fabricaba la primera cerveza artesanal.

Cultivos de frutas, hortalizas, verduras y legumbres consiguieron fama y éxito comercial. Así mismo la explotación de magníficas maderas fue uno de los mayores logros para contribuir, sin duda, al auge económico de la zona.

Algo más de una hora se tarda en recorrer los 60 kilómetros que separan a esta pintoresca aldea de Caracas. Colonia Tovar tiene hoy en día unos 16.000 habitantes.

Se llega al pueblo, por una hermosa carretera de montaña con casas de corte bávaro que parecen incrustadas en las laderas de este fértil valle. Por momentos se tiene la sensación de que se ha cruzado el Atlántico  para entrar “mágicamente” en el territorio de Schwarzwald. Pero la presencia de platanales y palmeras,  nos recuerdan que estamos en el trópico. Sin alcanzar los 2.000 metros de altura el clima es muy agradable. En pleno Caribe una temperatura media anual de 16 C, es reconfortante.

Laderas y calles empinadas, componen este complejo que recrea la vista. Nos  sorprende menos su autenticidad. Al entrar al pueblo la sensación de orden y pulcritud nos traslada por momentos a Europa. Los cuidados balcones de tipo alpino, con sus geranios y hortensias en tonos de lilas y morados, nos regalan imágenes de postal. Las fachadas de las casas de claro corte bávaro, y adornadas con maderas de la zona, generan impresiones similares a las que se experimentan al caminar por las calles de cualquier pueblito del sur de Alemania.

Los habitantes actuales, descendientes de aquellos primeros aventureros, mantienen en sus rasgos la blancura de una piel aria, ojos azules que resaltan entre rubios y finos cabellos. Las heredadas tradiciones culturales están presentes en su vida diaria. Música, gastronomía y trabajos artesanales intentan mantenerse en medio de este  verde valle, rincón de tranquilidad. Colonia Tovar es un  ejemplo de fortaleza y de arduo trabajo.

Al llegar a la plaza principal la torre de una iglesia de aspecto gótico bávaro, fiel copia de la de Endingen en Alemania, precede una estatua del Libertador Simón Bolívar; curioso escenario en el que las banderas de Venezuela y Alemania ondean plácidamente. Maderas pintadas, escritas en esa caligrafía de claro estilo alpino que parece sacada de las ilustraciones de un cuento del siglo XIX,  anuncian la presencia de tiendas de artesanías en madera, un anticuario, farmacias, diversos hoteles y  varios restaurantes. En las calles abundan los puestos de mermeladas, de dulces caseros y de frutas conservadas en almíbar, así como acogedores locales que ofrecen las fresas con crema, que tanta fama han dado al sitio, y  por lo que muchos caraqueños acuden los fines de semana que es  cuando más visitantes recibe la Colonia.

Varios restaurantes se encargan de ofrecer al público suculentos platos a base de chuletas de Sajonia, codillo, chucrut, o diversos tipos de salchichas y embutidos que  suelen acompañarse con ensalada de patata al más puro estilo alemán, por supuesto con una buena cerveza artesanal tipo Pilsen, elaborada en la región y de difícil consecución fuera de ella.

Los productos de la tierra, verduras y frutas, siguen gozando de fama por su calidad. Las laderas del valle presentan gran variedad de cultivos en terraza que visualmente ayudan a adornar la fascinante perspectiva del lugar. Las afueras de la Colonia Tovar se han ido llenando de casas de recreo de muchos foráneos que disfrutan, los fines de semana, de este entorno; la arquitectura se mantiene fiel a un estilo imperante que parece no querer ceder al paso del tiempo.

Durante el mes de abril, cuando se celebra el aniversario de la fundación del pueblo, sus calles se transforman para dar paso a los diversos grupos de danza y música de las asociaciones culturales y fundaciones, que en medio de la fiesta desfilan orgullosamente mostrando a los espectadores, cómo han logrado mantener sus raíces. Trajes típicos, tanto de un país como del otro, ponen colorido a carrozas y bandas musicales que alegremente se exhiben ante la admiración del público.

El regocijo religioso, bailes, comparsas y mascaradas, adquieren su máximo nivel durante la semana de carnaval cuando Jokilis y Gorilas salen por las calles. Los primeros, son una especie de fantasmas de bufones que llevan elaboradas máscaras de madera talladas a mano; van en busca de los transeuntes para gastarles bromas, y golpearlos con una vejiga de cerdo que cuelga de una vara. La tradición procede de la ciudad de Endingen, y  lleva ya varios años  anclada en este lado del mundo. Los gorilas son el aporte venezolano a esta celebración; suelen salir a la calle acompañados de tarzanes, indios y cazadores.

Las opciones para alojamiento son varias. El hotel más antiguo de la ciudad, el Selva Negra, es una buena opción en relación calidad-precio; goza de buenas instalaciones y un preciado restaurante. Este establecimiento también ofrece varios tipos de masajes y terapias para la reducción de peso y la celulitis, así como técnicas de relajación y taichí.

Otras alternativas son el Hotel Keiserstuhl, el Drei Tannen, el Alta Baviera y el Edelweiss. Las posadas, más modestas, algunas con mucho encanto, son muy solicitadas por la gente venezolana. La mayoría gozan de gran prestigio.

Las alternativas ecológicas en los alrededores son diversas. En vehículos 4 x 4 se puede subir hasta el Pico Codazzi recorriendo en el camino los cultivos de fresas, melocotones y diferentes hortalizas. También se puede visitar un famoso cedro de más de 50 metros de alto y 27m de circunferencia, árbol poseedor de una leyenda que dice que quien se posa ante sus raíces y pide un deseo, le será concedido por este cedro de más de 800 años.

Recorrer las playas cercanas es otra excelente aventura que puede realizarse en  vehículo particular, al menos hasta Puerto Cruz.

Igualmente se puede llegar hasta el mirador turístico Llano Grande desde donde se observan los Valles del Tuy, el lago de Valencia y parte del estado Aragua.

Impresiones de una Alemania no muy lejana y un pasado siempre presente, son sin duda las que se se lleva el visitante de este paraje. Quien no conoce el país europeo tendrá una visión muy particular de éste en pleno trópico, y quien ya ha estado conseguirá recordar una experiencia pasada dentro de un marco sumamente agradable, en donde los recursos naturales unidos a los aportados por el hombre han hecho de este rincón geográfico un espacio inolvidable.