Atrás han quedado los años en que Bilbao era sinónimo de una ciudad industrial del norte de España, reina de la siderurgia y los astilleros, por ello mismo, algo oscura y de alguna forma fría. La profunda transformación que ha sufrido esta ciudad en los últimos veinticinco años ha permitido a los vascos, y concretamente a los bilbaínos, crecer y abrirse al exterior sin perder su personalidad. Un gran consenso social y político ha rejuvenecido el rostro de la capital de Vizcaya, que encajonada entre montes, y a orillas de una ría del río Nervión, no ha volteado la espalda ni a su pasado industrial ni a su patrimonio histórico. Así, la denominada “arquitectura de autor”, ha contribuido a gestar una nueva identidad bilbaína que cada vez consigue más visitantes y admiradores de la mano de grandes arquitectos y diseñadores del momento, como Ghery, Foster, Calatrava o Starck.
El viejo corazón
No se va al casco histórico, se baja a Bilbao, así lo aseguran los locales. Cruzando el puente del Arenal, se llega a la Plaza de Santiago, presidida por la catedral de estilo gótico. A partir de ahí, el visitante entrará en las “Siete Calles”, las vías peatonales que conforman el centro histórico. Adentrarse en el “Casco”, como ellos lo llaman, es penetrar en la historia de la ciudad y sentir el pasado y el presente de la villa. Sus bulliciosas tabernas transmiten vivazmente ancestrales tradiciones vascas a punta de “pintxos”, típicos canapés del País Vasco, elaborados con productos de mercado, y un vino blanco de la región denominado “Txacolí”, en medio de un ambiente alegre y hospitalario. Varios estilos arquitectónicos van apareciendo por estas históricas callejuelas: la biblioteca de Bidebarrieta, la fuente del perro, el palacio de Arana, y el que probablemente sea uno de los mercados más emblemáticos de toda España, el “Mercado de la Ribera”, que aunque sometido actualmente a una sensacional restauración, es el foco idóneo para tomarle el pulso a la ciudad. La estación de tren de Abando, o el mítico teatro Arriaga, cuya musa de inspiración para su diseñador fue la misma ópera de París, se aposentan sobre una curva de la ría, que dejamos ya atrás.
La ría, ese curso fluvial que atraviesa la ciudad, es, y ha sido punto neurálgico en la historia de Bilbao, una ciudad de claro pasado navegable. En su ribera, se erigieron los edificios más notables y emblemáticos, y sobre ella, se elevan varios puentes. De ellos, el más novedoso es el llamado Zubizuri (en vasco, Puente Blanco), del cotizado español Santiago Calatrava. Esta pasarela peatonal, une el Campo de Volantín con el ensanche, la parte hacia la que la ciudad se expandió al otro lado de la ría, y cuya arteria principal es la Gran Vía. Calatrava, es también el diseñador del coqueto aeropuerto bilbaíno de “La Paloma”.
Los años del Titanio
Acero, cristal y hormigón son los elementos principales de una red de metro en la que su diseñador, el británico Norman Foster, utilizara como conductores de luminosidad y transparencia en las modernas estaciones. El ingreso al subsuelo se realiza por unos atractivos buitrones de cristal a pie de calle, todo un derroche de creatividad y estética, que los ciudadanos han bautizado cariñosamente como “fosteritos”, en honor a su creador.
Para muchos la felicidad que experimenta Bilbao tras la constante renovación que la acompaña desde hace más de dos décadas, se refleja magistralmente en el espectacular edificio del Museo Guggenheim, ícono universal de la ciudad. Su creador, el canadiense Frank Ghery, diseñó una estructura sinuosa y retorcida, que revestida de escamas de titanio, rinde homenaje a la anatomía de los peces en esta región marinera, y a la vez montañosa, del mar Cantábrico. En su interior, la Fundación Salomon Guggenheim, alberga representativas obras de artistas contemporáneos, y realiza importantes exposiciones itinerantes. En la parte exterior varias esculturas contemporáneas se muestran grandiosas. Entre ellas, probablemente Puppy, el inmenso west highland terrier de flores, guardián canino del museo –cuyo autor es el norteamericano Jeff Koons-, es la más fotografiada. Con el Guggenheim, la “Grande del Norte”, cambió su aspecto para siempre, y desde su fundación en 1997, la ciudad que lo rodea se ha convertido en un seductor campo de acción para la imaginación y creatividad de renombrados arquitectos y urbanistas.
El último en levantar el telón, en este escenario amueblado por obras de grandes genios, ha sido una antigua bodega de vinos de la ciudad: La Alhóndiga, ahora convertida en un moderno e importante centro cultural y de ocio. Inaugurado en mayo de 2010, se sometió a una impresionante reforma al mando del diseñador industrial francés Philippe Starck. Biblioteca, sala de exposiciones, cines, piscina, y gimnasio, están al servicio de una ciudadanía para la que el arte y las vanguardias son ya elementos cotidianos en sus vidas. Hasta el 30 de enero de 2011, la exposición “Los dibujos de Akira Kurosawa” mantendrá sus puertas abiertas y sin costo alguno para el visitante, exhibiendo cientos de dibujos del cineasta y dibujante japonés, que sirvieron como story-boards para varias de sus películas.
En la última Exposición Universal de Shanghai, Bilbao fue seleccionada entre 113 metrópolis de todo el mundo, como modelo internacional en el Área de Mejores Prácticas Urbanas; no cabe duda, es todo un ejemplo de depuración urbanística, capaz de reinventarse a partir de sus propias raíces.
Sueños de “diseño”
Los visitantes se incrementan año a año, e incluso han conseguido superar ya, a los de su hermana y vecina, también vasca, San Sebastián. Los establecimientos hoteleros o bien han lavado sus caras con buenas reformas, o bien, se han empeñado en traer a la ciudad “hoteles de autor”, en un empeño ya rutinario, de posicionar acertadamente a “Bilbo”, entre las “modernas” de Europa. Tal es el caso del Hotel Gran Domine, y el Hotel Miró. Ambos establecimientos ubicados justo en frente del Guggenheim, en la misma Alameda de Mazarredo, conocida como la “milla de oro” de Bilbao. Los dos compiten en confort, diseño y modernidad. El primero, es toda una muestra de vanguardia, a cargo del famoso diseñador valenciano Javier Mariscal –el creador de Cobi, la mascota de las olimpiadas Barcelona 92- quien lúcidamente ha conseguido reflejar en el hotel la historia del diseño del siglo XX, diseñando también los uniformes, la fachada, la web y la imagen gráfica. Su terraza Buenavistas Terrace, posee una insólita vista al museo y a la ría. Por su parte el Hotel Miró, es un cómodo y moderno establecimiento de carácter boutique, en el que los detalles marcan la diferencia. Su biblioteca, tiene una amplia selección de libros sobre arte, Bilbao, y su historia.
El carácter bilbaíno
Hospitalario y galante como pocos, el bilbaíno es ante todo sencillo. Combina de una manera asombrosa, el pragmatismo para el trabajo y los negocios, con el disfrute de la vida. Haciendo gala de la expresión “de toda la vida”, enfatiza su acento local, para dejar en claro que una de las mejores cosas que se pueden ser, es precisamente ser de Bilbao, y que la mayor suerte que tienen, es que ellos “nacen donde quieren”. Si nunca imaginaron que habiéndose esfumado el poderío naval y siderúrgico, sería el turismo el que tomara el bastón de mando, junto con el comercio y los servicios, lo que sí saben ahora, es que son habitantes de una ciudad que ha sabido llevar el arte contemporáneo a la calle como pocas lo han hecho, y que su querida Bilbao, es ante todo una marca internacional de importante prestigio.