Sus calles huelen a jazmín, y sus aires no son otros que los del azahar de los naranjos que, expandidos sutilmente por una tenue brisa, nos llevan a adentrarnos en el pasado musulmán, judío y cristiano de un casco antiguo, Patrimonio de la Humanidad, que con sus 90 hectáreas es el más extenso del mundo. Cruzamos el Puente Viejo, -el romano, el de 331 m de longitud y el de 16 arcos bajo los que corre el Guadalquivir- recordando que desde hace 20 siglos está ahí anclado, dando acceso a la ciudad.
Sombras moras, luces cristianas
El alma de la ciudad es La Mezquita, aquella que con su imponencia, curiosamente no mira hacia la Meca, mira a Damasco, un capricho de su inspirador Abd al-Rahmán I, quien sentía profunda admiración por la capital siria. En la inmensidad de su interior, y entre un mágico juego de luces y sombras provenientes de las 800 columnas y dovelas rojiblancas, vislumbramos la majestuosidad de los arcos que se prolongan reflejados en el mármol del suelo en un trazado sin final. El sonido del silencio se impone en los 24.000 m2 del símbolo árabe más esplendoroso de todo occidente, y al admirar su Mihrab, la sala que albergaba el Libro Sagrado, y que contiene las inscripciones del Corán en oro, decorado por diversos mosaicos, no nos queda más opción que contener el aliento.
A lo largo de la historia el edificio se ha ido ampliando, conjugando en su estructura diversos estilos arquitectónicos. Solamente una ciudad acostumbrada a la tolerancia cultural, como es Córdoba, admite en su monumento insignia, esta amalgama arquitectónica sin que nada desentone. Si bien el ingreso a la mezquita se realiza por el Patio de los Naranjos, es aquí a donde regresamos para una pausa, atraídos por el perfume de sus árboles; aquellos anfitriones que con su cítrico aroma nos dejan claro que estamos ante el jardín vivo más antiguo de Europa. En 1533, y en el centro de la misma mezquita, se construyó la catedral cristiana Santa María de Córdoba, y desde esa fecha La Mezquita es un recinto exclusivamente católico.
La Judería, y los Alcázares Cristianos
Córdoba fue foco cultural e intelectual de la antigüedad, y desde ella se expandieron filosofía, astronomía y matemáticas por el mundo. En Córdoba nació Séneca, también grandes matemáticos y pensadores árabes que ofrecieron al mundo grandes pensamientos desde la gran ciudad cultural, podemos citar acá a manera de ejemplo a Maimónedes, enorme pensador judío, a quien se le rinde tributo con una estatua en una graciosa plaza de la Judería; o a Averroes el gran filósofo y matemático. La judería, un vecindario del casco antiguo de callejuelas estrechas y paredes en cal, es el lugar donde encontramos La Sinagoga, y podemos visitar la Casa de la Judería, un centro cultural en el que se celebran exposiciones continuamente.
Los Reyes Católicos se instalaron en los Alcázares Cristianos, una fortaleza desde la que dirigieron la campaña contra el Reino de Granada, y la expulsión de los judíos. Sus jardines invitan a románticos paseos, y en un interior de corte mudéjar, recordamos que fue justamente aquí a donde se acercó Colón a solicitar los fondos para su aventura marítima.
El patrimonio monumental de Córdoba nos acompaña permanentemente en este recorrido salpicado por el cariño y la tolerancia de un pueblo que ha visto cómo su suelo ha sido escenario de un crisol cultural de primer orden. Las tradiciones andaluzas, y la artesanía local se nos ofrecen desde coquetas tiendas donde adquirir un recetario de tapas españolas, un sombrero cordobés, o alegres trajes flamencos y peinetas para las mujeres.
Córdoba sabe cómo mirar al futuro con decisión, y está luchando con ahínco para obtener la capitalidad cultural europea durante el 2016, título por el que compite con otras ciudades españoles y polacas.
Salones de flores y fuentes
Desde épocas de la romana Corduba, los patios son la sala de la ciudad. Han vivido diferentes etapas según sus ocupantes. Con los romanos, la Domus poseía un corredor en el patio y un surtidor en su centro; los árabes hicieron de ellos lugares para la intimidad protegidos de miradas exteriores; y por su parte, los cristianos los llevaron de cara a la calle como un símbolo de invitación y de exhibición. Desde 1933 la ciudad celebra cada mes de mayo el Festival de Patios, Rejas y Balcones, en el que los protagonistas son los patios de todas las casas, las flores, y el fino, ese vinillo andaluz que cada vez conquista más adeptos.
En las tardes, la ciudad que vio nacer al famosísimo bailaor Joaquín Cortés y al insigne Manolete, busca refugio en el sonido de las palmas y compases flamencos. Ecos de Andalucía, que empujados por esencias cordobesas de jazmín y azahar, se traducen en bulerías y soleares que rocían el alma de pasión gitana. Los patios reciben a los visitantes con sus mejores especies botánicas, y en ellos, las guitarras y el cante jondo encuentran su lugar entre claveles, novios, y geranios. Miles de visitantes acuden a esta cita, que cobra cada año más importancia, y que es todo un referente internacional.
Para incluir en la agenda:
- Visitar la Mezquita-Catedral en la noche.
- Durante la primavera, tomarte un fino en alguno de sus patios florecidos, y si vas en cualquier otra época del año, acércate a una de las muchas teterías árabes para deleitarte con un té a la menta.
- A la hora del aperitivo, déjate caer por la Plaza de la Corredera para saborear en cualquiera de sus tabernas el salmorejo y el rabo de toro, dos platos de claro corte cordobés.
- Acude a alguno de los espectáculos ecuestres de las Reales Caballerizas, creadas por Felipe II, quien por su afición por los caballos logró que Córdoba diera el mundo una de las mejores razas equinas que ha dado la historia: El Caballo Andaluz –Pura Sangre Española.
- No te pierdas los patios del Palacio de Viana con sus recitales líricos en primavera. Además, la colección de arte de su interior, merece la pena. Sin duda, el palacio es uno de los mejores secretos de la ciudad.
- Date un baño con la historia en alguno de sus hammanes, o baños árabes, en donde aguas medicinales, vapores y masajes te relajarán de la misma manera que lo hacían los califas de las tierras de Al –Andalus.
- Planea tu escapada en el AVE, el tren de alta velocidad que desde Madrid consigue hacer el recorrido en una hora y cuarenta minutos.