En un continente que en épocas de la colonia española contaba con imprecisos mapas e inciertos caminos, la ciudad se convirtió en un blanco deseado por filibusteros y piratas pues por sus entrañas circulaba gran parte del oro, las esmeraldas y la plata saqueados al imperio Inca. Sir Francis Drake con 25 buques y 2.000 hombres atacó y saqueó la ciudad en 1586 para devolverla posteriormente al Imperio Español a cambio de 12.000 ducados. Su estratégica ubicación obligó a la fortificación y amurallamiento, y para finales del XVI mercaderes y nobles comenzaron a construir palacetes y viviendas de claro corte andaluz y mudéjar a orillas del Caribe colombiano.
A mediados del XX, y cuando el poder económico de la ciudad había pasado a la cercana Barranquilla, la ciudad intenta recuperar cierto esplendor que se establece al suroeste de la ciudad, en Bocagrande. El casco viejo queda pues abandonado a la humedad tropical y al olvido. En los últimos 25 años “La Heroíca” ha visto resurgir su parte más antigua en una especie de “privé” del Jet Set caribeño y latinoamericano. Así interioristas, arquitectos y decoradores han encontrado en el “corralito de piedra” una musa para sus creaciones y reformas; de la mano por supuesto, de ese cierto status social que otorga el tener una casa en el centro de Cartagena de Indias. Barrios como San Diego o Getsemaní -tradicional barrio de judíos, musulmanes, negros e indios- parecen haber salido de un estado amnésico que durante años les ignoró, contribuyendo al posicionamiento internacional de la ciudad de manera importante.
Cultura de alto nivel
Las iglesias han sido restauradas, y sus plazoletas brillan con aires de hidalguía y altivez, mientras que en las estrechas calles viejos balcones románticamente florecidos y portones de zoomorfos aldabones se asoman ante un sorprendido paseante transportado en un coche de época tirado por caballos. Galerías de arte, sofisticadas tiendas y premiados restaurantes son parte de un marco al que se suman conventos y monasterios convertidos en hoteles de prestigiosas cadenas, y mansiones deliciosamente transformadas en “alojamientos boutique”. Optar por una tarde de tratamiento para el cuerpo y el alma en un estupendo spa, asistir a una cena privada en uno de los museos locales, disfrutar de un jet privado para los desplazamientos o alquilar un lujoso yate para una escapada a las playas de coral de las cercanas Islas del Rosario, son entre otros privilegios, algunos de los caprichos que se pueden conseguir ceñidos al gusto y necesidades particulares de cada viajero gracias a Singular Luxury Travel Designers, la primera agencia de lujo personalizado en Cartagena de Indias.
El “Festival Internacional de Cine de Cartagena” o el “Festival de Música del Caribe”, han escogido desde hace varios años a la capital del Departamento de Bolívar como su sede, de la misma forma que lo hacen a lo largo de todo el año innumerables congresos y eventos culturales tanto locales como internacionales. Igualmente y de reciente creación, el festival literario “Hay Festival” se va consolidando poco a poco como un importante certamen de letras en Hispanoamérica, siendo en su género el mayor del país.
Alegre y romántico Caribe
Es sin duda también una ciudad romántica, que permanentemente consigue recordar grandes historias de amor como la de Florentino Ariza y Fermina Daza en “El amor en los tiempos del Cólera”; esa íntima narración de García Márquez que discurre poéticamente por los rincones de esta hermosa ciudad, en la que al igual que en la novela, se puede amar incluso después de haber amado: siempre con la Bahía de las Ánimas, el barrio de Getsemaní, la vieja Catedral, el Convento de Santa Clara, la Plaza de los Coches, el Portal de los Dulces o el barrio de Manga como testigos.
La alegría del caribeño se siente a todas horas, y la noche se viste de fiesta por unas calles ya vacías del usual ajetreo de vendedores de frutas tropicales y agua de coco. Es una transformación fascinante que comienza con las primeras horas del ocaso cuando discotecas y bares se preparan para “prender la fiesta” por toda la ciudad recitando los sonidos de la música local. Reconocidos DJ´s “encienden la mecha” en locales que destacan por sus decoraciones y ambiente casi carnavalesco. Los cartageneros son seres felices, un pueblo que con fuerza, tesón y gallardía ha esquivado muchos de los problemas sociales de un país cada vez más seguro y visitado. El número de visitantes extranjeros a Colombia va en constante ascenso, y para muchos Cartagena es la puerta de entrada. Actualmente la ciudad es puerto de embarque de cruceros y ello hace que muchos turistas en tránsito disfruten de este rincón colonial que por momentos parece flotar sobre el Mar Caribe.
La ciudad amurallada es pues, un escenario que ha sabido revivir su esplendor sin olvidar el pasado, que rinde tributo al color y a la historia; y que da cobijo a ilustres personalidades o turistas de un alto nivel adquisitivo. Nos despedimos del casco antiguo cruzando la famosa “Puerta del Reloj” en medio de vendedores de libros viejos y con el “Muelle de los Pegasos” en frente, con sus dos caballos alados que miran taciturnamente a la bahía…