Cartagena de Indias: Heroica y Romántica

Los colombianos llamamos cariñosamente a esta ciudad construida hace más de 400 años el “Corralito de Piedra”, sus murallas circundan un casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad que guarda secretos, historias y amoríos de conquistadores españoles, esclavos, indios, y corsarios.

Cartagena está íntimamente ligada a la historia del país, y muchos de los personajes que por ella han deambulado son parte esencial de la memoria colombiana por sus hazañas y hechos. Fue fundada en 1533 por el madrileño Pedro de Heredia sobre las costas de los indios Caribe, y llamada inicialmente “Cartagena de Poniente”, para diferenciarla de la murciana “de levante”. Al ser un punto codiciado por filibusteros ingleses y franceses, las fortificaciones fueron imponiéndose con decisión en el paisaje de estas tierras americanas; es así como desde el siglo XVI hasta el XVII varias obras arquitectónicas de corte militar fueron rodeando la ciudad: El Fuerte del Boquerón, el Baluarte de Santo Domingo, el Castillo de San Felipe de Barajas, el Fortín de San Fernando de Bocachica, y el Fuerte de Santacruz de Castillogrande entre otros. El 11 de noviembre de 1811 se firmó el Acta de Independencia Absoluta de España, y fueron varios los bloqueos que sufrió la villa por parte de quienes querían recuperarla para la Corona Española; entre ellos destaca el impuesto en 1815 por Pablo Morillo, “El Pacificador”, conocido como “Régimen del Terror”, y que con una duración de tres años sólo consiguió otorgarle un nuevo apelativo a la ciudad: “Cartagena de Indias, Ciudad Heroica”, la resistencia pues se plasmaba con heroísmo.

Magia entre murallas

El casco amurallado se ha convertido en un exponente del romanticismo, el lujo, y la esencia tri-étnica del Caribe colombiano. Al igual que sus iglesias y edificios históricos, palacetes y mansiones han sido magníficamente restaurados consiguiendo que la ciudad recupere la gloria de otros tiempos de la que se benefician al unísono el estado, empresas, ciudadanos, y por supuesto, los turistas. Por momentos el visitante descubre fachadas sevillanas y balcones canarios ante sus ojos, así como reminiscencias de Cádiz y aires jerezanos a cada paso; y es que el espíritu de la colonia española parece reavivarse en sus calles coloniales, y los horrores ejercidos por el Santo Tribunal de la Inquisición pueden imaginarse sin dificultad. El oscuro pasado de una dura esclavitud es una constante en esta ciudad, que entre vegetación tropical, historia, y colores caribeños ha conseguido posicionarse sin remilgos como un destino absolutamente exquisito en el que los atardeceres son mágicos, como también lo son los personajes que deambulan diariamente por el corralito: lustrabotas, vendedores de lotería, de periódicos y de minutos de “celular”; jubilados, cambistas, cantantes, saltimbanquis y cumbiamberos. Tras los impresionantes atardeceres que cambian el color de los tejados, las cúpulas, y la piedra de los baluartes, la ciudad se enciende de luces eléctricas que iluminan sus monumentos, y se “prende la rumba”. En la mañana los comerciantes de papayas y patillas –así llaman en estas tierras a la sandía-, volverán a anunciar con alegres voces su fresco producto, además de la hidratante agua de coco.

Si existe algún lugar en el que confluyen todas las clases sociales cartageneras es el “Portal de los Dulces”, que desde el siglo XIX reúne a las expendedoras de melcochas, turrones, alegrías, cocadas, panelitas y caballitos de papaya, muñequitas y cerditos, o casadillas… En fin, un sinnúmero de delicias del recetario popular que se exponen en grandes frascos trasparentes en pintorescos puestos atendidos por mujeres experimentadas en las artes del azúcar, los caramelos, y el manejo de frutos del trópico, combinando los fundamentos culinarios de africanos, europeos e indígenas.

La fiebre del “Sí, quiero”

La Cartagena de mitad del XIX, sacudida por una peste de cólera sirvió de escenario a un amor único, difícil, sin prisa y sin excesos, como fue el de Florentino Ariza y Fermina Daza, los protagonistas de la novela del Nobel de literatura Gabriel García Márquez. Lo cierto es que en esta ciudad la fiebre del amor parece contagiarse, o al menos así podría deducirse del afán que se apodera de nacionales y extranjeros llevándolos a contraer nupcias en este escenario colonial; parecería que la muralla “protegiera” los sueños y promesas de los enamorados frente a la vida conyugal. Las iglesias escogidas por la mayoría de los novios para las ceremonias de matrimonio son, la iglesia de San Pedro Claver, que pertenece a los jesuitas, en su interior se encuentra la tumba del santo liberador de los esclavos;  la de Santo Toribio situada en el barrio de San Diego que se puso de moda para los matrimonios dada su cercanía al Hotel Santa Clara, donde se celebran magníficas recepciones; La Catedral, una de las más antiguas de América; la Iglesia de Santo Domingo que fue restaurada con la ayuda del Centro de Cooperación Colombo-Iberoamericano, siendo una de las más visitadas por los nativos y turistas, ya que alberga la cruz del Señor de los Milagros, realizada por un vagabundo, quien en el S. XIX pidió albergue a los padres del convento, y durante su estadía en el patio del mismo,  elaboró y talló al Cristo en un único bloque de madera; el misterioso personaje carpintero desapareció un día sin dar aviso a nadie, y dejó en su lugar al ahora Cristo milagroso; a los novios les encanta esta iglesia ya que está situada frente a una maravillosa plaza llena de mesas, música y rodeada por bellas construcciones coloniales; también es muy pretendida la Ermita del Cabrero, ya que era la capilla privada del Presidente Rafael Núñez, autor de la Constitución colombiana de 1886, constitución que rigió los destinos del país por más de 100 años. Otros prefieren  hacerlo en la intimidad de la suite de un hotel, en un baluarte, en una vieja mansión, o en el mismo castillo de San Felipe.  El auge de las bodas ha llevado a hoteleros y empresarios a diseñar completos y especiales planes especiales de marketing, que satisfacen las exigencias de un público que acude al encuentro del romanticismo de La Heroica. Los menús, cada vez son más sofisticados, y las fusiones de cocinas provenientes de otros lugares del mundo con la cartagenera, una de las más ricas y variadas de Colombia, están a la orden del día. Y en cuanto a las fiestas, lo mejor sería vivirlas en primera persona, aunque de ellas se dice que son las más divertidas y originales del país.

Getsemaní

El barrio de Getsemaní fue el primer lugar de la ciudad en que los negros liberados instalaron sus viviendas; con el transcurso de los años, la bohemia cartagenera y también muchos artistas extranjeros y del interior del país, fueron comprando los lotes, casas, y edificios del barrio. Hoy, varias casas han sido restauradas, y por su cercanía al Centro de Convenciones, a la bahía, y también a uno de los barrios más tradicionales de Cartagena, el barrio de Manga, Getsemaní se ha convertido en el nuevo polo de inversión para quienes quieren vivir en la ciudad y no sólo ir de vacaciones; sin embargo los turistas acuden cada noche a su famosa Calle Larga, ya que sobre la misma, se encuentran muchos de los mejores locales bailables, discotecas y restaurantes de Cartagena.

El bicentenario

Con motivo del bicentenario a celebrarse en el próximo mes de noviembre, la ciudad costeña en la que conviven armónicamente la arquitectura colonial, republicana, y contemporánea, se alista para vivir por todo lo alto su gran fiesta, así lo pregona el pujante desarrollo del sector de la construcción, y también el apoyo que el gobierno está dando a la ciudad: se está construyendo un campo de golf de primera categoría para torneos internacionales, bajo las órdenes del mismo Jack Nicklaus, alrededor de ocho kilómetros de playas están siendo sometidos a un ambicioso plan de renovación, la refinería más importante del país, Ecopetrol, se está ampliando; varios hoteles tipo “boutique” y otros inmensos de prestigiosas cadenas internacionales han abierto sus puertas o están por abrirlas; aparecen complejos residenciales como modernas alternativas de recreo, y el puerto de cruceros recibe cada vez más navíos. Cartagena cumplirá doscientos años de libertad, con la mirada en el futuro y con la certeza de estarse convirtiendo en un destino internacional de primer orden. Quienes no la conocen querrán llegar a ella, y quienes nos hemos dejado seducir por su belleza y encanto, querremos regresar.

Cómo llegar

La aerolínea colombiana Avianca vuela directamente desde Madrid a Bogotá todos los días de la semana. También tiene vuelos directos a la capital colombiana desde Barcelona los lunes, martes, jueves y sábados. El enlace a Cartagena se realiza el mismo día desde la terminal nacional del aeropuerto El Dorado.

Iberia por su parte, vuela desde Madrid diariamente a Bogotá, en donde gracias al acuerdo con Avianca se puede enlazar inmediatamente a Cartagena.

La compañía Air Europa ha anunciado su nueva ruta Madrid-Cartagena en vuelo directo a partir del próximo diciembre.

Dónde Dormir

Hotel Sofitel Santa Clara: El convento del XVI de las hermanas clarisas ha sido restaurado en un delicado esfuerzo donde el lujo y el confort son la constante. Sus 119 habitaciones y 17 suites combinan los estilos colonial y republicano en un sofisticado ambiente de cinco estrellas. 

www.hotelsantaclara.com

Cartagena de Indias Small Luxury Hotel: En un edificio republicano de 1954 se levanta este establecimiento, en el que a luz natural y el color blanco predominan en sus seis pisos y en sus 32 habitaciones.

www.hotelcartagenadeindias.com

Hotel Caribe: Aunque no está en el centro histórico sino en  Bacagrande, es por excelencia el hotel de la Cartagena de siempre. Construido en 1941, por él han desfilado políticos, personajes de la farándula y el mundo taurino, o grandes empresarios. Cuenta con tres torres, pero sin duda la de mayor encanto es la colonial.

www.hotelcaribe.com

Agencias

Singular Luxury Travel Designers: Dedicados a la realización de viajes a la medida que proporcionan experiencias únicas, consiguen que sus clientes penetren en las profundidades de una cultura desconocida, a través de una ruta de sensaciones excepcionales e ilimitadas. Para planificar una boda en La Heroica, lo mejor es ponerse en contacto con ellos.

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