El espíritu blanco de los Altos Pirineos

Con muy buenas comunicaciones, a tiro de piedra de España y ubicada entre el Atlántico y el Mediterráneo, esta zona de los Pirineos franceses no cesa en el esfuerzo de convertir su patrimonio natural en un importante escenario ecológico en el que imperan una serie de políticas medioambientales realmente ejemplares. Por una parte, y con el propósito de hacer del mundo del esquí una actividad de calidad seductora para toda la familia, las estaciones presentes en la región de Altos Pirineos luchan para que sus dominios, hoteles, apartamentos turísticos, restaurantes, atracciones y los diversos negocios que giran en torno a los deportes de invierno gocen de buena reputación y estén incluidos dentro del listado de establecimientos de algunos de los más prestigiosos “sellos de calidad turística” del país galo. Así, algunos de ellos se vanaglorian de poseer el “Famille Plus Montagne”, un sello otorgado por la asociación “Ski France”, que garantiza la calidad de las propuestas ofrecidas para la familia. Por otra parte, y con el convencimiento de brindar la mejor calidad posible al usuario tanto en las características técnicas de los dominios como en las mismas atracciones que se ofrecen, las estaciones luchan desde hace varios años por el aumento de su compromiso ecológico. El objetivo es que la zona pirenaica, considerada una de las mayores reservas naturales de Europa, mantenga su esencia, sus tradiciones y su cultura a lo largo de más de 400 kilómetros.

Para disfrutar del deporte, de los paisajes pirenaicos y de la oferta diversa de atracciones concebidas para un público cada vez más exigente y devoto de la naturaleza, hemos visitado tres de las estaciones de los Altos Pirineos.

Saint-Lary: un espacio ecosostenible

En el corazón del Valle de Aure se encuentra el pueblo de Saint-Lary, un encantador enclave de montaña que está comunicado por telecabina y teleférico con la estación que lleva su mismo nombre y que es propiedad de los hermanos De le Rue, campeones de snowboard. Aquí son 55 las pistas que se prolongan a lo largo de 100 kilómetros: 7 verdes, 25 azules, 14 rojas y 9 negras.

El empeño de sus gestores por convertirse en un espacio ecosostenible se palpa continuamente en  aspectos referentes a la movilidad dulce, el uso de energías renovables o la acertada gestión de residuos que en esta estación se implanta desde 1957, año de su inauguración. Recientemente, la millonaria inversión de su nuevo telecabina Vignec-Saint Lary, que permite el ascenso a la estación en ocho minutos, ha conseguido que en la temporada de mayor afluencia de visitantes circulen por el Valle de Aure mil cuatrocientos vehículos y cincuenta autocares menos de lo habitual. El ahorro de energía y la disminución en contaminación son en Saint Lary verdaderos emblemas verdes.

Tres espacios en un mismo dominio

Con tres sectores claramente demarcados y que van de los 1.700 a los 2.500 metros de altitud, la estación se posiciona como la favorita de familias con niños. El espacio St Lary 1.700 Pla d’Adet es por excelencia el de los pequeños y principiantes. Sus pistas anchas y bien pisadas facilitan el aprendizaje de aquellos que se inician en los deslizamientos.

Con el convencimiento de que los niños de hoy serán los esquiadores del mañana, el espacio dedicado a los menores de la familia ha sido sometido a una ampliación considerable, que pretende hacer más ameno el proceso de aprendizaje, reduciendo el esfuerzo físico y las duras condiciones climáticas presentes. Las nuevas alfombras deslizadoras por las que los pequeños ascienden hasta su “primera cumbre” están cubiertas para resguardar a los niños del frío, la lluvia o el viento, con el aspecto de una atracción futurista que emociona a unos neófitos listos a descender sobre diversos tipos de trineos, tablas o esquís. El amor y respeto por la montaña y la nieve se inculcan desde la  más tierna infancia en las guarderías de la estación, verdaderos templos de una temprana enseñanza enfocada al respeto por los entornos naturales.

El espacio de Saint Lary 1900 Espiaube es el preferido por los amantes de los descensos. A ella se accede a través del telecabina “Portet” o de la combinación de los telesillas “La Serre” y “Soumaye”. Aquí encontramos una de las pistas más largas de los Pirineos con 3 kilómetros y 700 metros de desnivel y también la pista roja más atractiva, “Mirabelle”, en honor a Isabelle Mir. Ésta se preparó aquí para los Juegos Olímpicos de Grenoble de 1968 y consiguió la medalla de plata junto al equipo de esquí de Francia. El descenso, de 3 kilómetros y 600 metros de desnivel, ofrece uno de los paisajes más espectaculares del dominio.

El tercer espacio es el de St Lary 2400 Vallon du Portet, concebido para los amantes de las grandes sensaciones y los esquiadores más avanzados,  al que se llega a través del telesilla “Corneblanque”. Su snowpark ha sido uno de los primeros en aparecer en el Pirineo francés e incluye zona de “pipe” (saltos) y de “jibbs” (rampas y railes) con sistemas de cañones de esparsión que aseguran que siempre haya nieve. Aquí se celebró el pasado mes de diciembre el evento “Snowboard Day” y en este mes de marzo tendrá lugar el “Poney Session”, una competición internacional de freestyle en snowboard.

Una de las novedades de Saint Lary 2400 es el llamado “DC Live Park”, un sofisticado sistema de cámaras que filman las imágenes de proezas y piruetas de quienes opten por colocar en su casco una de las etiquetas portadoras de un chip inteligente. Para descargar completamente gratis sus vídeos y fotografías, los deportistas deberán acceder a internet a través de sus smartphones u ordenadores e ingresar en la web del sitio el código de la etiqueta del casco.

Uno de los lugares más espectaculares de este dominio es el lago Oule frente al macizo de Néouvielle. En sus orillas se encuentra un refugio accesible (previa confirmación de la estación) en telesilla o en esquís. Son varios los que acuden a contemplar el paisaje y almorzar “tartiflette” –un plato al horno a base de patatas, bacon, nata, vino blanco y queso reblochon– y tarta de arándanos en plena naturaleza.

Val Louron: la vida a pie de pista

Esta pequeña estación a caballo entre los valles de Aure y de Louchon mira a un hermoso valle cuajado de parajes inolvidables, montañas que superan los 3.000 metros de altitud, de pequeñas iglesias románicas y de pueblos con la típica arquitectura de las zonas pirenaicas.

El dominio, ubicado a 1.400 metros de altura, es uno de los favoritos de los principiantes del esquí debido a que la zona destinada a quienes se inician en este deporte se encuentra completamente apartada del resto de la estación. Los remontes mecánicos –un pasillo rodante y un telesquí- llegan hasta dichas pistas verdes permitiendo que los aprendices, sin ningún tipo de presiones, disfruten de tranquilidad absoluta y aseguren la concentración que requiere el proceso de dominar los esquís.

Cierto es que no se trata de un dominio grande, sin embargo, sus 19 pistas ofrecen diversión para cualquiera que sea el nivel de esquí de los concurrentes: 6 verdes, 6 azules, 6 rojas y 1 negra se incluyen en los 22 kilómetros esquiables del dominio. La pista azul de Lapadé comienza en la cumbre de la estación y ofrece un panorama espectacular a lo largo de un descenso arbolado. No en vano, se ha convertido en la favorita de los que optan por este dominio.

Fácil, entretenida y muy tranquila, así es la estación de Val Louron. Todos los alojamientos se encuentran a pie de pistas y con vistas a las cimas. Existen algunos restaurantes y bares para que por la noche no haya que desplazarse a ningún otro lugar.

Huellas en el bosque

Descubrir la historia geológica y la geomorfología de los Pirineos es posible gracias a los diferentes tipos de rocas que se pueden observar en los senderos trazados para recorridos en raquetas de nieve. Si por el contrario el viajero es más afín a lo botánico, los recorridos pueden orientarse a la búsqueda de las especies pirenaicas que habitan los bosques de estas montañas. Pero sin duda, el recorrido más divertido que se pueda hacer con raquetas es el que sigue las huellas de aves, liebres, zorros o ardillas, todo un acercamiento a la fauna que habita la región.

Si es el esquí nórdico el que nos seduce, en el bosque de Lapadé encontramos un sendero balizado y seguro.

Peyragudes:  diversión entre dos vertientes

Hace algo más de dos décadas dos de las más célebres estaciones de esquí de las vertientes pirenaicas de Agudes y Peyresourde se fundían en un solo dominio, el de Peyreagudes. Desde entonces, el nuevo dominio ha apostado por la aplicación de tecnologías punta en todas sus actividades y por conseguir, en los momentos en que la afición por el esquí descendía en toda Europa, que sus precios ofrecieran diversidad y dinamismo para todos sus visitantes, teniendo particularmente en cuenta a los no esquiadores. Actualmente la estación es una de las más concurridas y deseadas por aficionados y acompañantes gracias a las políticas innovadoras de su gestión y a la gran gama de posibilidades de su oferta deportiva y de ocio. Probablemente su mayor logro diferencial sea la capacidad de producción de nieve de cultivo pilotada por ordenador, que garantiza la calidad y espesura de la misma en la totalidad de un dominio que incluye 60 kilómetros de pistas con 5 verdes, 20 azules, 20 rojas y 4 negras.

Los más osados se encuentran aquí con “La Vallé Blanche”, una pista roja de más de 5 km. que permite deslizarse, con total seguridad, fuera de pista en un entorno excepcional, lejos de la concurrencia y del ruido, en la alta montaña rodeados por las cumbres y cimas del paisaje, en un trayecto que por sectores bordea un precioso riachuelo.

El tradicional trineo sigue siendo una actividad que cuenta con muchos adeptos fanáticos de este tipo de deslizamientos. Sin embargo, su conocida versión de madera o de plástico con la que alguna vez hemos jugado todos se ha reconvertido. Ahora existen diversos modelos y estilos, incluso más divertidos, que llegan a marcar tendencias en una actividad de la que se puede disfrutar a cualquier edad Hasta 15 trineos enganchados uno a otro descienden con un grupo de amigos serpenteando entre risas y emociones en una atracción llamada “snakegliss”; parecido a una pequeña bicicleta pero con un centro de gravedad muy bajo, es el llamado “yooner”, que atrapa todas las miradas… y ya para rizar el rizo, el “airbord”, un trineo hinchable sobre el que hay que deslizarse bocabajo agarrándose de sus manillas permite sensaciones inigualables.

Un vuelo de película

Quien posea buenas nociones de esquí podrá deleitarse con una actividad realmente emocionante: el parapente biplaza. Volar sobre la cordillera pirenaica y sus impresionantes picos blancos permite una panorámica digna de película de cine. El vuelo se hace en tándem, por lo que los conocimientos de esquí son necesarios para el aterrizaje a pie de pistas tras un vuelo que empieza en las cimas de la estación.

El llamado speedriding ha sido el último atractivo en hacer su debut. Se trata de una mezcla de parapente y esquí, que desciende puntualmente para rozar la nieve a gran velocidad volviendo a ascender para proseguir con el vuelo de nuevo antes de volver a trazar curvas imposibles o arañar el suelo fugazmente. Para esta actividad los conocimientos de esquí han de ser realmente óptimos.

Entretenimiento que no termina

El espacio nórdico de la vertiente de Peyrisourde permite probar nuestra destreza en el arte de las lanzas, azagayas, flechas polinesias, arcos prehistóricos o bumeranes y cerbatanas en un recorrido que puede realizarse con raquetas de nieve, o simplemente con calzado adecuado. Al caer la tarde y con un vaso de vino caliente en la mano, es posible hacer un corto trayecto de senderismo acompañado de un guía que nos contará las leyendas tradicionales de montaña en una sesión cercana a un relato de cuentos que hará soñar a grandes y pequeños. A propósito, si estos últimos no quieren andar o son muy pequeños para ello, es posible empujarlos en tablas especiales que llevan un asiento incluido para comodidad de todos.

Si al volver a la estación el empeño en no terminar el día aún se mantiene, las apisonadoras de nieve esperan para transportarnos cómodamente por los espacios del dominio. Conoceremos el oficio de apisonador y viviremos de primera mano la estación “tras bambalinas”.

Hautes Pyrénées es durante estas fechas una región de espíritu blanco que espera a todos los amantes de la montaña… a quienes esquían y quienes no lo hacen. La diversión y el descanso, están sin duda, asegurados.