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Santiago de Compostela: Fragancias de fe

Muerto Jesús, la fe de Cristo hubo de expandirse por el mundo de la mano de sus apóstoles; fue Santiago el Mayor, quien llegara a la Hispania para evangelizar su territorio. Según la leyenda, tras morir en Palestina, su cuerpo fue trasladado en barco hasta los confines del mundo: a Galicia; su cuerpo fue depositado sobre una roca, que se convirtió en sepulcro, y su hallazgo cambiaría para siempre la historia de la cristiandad, así como  la de Santiago de Compostela.

Las diferentes vertientes del Camino de Santiago, fueron declaradas en 1993 por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Así, la red de calzadas que se extiende por toda Europa, tras cruzar los Pirineos, se unen en Navarra. La extremeña Vía de la Plata, proveniente del sur, llega también a Santiago, junto con las vías procedentes de Portugal. En un año santo, con sólo cruzar en la catedral la Puerta Santa o del Perdón, los peregrinos confían en que sus pecados les serán perdonados. El añorado portón se encuentra en la Plaza de Quintana, una de las más concurridas de la ciudad, y versión muy contemporánea del ágora pública, llena de visitantes y santiagueses.

Santiago, es un mágico escenario en el que de una forma mística, la piedra deambula entre la niebla o “brétema”, y el sol. Su Catedral, junto con varias plazas y edificios, iglesias, conventos, una impresionante universidad, y probablemente el más famoso de los Paradores Españoles, el de los Reyes Católicos, plasman  varios estilos arquitectónicos que reflejan el paso del tiempo, y que con la lluvia compostelana, otorgan a la ciudad, un perfil artístico que se ha convertido casi en tópico. Aquí, el musgo y la lama parecen aferrarse a los monumentos que les dan cobijo, con la misma fe con que los peregrinos arriban a la ciudad.

“Zapatones”, un anfitrión de sandalias.

La imponente fachada barroca de la catedral, el Pazo –palacio rural gallego- de Raxoi, el colegio de San Xerome, y el antiguo Hospital Real –hoy parador de turismo-, presiden con solemnidad la Plaza del Obradoiro, el inmenso corazón de la ciudad. En ella, un personaje propio de la iconografía gallega llamado Zapatones, con atuendo de eterno peregrino, se pasea entre verdaderos monumentos del arte en piedra, dando la bienvenida y repartiendo saludos a los visitantes. Cuenta con orgullo que el mismo rey de España le dijo en una ocasión: “Zapatones, tiene usted la sala de estar más linda del país”, a lo que el peregrino respondió: “Majestad, estoy de acuerdo con usted”. No lleva zapatos sino sandalias, su hábito y su capa marrón relucen con una sobria elegancia, propia de la edad media. Su sombrero, bordón y conchas, evocan la indumentaria característica de quien hace el Camino. Sin esfuerzo, Zapatones consigue que el visitante comparta la opinión de Don Juan Carlos. La Plaza del Obradoiro debe recorrerse por la noche, en compañía de la niebla y bajo el olor a hierba húmeda, del que mustiamente, Santiago se impregna tras la lluvia.

Tres son los arcos que forman el Pórtico de la Gloria, dando acceso a la Catedral. El conjunto escultórico, inspirado en el mismo Apocalipsis parece, por momentos, excesivo en belleza e imposible en tallas y formas. Sus personajes y elementos conforman, de la mano de los ángeles, aquel destino merecido por los justos: La Gloria. Este pórtico es la muestra más perfecta de trabajo románico en piedra, obra del maestro Mateo.

“Tiraboleiros”, fuerza y devoción compostelana

La tercera ciudad del cristianismo, tras Roma y Jerusalén, alberga en su templo catedralicio los restos del apóstol Santiago. Todos los días a las 12h, la misa se celebra en honor de los peregrinos. El gran incensario, llamado “Botafumeiro”, se balancea por la nave principal -en año santo lo hace diariamente-, empujado por ocho hombres conocidos como los “tiraboleiros”, que esparcen con decisión, una devota fumarada que transporta fragancias de Fe. La cubierta de la Catedral permite contemplar Santiago, de forma inolvidable, desde esta especie de “bóveda celestial”.

De la Universidad a los nuevos símbolos urbanos

La universidad ha contribuido durante más de quinientos años a la historia y desarrollo de la ciudad, tanto así, que ésta se ha convertido en más estudiantil que religiosa. Si ya grandes nombres de la arquitectura del XX, -Alvaro Siza, Josef Kleihues, John Hejduk- plasmaron aquí parte de sus principales obras, la fuerza gallega continúa su avance. Al este de la ciudad, en el monte Gaiás, se gesta el que será el nuevo icono cultural santiagués y gallego; en un área de 141.000 metros cuadrados se levantan auditorios, museos, biblioteca, archivos de Galicia, salas de investigación y zonas de servicios públicos: “La Ciudad de la Cultura”, ideada por el gran arquitecto norteamericano Peter Einsenman.

Rúa Dos Viños, y un espacio verde

Toda suerte de productos gallegos se degustan en los más de 50 bares que atiborran la famosa Rúa do Franco (no por el Caudillo, sino por los franceses que la habitaron durante la construcción de la catedral), en la que pescados, mariscos, carne y vinos de denominación Rías Baixas, son las delicias del tapeo. No se puede dejar Santiago, sin probar la exquisita “tarta” que lleva su nombre.

El parque de la Alameda reúne en un trazado definido, robles centenarios y eucaliptus, zonas para el esparcimiento, paseos y dos santuarios: la capilla de Santa Susana, y la Iglesia del Pilar, aparte de un mirador al casco medieval de la ciudad que contiene el grupo de plazas barrocas más hermoso de Europa.