“Érase una vez el casco medieval más bonito del mundo…” debería decir un cartel a la entrada al casco histórico de Tallín.
En una colina llamada Toompea, a orillas del Báltico, habita la “Gran Dama” de Estonia. Todo aquel que la visita, sucumbe ante su belleza, y tras conocer su historia, marcada por la barbarie y las invasiones de sus vecinos, entiende la profundidad del amor de los estonios por su nación.
Cruzar cualquiera de las puertas de su grandiosa muralla con 18 torres, es viajar al siglo XV, al medioevo intacto, a la belleza báltica… Es entrar en un cuento hermoso y fascinante, es caminar por entre las ilustraciones de una fábula, conociendo la magia de parques temáticos sin decorados, sin copias de cartón, sin Disney… Tallín es sencillamente, original.
Patrimonio de la Humanidad
El recinto amurallado de la ciudad, fue declarado hace unos años por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad. En él, sobrias fachadas de tonalidades pasteles, puertas multicolor de diferentes materiales, techos de rojiza teja, interiores de maderas nobles, románticos balcones, importantes iglesias y un entresijo de callejuelas, conviven al ritmo de otros tiempos con la mirada puesta en el futuro.
La Plaza del Ayuntamiento, o “Raekoja Platz”, es el eje central de una villa dominada y peleada durante siglos por suecos, daneses, alemanes, polacos, y rusos. En ella, diversos restaurantes, y animadas terrazas, compiten por atraer a los cientos de turistas que cada día desembarcan de los cruceros que surcan el Mar Báltico. El edificio del ayuntamiento, uno de los escasos de corte “gótico civil” del norte de Europa, está repleto de esculturas y relieves de madera, y a su torre se puede acceder para disfrutar de la panorámica de la Ciudad Vieja. La farmacia más antigua de Europa está también en esta plaza, su nombre es Burchart, fue restaurada en el año 2000, y se conoce su existencia desde 1422.
Sobre los adoquines de las calles se levantan coquetos puestos de madera que venden cacahuetes garrapiñados, de la mano de personajes vestidos a la antigua usanza.
Monumentos y varios museos, se extienden por las calles de una ciudad que escasamente llega al medio millón de habitantes, y en la que abundan las tiendas de productos en lana e hilo, especialidades artesanales de Tallín.
Un recorrido entre murallas
Su posición estratégica, permitió que muchos comerciantes del Báltico se establecieran aquí, y para poder ser miembro de alguna congregación comercial, era necesario “tener casa y mujer”. Un recorrido por la peatonal calle Pikk, va contando entre piedras, portones y decorados de fachadas, las actividades a las que se dedicaron sus antiguos propietarios, mientras que el esplendor económico de otros tiempos se va percibiendo en cada construcción. Esta calle termina en una de las puertas de la muralla, en cuyo torreón principal llamado cariñosamente “Margarita la Gorda”, se encuentra el Museo Marítimo. Cerca de él se halla la iglesia del patrón de la ciudad, San Olav, siendo el mirador de su torre el más visitado. Sin embargo, en la parte alta de la ciudad está la Catedral Ortodoxa Rusa de Alexander Nevski, la iglesia que más miradas atrae; sus cúpulas reproducen la arquitectura religiosa de Moscú, y su interior es más que soberbio.
Una de las calles que no puede faltar en ningún recorrido es el “Pasaje de Santa Catalina”, construido sobre lo que fuera la antigua catedral. En él, la espiritualidad de la Edad Media perdura entre los arcos y piedras de los restos de la antigua Iglesia de Santa Catalina.
De “dominios” e internet
El acoso de los vecinos a nuestra anfitriona, no fue sólo durante la antigüedad. Estonia se separó de Rusia en 1918 proclamándose república, pero la URSS no reconoció su independencia hasta 1920. La dicha duró poco, los nazis la ocuparon en 1940, y tras la guerra mundial, en 1944, y con Stalin al poder, entró nuevamente el régimen soviético. Miles de opositores fueron enviados a los campos de concentración de Siberia. Finalmente en 1990, Estonia consiguió su independencia y, desde 2004 es miembro de la Unión Europea.
Tallín es actualmente la “capital del wi-fi”. Los estonios, al estar a la cabeza en cuestiones de internet en toda la Unión Europea, merecen el aplauso de los internautas: ningún establecimiento de la ciudad cobra por la conexión inalámbrica a internet (incluidas las habitaciones de todos los hoteles). El Parlamento ha incorporado la prerrogativa del uso de las nuevas tecnologías, dentro de los derechos fundamentales de los ciudadanos, ya que Estonia fue el primer país en el mundo en introducir el voto y el documento de identidad electrónicos. Un estonio fue el creador, en Estados Unidos, de Hotmail, y en Tallín, nacieron “Kazza” y “Skype”, programas para descargar música y conversar por la red, respectivamente.
Los extramuros de Tallín
Más allá de las murallas, la que ha sido nombrada “Capital Cultural Europea 2011” muestra su cara más soviética. Sin embargo, el “Parque de Kadriorg”, mantiene la pomposidad de la Rusia de los Zares, con el “Palacio de Verano de Pedro I”, en el que el Barroco Imperial de los Romanov, con sus jardines y fuentes afrancesadas, lo dominan todo.
La vanguardia también ha encontrado aquí su nicho con el “KUMU” de arte contemporáneo estonio, declarado en 2008 por la Unión Europea, como “Museo del Año”.
En varios barrios se imponen tendencias contemporáneas artísticas, y de moda. Tal es el caso de “Kalamaja”, que a orillas del mar, y repleto de casitas de madera usadas antaño por los obreros que construyeron el ferrocarril hasta San Petersburgo, ofrece un encantador ambiente bohemio con restaurantes y varias galerías de arte. En el paseo “extramuros”, no pueden faltar el viejo “Mercado Rotterdam”, con sus locales y bares de diseño, ni el auténtico mercado “Balti Jaama Turg”.
Por ostentar en 2011 junto con su vecina finlandesa Turku la capitanía cultural europea, Tallín ofrecerá a lo largo de todo el año, una variada oferta de exposiciones, eventos, conciertos, espectáculos y muestras cinematográficas.
FICHA TÉCNICA:
Cómo llegar
Desde España y gracias al código compartido de Avianca con Iberia, se puede volar a Helsinki, para desde allí tomar el ferry a Tallín, que tarda dos horas. También se puede hacer la travesía desde Estocolmo, en cuyo caso son 15 horas de navegación.
Dónde dormir
Schössle Hotel: Un 5 estrellas en pleno casco antiguo de la ciudad con todo el encanto de un hotel pequeño.
Dónde comer
Olde-Hansa: Disfruta de un banquete medieval amenizado con música antigua, y servido al más puro estilo estonio en un local del siglo XV