El carnaval de la K

Me encuentro en Colonia, a orillas del Rhin, disfrutando del carnaval más grande de Europa. Aquí, los nombres de todos los protagonistas empiezan por la letra “K”: KöLN es Colonia; KöLSCH es la cerveza local; KOSTüM es disfraz, KARNEVAL es carnaval; KREPPELS son unos típicos panecillos rellenos de mermelada; KAMELLEN son los apetecidos caramelos; KONFETTI son los papelillos que caen de los balcones como nieve de colores, y KATER es la infaltable resaca.

Carnaval de Colonia. Copyright Hernando Reyes
Carnaval de Colonia.
Copyright Hernando Reyes

Este año no podía faltar a mi cita con el carnaval, y haciendo caso del viejo dicho romano que reza que “no se conoce Alemania, hasta que no se ha visto Colonia”, he venido a una fiesta a la que se refieren como la “Quinta Estación”, por los tres meses que transcurren desde que oficialmente dan inicio los festejos: el día 11, del mes 11, a las 11.00h y 11 minutos; y en la que la frase permanentemente repetida por todos es “Kölle Alaaf”, una expresión en una antigua lengua local, que viene a significar algo así como “Colonia es de todos”. La semana previa al miércoles de ceniza, es cuando las calles de la ciudad se convierten en una megafiesta, alcanzando definitivamente el éxtasis en los Drei Tolle Tage”, o tres días locos: domingo, lunes y martes de carnaval.

Ftbol

Acorden

Nariz-colorada

Al llegar a la estación de tren, el ambiente ya es de fiesta absoluta (estoy en Europa del norte, mis anfitriones son germanos, todo está controlado y en orden). Decenas de comparsas y pequeñas bandas musicales, parecen competir en un estruendo de notas musicales, gritos y silbidos, que con algarabía anuncian que el desorden está autorizado por decreto del alcalde.

TulesAunque Colonia celebra su carnaval desde 1341, es desde mediados del XIX cuando empieza a tomar más forma. La principal fiesta de la región de Renania, sigue creciendo cada año, y las desbordantes cifras económicas así lo indican: aumento de puestos de trabajo, y de los ingresos para la hotelería y hostelería; mayor recaudación de impuestos, significante incremento en el tráfico aéreo, miles de personas consumiendo en las cervecerías (las mejores marcas alemanas tienen aquí sus fábricas), etc…. No en vano, el Carnaval de Colonia, es la segunda fiesta en tamaño del país, tras el Oktoberfest de Munich.

El pasado jueves se celebró el “Weiberfastnacht”, o carnaval nocturno de mujeres, quienes armadas con tijeras deben, sin piedad, cortar la corbata de los hombres con los que se topan, y besar sin tapujos al hombre que les apetezca. Ese mismo día empiezan los desfiles y paradas por toda la ciudad, que terminan con el desfile de “Rosenmontag Parade”, o “lunes de las rosas”, una gran cabalgata en la que intervienen 15.000 participantes, 500 caballos, 130 bandas, cerca de 150 carrozas, y más de un millón de espectadores. La triada del desfile la componen el Príncipe, un campesino, y una doncella, quien curiosamente, siempre ha sido interpretada por un hombre –salvo en la época de Hitler, quien con su obsesión por acabar con los homosexuales, prohibió que el papel de la bella joven fuera interpretado por varones-.

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Alegra

Entre tanto, se suceden varios eventos: el sábado tiene lugar el “Funkenbiwak”, o el dominio sobre Colonia de tropas prusianas y napoleónicas, en donde se manifiesta con mucha gracia la clara postura anti militar de la ciudad; el domingo, el turno es para escuelas, colegios, asociaciones culturales y diversos gremios, que a modo de comparsas, desfilan por las calles del casco antiguo llenando cada rincón de color y música. El martes, se repiten los desfiles del domingo en los diferentes barrios, y el miércoles de ceniza, bares y restaurantes ofrecen cenas a base de pescado, dando así inicio a la cuaresma, junto con la quema de un muñeco de paja, llamado Nubbel (por fin un nombre sin K), que garantiza que los pecados cometidos durante la “Quinta Estación”, se van con las cenizas.

PersonajeY digo yo, que empezará también una semana de recuperación para el cuerpo… El “resacón” colectivo, debe ser magnánime, gracias a los favores de la ingesta de “kölsch”. Desconozco las cifras, pero puedo asegurar haber visto correr la cerveza a raudales, que a diferencia de Bavaria, aquí la sirven en pequeños vasos tipo tubo, y no en jarras. Ellos mismos se mofan de ello, asegurando que lo hacen así para tener la excusa de servir una ronda tras otra, y además, hacerse amigo de quien las sirve. Dentro de las normas del fiestón, además de ir disfrazado, está la de tener siempre un vaso de cerveza en la mano, y no lo digo en broma, así es, y así se ve -llama la atención la limpieza de los baños públicos portátiles que el ayuntamiento despliega abundantemente por toda la ciudad-; en la otra mano, hay que llevar caramelos, y en este aspecto los alemanes son generosos: gominolas de formas multicolor, regaliz, dulces ácidos, mentas, barritas de cereales, chocolatinas, nubes y un largo etcétera componen la lista de las “chuches”. Las carrozas y comparsas tiran al público que clama a gritos “kamellen, kamellen”, millones de caramelos, rosas y tulipanes.

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Peliroja

Caramelos

Los coloneses se transforman

El entusiasmo por transformarse en otro ser, se propaga entre los coloneses de manera asombrosa. El disfraz más popular es el de soldados de la época de Napoleón, uniformes azules y rojos con espada al cinto, charreteras doradas y Soldadosbotas altas negras, guantes blancos y boinas bordadas con hilos de oro y plata. Los llamados “Chispas Rojas”, en alemán “Rote Funken”, abundan, y se pavonean con aires irónicos. Los payasos, de todos los estilos –incluso en plan minimalista-, se multiplican en cada esquina, en compañía de brujas, príncipes, y muchos vampiros y piratas. Los músicos escogen trajes azules en tonos metalizados, y animan la fiesta a golpe de trompetas, tambores y platillos; y los escaparates de toda la ciudad, y las tiendas de disfraces -que no son pocas-, se visten de serpentinas, globos, narices coloradas, pestañas postizas, pinturas para maquillar, caras de payasos, máscaras de monstruos y demonios, y este año por supuesto, están presentes las vuvuzelas. Los bares permanecen abiertos las 24 horas, y en la calle los puestos de cerveza y comida (las estrellas son los perritos calientes), se mantienen atestados de unos habitantes que de repente han dejado una vida clara, ordenada y proyectada – léase “muy alemán”-, para reemplazarla estos días por personajes ajenos y divertidos. No hay duda, a los coloneses el ambiente de carnaval los vuelve “locos”. Yo, por mi parte, tengo que retornar a la cordura.

Vuvuzelas

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