Como la gran mayoría de los castillos franceses, el de Chantilly fue saqueado y destrozado durante la Revolución Francesa. El que fuera la morada del Duque de Aumale, lugar de trabajo del gran Vatel -el cocinero de la nobleza por excelencia-, y el sitio en el que se inventara la afamada crema de repostería que lleva su nombre, sigue cautivando por su belleza e imponencia.
A 50 kilómetros al norte de París se encuentra la población de Chantilly, y en ella su famoso castillo con sus espectaculares jardines y sus bosques protegidos. La mansión alberga la segunda colección de cuadros del país tras el Louvre, y su visita es nunca mejor dicho, toda una “delicia”.



Obras de Watteau, Ingres, Delacroix, Fromentin y hasta Rafael (con tres cuadros), además de muchos autores franceses del XVIII están presentes en las paredes de esta residencia en la que techos, vitrales, e incluso las empuñaduras de las puertas llevan el monograma “H.O.”, iniciales de su propietario Henri d´Orléans, Duque de Aumale, quien conociera la gloria a los 21 años durante la toma de smalah de Abd el-Kader, capital ambulante del jefe árabe rebelado contra la presencia francesa en Argelia. Casado con su prima María Carolina de Borbón-Sicilia, ejerció como gobernador general de Argelia. Tras la revolución independista de 1848, se exilió en Londres durante 22 años. A su regreso a Francia, y tras haber perdido a su mujer y a sus dos hijos, se consagra a la reconstrucción del Gran Castillo, que posteriormente en 1886, legara al Institut de France:
“Con el deseo de conservar íntegramente para Francia el dominio de Chantilly, con sus bosques céspedes, aguas, edificios y lo que éstos contienen: trofeos, cuadros, libros, archivos, objetos de arte. Todo este conjunto, que forma un monumento completo y variado del arte francés, en todas las áreas de la historia de mi patria, en épocas de gloria. He tomado la decisión de confiar el depósito a una institución ilustre que me ha hecho el honor de acogerme doblemente en sus rangos”. Enrique de Orleáns (1822-1897).




El exterior del castillo y sus jardines son quizá aún más impresionantes que su interior. En ellos, los invitados disfrutaban de bailes, fiestas, conciertos, y sobretodo, fuegos artificiales tras las suculentas cenas que en el XVII, servía Francois Vatel, en quien el Duque de Aumale depositara el destino de la mansión, responsabilizándolo además, de la organización de las recepciones de toda la corte de Versalles. El más importante de los festines duró tres días y tres noches; y en él se rendía homenaje a Luis XIV con el propósito de que el Duque anfitrión fuera nombrado comandante en jefe de la campaña militar que pronto emprendería Francia contra los holandeses.


Un sinnúmero de sirvientes y lacayos trabajaron sin parar para sorprender a su rey con unos elaborados menús, y con unos sofisticados espectáculos de complicada ejecución nunca antes vistos en Francia. Un bochornoso acontecimiento sacudió a esta fiesta de la nunca mejor dicho “crema y nata” de la sociedad francesa al suicidarse el gran “Mâitre”, quien desesperado porque el pescado de uno de los platos no llegaba a tiempo, optó ante la impotencia, por atravesar su cuerpo con una espada. El cuerpo del gran jefe de ceremonias y cocina, fue encontrado por uno de sus ayudantes cuando acudió a decirle que por fin el pescado ya se encontraba en el castillo. La historia fue llevada al cine con el nombre de “Vatel” en el año 2000 bajo la dirección de Roland Joffé, teniendo como protagonistas a Gérard Depardieu y Uma Thurman.
Es probable que Vatel hubiera inventado la crema Chantilly con anterioridad a esta fiesta, pero fue a partir de entonces cuando se hizo popular para acompañar postres y frutas.
Un grupo de casitas rústicas componen la llamada “aldea” de los jardines del castillo de Chantilly (las que posteriormente servirían de inspiración para la granja de María Antonieta en Versalles), destinadas a la relajación y a pequeños eventos de los familiares del Duque. Una de ellas actualmente está convertida en una tienda de productos regionales, y en las mesas de su jardín puede degustarse un menú campestre que por lo general incluye la “Crema Chantilly” en sus sorbetes y postres. Tengo que reconocer que aquí el sabor y la textura de la bendita crema son únicos, y que no se ha probado la verdadera Chantilly hasta que no se hace en este sitio: “Le Restaurant du Hameu”.

La visita a las grandes cuadras y establos de caballos del castillo, ponen el punto final a este paseo; en ellas se encuentra desde 1982 el “Museo Vivo del Caballo”, que muestra diferentes razas equinas en sus casillas. Tres veces por día tiene lugar un espectáculo ecuestre en la rotonda central.


El Duque de Aumale, que por cierto, estaba convencido de que reencarnaría en caballo, encargó a Jean Aubert el diseño de estas monumentales cuadras de Chantilly en el siglo XVIII, en ellas se pueden albergar 240 caballos y 500 perros.
Yo sólo pienso que si reencarno en algo, sea lo que sea, me vuelvan a dar Crema Chantilly.

Delicioso Post, como la crema de Chantilly en Chantilly.
Hola Hernando: En agosto estaré en París, y quiero saber si este es uno de los castillos del Loira, y si es fácil llegar desde París. Un abrazo.
Fernando, qué gusto saber que nos lees. Respondiendo a tu pregunta te diré que Chantilly no es uno de los castillos del Valle del Loira, está a 50 km al norte de parís en el departamento de Oise. Desde la Gara du Nord tienes trenes de cercanías, y el trayecto no dura más de una hora. Ten presente que el castillo cierra los martes. Espero haberte ayudado con estos datos. Un abrazo
Maravilloso castillo, maravilloso artículo y…yo también quiero Crema Chantilly!
Chantilly es la típica excursión de fin de semana de los parisinos cuando quieren campo y aire puro. Un sitio mágico con una historia fascinante. El pueblo, bien merece una noche de fin de semana, tiene pequeños hoteles y unos restaurantes muy agradables.