Todo un santuario prístino para la vida marina y los amantes del buceo. Una vez que lo visitas, serás su amigo para siempre…

Tras finalizar una visita de trabajo a Curaçao y por esos arrebatos que nos suelen dar a los viajeros decido llegar por mi cuenta hasta la pequeña isla de Bonaire. El vuelo entre ambas islas tan sólo dura veinte minutos y sé pocas cosas de este pedacito de tierra holandesa en el Mar Caribe. Aterrizo en el pequeño y coqueto aeropuerto de esta porción insular Flamingo International, el que con su nombre rinde homenaje a los cientos de flamencos que han hecho de esta isla su residencia permanente.
Bonaire hace parte de los llamados “territorios de ultramar de la Unión Europea” pues es desde 2010 un municipio más de Holanda, su capital es Kralendijk y son tan sólo 16.000 almas las que habitan la isla. Aunque aquí no hay euro, la moneda oficial es el dólar porque así se decidió para no encarecer la isla y para mantener cierto equilibrio de mercados con las islas cercanas que tienen el dólar americano como única moneda.
Aunque fue descubierta por los españoles, por su dominio lucharon ingleses y franceses, pero fueron finalmente los holandeses quienes en 1636 hicieron de ella su colonia. El idioma oficial es el holandés, y el papiamento, un dialecto que mezcla holandés, portugués, inglés y español, es hablado por todos. Comunicarse con los locales en español es perfectamente viable pues gran parte de ellos lo domina de una forma bastante aceptable, y como en todas partes, el inglés es el idioma comodín.

Toda la costa que rodea la isla fue declarada Parque Nacional Marino y la temperatura media de sus aguas es de 27º centígrados a lo largo de todo el año; la visibilidad del agua es de 18 a 30 metros, otra gran baza a su favor. El mayor tesoro de Bonaire son sus paisajes subacuáticos, los que sin lugar a duda están más cerca de la ficción que de la realidad. Jamás había visto algo igual (y yo no hago submarinismo –por ahora-, sólo snorkel).

El buceo de orilla ha hecho que esta isla se posicione como el TOP 1 para “diving” en el Caribe, y que se encuentre entre los lugares más atractivos del conjunto de escenarios submarinos a nivel mundial con 86 puntos catalogados e indicados para inmersiones (hay que tener en cuenta que la isla tiene 39 kilómetros de largo por 7 de ancho).

Bonaire nunca ha querido entender de turismo de masas. Por el contrario, apuesta por el turismo de viajeros independientes y por la eco-sostenibilidad de una manera ejemplar y digna de la más alta valoración. Es imposible levantar construcciones de más de 4 plantas y por suerte no existen grandes resorts de “pulserita de todo incluido”. Hay algunos hoteles grandes pero priman los alojamientos pequeños con encanto, bungalows y apartamentos turísticos que, aunque a pie del mar, me recuerdan a los de las estaciones de esquí…

EN BONAIRE TODO ES FÁCIL y también sencillo. Es un destino descomplicado y sin pretensiones que cuida fervorosamente del medio ambiente y que ofrece diversas actividades de eco aventura para que todos disfruten de una isla desconocida por muchos.
En el próximo número de noviembre de la revista Top Viajes aparecerá nuestro artículo sobre Bonaire en el que ahondamos en el tema ecológico y contamos cómo no hay que ser un buceador profesional para disfrutar del paraíso. Nosotros recorrimos la isla en un tuc-tuc tailandés, en este caso eléctrico QUE NO CONTAMINA, como no podía ser menos en una isla cuya gran parte de la energía proviene de fuentes alternativas como el viento.

Navegación, windsurf, kitesurfing, kayak entre manglares, observación de aves, rapel, paseos en bicicleta de montaña o exploración de cuevas son algunas de las actividades disponibles a un visitante que por lo general sucumbe ante los encantos de este pedazo de Holanda en el Mar de los piratas.

El slogan de la Oficina de Turismo lo dice todo: “Once a visitor, always a friend”. Cerca del 40% de los visitantes son reincidentes, por lo que un alto porcentaje de quienes llegan hasta aquí, regresan… Por algo será. Personalmente no veo la hora de volver, especialmente porque quiero hacer allí el curso de buceo, todo se andará, como dicen por ahí.
El buceo y el mundo que gira en torno a él es una de las grandes fuentes de ingreso de esta isla y también lo es la explotación de sal. Las salinas, ubicadas al sur, no solamente mantienen la producción iniciada desde el s. XVII por la Compañía Holandesa de las Indias, sino que regalan los paisajes más inverosímiles que conozca la región Caribe.

En el norte de la isla se encuentra el Parque Nacional Washington Slabaai, una zona protegida desde 1969 que preserva los paisajes típicos del sur del Caribe. Los burros y las cabras que trajeron los españoles, son habitantes populares en una isla donde las iguanas locales son las reinas del lugar. El parque ofrece diversas rutas y actividades, pero todas estas cosas serán motivo de otras entradas en este blog, esto es tan sólo un abrebocas.

La compañía holandesa KLM ofrece un vuelo diario vía Amsterdam y Arkefly también tiene varios vuelos a la semana desde la capital holandesa, por lo que llegar no es tan difícil como se pueda pensar. Desde Suramérica las conexiones están garantizadas desde Aruba y Curaçao y desde los Estados Unidos también existen varios vuelos.
yo se de uno, que se va a pasar el proximo verano a ese Paraiso.Y ya tienebelegida a su instructora de Buceo.operty bordeaq
¡Qué maravilla de lugar! No había leído nada acerca de este sitio aunque conociera su existencia, sin duda es un lugar al que nos tendrás que llevar cuando visitemos aquella zona y nos lleves a Brasil jejeje! Un abrazo!
Sin duda, un lugar al que no podéis dejar de ir. Una joya de esas que ya quedan pocas.
Pues yo no he estado y ya me he enamorado….menuda islita… 🙂
No lo conocía, pero con estos parajes es necesario pasar por ellos… donde esta ese tablero de ajedrez es obligatorio para jugar una partida. Saludos.
ÑYo por mi parte conosco la isla y es un encanto muy vello