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Père Lachaise

“Quiero descansar en Père Lachaise”, dijeron sin duda, filósofos, escritores, músicos, pintores, artistas  y otras personalidades, que descansan en paz, en el maravilloso cementerio parisino. Cualquier día del año podemos ir a descansar a Pére Lachaise, aunque no sea para siempre. Cuando las principales atracciones de París están abarrotadas de turistas, ir a Pére Lachaise aporta un respiro entre la naturaleza, una remembranza de los personajes que yacen allí, un momento de encuentro consigo mismo. La gran interrogación acerca de la muerte se hace menos angustiosa y más llevadera, al encontrarnos rodeados por monumentos arquitectónicos de excepcional belleza. Nos sentimos menos distantes de quienes descansan a perpetuidad, así ellos hayan sido grandes artistas, o personas ejemplares. En Pére Lachaise podemos contemplar el silencio de los monumentos de piedra y mármol. Podemos tratar de comprender el silencio de la eternidad.

Es una visita diferente en la Ciudad Luz, ciudad que nunca se acaba de conocer. Ciudad que ofrece planes para todos los gustos y presupuestos.

Algo común en vairos paises de Europa es dar un paseo por los jardines de los cementerios; la arquitectura y las esculturas de los monumentos, en general, son dignas de observación, y muchas veces, verdaderas obras de arte. Pére Lachaise no es la excepción, las mismas entidades turísticas de la ciudad, incluyen esta necrópolis, como una de las atracciones para visitar. A Pére Lachaise asisten cada día, plano en mano, mayor número de personas que también pueden conseguir una visita guiada.

En el cementerio de Pére Lachaise se está en contacto no sólo con la historia francesa y parisina, sino con la historia de gran parte del mundo occidental. A lo largo del recorrido, ya sea elegido por el visitante, o por el guía, el  arte,  la cultura, la historia y también los mitos, se hacen presentes en cada recodo. El ambiente estético y tranquilo hace que la visita no sólo sea una lección de historia que se aprende con agrado, sino que esta misma  sea un verdadero descanso.

En 1.804 se decidió abrir el cementerio que  se iba a llamar simplemente “Cementerio del Este”, pero la gente empezó a nombrarlo “Père Lachaise” ya que en la propiedad moraba el jesuita confesor de Luis XIV, Francois de La Chaise, y los terrenos eran propiedad de la Compañía de Jesús.

El diseño de este parque cementerio, que obedece a cánones ingleses, fue encargado al arquitecto Alexandre-Théodore Brongniart. El parque funerario debería ser  ajardinado, de espíritu romántico, e invitar al paseo dentro de un ambiente de campiña.

Sus habitantes permanentes serían los ciudadanos de la orilla del margen derecho del Sena.  En un comienzo, esta idea no caló con fuerza, pues la élite no sentía como algo glamoroso enterrar a los suyos en un barrio popular. Casi cuatro años después de su inauguración, las tumbas empezaron a multiplicarse, pues los restos mortales de Molière, el gran escritor,  y los de Abelardo y Eloisa, los famosos amantes del siglo XII, habían sido trasladados a sus predios. Parecía que el lugar ascendía en la escala social, y rápidamente las columnas, los imponentes sarcófagos tallados en piedras nobles, pebeteros y ánforas proliferaron en mausoleos y tumbas. Así pues el cementerio Père Lachaise, se convirtió en el sitio de moda, en el sitio deseado por todo la gente para descansar en paz, ya que usando el término que les gusta a los franceses, el cementerio Pére Lachaise era: “Chic.”

El siglo XIX convirtió a París en una especie de “gueto” de personalidades provenientes de varios ámbitos de la cultura, que por su popularidad y sus exitosas profesiones, no podían menos que ser enterrados aquí. Lo mismo sucedió con muchos otros personajes  del siglo XX.

Diferentes estilos arquitectónicos que van desde el gótico al renacentista, pasando por el minimalismo, adornan los camellones y vías peatonales del cementerio.

A lo largo de los años las ampliaciones han sido sucesivas. De las 17 hectáreas iniciales, se ha pasado a las 44 hectáreas actuales. También se ha construido un columbario, en donde se encuentran alojadas las cenizas de aquellos quienes han pedido ser incinerados.

Lo coherente, quizás, sea iniciar la visita por la puerta principal ubicada sobre el Boulevard de Ménilmontant, y dirigirse al edificio de conservación del recinto para solicitar un plano-guía, diseñando el recorrido según el gusto de cada quién.

Hay muchas personalidades enterradas en este cementerio, y así mismo,  en torno a ellos se han tejido  innumerables leyendas urbanas salpicadas por  los aspectos más curiosos y extravagantes:

La urna de la soprano María Callas (1.923-1.977) se guarda vacía, pues sus cenizas que fueron recuperadas tras haber sido robadas, se esparcieron en el Mar Egeo.

El corazón del compositor Federico Chopin (1.810-1.849), se encuentra depositado en la iglesia  de Santa Cruz en Varsovia,  y su cuerpo en Pére Lachaise.

Victor Noir (1.848-1.870), un afamado periodista que murió en manos de Pierre Bonaparte, ha sido esculpido pareciendo estar en plena erección; su escultura se ha convertido en un símbolo de fertilidad. No es raro ver que mucha gente frote sus genitales, y deposite flores en su sombrero.

La excéntrica actriz Sarah Bernhardt (1.844-1.923), a quien le fascinaban  todos los asuntos relacionados con la muerte,  y que en vida dormía dentro de un ataud, ahora duerme su sueño eterno en Pére Lachaise. Siempre será recordada por su apoteósica interpretación de La Dama de las Camelias.

Las cenizas de la maravillosa Isadora Duncan (1.877-1.927) también reposan aquí. La Duncan se estranguló con su propio pañuelo de seda al enredarse éste, en las ruedas del descapotable que conducía uno de sus amantes.

El grupo The Doors ha dejado su huella en Père Lachaise con el cuerpo de su cantante Jim Morrison (1.943-1.971); a los 27 años de edad, su cadáver fue hallado en la bañera, cuando se encontraba de vacaciones en París. Al no haber habido nunca una autopsia oficial y celebrarse el entierro con prisas y afanes, han surgido especulaciones y rumores en torno a su deceso. Su tumba es objeto de visita por parte de sus admiradores, quienes colocan flechas que indican el camino para llegar hasta Jim, aunque muchas de ellas se encuentren señalando  caminos contradictorios y esto parece hecho a conciencia. Se podría pensar que las flechas encontradas son tan disímiles como las teorías que hay acerca de su muerte: de una parte se habla de un ataque cardiaco, pero para muchos, una sobredosis de heroína fue la que acabó con su vida.

Los admiradores de Oscar Wilde (1.854-1.900) dejan su impronta, en  la estatua de su  tumba que fue realizada por el artista Jacop Epstein, al besarla con los labios pintados.

Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito, no está enterrado en Père Lachaise ya que su cuerpo nunca apareció tras el trágico accidente que sufrió piloteando su propio avión. Sin embargo, el cuerpo de su mujer salvadoreña Consuelo de Saint-Exupéry (1901-1.979) lo sigue esperando en su última morada.

La amplia lista de tumbas continúa. Su visita es grata, curiosa  y de todas maneras, una buena  alternativa si se está en París.

Edith Piaf, Bizet, Haussman, Pisarro, Ingres, Miguel Angel Asturias, Marcel Proust, Yves Montand, entre otros, revivirán sus recuerdos y alegrarán su paseo por este gran monumento a la vida que es el cementerio de Père Lachaise.

Cementerio de Pére lachaise

16, rue de Repos

Paris 75020

Tel : + 33 1 55258210

www.pere-lachaise.com

Metro : Père Lachise ; Gambetta ; Phillipe Auguste

Horario : lunes a Viernes : 8.00h a 18.00h

Sábados: 8.30h 18.00h (17.00h en invierno)

Domingo: 9.00h 18.00h (17.30 en invierno)

 www.es.franceguide.com