La más elegante de las holandesas

De belgaes, celtas y frisios, a romanos y germanos. Maastricht, como toda Holanda, es una elegante fusión de historias y de pueblos, de pasado y futuro.

Iglesias de San Juan y de San Servacio Copyright Altum
Iglesias de San Juan y de San Servacio
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Acabo de llegar de la región de Limburgo en el sur de Holanda, a tiro de piedra de la frontera belga, y no lejos de la alemana. Como había prometido a nuestros lectores de ALTUM, fui hasta esta católica región bañada por el río Mosa, para conocer a la elegante dama holandesa de la que tanto se habla, y de la que se sabe tan poco: Maastricht. El nombre de esta ciudad proviene de la expresión latina Trajectum ad Mosae, con la que se referían los romanos al puente que cruzaba el río en su punto más fácil. Hoy, el río no parece tener ningún punto fácil, es tanta el agua que lleva, que la corriente borbotea en remolinos que dan la impresión de irse a desbordar.

Vitral de la Iglesia de San Servacio. Copyright Altum
Vitral de la Iglesia de San Servacio.

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Maastricht es diferente a las otras holandesas, y se disputa junto con Nimega -al este del país-, el honor de ser la más antigua de Holanda, estando además, muy bien valorada en el ranking de las ciudades más bonitas de los Países Bajos.

Por aquí pasaron también españoles, alemanes y belgas, y por momentos, en el ambiente de sus calles, y en el señorío de sus construcciones, parece palparse lo más sofisticado de cada uno de sus invasores. Maastricht es sin duda una ciudad elegante y distinguida, con callejuelas adoquinadas, y plagada de valiosos monumentos y tesoros del Medioevo. El románico, tiene aquí una importante delegación artística con sus iglesias, entre la que destaca la del Santo Patrón de la localidad, San Servacio. Esta basílica que guarda los restos del santo, y que ha sido testigo de importantes hechos históricos, es además, la iglesia de mayor antigüedad en el país. A su lado, la abadía imperial del mismo nombre, se levanta góticamente solemne, y en sus alrededores se encuentran las casas, mansiones y palacios de quienes ostentaron el poder. La vecina más temida, es la iglesia protestante de San Juan, o mejor en neerlandés: Saint-Janskerk, que ciertamente se impone en el horizonte con su afilada y rojiza torre, que desde 1633 es templo del protestantismo. Como no podía ser menos, la iglesia de San Servacio, se encuentra sobre el gran salón de esta ciudad, que es el Vrijhof, o plaza principal. Uno de los edificios de la plaza es el Generaalhuis, un palacio convertido actualmente en teatro, así como también la Iglesia de los Dominicos o Dominicanerkerk, en cuyo interior se encuentra la librería más grande de la ciudad, una visita, sin alguna duda, ineludible. Entre árboles y numerosos cafés, la ciudad encuentra en el Vrijhof su punto neurálgico.

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Una calle de Maasticht.
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Coche de caballos en el Vrijhof de Maastricht.
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Plaza en Maastricht.
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En la parte sur de Maastricht, destaca la llamada Puerta del Infierno o Helpoort, en un amplio trozo de lo que fuera la gran muralla construida por los romanos. No lejos de aquí se encuentra el Museo de Ciencias Naturales o mejor Natuurhistorich Museum en donde una interesante muestra geológica comparte espacio con la exhibición de fauna y flora de la región. Del otro lado del río, y hacia donde se ha ido ampliando la ciudad en su versión más moderna, el arquitecto milanés Aldo Rossi, construyó el edificio que alberga al Bonnefanten Museum, en donde el protagonismo se lo disputan Breughel el Joven, y Giovanni del Biondo. Igualmente, el arte contemporáneo encuentra aquí guarida con una no menos interesante colección permanente.

Dada la época del año, los túneles y pasadizos de la fortaleza de Kazematten, (La Fortaleza y Cuevas de San Pedro) estaban cerrados, así que pido a mis lectores que conozcan este mundo bajo tierra, me cuenten acerca de ello. Todo un entramado de redes subterráneas que ayudaban a la defensa de la ciudad del ataque de los enemigos (a mi esas cosas me encantan, y me pesa mucho no haberlo podido ver).

Se dice que es Maastricht la ciudad de Holanda que tiene más bares y restaurantes por kilómetro cuadrado, y aunque al principio creía que tanto bar se debía a que es una importante sede estudiantil -aquí se encuentra la prestigiosa universidad, y la facultad de periodismo europeo-, parece ser que para los holandeses del sur la comida y la bebida son dos rituales no solamente indivisibles, sino muy importantes. De hecho, esta Gran Dama es la capital gastronómica del país, y dicho sea de paso, mi experiencia al respecto, fue bastante gratificante. Tabernas y cafés se atiborran al atardecer de gente que disfruta toda suerte de bebidas y cervezas –en verano aún más-, eso sí en medio de una música local, que a mí me hizo beber más de una copa de Kriek (que aunque belga, aquí está a la orden del día, dada la cercanía con la frontera), una especie del conocido Monaco francés, es decir, cerveza con extracto de cereza, que yo no conocía, y que con absoluta seguridad, de tenerlo en España, lo haría imprescindible en el aperitivo.

Caminar por las calles de esta ciudad es un placer. Si, un PLACER con todas las mayúsculas. Los escaparates, además de creativos, son una receta de mestizaje antiguo-clásico-vanguardia como en pocos sitios, y si ya en otro post hablaba del diseño holandés, tengo la certeza que al menos en cuestiones de escaparatismo, Maastricht va a dar mucho que hablar. Es curiosa la mezcla de creatividad, tendencias y tecnologías, y es eso lo que precisamente se palpa en las vitrinas de sus calles. Calles que se recorren una y otra vez, descubriendo detalles diferentes a cada paso. Las puertas son bellísimas. Las puertas son de todos los estilos. Son decó. Son de madera y vidrio, de cristal y hierro. Son modernistas. Son de colores. Son de forja o de plomo, como los buenos vitrales.

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Hay varias galerías de arte y anticuarios, atelliers de artistas y tiendas pequeñas, que cuidan hasta el último detalle. Salones de té, y cafés. Muchos cafés. También son de todos los estilos, para todos los gustos. Panaderías artesanas, sucursales de la repostería y talleres de maestros chocolateros, se muestran al paseante exhibiendo sus productos cual cotizadas gemas. Maastricht fascina, conquista visualmente, y es ante todo estética. Tiene río y tiene historia, esas dos cosas a mi juicio, son fundamentales.

No creo que sea casualidad, que precisamente en Maastricht se celebre cada mes de marzo, una de las ferias de arte y antigüedades más importantes del mundo, la TEFAF. Con visitantes provenientes de todas partes, conviene reservar el alojamiento con tiempo. Para ello, lo mejor es consultar en internet la fecha exacta del evento, y apresurarse a hacer la reserva de hotel.

Pero hay otros aspectos en los que esta ciudad tiene protagonismo. Por ejemplo, es una de las favoritas de las empresas para eventos y congresos en toda la región del Benelux. Así acoge anualmente cientos de eventos, entre ellos uno que me ha llamado la atención es el torneo de rummy, y es que como ya lo he dicho anteriormente, Holanda da para mucho… Y para tanto ha dado Maastricht, que su último golpe a la historia ha sido haber gestado en su suelo la Unión Europea en 1992, con el famoso Tratado de Maastricht, que supongo todos tenemos muy presente. Con eso ya tenemos para un buen rato…

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7 comentarios sobre “La más elegante de las holandesas”

  1. Efectivamente la TEFAF es la más importante de las ferias de antiguedades celebradas en Europa. Por supuesto, solamente la casa de una bella dama como lo es Maastricht, sirve de escenario para un evento como este.

  2. Vaya sorpresa, Maastricht no me decía nada, y ahora que lo pienso tampoco he visto muchas cosas publicadas de esta ciudad. Interesante.

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