Dulces Pecados de Belén

Un gran secreto proveniente del Monasterio de Los Jerónimos, se ha convertido en la que probablemente sea la receta más codiciada de Portugal. He caído rendido, una vez más, ante la delicia y los encantos de unos pasteles para pecar dulcemente.

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Hay tres tipos de establecimientos que me fascinan, y siempre en mis travesías, intento acudir a ellos. Como poseído por una extraña fuerza, disfruto ingenuamente en ferreterías, farmacias, y pastelerías. Es verdad, las ferreterías me chiflan porque hay cachivaches tan extraños y tan particulares de cada sitio, que el bricolaje se vuelve políglota. Lo de las farmacias, lo dejamos para otro post, pues me “darían las uvas” del próximo fin de año hablando de ello (es por formación, digamos, familiar…), y las pastelerías, porque hace ya muchos años me declaré sin piedad, adicto al dulce.

192Hace pocos días, madrugaba ilusionado para entrar por la puerta del Monasterio de Los Jerónimos, el más bello ejemplo de arquitectura de estilo manuelino, construido en el XVI, en época de Don Manuel I, para ser sede de los frailes de la Orden de San Jerónimo y panteón real. Desde la primera vez que lo visité me impactó de tal forma, que añoraba regresar con calma, a este monumento Patrimonio de la Humanidad, erigido en donde alguna vez existió la Iglesia de Santa María de Belém. Para aquel entonces, la portuguesa era una sociedad netamente naviera, y Belém era una población cercana a Lisboa en la que paraban los barcos. Los monjes de los Jerónimos, por su parte, asistían espiritualmente a navegantes y marinos.

En 1820, y como consecuencia de la revolución liberal portuguesa, el convento fue cerrado, y los monjes expulsados. Viéndose sin trabajo, el panadero del convento optó por vender a un empresario de origen brasileño, llamado Domingos Rafael Alves, la más secreta receta de los monjes: los famosos Pastéis de Belém”. Inicialmente, el encargado de la venta de estos “bocatto di cardinale” fue un ingenio azucarero cercano a los Jerónimos. Posteriormente en 1837 las instalaciones contiguas al ingenio, inauguraban la “Antiga Confeita Ria de Belem”. Poco a poco, la delicia corrió de boca en boca, alcanzando incluso, adeptos insospechados en la China, gracias a Macao, colonia portuguesa en oriente. Allí se comercializaron los pastelitos bajo el nombre de “dan ta”, y el éxito aún continúa bajo estos rótulos:

Tras la visita, decidí hacer un alto en el camino, y acercarme a degustar los pastelillos. Eso sí, las filas para comprarlos son largas, y la lucha por conseguir una mesa en el interior, es aún mayor. Con perseverancia todo se consigue, y mientras los probaba en compañía de un capuchino – proveniente de una máquina de café italiana, y no un ejemplar monástico-, veía la cocina tras unas inmensas cristaleras, y entre mordisco y mordisco, no salía de mi asombro. Hornean sin perder el ritmo, ágil y velozmente. Se dice, que diariamente consiguen hacer entre 22.000 y 35.000 unidades. La cifra es una barbaridad, sobre todo si se tiene en cuenta que la receta, sólo la conocen actualmente 3 personas. La preparación de la pasta de hojaldre y de la crema que lleva por relleno, se hace a puerta cerrada en la llamada “Oficina do Segredo”, algo así como un taller secreto o “laboratorio del dulce pecado”.

Estilo-manuelino-LOS-JERONIMOS2Por supuesto, por toda la ciudad se consiguen los afamados. Pero los originales, los genuinos, y los mejores, son estos de la Rua de Belém 84/92. No se deje engañar. Piense que si de meterle calorías al cuerpo se trata, la versión original se asume con más dulzura. Recién salidos del horno, aún calientes, crujientes y en su mano, sólo le queda espolvorearle azúcar pulverizada a su gusto, y pecar dulcemente… Imaginando la cara que pondrían los monjes si pudieran ver los gestos casi obscenos de la actual concurrencia al probar su receta de 173 años, continué sonriente mi visita a la Torre de Belém. Este fortín sobre el Tajo, también Patrimonio de la Unesco, combina artísticamente el estilo manuelino con el veneciano, haciendo destacar especialmente las garitas cilíndricas de sus esquinas. A escasos metros, se encuentra el Padrao dos Descubrimentos, monumento levantado en 1960, en el mismo lugar desde el que partían las carabelas rumbo a África, y que rinde homenaje a los descubridores portugueses. Sobresalen al horizonte atlántico veintiún figuras entre las que sobresalen Vasco de Gama, que abrió el camino marítimo a la India; Bartolomeu Dias, que lideró la primera travesía al Cabo de Buena Esperanza; Fernando de Magallanes, el primer europeo en atravesar el Pacífico Sur y darle la vuelta al mundo; o el Infante Dom Enrique, el gran impulsor de la aventura marítima portuguesa.

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Los PASTÉIS DE BELÉM, simplemente, son como Lisboa: IRRESISTIBLES.

5 comentarios sobre “Dulces Pecados de Belén”

  1. Aunque sea una cursilada decirlo, solo para probar y traerse un cargamento de Pastelinhos de Belem, merece la pena ir a Lisboa, sobre todo si los acompañas con un buen Porto, en la misma confiteria donde los producen.

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