Tres Damas Normandas

En Normandía, el punto de Europa en el que se producen las mareas más violentas de todo el continente, la belleza está escrita con mayúsculas en tres de sus ciudades costeras: HONFLEUR, TROUVILLE, Y DAUVILLE.

Panorámica de Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes.
Panorámica de Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes.

Mi viaje por carretera ha tardado dos horas desde París hasta la costa normanda, la que mira al Canal de la Mancha, y observa con cierta melancolía ese mar cargado de historia. Aquí vientos y mareas son violentos, y así lo demuestra el escarpado litoral que recibiera hace mil años a los vikingos; y que durante la II Guerra Mundial vio desembarcar en sus playas a las tropas aliadas que recobraron la libertad para Francia y Europa en el famoso “Día D”.

La primera toma de contacto la hago en la población de Honfleur. Desde su puerto –dicen que es el mejor conservado de los “viejos normandos”-, vislumbro una estampa que me recuerda inmediatamente la ilustración de una caja metálica de acuarelas que tuve de niño, y que nunca he olvidado. Recuerdo que siempre me preguntaba dónde sería ese pueblito de casas de piedra y de pizarra, de ventanas florecidas, de formas tambaleantes pero casi perfecto, que yo utilizaba como patrón para intentar plasmarlo en un papel, que siempre terminaba deshecho por el exceso de agua que utilizaba. Nunca pude pintar, y por supuesto jamás aprendí a usar las acuarelas, pero por fin he llegado a Honfleur, a la musa de mis inspiraciones artísticas de infancia… Muchas embarcaciones están amarradas en el malecón, y como es temprano, las terrazas destilan olor a café y criossants recién horneados. No me puedo resistir y me zampo uno acompañado de un delicioso “café au lait” mientras observo a un hombre de bata blanca, que frente a un caballete, consigue lo que yo de niño nunca logré:

Pintor en Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes
Pintor en Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes

Eugene Boudin, precursor del impresionismo nació aquí, su casa es actualmente un museo, y yo me pierdo por unas calles que sirvieron de taller para que Boudin enseñara a pintar a Monet; a las que acudieron varias veces Pisarro, Renoir y Cézanne en busca de inspiración. No hay duda, mi paseo se aproxima a una caminata por un dibujo impresionista, y yo me emociono a cada paso.

Dos fachadas. Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes
Dos fachadas. Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes
Casitas de Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes
Casitas de Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes
Fachadas de Pizarra. Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes
Fachadas de Pizarra. Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes
Museo Boudin, Honfleur. Copyright Hernando Reyes
Museo Boudin, Honfleur. Copyright Hernando Reyes

Entro en la iglesia de Ste-Cathérine, construida enteramente en madera, y pienso que por su forma se parece a un barco normando al revés. Su campanario también está construido en madera, debido a las estrecheces económicas que se vivían durante el período en que ambos fueron erigidos. La calle me llama nuevamente… Sigo caminando por unas callejuelas que me desvelan tiendas de productos típicos, restaurantes, bares, y coquetos hoteles con encanto; un halo de agradable estética parece envolverlo todo.

H-St-Catherine
Iglesia de St Cathérine, Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes
Malecón de Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes
Malecón de Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes
Calle de Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes
Calle de Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes
Típica construcción normanda, Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes.
Típica construcción normanda, Honfleur, Francia. Copyright Hernando Reyes.

Los quince kilómetros hasta Trouville, discurren por una carretera que bordeando el mar, ofrece unos paisajes idílicos de árboles frutales y campos verdes que anteponiéndose a unas mansiones y palacetes consiguen quitarme el aliento. Los acantilados se suceden continuamente y las ganas de andar por entre tanta belleza se vuelven insoportables. Tras mi caminata por Trouville y el descubrimiento de su riqueza arquitectónica que pone de manifiesto el altísimo nivel de esta otra dama normanda, menos concurrida, pero no menos famosa que la anterior, hago una escala en su playa.

Carpas de playa, Trouville, Francia. Copyright Hernando Reyes
Carpas de playa, Trouville, Francia. Copyright Hernando Reyes

La corte de Napoleón III veraneaba aquí, y esta playa no solamente ha visto pasear por ella a grandes personalidades de la aristocracia e historia francesa, sino que todo en ella recuerda los hábitos y gustos de la burguesía: toldos de rayas marineras, personajes con gorros tipo “canotier” y bañadores estampados de nudos o conchas, y pareos de lino. Nunca antes había visto canchas de tenis en una playa, ni parque infantil; entiendo que son una muestra más de lo sofisticación normanda, y me siento en frente de ellas en un banco a degustar una baguette con tres quesos fundidos en su interior.

Casa de apartamentos. Trouville, Francia. Copyright Hernando Reyes
Casa de apartamentos. Trouville, Francia. Copyright Hernando Reyes
Publicidad Social. Trouville, Francia. Copyright Hernando Reyes
Publicidad Social. Trouville, Francia. Copyright Hernando Reyes
Palacete entre Trouville y Dauville, Francia. Copyright Hernando Reyes
Palacete entre Trouville y Dauville, Francia. Copyright Hernando Reyes
Canchas de tenis de la playa de Trouville, Francia. Copyright Hernando Reyes
Canchas de tenis de la playa de Trouville, Francia. Copyright Hernando Reyes
Mansión en la playa de Trouville, Francia.Copyright Hernando Reyes.
Mansión en la playa de Trouville, Francia.Copyright Hernando Reyes.

Continuo mi camino hasta la vecina Deauville. Había leído que el mismo Napoleón III observando las marismas a lo bajo de las colinas de Trauville, decidió potenciarlas económicamente. No tardó en llegar a ellas el hipódromo, ni en expandirse la construcción de suntuosas casas. Apareció el casino, se asentaron las tiendas del lujo francés, y proliferaron los restaurantes. Es decir, la nueva Dauville se convertió en sinónimo de exclusividad.

Los hoteles son lujosos y obviamente carísimos. Su playa magnífica, y las guardaropas de la playa privados, con nombres de famosos que han pasado por esta ciudad son los que especialmente llaman mi atención (me parece “tres chic”). Mientras mis pies descalzos se despiden de las arenas de esta playa exquisita, tengo la sensación que de alguna manera la vida de “amor y lujo” que aquí se lleva, junto con todos los millones, el glamour, la elegancia y el entorno en general de esta villa consiguen reafirmar y reforzar la autoestima de los franceses.

Dauville, Francia. Copyright Hernando Reyes.
Dauville, Francia. Copyright Hernando Reyes.
Sombrillas de la playa de Dauville, Francia. Copyright hernando Reyes
Sombrillas de la playa de Dauville, Francia. Copyright hernando Reyes
Casino de Dauville, Francia. Copyright Hernando Reyes
Casino de Dauville, Francia. Copyright Hernando Reyes
Complejo residencial, Deauville, Francia. Copyright Hernando Reyes
Complejo residencial, Deauville, Francia. Copyright Hernando Reyes

Tres damas normandas, elegantes, bellas, y diferentes entre ellas, que sin duda merecen una visita en cualquier viaje a Normandía, una región llena de encanto y belleza natural en la que además es obligación degustar sus afamados productos gastronómicos como la sidra, el calvados, el marisco o los productos lácteos.

Yo por mi parte me sirvo un culín de sidra mientras sueño con acudir algún día al Festival de Cine Americano de Dauville, que cada año se celebra durante la primera semana de septiembre.

Au revoir.

5 comentarios sobre “Tres Damas Normandas”

  1. Qué post tan maravilloso, dan ganas de irse a vivir a Normandía. Pensando en lo de las acuarelas, tal vez no haya llegado a ser pintor, pero sí uno de los mejores fotógrafos que conozco…la imagen lo ha perseguido siempre!

  2. Francamente muy bueno. Y si se me permite,un consejo, de visitante asiduo a Normandie: evitar los fines de semana de verano. Y quien pueda,que vaya a los acantilados de Etretat a 40 kms de Honfleur.

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